Mi amor
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Ya olvidé cómo nos conocimos, ese primer instante que una vez significó tanto.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que escuché tu voz, pero aún, en la profundidad del silencio, juro que a veces escucho tu risa, como un eco que se niega a morir.
Mi corazón carga el peso de cada año, cada mes, cada hora, cada minuto y cada segundo que transcurre... y en cada uno de ellos, el vacío de tu ausencia se hace más profundo.
★
Apenas iniciaban las clases, y el erizo azul caminaba con una mezcla de pereza y desgana, arrastrando los pies por los pasillos llenos de estudiantes. A su lado, su mejor amigo, un zorro de dos colas, iba con entusiasmo, emocionado por el inicio del semestre. Sonic no podía entender cómo alguien podía estar tan motivado. Para él, las clases eran un mal necesario.
Aunque tuviesen carreras distintas, ambos hacían todo lo posible para pasar tiempo juntos, ya fuera de compartir chismes, historias o simplemente disfrutando de su amistad.
Al llegar al casillero del cobalto, este lo abrió sin ganas, dejando casi todo lo que llevaba. Para la primera clase, decidió que solo necesitaría una hoja y un bolígrafo.
—Sonic, no puedes empezar a ser vago desde el primer día —dijo Tails, cruzando los brazos con expresión de regaño—. Al menos finge un poco de interés.
Sonic lo miro y solo se rió negando con el dedo índice.
—Vamos, Tails. Hoy solo es introducción, ¿qué más da? —respondió con su clásica actitud despreocupada.
El zorro rodó los ojos, resignado. Conocía demasiado bien a su amigo como para intentar convencerlo de lo contrario.
En ese momento, entre la multitud de estudiantes que iban y venían, él azul vio algo que captó toda su atención. Un erizo negro con vetas rojas caminaba con un aire de confianza que parecía dominar el ambiente. Las miradas lo seguían como si fuera el centro de atención, especialmente las de las chicas, quienes murmuraban y suspiraban a su paso. Durante un instante, sus ojos se cruzaron.
Sonic se quedó congelado. No podía negarlo: el tipo era atractivo. Más que eso, era hipnotizante. Incluso él se quedo mirándole como si fuera la ultima maravilla del mundo.
Tails notó la expresión embobada de su amigo y se sorprendió al darse cuenta de que era un chico que había captado toda su atención.
—¡Tierra llamando a Sonic! —dijo, pasando una mano frente a su rostro para traerlo de vuelta a la realidad.
Sonic parpadeó, confundido.
— ¿Eh? —murmuró, todavía algo perdido.
El zorro lo miró incrédulo, alzando una ceja.
—Sonic, límpiate las babas, casi se te salen los ojos mirando a ese chico— se burló.
El cobalto sintió que sus mejillas se calentaban.
—¿Qué? No sé de qué hablas. Solo miraba su cazadora —respondió rápidamente, tratando de sonar convincente.
Tails sonrió con picardía.
—Ah, ¿sí? Entonces dime, ¿de qué color era?
Hubo un silencio incómodo.
— ¿Roja? —respondió, inseguro.
—Eso es una pregunta o una afirmación? —insistió el zorro, disfrutando el momento.
Sonic soltó una risa nerviosa, buscando una excusa para escapar.
—¡Oh, mira la hora! Voy a llegar tarde a clase. ¡Nos vemos luego, amigo! —dijo rápidamente, cerrando el casillero y saliendo disparado por el pasillo.
Él zorro solo lo vio marcharse, sacudiendo la cabeza con una sonrisa divertida.
Al llegar a la puerta de lo que pensó era su salón asignado, calmo un poco la respiración y entro, aun faltaba como 20 min para la clase, y la sala estaba prácticamente vacía. Excepto por alguien.
Él.
El erizo azabache estaba sentado, ajustándose cómodamente en su asiento. Él azul sintió que su corazón se aceleraba. No podía apartar los ojos de él. Había algo en su presencia que lo hacía imposible de ignorar.
Shadow levantó la vista, sintiendo la intensa mirada sobre él.
—¿Qué? ¿Soy o te lo parezco? —espetó con una voz baja y profunda, claramente irritado.
Sonic se sobresaltó, su rostro se encendió en un ligero sonrojo.
—Eh... Lo siento. Solo estaba mirando si este era mi salón —se excusó torpemente, desviando la mirada.
Él de vetas solo rodó los ojos, volviendo a lo suyo.
El cobalto, sin embargo, tomó asiento justo al lado del azabache, a pesar de que el aula estaba prácticamente vacía. Esa decisión molestó visiblemente a al azabache, pero no dijo nada.
—Disculpa —dijo él cobalto después de un momento, intentando romper el hielo. Sonrió de manera encantadora, su mejor herramienta para ganarse a la gente—. ¿Sabes qué materia toca primero?—
El azabache lo miró de reojo, claramente molesto por la interrupción.
—Introducción a la física— respondió de mala gana notando que el cobalto solo tenia con él una simple hoja y bolígrafo.
El ónix mentalmente anotaba que el azul era aparentemente de esos estudiantes despreocupados que solo pasaban las materias por pasarlas o incluso llegaban a perderlas.
El azul estaba extasiado, como si esa fuera la respuesta más emocionante que había escuchado.
—Gracias. Por cierto, ¿cómo te llamas? El mío es Sonic. Sonic the Hedgehog —dijo con entusiasmo, extendiendo una mano.
El azabache lo miró, sin intención alguna de corresponder el gesto.
—Si te digo mi nombre, ¿me dejarás en paz? —preguntó, su tono cargado de fastidio.
—¡Claro!
—Shadow —respondió, y de inmediato desvió la mirada, claramente decidido a no hablar más.
Sonic no podía apartar los ojos de él. Su mirada viajaba por los detalles de su rostro, notando los piercings en sus orejas y labios, su postura relajada pero dominante. Era, sin lugar a dudas, el chico más atractivo que había visto.
Pero el azul no quería cortar la conversación así como así, pero tuvo que guardarse sus palabras al escuchar al maestro entrar.
No paso mucho para que los demás estudiantes entraran, los cuales eran muy pocos, supuso que era normal había elegido una carrera algo compleja, aunque le gustaba, incluso si tenia que ver matemáticas.
La clase comenzó, pero Sonic apenas prestó atención. Sus pensamientos estaban demasiado ocupados en Shadow.
Cuando sonó el timbre, notó que su hoja estaba completamente en blanco, mientras que Shadow parecía haber tomado notas detalladas durante toda la clase. Sonic lo vio salir, siendo de los últimos en abandonar el aula.
Sin saber por qué, lo siguió con la mirada hasta que el azabache se detuvo y se giró hacia él, visiblemente molesto.
—No te cansas de mirarme o qué? —preguntó con los puños apretados. Su tono era cortante y furioso—. Primero en el pasillo, luego en clase, ¿y ahora qué? ¿Planeas seguirme todo el día?
Sonic levantó las manos en señal de disculpa.
—Lo siento, de verdad. No era mi intención incomodarte. Solo... me pareces alguien genial, eso es todo —dijo con sinceridad.
Shadow lo miró fijamente por un momento antes de soltar un suspiro exasperado.
—Solo déjame en paz —gruñó antes de alejarse rápidamente, deseando no volver a cruzarse con el cobalto.
Sonic lo vio marcharse, con un extraño peso en el pecho. ¿Era admiración? ¿Algo más? No estaba seguro, pero había algo en Shadow que lo atraía como un imán.
Y sabía que este era solo el comienzo.
★
Los días pasaban, y la rutina no cambiaba: Sonic iba a clases, y ante la más mínima oportunidad, el cobalto dirigía su mirada al azabache. Lo que comenzó como un gusto casual se había transformado en una pequeña obsesión.
Shadow, por su parte, no era ajeno a las miradas. Desde hacía tiempo se había dado cuenta de que alguien lo observaba con una intensidad casi perturbadora. Intentaba ignorarlo; pensaba que eventualmente Sonic se cansaría. Pero la paciencia no es un recurso ilimitado, y aquella mañana fue el día en que se agotó.
Sonic llegó a clase, como siempre, con una sonrisa despreocupada. Tomó asiento junto al azabache, desbordando confianza. No le preocupaba en lo más mínimo ser descubierto; de hecho, el descaro con el que lo observaba parecía un desafío. Era una mezcla de fascinación y osadía. Cada minuto de la clase, cada mirada intensa y sin filtro, construía una tensión insoportable.
Shadow soltó el lápiz que sostenía y se levantó de golpe, atrayendo las miradas de todos. El aula quedó en un incómodo silencio cuando se giró hacia Sonic.
—¡Maldita sea! ¿Podrías dejar de mirarme, maldito enfermo? —gruñó, su voz cargada de irritación. El tono hizo eco en la sala. Ya tenia mucho con aguantar a las chicas que lo seguían y lo llenaban con cartas y confesiones para tener a un marica también tras él, ese era el limite.
El azul parpadeó, confundido por la reacción. Jamás había visto a Shadow tan alterado.
—Yo... —balbuceó, tratando de encontrar palabras— No hice nada —mintió, su voz débil.
—¡No despegas tu mirada de mí! No me importa que seas marica, pero deja de hacerlo. Es asqueroso —espetó Shadow, sin molestarse en bajar la voz. Acto seguido, tomó sus cosas y salió de la clase sin mirar atrás.
