Capítulo 1
Soy Ana,y voy a contarles de qué va esta historia...
Pudiera pensarse en una de esas típicas que tratará de amor, si quisiera limitarla solo a una etiqueta. Tal vez, sobre un tema no diagnoticado, como «limerencia» o «alexitimia», por darle una connotación o identificarlo con algún término desconocido.
Aún cuando existiese motivos que me han impulsado a escribir todas estas páginas, y pudiera reservarlas. La realidad, es que me anima la idea que con cada línea escrita pueda descifrar o comprender: el enigma de la conexión o los sentimientos desarrollados hacia María Meneses, considerada una Influencer de las redes.
Mi nombre es Ana.
Es tan popular ese nombre, que comenzaré por decir algo más. Tengo un carácter fuerte, introvertida, fría, empática, racional, tímida, sensible, amante extrema de la vida laboral, que no sabe como lidiar con ambientes y personas tóxicas. De apreciar la verdad y la humildad en las personas.
Que esta pendiente que todos estén bien y hacer creer que también lo está —así no lo esté—. De las que le cuesta pedir y decir que NO si alguien necesita ayuda. Que considera importante el aislarse ola soledad, como un medio para reflexionar, o reconstruirno a sí misma, si es necesario.
Con altos valores y principios. Con una familia y unas amistades muy tradicionales, confiada en que no juzgarán a nadie, sino que son capaces de aceptar «a otros» tal y como son.
—Aunque en el pasado, siempre hayan evadidos temas que pudieran ser considerados «tabú»—.
Con un deseo de poder coincidir con seres «especiales». Un poco parecidas, que puedan ver la dualidad en todo (lo bueno, lo malo), sin malicias, y con sus diferencias muy definidas. Que no justifiquen las injusticias ni las mentiras.
Pese a ser consciente que por medio de la interacción virtual, es factible que «alguien más» pudiese conectar con otros, estaba convencida que para establecer esa conexión fuerte, era necesario, el poder percibir la energía que emana de su aura, compartir, comprender y mirarse a los ojos al estar cara a cara, «los mismos que se hacen llamar las ventanas del alma».
Continuaba con un modo anticuado de pensar que, «es imposible que una persona despierte sentimientos profundos, sin haberse conocido antes en persona».
Resultaba más sencillo centrar la atención en creer que muchas personas tienen la posibilidad de descubrir y desarrollar su potencial en cualquier punto de la vida: para las artes, emprender un negocio, la comunicación, el canto, la escritura, un oficio o un trabajo que realmente les apasione.
¿No sé si saben de qué hablo? —y esta bien no saberlo— Tenía amistades que aún su edad, no lo habían descubierto ¿Qué de verdad era eso que es un gusto hacer?
—Y quizás, yo creía que sí lo sabía—.
En otras palabras, el talento, ese algo escondido que, sin darte cuenta, un día de la nada, te emociona hacerlo una y otra vez.
Sin olvidar tampoco, a las personas con habilidades, como: Manipular, mentir, ser malas, interesadas, capaces de utilizar a las personas o hacer daño de manera intencional.
Es que ¡Lo negativo!, puede ser otro talento más —¿bueno o malo?— pero que a muchos les nace serlo, y siendo así, igualmente, puede llevarlos a conseguir lo que deseen en la vida.
Como tuve que vivir a mí parecer: prematuramente. Pensé que lo había descubierto rápidamente.
«Sin considerar que la vida, es un constante cambio».
Suponía que para mi entorno, el único interés era ser «Perfecta». No tenía importancia en qué, solo cuidando cada uno de los detalles, para hacer todo de «forma correcta», en lo que el destino me colocara hacer.
—Y ¡no!— En el fondo, desde que recuerdo, quería ayudar o servir a otros en lo que necesitara, sin importar si eran personas conocidas o no; aprender o desarrollar conocimientos para luego compartirlos con otros; o el poder colaborar para que otros brillen, sin que eso, representara apagar mi luz.
Llegado el momento de ponerlo en práctica, por las circunstancias, se tergiverso.
Terminé haciendo actividades que muchas veces consistieron en ayudar a seres ricos a convertirse en más ricos. Dueños de empresas, jefes o compañeros que solo querían tener más y más. En un país tan sediento de poder y de reconocimientos.
Sin querer, me había llevado a volverme por un tiempo en la columna económica de mi familia.
—Era consciente que no me convertiría en millonaria, como las pretenciones de ellos—, pero, que sí me permitiría ganar muy buen dinero, darme ciertos gustos, ahorrar, comprar, gastar, a pesar de la situación difícil de vivir en «la ciudad que nadie escucha el soplar del viento».
Apoyar económicamente a mis padres, como parte del ciclo de vida y que debemos asumir para su vejez. Como quien alcanza metas, y debe tomar responsabilidades desde muy joven.
—Mi prioridad, había sido siempre cumplir con mis padres y mi familia—.
Ya a mis 17 años había conseguido mi primer empleo. Sin abandonar los estudios, —claro—. En el teatro más importante e impresionante de la ciudad. Mientras lo común, era ingresar a franquicias de comida rápida.
Sin profundizar, mi mundo había girado en torno al estudio, al trabajo y a tener obligaciones, —los impuestos primero por mis padres y luego muchos otros compromisos laborales que surgieron—.
Creía que siendo así, podía ser o debía ser buena. Cumpliendo con las expectativas de los demás. No quería decepcionar a nadie, tenía que ser buena en lo que hacía.
Conforme pasaban los años, no era suficiente estar en un solo lugar. Como imaginar una escalera, dónde cada peldaño me llevaría, al siguiente nivel.