El silencio incómodo duró unos segundos antes de que los murmullos llenaran el aire. Algunos estudiantes lo miraban con desprecio; otros se reían entre dientes. El profesor carraspeó, incómodo, intento devolver el foco a la clase, pero el ambiente ya estaba arruinado.
Sonic sintió un nudo en el estómago. ¿Realmente había hecho algo malo? Según él, no. Pero una parte de sí sabía que las miradas furtivas habían sido más que evidentes.
A la salida, se encontró con Tails, su amigo de toda la vida, caminando por el pasillo.
—Amigo, no vas a creer lo que pasó... —comenzó Sonic, desanimado, una expresión poco común en él.
Tails lo interrumpió con una sonrisa irónica.
—Déjame adivinar. Shadow te gritó en plena clase que eres gay y que lo dejes en paz.—
Sonic se detuvo en seco, sus ojos se abrieron como platos.
—¡¿Cómo lo supiste?!—
—Sonic, esto es la universidad. Shadow es popular, y los chismes vuelan más rápido que tú.—Tails se cruzó de brazos —Pero tu reacción confirma que todo es cierto.—
—No sé qué me pasa. Te juro que no intenté nada. Solo lo miraba... —intentó justificarse.
Tails rodó los ojos y cruzó los brazos.
—Si lo miras como te he visto hacerlo, no me sorprende que lo hayas incomodado. Pareces un acosador.—
—¡No es así! —protestó Sonic, aunque su tono carecía de convicción.
—Mira, amigo, entiendo que te guste. Es guapo, pero ya viste que es un homofóbico. Olvídalo. No vale la pena.—
Sonic bajó las orejas, derrotado. Aunque su rostro no lo mostrara, por dentro se sentía peor que nunca.
Esa tarde, decidió no asistir a sus demás clases. Simplemente no tenía ánimos. Caminó de regreso a casa con la mente llena de pensamientos sobre Shadow, como si fuera imposible apartarlo de su cabeza.
Al llegar, se tiró en el sofá, esperando que distraerse con su teléfono ayudara. Pero el destino tenía otros planes. Mientras navegaba, apareció una publicación en la que Shadow había sido etiquetado. Su corazón dio un vuelco al ver la foto. Sin pensarlo dos veces, tocó el perfil y comenzó a explorar.
Cada imagen era peor que la anterior. Shadow no mostraba nada explícito, pero su presencia, su actitud, su estilo, lo hacían irresistible. Fotos casuales con diferentes outfits, una motocicleta negra brillante, e incluso una simple toma de su mirada intensa eran suficientes para que Sonic se sintiera hipnotizado.
—¿Por qué no puedo sacarlo de mi cabeza...? —susurró para sí mismo, dejando caer el teléfono sobre su pecho.
Suspiró, sintiendo que caía más y más profundo en una obsesión imposible.
★
Shadow llegó aquel día a la universidad con la esperanza de que, por fin, pudiera transcurrir sin incidentes. Como siempre, su andar estaba marcado por la misma rutina: miradas que lo seguían, murmullos a su alrededor, y aquella incómoda sensación de ser observada como si fuese algún tipo de atracción.
No es que no estuviera acostumbrado; desde que tenía memoria, su apariencia y actitud habían llamado la atención. Pero eso no significaba que le gustara.
El problema no eran exactamente las miradas, sino lo que venía con ellas: un grupo de chicas que siempre lo seguía a una prudente distancia, lo suficientemente cerca para que pudiera escuchar sus risitas y comentarios, pero nunca lo bastante valientes como para acercarse y hablarle. directamente. Eso era, en parte, lo que más le molestaba.
Si al menos tuvieran el coraje de decir algo, lo enfrentaría de una vez, cortando de raíz cualquier tipo de ilusión. Pero no. Solo lo seguían como sombras, esperando quién sabe qué.
Con un suspiro frustrado, Shadow ajustó la correa de su mochila y subió las escaleras hacia su primera clase del día. Había aprendido a ignorar a la mayoría de las personas, al construir un muro invisible entre él y el resto del mundo. Pero últimamente, ese muro se había empezado a agrietar, y el culpable era claro: un cobalto ruidoso y persistentemente molesto.
Sonic.
Desde el primer día, aquel erizo azul había estado siguiéndolo con la mirada. Al principio, Shadow pensó que era casualidad, una coincidencia incómoda. Pero no. Cada vez que lo veía, el cobalto estaba allí, con esa estúpida sonrisa despreocupada y esos ojos que parecían devorarlo con descaro. Era frustrante, desconcertante incluso.
Al entrar al aula, él de vetas notó con alivio que todavía estaba vacío. Suspiro y se acomodó en su lugar habitual, cerca de la ventana, donde podía observar el exterior sin que nadie lo molestara.
Sacó su cuaderno y comenzó a revisar sus notas, tratando de enfocarse en lo que realmente importaba: sus estudios. Pero, para su desgracia, la paz no duró mucho.
Pocos minutos después, escuchó el inconfundible sonido de pasos apresurados y, al levantar la vista, ahí estaba él. Sonic.
El cobalto parecía buscar algo o alguien con la mirada. Cuando sus ojos se encontraron, Shadow notó cómo el rostro del azul se iluminaba con una sonrisa. Maldita sea.
—Tú otra vez —murmuró para sí mismo, apretando la mandíbula.
Sonic, como era de esperarse, se dirigió directamente hacia él. Había un sinfín de asientos vacíos, pero no, tenía que sentarse justo al lado del azabache. Shadow sintió cómo su paciencia se desgastaba rápidamente.
—¡Buenos días, Shadow! —saludó él azul con un entusiasmo que parecía ilimitado.
El azabache apenas lo miró.
—No tienes que sentarte aquí —respondió con frialdad, esperando que el mensaje fuera claro.
Pero Sonic no se dejó intimidar.
—Es que aquí la luz es mejor, y además, pensé que podríamos ser amigos.
Shadow dejó escapar de un suspiro exasperado.
—No necesito amigos —dijo, volviendo la vista a sus notas.
—Ah, vamos. Nadie puede vivir sin amigos —insistió Sonic, apoyando un codo en la mesa y mirándolo con descaro — Y, para ser honesto, creo que me caes bien—
—¿Por qué no me deja en paz? —preguntó Shadow, levantando la mirada con un destello de irritación en sus ojos carmesí.
El cobalto se encogió de hombros, como si la respuesta fuera obvia.
—Porque me parece interesante—
Shadow se quedó en silencio por un momento, sin saber cómo responder. Interesante. Esa palabra le resultaba extraña, especialmente viniendo de alguien como Sonic. No era un cumplido vacío, no como los que solían lanzarle las chicas. Sonic lo decía en serio, y eso lo desconcertaba aún más.
—Pues pierde el interés —gruñó finalmente, volviendo a sus notas.
Shadow aún estaba tratando de sacudirse la incómoda conversación con Sonic cuando, de repente, otro rostro familiar apareció en escena. Silver, un erizo plateado con una sonrisa algo nerviosa y una energía completamente distinta a la de Sonic, se acercó con cautela. Era conocido por ser amigable y siempre estaba dispuesto a unir a las personas, lo que, a ojos de el azabache, lo hacía igual de insoportable que el cobalto.
Silver se detuvo junto a la mesa donde estaban sentados los dos erizos, sosteniendo en su mano un pequeño volante que seguramente había estado repartiendo a otros estudiantes.
—¡Hola, Shadow! —saludó Silver con entusiasmo, aunque sus nervios eran evidentes.
Shadow lo miró de reojo, levantando una ceja, claramente desinteresado.
—¿Qué quieres? —preguntó con un tono monótono.
—Bueno, estaba organizando una fiesta en mi casa este fin de semana y... quería invitarte —respondió Silver, extendiéndole el volante.
El azabache ni siquiera lo miró, volviendo su atención a sus notas.
—No me interesa —respondió con secuencia.
Silver parecía haber esperado esa respuesta, pero no por eso iba a rendirse tan fácilmente. Tragó saliva y se inclinó un poco hacia Shadow, como si eso fuera a hacer que cambiara de opinión.
—Por favor, Shadow —insistió—. Todos saben que eres muy popular. Si no vas, no será lo mismo. Además, prometo que será divertido.
—Divertido para ti, no para mí —gruñó el azabache, manteniendo su mirada fija en su cuaderno.
Silver frunció el ceño, claramente desesperado por convencerlo. Miró a Sonic, quien observaba la interacción con una sonrisa divertida.
—¿Por qué no vienes también, Sonic? Tú ya estás invitado, pero seguro que si le insiste a Shadow, acepta—
Sonic soltó una risa.
—Oh, créeme, Silver. Si Shadow dice que no, es un “no” muy firme. No hay nada que pueda hacerlo cambiar de opinión— respondió como si lo conociera de siempre aunque solo llevaban unas semanas de clase.
Silver ignoró el comentario y volvió a centrar su atención en él azabache.
—¡Por favor, Shadow! Si vienes, haré lo que quieras. Literalmente cualquier cosa.
El azabache finalmente levantó la vista, mirándolo con una mezcla de irritación y algo que podría haber interpretado como diversión, aunque apenas perceptible.
— ¿Cualquier cosa? —repitió, arqueando una ceja.
Silver avanzando con ímpetu, claramente dispuesto a todo con tal de que Shadow asistiera.
—Sí, lo que sea—
Shadow lo miró durante unos segundos, dejando que el silencio se hiciera incómodamente largo. Finalmente, dejó escapar un suspiro pesado.
—Está bien, iré. Pero más te vale que no sea una pérdida de tiempo —aceptó con desgana, tomando el volante de la mano de Silver.
El erizo plateado casi saltó de emoción.
—¡Gracias, Shadow! Prometo que será increíble. No te arrepentirás —dijo antes de dar media vuelta para seguir repartiendo invitaciones.
Sonic, que había estado observando toda la escena, no pudo contenerse y estalló en carcajadas.
—¡Vaya! No sabía que era tan fácil de convencer.
Shadow lo fulminó con la mirada.
—Cierra la boca, erizo molesto, o me aseguraré de que esa sonrisa desaparezca de tu rostro.
Sonic alzó las manos en un gesto de rendición, aunque la sonrisa seguía allí.
—Tranquilo, tranquilo. Pero, oye, al menos será divertido verte en una fiesta. Quizás hasta descubras que sabes divertirte— añadió divertido antes de querer ir junto con Silver para no molestar con su presencia al de vetas.
El azabache rodó los ojos, pero no respondió. En el fondo, sabía que probablemente se arrepentiría de haber aceptado, pero por alguna razón, no podía quitarse la imagen del cobalto sonriendo de la cabeza.
Quizás la fiesta no sería tan mala después de todo.
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¿Algún día podrás perdonarme? Sé que fallé, y aunque el tiempo pase, el peso de mi error sigue siendo mío. Me pregunto si algún día podre mirarme al espejo sin reprocharme, sin sentir este vacío que yo mismo dejé.
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El fin de semana llegó más rápido de lo que Sonic había anticipado, y con él, la esperada fiesta de Silver. El erizo azul estaba más emocionado de lo que admitiría en voz alta. Pasó más tiempo del habitual arreglándose frente al espejo, ajustando su chaqueta de cuero y asegurándose de que su sonrisa luciera impecable. Hoy sería el día perfecto para acercarse más a Shadow, o al menos eso se repetía mientras salía de casa.
Aunque tenía planeado llegar temprano, fiel a su naturaleza, se retrasó lo suficiente para que Silver le enviara un mensaje preguntándole si asistiría.
Llegó al lugar con su característico andar despreocupado, pero con el corazón latiéndole con fuerza al pensar en el azabache. Sonic no iba por la fiesta, iba por él.
En la casa de Silver, el ambiente era animado. Las risas, la música alta, y el sonido constante de vasos chocando llenaban cada rincón. Silver corría de un lado a otro, atendiendo a los invitados y asegurándose de que nadie estuviera sin bebida en mano. Había un aire de entusiasmo en el ambiente, aunque algunos parecían estar más interesados en una figura que destacaba entre la multitud.
Shadow estaba sentado en un rincón del salón, rodeado de un grupo de chicas que no dejaban de mirarlo y lanzar comentarios halagadores, pero él parecía completamente desinteresado. Vestía una camisa negra ajustada, una cazadora de cuero del mismo color y unos tejanos oscuros que destacaban aún más su imponente presencia. Su postura relajada y su mirada fría hacían que todas las miradas se clavaran en él.
Sabía que era atractivo, pero no era algo que buscara aprovechar; simplemente, así era.
Shadow bebía de un vaso que Silver le había dado sin preguntar, convencido de que un poco de alcohol lo ayudaría a soportar el ambiente que tanto detestaba. Pero con cada sorbo, empezaba a relajarse más de lo previsto.
Sonic llegó, dejando que su presencia vibrante se sintiera de inmediato. Saludó a algunos conocidos con su típica sonrisa deslumbrante y, por supuesto, buscó entre la multitud. Lo vio rápidamente, sentado como un rey en medio de su pequeño séquito de admiradoras.
Dios, cómo podía ser tan perfecto.
Armándose de valor, Sonic decidió acercarse. No iba a dejar que las chicas le robaran la oportunidad de hablar con él. Con un vaso en la mano que había tomado de una bandeja al azar, llegó hasta el grupo y, sin dudarlo, se sentó en el brazo del sofá donde Shadow estaba.
—¿Pasándola bien, Shadow? —preguntó con una sonrisa tan amplia que era imposible no notar su intención de llamar la atención.
Shadow lo miró de reojo, levantando la ceja. Aunque estaba ligeramente mareado por el alcohol, reconoció esa sonrisa demasiado confiada.
—No sabía que eras fan de fiestas, erizo —murmuró con un tono neutral, pero no completamente hostil.
Sonic rió, tomando un sorbo de su vaso.
—Solo si hay buena compañía. Y tú, bueno... —lo miró de arriba abajo, deteniéndose deliberadamente en sus ojos carmesí— ...pareces ser buena compañía.
Shadow dejó escapar una breve risa, algo que rara vez hacía. Quizá el alcohol estaba empezando a soltarlo un poco.
—¿Eso es lo mejor que tienes? —respondió con un dejo de desafío.
—Depende —Sonic inclinó la cabeza con una sonrisa ladeada—, ¿está funcionando?
Shadow lo miró con una mezcla de incredulidad y desafío. Esa actitud confiada del azul era molesta, pero también... intrigante. Se llevó el vaso a los labios, tomándose el resto de la bebida en un intento de ignorar el calor que comenzaba a subirle por el cuello.
—No sé de qué hablas —respondió con frialdad, apartando la mirada hacia la multitud que llenaba la sala de baile y risas.
Sonic no se dio por vencido. Se inclinó ligeramente hacia él, apoyando un codo en el sofá mientras jugaba con el borde de su vaso vacío.
—Oh, por favor, Shadow. Sabes exactamente de qué hablo. He estado siguiéndote con la mirada desde que llegué, y aunque finjas que no te importa... algo me dice que no te soy indiferente.
El azabache chasqueó la lengua, pero no tuvo una réplica inmediata. Sonic tenía razón en algo: no le era indiferente. Y esa era precisamente la razón por la que lo había ignorado desde el primer día.
Sonic era demasiado: demasiado brillante, demasiado seguro de sí mismo, capaz de meterse en su cabeza sin siquiera intentarlo.
—Eres un fastidio, Sonic —murmuró finalmente, girándose para mirarlo directamente. Pero el tono de su voz carecía de verdadera dureza.
El cobalto se rio suavemente, como si lo considerara un cumplido.
— ¿Eso significa que si funciona? —preguntó, alzando una ceja con esa sonrisa descarada que lo caracterizaba.
Shadow lo observó en silencio durante un largo momento. Los ojos verdes de Sonic brillaban con una intensidad que parecía perforar todas las barreras que había construido para mantener a la gente a distancia.
Algo en ese momento, quizás el calor del alcohol o el ambiente de la fiesta, hizo que sus defensas comenzaran a tambalearse.
—Eres insoportable —repitió Shadow, pero esta vez había un atisbo de algo más en su voz.
Sonic se acercó un poco más, reduciendo la distancia entre ellos hasta que sus rodillas casi se tocaban.
—Y tú... eres fascinante. —La confesión salió de sus labios sin esfuerzo, pero con un tono tan genuino que Shadow no pudo evitar sentir que algo en su interior se encendía.
Antes de que pudiera procesarlo, Shadow dejó el vaso sobre la mesita de centro y, en un movimiento impulsivo, agarró a Sonic por el cuello de su camiseta, tirando de él hacia un beso. Fue brusco, intenso, y cargado de todo lo que había estado reprimiendo durante semanas.
El azul, sorprendido al principio, no tardó en corresponder con la misma pasión. Sus manos se aferraron a los costados de Shadow mientras las risas y la música de fondo se desvanecían para ellos.
A su alrededor, el murmullo de los demás se transformó en un coro de exclamaciones y risas nerviosas. Las chicas que habían estado rodeando a Shadow antes miraban con una mezcla de incredulidad y rabia. Algunos grababan con sus teléfonos, y otros simplemente miraban, sorprendidos.
Pero ninguno parecía preocuparse. Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban agitadamente, y Sonic tenía una sonrisa triunfante en los labios.
— ¿Qué fue eso? —preguntó, todavía recuperando el aliento.
Shadow lo miró con seriedad, aunque había algo suave en sus ojos.
—Eso fue para que dejes de preguntar si esta funcionando —dijo con un tono sarcástico, pero el leve rubor en sus mejillas traicionaba su verdadero estado de ánimo.
Sonic se rio, inclinándose hacia él nuevamente.
—Oh, Shadow. Esto recién empieza.
Silver, que había estado de pie no muy lejos, con un vaso a medio terminar en la mano, quedó completamente congelado. Su boca se abrió ligeramente, y sus ojos se agrandaron tanto que parecía que podrían salirse de su rostro. Rápidamente levantó una mano para cubrirse la boca, como si temiera que un sonido de sorpresa pudiera escapar y arruinar el momento.
—No... puede ser —susurró, más para sí mismo que para nadie más.
El erizo plateado intentaba procesar lo que acababa de ver. Shadow, el estoico y distante Shadow, el tipo que apenas hablaba con nadie y siempre tenía una expresión de indiferencia, acababa de besar a Sonic. Y no solo un beso cualquiera; había sido un beso cargado de pasión, de esos que hacen que el aire en la habitación se sienta más denso.
Silver miró a su alrededor, notando cómo los demás invitados también parecían atrapados en el momento. Algunos grababan, otros murmuraban entre risas, y unas cuantas chicas que solían seguir a Shadow lucían completamente escandalizadas, sus expresiones de incredulidad mezcladas con un evidente toque de celos.
Sus ojos volvieron a posarse en la escena. Él azul y el de vetas ahora estaban hablando en voz baja, demasiado cerca para que alguien más pudiera escuchar, pero la sonrisa de Sonic y la expresión menos rígida de Shadow eran inconfundibles.