Así fui, acumulando una lista de empresas donde iba adquiriendo experiencias. El requisito, era que solo fueran muy conocidas en el mercado, y posteriormente, el destino las marcaría por sí solas más adelante.
En primera instancia, necesitaba romper con el paradigma de mis padres y de algunas personas que afirmaban: «Debes durar muchos años en el mismo trabajo». Cambiar, era mi momento de rebeldía y de oportunidad. Me había percatado que, 1 año era suficiente para aprender, conocer y convertirte en especialista en un área. Pasado ese tiempo, debía haber conseguido un ascenso o al menos un cambio, de no hacerlo, no había motivos para continuar.
La mayoría de esas empresas, estuvieron lideradas por hombres machistas y pocas mujeres que impulsaban el crecimiento de otra mujer. Sin embargo, mi atención estaba orientada a mis actividades, aprender, que mis opiniones fueran valoradas. Tenía la capacidad de seguir instrucciones hasta cierto punto, de cumplir objetivos, de reflejar los resultados y eso era lo importante, asumir grandes retos.
Sin haber iniciado formalmente en un empleo, ya tenían una fecha de caducidad en mi cabeza. En una que otra ocasión, ingresaba y pasado un tiempo, algun eventos daba pie a que cambiara o dejara ese empleo antes de lo previsto.
Inesperadamente, lo hice como si se tratara de un círculo, con un camino que resultaba bastante cómodo recorrer.
Esa dinámica fue una constante, y vale decir, que me permitía evadir otros aspectos de mi vida y concentrar mi atención sólo en eso —como una rueda que gira y llega a un mismo punto—.
Abandonando otras cosas importantes, como por ejemplo: compartir o disfrutar más, estresarme menos, descansar, viajar o tener una vida en pareja como cualquier persona.
Permanecía fijo, era el gran amor por mi carrera y el orgullo de poder ejercerla. —Yo misma la pagué y la elección de estudiarla, fue por ayudar a pasar el examen de admisión a unas compañeras de clases, y haberlo pasado sin que ellas lo hicieran—.
Tantos cambios, y la adrenalina laboral, mantenían mi mente ocupada. Con la posibilidad de continuar desarrollando habilidades, de conocer a muchas personas, de crear lazos de amistad reales, duraderos, con esas personas pero no pasaba. Lo más común, era terminar conociendo a seres efímeros que estaban presentes por un momento, —puede sonar triste— pero como lo recuerdo, no, tenía un lado divertido, me gustaba compartir con personas así (a medio conocer), sin mayor interés que de pasarla bien.
Mis amistades estaban completas o reservadas solo para darnos un consejo, cuando aplicara.
Esa rutina y ese estilo de vida, me sumergían como en una cápsula.
Difícil creer, que tras aparecerme una publicidad con un extracto de una especie de novela convertida en una serie contada por María, llamará inmediatamente mi atención. Al punto, de quedarme enganchada a ella.
Sobre María Meneses.
¿No sé qué fue lo que me atrajo?, pensé, quizás el compartir el mismo propósito: «Querer ayudar a las personas que lo necesiten»; o sí era su historia en sí, la verdad, verla con una sensibilidad ante una cámara, entendiendo desde mi punto de vista lo difícil que sería hacerlo, o poder analizarla, cómo ella pedía que alguien lo hiciera.
—Notaba, que le daba muchísima importancia al amor y lo que había sido su vida amorosa y yo por el contrario, trataba de sepultarla o ignorar para que no existiese más—.
Lo cierto, es que pasó algo inexplicable en mí, desde ese primer capítulo, que me impedían dejar de verla. Yo no compartía su historia, lo hacía, como si se tratara de un secreto.
Al principio, pensé en lo extrovertida ante la cámara, y contradictoriamente, cómo ser capaz de exponerse, siendo vunerable a posibles críticas. ¡Que valiente!, al hacer eso por YouTube. Para mí, el tomarse esas pausas para reflexionar, sin pena, con espontaneidad, así públicamente, antes de terminar cada uno de esos capítulos, lo veía genial ¿Cuántas personas son capaces de autoevaluarse?. Apreciaba que ella, se tomara el tiempo de dejar a su audiencia un consejo.
Además, narraba con mucha naturalidad, desde que descubrió cuales eran sus gustos sexuales, sobre su familia, sus hobbies. Haciendo énfasis a medida que iba creciendo, cómo se fueron dando esos primeros amores y desamores, cargados de ilusión, pasión, tristeza, traición. —Sin tabú, sin mirar géneros, sin miedo a nada—.
A los pocos capítulos vistos, sin haber hecho contacto con ella, de cualquier modo, algo me hacía percibirla como alguien que también tenía una necesidad de viajar al pasado, para intentar buscar algo allí. Tal vez desahogarse, o dar explicaciones, o respuestas sobre su vida amorosa; liberarse o cerrar definitivamente cada una de esas experiencias, para aperturar una nueva etapa mucho más ligera; a lo mejor, con la expectativa de llevar una relación sana con su actual pareja o más plena, al mostrarse siendo cómo era. Cualquier hipótesis seria válida.
Coincidir de esa manera y creer que si esta historia hubiese sido contada por María, diría fácil: ¡Sí, estas cosas pasan! inesperadamente podemos encontrar personas similares u opuestas, sin importar el medio para hacerlo.
Para alguien escéptica, que le cuesta un poco más creerlo o confiar en que puede pasar, la verdad, es que respondería ¡No lo creo!
Mucho menos, que causaría un impacto, que años más adelante escribiría sobre eso...







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