—Supongo que tanto insistir dio resultado... —murmuró Silver con una mezcla de sorpresa y admiración. Pero luego su mente intentó racionalizarlo—. Bah, seguro fue el alcohol. Mañana despertarán y lo negarán todo... ¿verdad?
Sin embargo, en el fondo, no podía evitar sentirse feliz por Sonic. Su amigo había estado encandilado con Shadow desde el primer día, y aunque la mayoría pensaría que perseguir a alguien tan frío era una causa perdida, Sonic no había cedido. Ver cómo la pared inquebrantable que era Shadow finalmente mostraba grietas era casi... conmovedor.
Silver terminó su bebida de un solo trago y decidió no interrumpirlos. Este era el momento de Sonic, y si algo salía mal, él estaría allí al día siguiente para apoyarlo. Por ahora, lo único que podía hacer era mantenerse al margen, sonriendo para sí mismo mientras el inesperado giro de los acontecimientos convertía la fiesta en algo que nadie olvidaría.
El resto de la noche, los dos erizos permanecieron juntos, apartados del bullicio de la fiesta, como si el mundo se hubiera reducido a un pequeño espacio donde solo existían ellos. Hablaban en susurros, lo suficientemente bajo como para que nadie pudiera escuchar, compartiendo palabras que ninguno admitiría en otro contexto.
Había algo en ese intercambio discreto, casi íntimo, que los mantenía atrapados el uno en el otro.
Sus manos, sin embargo, no se atrevían a buscar contacto. A pesar de haber probado el sabor de sus bocas, el miedo a cruzar esa línea de nuevo se cernía sobre ambos. Shadow no dejaba de fijarse en los ojos esmeralda de Sonic, tan vivos y llenos de luz. Le molestaba lo mucho que lo atraían, lo mucho que lo hacían olvidar el control que siempre creía tener.
Primero muerto que admitir que Sonic era atractivo, pensó para sí mismo, fingiendo que no estaba completamente perdido en la sonrisa del cobalto y en la cadencia de su voz.
Por su parte, Sonic no estaba mejor. Deseaba con todas sus fuerzas repetir aquel beso, pero no estaba seguro de cómo hacerlo sin parecer un completo loco.
Su mente era un caos, buscando la manera de acercarse sin asustar a Shadow. Lo único claro era que no había estado realmente ebrio antes; tal vez un poco desinhibido, pero sus palabras y acciones habían sido completamente sinceras.
Claro, si alguien le preguntaba, diría que todo había sido culpa del alcohol. Era más fácil justificarlo así que admitir lo evidente: estaba loco por Shadow.
—Así que... ¿te aburres en estas fiestas? —preguntó Sonic con un tono casual, rompiendo un breve silencio.
Shadow lo miró de reojo, con esa expresión seria que lo hacía parecer inquebrantable. Pero había algo en sus ojos que traicionaba un destello de curiosidad.
—No suelen ser mi estilo —respondió, con un tono que intentaba ser neutral.
—¿Y cuál es tu estilo, entonces? —insistió Sonic, apoyando la barbilla en una mano y mirando a Shadow como si fuera el único ser interesante en la habitación.
Shadow quiso responder con algo cortante, algo que dejara claro que no quería seguir hablando de sí mismo. Pero las palabras no llegaron. En lugar de eso, se encontró atrapado en los ojos del azul.
—No lo sé... —murmuró finalmente, desviando la mirada como si eso pudiera romper la conexión que los mantenía tan cerca.
Sonic sonrió. Había algo en la vulnerabilidad momentánea de Shadow que lo hacía sentir aún más atraído. Se inclinó un poco más hacia él, manteniendo el tono bajo.
—Entonces supongo que estoy descubriendo cosas de ti, ¿no?
Shadow lo miró de nuevo, esta vez con un atisbo de diversión mezclado con desafío.
—No te emociones, no hay mucho que descubrir.
—Ah, claro que sí. —Sonic sonrió de lado, dejando que su confianza habitual volviera a aflorar—. Por ejemplo, ya descubrí que eres más interesante de lo que pensaba.
Shadow bufó, pero no pudo evitar que una leve curva se formara en la comisura de sus labios. Y así continuaron, sus voces apenas audibles para ellos mismos, creando un mundo aparte en medio de la fiesta. A pesar de que sus manos no se rozaban y sus cuerpos mantenían cierta distancia, la conexión entre ellos era innegable.
Y aunque ninguno lo admitiría en ese momento, ambos sabían que aquella noche cambiaría algo en sus vidas, algo que no podrían ignorar por mucho tiempo.
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Querido, ¿me odias? Sé la respuesta, aunque jamás llegará a mí desde tus labios.
Y aun así, lo único que quiero que sepas, aunque nunca lo escuches, es que te amo... siempre lo he hecho, siempre lo haré, aunque me quede solo el silencio como respuesta.
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El lunes comenzó con la rutina habitual, aunque para Shadow, era todo menos un día normal. La jaqueca que lo atormentaba desde la madrugada era un recordatorio claro de que había bebido más de la cuenta en la fiesta de Silver. A pesar de su carácter reservado y su preferencia por mantenerse en control, el alcohol no era su fuerte.
Apenas recordaba los detalles de la noche anterior, pero el sentimiento de incomodidad no lo abandonaba. ¿Había hecho el ridículo? No creía ser de los que hacen tonterías ebrios... o eso quería pensar.
Por otro lado, Sonic caminaba por los pasillos con una energía desbordante, contrastando completamente con el estado del azabache. Su mejor amigo, Tails, lo escuchaba con atención mientras Sonic le relataba emocionado lo sucedido en la fiesta.
—¿Y luego qué pasó? —preguntó el zorrito, claramente impactado por lo que Sonic le estaba contando.
—¡Te lo digo, Tails! —Sonic respondió con entusiasmo, gesticulando exageradamente—. Shadow y yo fuimos el centro de atención. Bueno, técnicamente él, pero yo estaba ahí, ¿sabes?
Tails parpadeó, tratando de procesar la información. Lo conocía lo suficiente como para saber que no estaba inventando, pero aun así le costaba imaginar a alguien tan serio como Shadow haciendo algo así.
—Sonic... ¿estás seguro? —preguntó, aunque los rumores que habían llegado a sus oídos desde la mañana respaldaban la historia.
—¡Por supuesto que sí! —afirmó Sonic, alzando los brazos—. Todo el mundo estaba ahí, Silver lo vio, y algunos incluso tomaron fotos.
Tails se llevó una mano a la frente. Fotos. Por supuesto que había fotos. Eso explicaba por qué medio mundo estaba hablando de ellos desde temprano.
Cuando finalmente llegaron al salón del azul, se despidió de su amigo y ingreso , Sonic saludó a Silver con entusiasmo como si fueran amigos de toda la vida.
—¡Oye, Silver! Gran fiesta, amigo. ¡Fue épica!
El erizo plateado sonrió, aunque todavía parecía algo nervioso.
—Me alegra que te hayas divertido, Sonic... —respondió, evitando entrar en detalles.
Después de charlar un poco con Silver, Sonic desvió la mirada hacia el salón, buscando a una persona en particular. Sus ojos finalmente se posaron en Shadow, quien estaba sentado en su lugar habitual, con los codos apoyados sobre el escritorio y una expresión que podía describirse como agotada.
—¡Shads! —lo saludó Sonic, levantando la mano con una sonrisa que parecía iluminar el aula—. Qué bueno verte.
Shadow frunció el ceño al escuchar el apodo, pero decidió no morder el anzuelo.
—Cállate, Sonic, mi cabeza está a punto de estallar —gruñó mientras se dejaba caer en su asiento.
Sonic, lejos de desanimarse, se inclinó un poco hacia él con una sonrisa traviesa.
—¿Mucha fiesta anoche, eh?
El azabache lo miró con el ceño aún más fruncido.
—No recuerdo mucho de lo que pasó —admitió con desgana, esperando que Sonic lo dejara en paz.
—Oh, yo sí. —La sonrisa de Sonic se ensanchó, y sus ojos brillaron con un destello que hizo que Shadow se sintiera incómodamente expuesto—. ¿Quieres que te lo cuente?
Shadow lo observó con sospecha. Había algo en el tono del cobalto que no le gustaba.
—No estoy seguro de que quiera saberlo.
—Bueno, creo que deberías. —Sonic se apoyó en el escritorio con aire despreocupado—. Porque, Shads, déjame decirte... ¡fuiste el alma de la fiesta!
Shadow sintió que un sudor frío le recorría la espalda.
—¿Qué demonios hice? —preguntó, con una mezcla de irritación y temor.
—Oh, nada grave. Solo... bueno, digamos que dejaste claro que no te importaba lo que pensara la gente. —Sonic bajó la voz para que solo Shadow pudiera escucharlo—. Especialmente cuando me besaste frente a todos.
Shadow se quedó paralizado, sus ojos rojos se abrieron como platos mientras las palabras de Sonic se repetían en su cabeza. “¿Qué? ¿Yo hice qué?”
—Estás bromeando... —logró decir, aunque su tono carecía de convicción.
—¿Parezco alguien que bromea con algo así? —Sonic le mostró una expresión completamente seria, pero sus ojos traicionaban un atisbo de diversión.
Shadow no podía creerlo. Mientras caminaba hacia el baño, los recuerdos de la noche anterior comenzaban a encajar como piezas de un rompecabezas, uno que desearía no haber armado. Entre imágenes difusas de risas, luces parpadeantes y tragos de más, el flashback del beso llegó con una claridad demoledora. Él, inclinándose hacia Sonic, el calor del momento, y lo peor de todo: las miradas de todos los presentes.
Sus mejillas se encendieron con un rojo intenso, el tipo de reacción que siempre odiaba mostrar. “¿Cómo pudo suceder?” Se suponía que él tenía control sobre todo, especialmente sobre sí mismo. Y ahora estaba atrapado con la abrumadora realidad de que había besado a Sonic, y no solo eso: había sido en público.
Empujó la puerta del baño con más fuerza de la necesaria, entrando rápidamente para asegurarse de que estaba solo. Caminó hasta el lavabo, abrió el grifo y se echó agua fría en el rostro, intentando calmarse. Pero el agua no podía borrar la imagen de esos ojos verdes y esa sonrisa confiada que se había quedado grabada en su mente desde la fiesta.
“¿Qué demonios me pasa con él?” Pensó, apoyando ambas manos en el lavabo mientras el agua seguía corriendo.
Mientras tanto, Sonic lo había visto retirarse, claramente incómodo, y no pudo evitar sentir un ligero remordimiento. Quizás no fue la mejor idea mencionar el beso. Pero al mismo tiempo, ¿cómo no hacerlo? Había sido uno de los momentos más emocionantes y confusos de su vida.
Silver apareció junto a él, con una sonrisa traviesa en el rostro y los brazos cruzados.
—¿Qué hiciste ahora, Sonic? —preguntó Silver, claramente entretenido con la escena.
— ¿Qué te hace pensar que fue culpa mía? —respondió Sonic, fingiendo indignación, aunque no pudo evitar sonreír.
—Oh, no sé, quizás el hecho de que Shadow salió de aquí como si quisiera meterse debajo de una roca. Vamos, ¿qué le dijiste? —insistió Silver, con curiosidad genuina.
El azul suspiro, encogiéndose de hombros.
—Solo le recordé lo que pasó en la fiesta.
—¿Lo del beso? —Silver casi gritó, ganándose algunas miradas curiosas de los otros estudiantes.
—¡Shh! —Sonic le hizo un gesto para que bajara la voz—. Sí, eso. Pero no lo hice para molestarlo, solo... quería ver cómo reaccionaba.
Silver lo miró con incredulidad, soltando una risa suave.
— ¿Y cómo esperabas que reaccionara? Shadow no es exactamente el tipo de persona que maneja bien este tipo de cosas.
—Lo sé, pero no podía evitarlo —admitió Sonic, pasándose una mano por sus púas—. Silver, fue algo más que un simple beso, ¿sabes?
La sonrisa de Silver se desvaneció un poco al escuchar el tono serio de Sonic.
—¿Algo más?
—Sí, algo más. Desde que lo conocí, no puedo sacarlo de mi cabeza. Es molesto, complicado y claramente quiere mantenerme lejos, pero... siento algo por él.
Silver lo miró con una mezcla de sorpresa y comprensión, apoyando una mano en el hombro de Sonic.
—Bueno, amigo, si realmente sientes algo por él, quizás deberías tomarte esto en serio. Shadow no es de los que van por ahí jugando con los sentimientos de los demás. Y tú tampoco deberías hacerlo.
Sonic asintió, agradeciendo las palabras de Silver.
—Tienes razón. Tal vez fui un poco brusco. Debería hablar con él... pero no ahora. Le dare su espacio.
Silver le dio un pequeño empujón en el hombro, recuperando su sonrisa traviesa.
—Esa es una buena idea. Aunque, por lo que vi en la fiesta, creo que él también siente algo por ti. Solo dale tiempo.
Sonic no pudo evitar sonreír ante la posibilidad.
—¿Crees que sí?
—Por supuesto. Nadie besa a alguien así frente a todos si no siente algo.
El azul río, sintiéndose un poco mejor. Quizás Silver tenía razón, después de todo.
★
Shadow no sabía cómo manejar sus sentimientos por el azul, así que desde ese día decidió poner un punto aparte. Aunque no podía evitar que su corazón se descontrolara cada vez que veía aquellos preciosos ojos esmeralda o escuchaba su voz, decidió ocultarlo todo tras un muro de frialdad. Internamente, la confusión lo carcomía, pero en el exterior se mostró más arisco que nunca, especialmente con Sonic.
Lo ignoraba con más fuerza, y las pocas veces que se dignaba a responderle, sus palabras eran pesadas y cortantes. Esa actitud no era suficiente para ahogar el torbellino que sentía cada vez que el azul estaba cerca, pero al menos lo ayudaba a mantener las apariencias.
La situación no mejoró cuando las fotos y los videos del beso comenzaron a circular por la universidad. Shadow no pudo hacer nada más que aceptar que se había convertido en el centro de todas las conversaciones, la comidilla de los pasillos.
Sus seguidoras, que hasta hace poco lo seguían con devoción, se dividieron rápidamente. Muchas se apartaron, decepcionadas al enterarse de que el chico de sus sueños era gay, mientras que otros lo defendieron, insistiendo en que debía ser bisexual o culpando al alcohol por lo sucedido. Shadow no les daba importancia, pero cada comentario que llegaba a sus oídos le recordaba que había cruzado una línea que nunca pensó cruzar.
Por su parte, Sonic había tomado la decisión de darle su espacio. Sabía que Shadow necesitaba tiempo para analizar lo que sentía, o al menos eso quería creer. Sin embargo, la actitud hostil del azabache lo desanimaba profundamente. A pesar de todo, Sonic no podía evitar sonreír al recordar el beso. Para él había significado algo, y aunque la posibilidad de ser rechazado lo asustaba, sentía que debía decírselo.
Pero, ¿cómo? ¿Cuándo?
Sonic sabía que acercarse ahora sería complicado. Cada vez que intentaba hablar con Shadow, este lo miraba con esa mezcla de irritación y dureza que lo hacía retroceder. Sin embargo, Sonic estaba decidido. Quería que supiera lo que sentía, aunque eso significara enfrentarse al riesgo de perderlo para siempre.
En ese momento, Sonic estaba sentado en una mesa de la cafetería, mirando distraído por la ventana, mientras buscaba el valor para tomar el siguiente paso. Tenía mucho que decir, pero encontrar el momento adecuado era otra historia.
El azul suspiró profundamente, recargando la cabeza en la mesa. Quería hablar con Shadow, aclarar las cosas, decirle lo que sentía... pero la frialdad del azabache lo hacía dudar. ¿Y si lo rechazaba por completo? ¿Y si todo el mundo tenía razón y el beso solo había sido un accidente producto del alcohol?
No sabía qué hacer.
Fue entonces cuando una voz familiar lo sacó de sus pensamientos.
—¿Sonic? ¿Qué te pasa? Llevas como veinte minutos con la cabeza enterrada en la mesa.
Sonic levantó la vista para encontrarse con Tails, su mejor amigo, quien lo miraba con una mezcla de preocupación y curiosidad. Sonic se enderezó, tratando de sonar despreocupado.
—Ah, nada, solo estoy... pensando.
Tails lo miró con escepticismo y se cruzó de brazos.
—Te conozco, Sonic. No te viene tanto la cabeza por cualquier cosa. ¿Es por Shadow?
Sonic suspiró. Sabía que no tenía caso ocultarle nada a Tails. El zorrito era demasiado observador y, además, siempre estaba dispuesto a ayudar.
—Sí... es por él —admitió finalmente, dejando caer los hombros.
Tails tomó asiento junto a él, apoyando los codos en la mesa.
— ¿Qué pasó ahora? ¿Sigues evitándote?
—Peor —respondió Sonic, dejando caer su frente contra la mesa otra vez—. Me ignora más que nunca, y cuando me habla, parece que le caigo mal. Ni siquiera me deja acercarme, Tails.
El zorrito lo observó con paciencia, dejando que se desahogara.
—Y tú ¿qué has hecho? ¿Intentaste hablar con él después de la fiesta?
—Claro que lo intenté, pero apenas mencioné lo del beso y salió corriendo como si hubiera visto un fantasma. No sé qué hacer. Quiero decirle lo que siento, pero cada vez que lo veo, parece que me odia más.
Tails frunció el ceño, procesando las palabras de su amigo.
—¿Y tú cómo te sientes respecto a todo esto?
Sonic levantó la cabeza lentamente, con una mezcla de frustración y tristeza en su mirada.
—Siento que me está volviendo loco, Tails. No puedo sacarlo de mi cabeza. Por más que intento olvidarme de él, algo en mí me dice que vale la pena intentarlo, incluso si me rechaza.
Tails suspiró, apoyando una mano en el hombro de Sonic.
—Mira, Sonic, creo que Shadow está lidiando con cosas que van más allá de lo que tú puedes controlar. Si de verdad siente algo por ti —y bueno, las fotos dicen mucho—, probablemente esté asustado o confundido. Tal vez nunca antes se había enfrentado a algo así.
Sonic lo miró con algo de esperanza.
—¿Tú crees que siente algo por mí?
—Es posible —respondió Tails, encogiéndose de hombros—. Pero aunque lo haga, no significa que esté listo para enfrentarlo. Y tienes que respetar eso.
Sonic avanzó lentamente, aunque la idea no le agradaba del todo.
—Entonces, ¿qué hago? ¿Lo dejo en paz?
Tails negó con la cabeza.
—No necesariamente. Pero en lugar de presionarlo o esperar algo romántico, intenta acercarte como un amigo. Demuéstrale que estás ahí, no porque esperes algo de él, sino porque te importa.
Sonic soltó un pequeño suspiro, pero esta vez había algo de determinación en su expresión.
—Supongo que puedo intentar eso. No será fácil, pero vale la pena.
Tails sonrió y asintió.
★
Shadow no podía dejar de pensar en Sonic. Cada vez que lo veía, una sensación extraña se apoderaba de su pecho. No lo admitía, pero Sonic había dejado una huella en él, y aunque lo ignoraba con todas sus fuerzas, no podía evitar fijarse en los pequeños detalles que antes nunca había notado.
Empezó con cosas pequeñas, como cuando Sonic olvidó un lápiz en la mesa. Shadow, sin pensarlo dos veces, lo tomó y lo guardó en su bolsillo. “Solo lo tomo para regresárselo”, pensó, pero el lápiz terminó en su estuche, junto a otros objetos que no tenían ninguna razón para estar allí.
Con el tiempo, su atención comenzó a enfocarse en cada uno de sus movimientos. Observaba desde la distancia, fingiendo desinterés, pero todo su ser vibraba con la imagen de Sonic cruzando el pasillo.
Cada vez que el azul se reía con sus amigos o hacía alguna de sus bromas, Shadow sentía una mezcla de rabia y fascinación. ¿Cómo podía alguien tan... vibrante y libre, afectarlo de esta manera?
Al principio no le dio importancia, pero pronto empezó a tomar pequeñas fotos de Sonic, ocultando su cámara cada vez que el azul pasaba cerca de él. Las imágenes eran borrosas y rápidas, pero cada una de ellas alimentaba esa sensación inexplicable que lo consumía.
A veces se encontraba mirando las fotos en su teléfono, observando el brillo de esos ojos esmeralda, esa sonrisa que lo desbordaba por dentro. Le molestaba no poder entender por qué lo sentía así.
Sonic, por su parte, continuaba su vida como si nada hubiera pasado. Claro, todavía se preocupaba por lo que había sucedido, pero no veía ninguna forma de acercarse a Shadow. Estaba confundido, pero pensaba que todo lo que había pasado entre ellos era solo un episodio de borrachera.
Un día, mientras Sonic estaba solo en su asiento en el aula, Shadow no pudo evitar mirar de reojo la forma en que él sostenía su bolígrafo. Algo tan simple, tan insignificante, le pareció casi hipnótico. No podía apartar la vista.
Y cuando Sonic dejó el bolígrafo sobre la mesa para ir al baño, Shadow aprovechó para tomarlo sin pensarlo. Lo guardó en su mochila junto a los otros objetos, como si pudieran ser su conexión con algo que no lograba entender.
Por fuera, Shadow seguía siendo el mismo, frío y distante. Sin embargo, por dentro, algo se quebraba cada vez que veía a Sonic sonreír o reír.
La angustia que sentía por mantener las apariencias crecía, pero no podía evitarlo. Empezaba a obsesionarse, a necesitar esos pequeños momentos y objetos, aunque ni él sabía qué tan lejos estaba dispuesto a llegar para tener una parte de Sonic con él.
Sonic, por su parte, también tenía sus ojos puestos en el azabache, aunque cada vez que sus miradas se cruzaban, asumía que era una horrible coincidencia que no hacía más que alimentar su creciente atracción. Mientras los días pasaban, comenzó a notar algo extraño: sus cosas empezaban a desaparecer poco a poco.
Al principio fue solo un lápiz, y pensó que lo había perdido, pero pronto se dio cuenta de que no podía ser tan despistado como para extraviar desde un bolígrafo hasta su cazadora favorita de forma tan repentina.
Aunque trataba de convencerse de que no era gran cosa, el patrón era innegable. Algo estaba pasando, y Sonic no podía ignorarlo más. A pesar de estar decidido a darle a Shadow el espacio que tanto parecía necesitar, sentía que algo había cambiado.
Había una tensión extraña en el aire, algo que iba más allá de las frías respuestas y la hostilidad habitual del azabache. Sonic sabía que ese día debía enfrentarlo, porque estaba cansado de esperar mientras todo seguía igual.
A la hora de salida, fingió salir apresuradamente junto a sus compañeros, asegurándose de que Shadow no notara sus intenciones.
Sabía que el azabache siempre era el último en abandonar el salón, y usaría eso a su favor. Cuando todos se habían marchado, Sonic regresó rápidamente al aula y cerró la puerta con seguro, quedándose frente a ella para bloquear cualquier intento de escape.
Shadow, al escuchar el clic de la cerradura, levantó la mirada, desconcertado. Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando vio a Sonic allí, parado con una expresión que era una mezcla de determinación y nerviosismo.
—¿Qué haces, idiota? —preguntó Shadow, con evidente irritación. Sus ojos rojos destellaron con furia mientras fruncía el ceño, sintiéndose atrapado.
—Necesito hablar contigo, Shadow —dijo Sonic, bajando la mirada por un momento antes de volver a levantarla, su voz cargada de sinceridad—. Te juro que será algo breve.
Shadow chasqueó la lengua, claramente molesto, pero hizo un esfuerzo por mantenerse impasible. Dio un paso hacia atrás, cruzándose de brazos y manteniendo la distancia.
—Escúpelo rápido —respondió con frialdad, deseando que aquello terminara cuanto antes.
Sonic tragó saliva, sintiendo cómo el peso de sus emociones amenazaba con desbordarse. No podía retroceder ahora. Había ensayado este momento en su cabeza demasiadas veces, pero nada lo había preparado para el frío muro que era Shadow en ese instante.
—Quiero saber qué te pasa conmigo. —Las palabras salieron de sus labios con más firmeza de lo que esperaba. Dio un pequeño paso adelante, intentando cerrar la brecha entre ambos—. Sé que algo cambió, Shadow. No sé qué es, pero necesito entenderlo.
El azabache desvió la mirada, apretando los puños a su lado. Sus pensamientos estaban enredados, caóticos. Desde la fiesta, todo había sido un torbellino en su cabeza, y cada vez que veía a Sonic, sentía que el control que tanto se esforzaba por mantener se desmoronaba un poco más.
—No hay nada que entender —respondió al fin, con un tono tan cortante que podría haber sido un cuchillo—. Todo está igual que siempre. Solo... déjame en paz.
—No puedo hacer eso —replicó Sonic, negando con la cabeza. Dio otro paso adelante, su voz quebrándose ligeramente—. No puedo porque me importas, Shadow. Y no sé si lo que pasó en la fiesta fue solo un accidente para ti, pero para mí no lo fue.
Shadow sintió un nudo en el estómago. Sabía, en el fondo, que Sonic tenía razón; había algo en su interior que no podía ignorar, algo que le obligaba a fijarse en cada detalle del azul, en cada sonrisa, en cada movimiento. Pero admitirlo significaría enfrentarse a un torbellino de emociones que no estaba preparado para manejar.
—Sonic... —comenzó a decir, pero las palabras se atascaban en su garganta. Desvió la mirada de nuevo, sus ojos rojos traicionándolo con un leve destello de vulnerabilidad.
El azul aprovechó el silencio para dar un paso. Su corazón latía con fuerza, pero no iba a echarse atrás.
—Shadow, solo quiero la verdad. Lo que sea que estés sintiendo, no tienes que enfrentarlo solo. Estoy aquí. Y estaré aquí, incluso si me rechazas.
El azabache cerró los ojos, luchando consigo mismo. No podía decidir si odiaba o admiraba la manera en que Sonic siempre lograba desarmarlo con esas palabras llenas de genuinidad. Sentía su corazón tamborilear en el pecho mientras las imágenes del azul invadían su mente. Su risa, sus ojos, incluso esos malditos lápices y prendas que ahora escondía como un ladrón.
Shadow no sabía qué decir, pero sabía una cosa: por más que intentara negarlo, Sonic había logrado ocupar un espacio dentro de él que nadie más había alcanzado.
—Shadow, no puedo seguir ignorando lo que siento. —Sonic tomó una profunda bocanada de aire antes de continuar, sus ojos esmeraldas fijos en los de Shadow—. Me gustas. Y no solo como amigo o algo pasajero... me gustas de verdad.
El azabache se quedó helado. No podía apartar la mirada del azul, quien, a pesar de su evidente nerviosismo, hablaba con una sinceridad que le atravesaba como una flecha.
—He intentado ignorarlo, decirme que es solo una tontería o algo que pasará, pero no lo hace. Al contrario, cada día que pasa, siento esto más fuerte. —Sonic dio un paso más hacia él, acortando la distancia hasta que apenas un par de metros los separaban—. Y sé que algo te pasa conmigo, Shadow. Lo veo en tus ojos cada vez que me miras, aunque trates de esconderlo.
Shadow sintió que el aire le faltaba, como si las palabras de Sonic hubieran abierto una puerta dentro de él que llevaba demasiado tiempo cerrada. Bajó la mirada, apretando los puños mientras intentaba contener la oleada de emociones que lo invadía.
—Solo quiero saber la verdad, Shadow —continuó Sonic, su voz cargada de vulnerabilidad—. No tienes que decirme nada ahora si no quieres, pero necesitaba decírtelo. Porque ya no puedo seguir fingiendo que no siento nada por ti.
El silencio que siguió fue tan pesado que parecía llenar la habitación. Shadow mantenía la mirada fija en el suelo, mientras sus pensamientos se entrelazaban con una intensidad casi insoportable. Sonic, por su parte, permanecía inmóvil, esperando, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho, como si pudiera romperse en cualquier momento.
Finalmente, Shadow levantó la vista, sus ojos rojos brillando con una mezcla de confusión y algo más que Sonic no logró descifrar.
—¿Por qué? —preguntó, su voz apenas un susurro.
—¿Por qué qué? —repitió Sonic, dando un paso más cerca.
—¿Por qué me eliges a mí? —Shadow levantó la cabeza completamente, su mirada cargada de emociones que apenas lograba controlar—. Soy... soy todo lo contrario a ti. No soy alguien que merezca esto.
Sonic negó con la cabeza, su voz más firme esta vez.
—Eso no lo decides tú, Shadow. Lo que siento por ti no tiene que ver con merecer o no. Eres simplemente... tú.
El azabache sintió que sus defensas se desmoronaban poco a poco. Por más que intentaba resistirse, las palabras de Sonic le envolvían como una cálida ola que le hacía cuestionar todo lo que creía saber sobre sí mismo.
El azabache suspiró, llevándose una mano al rostro como si intentara ocultar lo que estaba sintiendo. Era un gesto pequeño, pero revelaba más de lo que sus palabras podrían.
—Sonic... la verdad... —Shadow hizo una pausa, sus ojos fijos en un punto indeterminado, como si las palabras estuvieran atrapadas en su garganta—. Me confundes mucho. Me haces pensar y sentir cosas que no entiendo.
Sonic lo miró, su corazón saltando ante esas palabras. Había algo crudo y honesto en la voz de Shadow que le hizo sentir una chispa de esperanza.
—¿A qué te refieres con “cosas que no entiendes”? —preguntó Sonic con cuidado, intentando no sonar demasiado ansioso.
Shadow apartó la mirada, cruzando los brazos en un intento de protegerse de la vulnerabilidad que sentía.
—Siempre he tenido claro quién soy, lo que quiero... pero tú apareciste y todo cambió. Cada vez que te veo, mi mente se llena de ti. No puedo concentrarme, no puedo pensar con claridad, y... —su voz tembló levemente—, odio sentirme fuera de control.
Sonic dio un paso más cerca, dejando que sus palabras se quedaran en el aire un momento antes de responder.
—Shadow, sentir algo por alguien no significa que pierdes el control. A veces, significa que estás empezando a encontrar algo que realmente importa.
El azabache lo miró por un instante, con los ojos llenos de una mezcla de confusión y vulnerabilidad.
—¿Y qué se supone que haga con esto? —preguntó, su voz apenas un susurro.
Sonic sonrió suavemente, intentando transmitirle algo de calma.
—No tienes que hacer nada ahora mismo. Solo... no te cierres. Déjate sentir, Shadow. No voy a ir a ningún lado.
Shadow bajó la mirada nuevamente, pero esta vez no había dureza en su expresión. Había algo más: una chispa de aceptación, un pequeño paso hacia lo desconocido.
Aunque no lo decía en palabras, Sonic pudo ver que algo había cambiado. No era mucho, pero para él, ese pequeño cambio era suficiente para seguir intentándolo.
★
Desde aquella conversación en la que Shadow había aceptado que no seguiría evitando a Sonic, las cosas parecían haber mejorado. Ya no era frío ni cortante con él, incluso compartían momentos juntos como verdaderos amigos. Sonic estaba feliz con este cambio, sintiendo que por fin había logrado acercarse al erizo azabache.
Pero lo que no sabía era que, aunque Shadow aceptaba su cercanía, algo oscuro crecía dentro de él.
Seguía tomando cosas de Sonic en secreto. Primero fueron objetos simples: un bolígrafo olvidado en la mesa, una libreta que el azul dejó en clase, una bufanda que perdió un día de frío. Luego cosas fueron más personales: fotos robadas cuando Sonic no prestaba atención, prendas de ropa que encontraba en los vestidores, hasta el aroma de su colonia, que compró idéntica para sí mismo.
Al principio, se decía que solo era curiosidad, un simple hábito sin importancia, pero con el tiempo se convirtió en algo más.
Se obsesionó.
Cada vez que alguien se acercaba demasiado a Sonic, algo dentro de él ardía. No podía soportarlo. Y entonces, apareció Amy Rose.
Amy era una estudiante de intercambio que había llegado al inicio del segundo semestre. Venía de una prestigiosa universidad en el extranjero y, desde su llegada, había demostrado ser extrovertida, amigable y llena de energía. No tardó en hacerse notar entre los demás estudiantes y, para desgracia de Shadow, tampoco tardó en volverse cercano al azul.
Siempre lo buscaba en los pasillos, se sentaba a su lado en clase y encontraba cualquier excusa para tocarlo o reírse de sus bromas. Sonic, siendo como era, nunca la rechazó. De hecho, parecía disfrutar de su compañía.
Y eso hacía que Shadow hirviera por dentro.
La rabia crecía cada vez que los veían juntos. Cada risa de Sonic dirigida a Amy, cada gesto amistoso, cada maldita mirada lo hacían sentir como si alguien estuviera robándole algo que le pertenecía.
Pero no quería aceptar.
Una tarde, los observaron desde lejos. Sonic y Amy estaban en el jardín de la universidad, conversando. Ella reía con una mano en el brazo del azul, y él simplemente sonreía, relajado.
Shadow sintió que su mandíbula se tensaba.
Ya era suficiente.
Esa noche, esperó a que Sonic se marchara y luego interceptó a Amy cerca de la salida del campus.
—Shadow, ¡qué sorpresa verte aquí! —dijo ella con una sonrisa.
—Necesito hablar contigo. Es sobre Sonic.
Amy parpadeó y luego asintió, con curiosidad.
—¿Sobre Sonic? ¿Qué pasa con él?
Shadow forzó una sonrisa, fingiendo calma.
—Nada malo. Solo... hay algo que debes saber. ¿Puedes venir conmigo? No quiero que nadie más escuche.
La eriza dudó por un momento, pero al ver la gravedad en su rostro, recibió.
—Claro, ¿a dónde vamos?
—Un lugar tranquilo. Sígueme.
La conducida lejos del campus, por un camino que se internaba en una zona boscosa a las afueras de la ciudad. Amy empezó a sentirse inquieta.
—Shadow... este lugar está bastante alejado. ¿Por qué no podíamos hablar en la universidad?
Shadow caminaba con paso firme, sin mirarla.
—Aquí nadie nos interrumpirá.
Amy tragó saliva, sus instintos gritaban que algo no estaba bien.
—Creo que mejor hablamos mañana en la cafetería—intentó retroceder, pero Shadow se giró en seco, su expresión oscura y helada.
—No. Es ahora.
Amy sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Shadow... me estás asustando.
Él avanzó lentamente, cada paso pesaba como una sentencia.
—No tienes idea de lo mucho que me asustas tú a mí, Amy.
—¿De qué estás hablando?
Shadow inclinó la cabeza levemente, sus ojos rojos brillaban en la penumbra del bosque.
—No entiendes, ¿verdad? Lo que haces. Lo que provoca en él. Lo que me provoca a mí.
Amy retrocedió otro paso.
—Shadow...
—Si desapareces... todo volverá a la normalidad.
Amy intentó correr.
Pero fue demasiado tarde.
Al día siguiente, Amy Rose no apareció en clase.
Sonic fue el primero en notarlo.
—¿Alguien ha visto a Amy? —preguntó en el pasillo, mirando a su alrededor.
Los demás se encogieron de hombros.
—Tal vez esté enferma.
Pero Sonic tenía un mal presentimiento.
Las horas pasaron y su preocupación creció. Amy nunca faltaba sin avisar. Intentó llamarla, pero su teléfono estaba apagado. Preguntó a más personas, pero nadie tenía respuestas.
Al final del día, la noticia estalló.
Amy Rose estaba desaparecida.
La universidad fue puesta en alerta, la policía comenzó a investigar y la preocupación se esparció entre los estudiantes.
—¡No puede ser! —Sonic estaba lleno de preocupación.
Mientras todos buscaban respuestas, Shadow observaba desde las sombras, con el corazón latiéndole con fuerza.
Sabía la verdad.
Sabía que lo descubrirían. Era cuestión de tiempo.
Y lo peor de todo... Sonic jamás lo perdonaría.
★
El otoño había llegado, cubriendo las calles con hojas doradas y un aire frío que anunciaba el cambio de estación. Sin embargo, algo no cambiaba: Amy seguía desaparecida.
La investigación continuaba, pero sin pistas claras, poco a poco la gente comenzó a resignarse. Algunos creían que simplemente se había marchado sin decir nada, otros mantenían la esperanza de que la encontrarían sana y salva.
Pero Sonic no podía dejarlo ir tan fácil.
Seguía buscando respuestas, llamando su teléfono apagado, preguntando a quien pudiera saber algo. Aunque intentaba ser fuerte, la incertidumbre lo consumía. Era como si Amy nunca hubiera existido.
Y Shadow lo sabía.
Aun así, no dejaba que su propio miedo lo detuviera. Con Amy fuera del panorama, su nueva preocupación era alguien más.
Tails.
El mejor amigo de Sonic siempre estaba cerca, apoyándolo, consolándolo, siendo su roca en medio de la tormenta. Shadow lo observaba desde lejos, en silencio, sintiendo la misma furia que había sentido con Amy.
Tails estaba demasiado cerca de Sonic.
Lo abrazaba cuando estaba triste, lo acompañaba cuando nadie más lo hacía. Le robaba su lugar.
Eso no podía seguir así.
Shadow sabía lo que tenía que hacer.
Pero antes... quería hablar con Sonic.
Esa noche, Sonic estaba en su habitación, acostado en su cama, revisando el celular. Había abierto el chat con Shadow una y otra vez, viendo si estaba en línea, dudando si escribirle o no.
Desde su confesión, había intentado darle espacio. Aun así, de vez en cuando le enviaba pequeños detalles: un mensaje de buenos días, alguna tontería que le recordara a él, una imagen graciosa. Nada demasiado invasivo, pero suficiente para hacerle saber que seguía ahí.
No esperaba que Shadow le respondiera.
Así que cuando su teléfono vibró y vio su nombre en la pantalla, su corazón dio un vuelco.
Shadow:¿Puedo verte?
Sonic se apresuró a escribir.
Sonic:¡Claro! ¿Dónde estás?
Shadow:Estoy afuera.
Sonic se levantó de inmediato y corrió a la puerta. Al abrirla, encontró a Shadow de pie, con las manos en los bolsillos, mirando al suelo.
—¿Shadow? ¿Pasa algo?
El azabache levantó la vista y suspiró.
—No lo sé. Tal vez.
—¿Quieres entrar?
Shadow negó con la cabeza.
—Prefiero hablar aquí.
Sonic asintió, cruzándose de brazos para protegerse del frío.
—¿De qué quieres hablar?
Shadow tardó unos segundos en responder.
—Sobre nosotros.
Sonic sintió que su corazón se aceleraba.
—¿Nosotros?
—He estado pensando mucho. No sé exactamente lo que siento, pero... quiero intentarlo.
Sonic abrió los ojos con sorpresa.
—¿Intentarlo? ¿Te refieres a...?
—A estar contigo —Shadow lo miró directamente a los ojos—. Pero quiero saber algo antes.
—¿Qué cosa?
Shadow avanzó un paso, su mirada más intensa que nunca.
—¿Estás seguro de esto, Sonic? No quiero que un día te arrepientas de estar conmigo.
Sonic sonrió con ternura.
—¿Arrepentirme? Shadow, nunca podría arrepentirme de algo así.
Pero Shadow no parecía del todo convencido.
—No me digas eso ahora. Dímelo cuando todo esto avance.
Sonic frunció el ceño, pero antes de preguntar qué quería decir con eso, Shadow dio un paso más y tomó su mano.
—¿Quieres ser mi novio?
El azul sintió una calidez recorrer su pecho.
—Sí.
Shadow asintió lentamente, como si procesara la respuesta. Luego, con cuidado, entrelazó sus dedos con los de Sonic.
—Entonces, desde hoy... eres mío.
Sonic rió suavemente.
—Sí, supongo que sí.
Lo que ninguno de los dos sabía era que, aunque parecían la pareja perfecta, algo en su relación estaba podrido desde el inicio.
★
Eres mío... ¿lo recuerdas?
Mi amor por ti fue un fuego ardiente, una tormenta desatada, demasiado intenso, demasiado abrumador... Y tú, simplemente, no estabas preparado para sostenerlo.
★
Al principio, todo era hermoso. Shadow y Sonic pasaban más tiempo juntos, caminaban tomados de la mano, compartían risas y momentos especiales.
Todos en la universidad notaron el cambio. Parecían hechos el uno para el otro.
Pero la perfección no duró mucho.
Sonic empezó a notar los celos de Shadow.
—¿Por qué pasas tanto tiempo con Tails? —le preguntó un día con el ceño fruncido.
Sonic parpadeó, sorprendido por el tono.
—¿Eh? Es mi mejor amigo, siempre hemos estado juntos.
—Eso no significa que debas estar con él todo el tiempo.
Sonic rió, pensando que solo estaba bromeando.
—Vamos, Shadow. No me vas a decir que tienes celos de Tails.
Shadow no respondió.
Pero lo que más preocupaba a Sonic era cómo Shadow reaccionaba cuando veía a Silver.
—¿Otra vez con ese tipo? —gruñó una tarde cuando vio a Sonic riendo con él en el pasillo.
—¡Silver es mi amigo!
—Te mira demasiado.
—Estás exagerando.
Pero no, no lo estaba.
Shadow sentía celos de todos. No soportaba ver a nadie más cerca de Sonic. Y Sonic, aunque intentaba calmarlo, también empezó a sentirse incómodo.
Porque él también tenía celos.
Celos de Rouge.
La murciélaga había regresado a la ciudad hace poco y, como siempre, su relación con Shadow era inquebrantable.
—¡Shadow! —exclamó al verlo después de tanto tiempo, abrazándolo sin dudar.
Sonic sintió un pequeño nudo en el estómago.
Desde ese día, Shadow y Rouge pasaban mucho tiempo juntos. Sonic intentaba ignorarlo, pero no podía evitar preguntarse:
Sonic no podía sacarse de la cabeza aquella imagen: Shadow y Rouge riendo juntos, como si nada más importara en el mundo.
¿Por qué con ella no era frío?
¿Por qué con ella sí sonreía con naturalidad?
Cada vez que Sonic veía a Rouge y Shadow juntos, un resentimiento desconocido comenzaba a crecer en su pecho. ¿No se suponía que Shadow odiaba a todo el mundo? ¿Por qué con ella no?
Al inicio, intenté ignorarlo. No quería ser ese tipo de novio posesivo. Pero mientras más lo pensaba, más notaba lo injusto que era.
Porque cuando él pasaba tiempo con Tails, Shadow reaccionaba de inmediato.
“¿Por qué pasas tanto tiempo con él?”
“No necesitas verlo todos los días”.
¿ Pero qué pasaba con Rouge? Shadow no tenía reparo en buscarla, en verla cuando quisiera.
Y Sonic estaba duro.
Esa noche, cuando Shadow pasó por él para caminar juntos de regreso a casa, Sonic no pudo contenerse más.
— ¿Cómo estuvo tu día? —preguntó Shadow, aparentemente de buen humor.
—Bien —respondió a secas.
Shadow arqueó una ceja, dándose cuenta de inmediato de que algo pasaba.
—¿Seguro? Estás actuando raro.
Sonic dejó escapar una risa sarcástica.
—Ah, qué curioso. Ahora sí notas cuando yo actúo raro. Pero cuando tú andas con Rouge como si fueran inseparables, ¿ahí no hay problema?
Shadow se detuvo en seco.
—¿Perdón?
Sonic giró sobre sus talones para encararlo.
—Te molesta que pase tiempo con Tails, pero tú sí puedes estar con Rouge como si nada? ¿Cómo funciona eso, Shadow?
Shadow apretó la mandíbula.
—No es lo mismo.
—Ah, ¿no? —Sonic cruzó los brazos—. Ilumíname, porque desde aquí se ve bastante igual.
—Rouge es mi única amiga desde hace años. No es alguien que intente meterse en nuestra relación.
Sonic bufo.
—Y Tails ¿sí? ¿Eso es insinúas?
—Lo veo en la forma en la que te mira —respondió Shadow sin titubear—. No es solo tu amigo, Sonic.
—¡Eso es una estupidez! —exclamó Sonic, frustrado—. ¡Es mi mejor amigo, Shadow! Me ha apoyado en todo. Desde antes que ni siquiera pensaras en acercarte a mí. ¿Y ahora resulta que no puedo pasar tiempo con él sin que pienses que quiere algo más?
—No me importa lo que tú pienses de él. Me importa lo que él piensa de ti.
—¡No tienes derecho a decidir con quién puedo estar o no!
Shadow lo miró con frialdad.
—Lo mismo podría decirte.
Sonic sintió que la rabia le hervía en la sangre.
—Dime, Shadow, ¿qué pasaría si yo dijera que no quiero que vuelvas a ver a Rouge?
El azabache estrechó los ojos.
—No puedes pedirme eso.
—¿No? —Sonic dejó escapar una risa incrédula—. Pero tú sí puedes pedirme que me aleje de Tails, ¿verdad?
Shadow no respondió de inmediato. Sabía que si lo hacía, admitía que estaba siendo hipócrita.
Pero Sonic ya tenía su respuesta.
—Ya veo cómo son las cosas —murmuró, desviando la mirada.
Shadow suspiro, intentando mantener la calma.
—Sonic, esto no es una competencia. No tienes por qué compararte con Rouge.
—No lo hago —Sonic volvió a mirarlo, pero esta vez con una tristeza profunda
El silencio se volvió incómodo. La tensión entre ellos era casi insoportable.
Finalmente, Sonic hablo.
—Sabes qué... haz lo que quieras. Quédate con Rouge todo el tiempo que quieras. Pero no vuelvas a decirme con quién puedo o no estar.
Y con eso, Sonic se giró y se alejó, dejándolo solo.
Shadow se quedó inmóvil, viendo cómo la silueta de Sonic se alejaba bajo la tenue luz de las farolas.
Sentía algo arder en su pecho. rabia. Frustración.
Pero lo peor de todo... era el miedo.
Miedo de perderlo.
Y eso... no iba a permitirlo.
El invierno había llegado cubriendo la ciudad con su manto helado. Los días se acortaban y las noches parecían interminables. Era la estación perfecta para ocultar secretos.
Sonic y Shadow seguían juntos, pero la relación entre ellos estaba lejos de ser perfecta pero ante todos eran la pareja perfecta.
Sonic hacía lo posible por contener su malestar cuando Shadow recibía atención de sus admiradoras. No le gustaba, pero confiaba en él.
Shadow, en cambio, no confiaba en nadie.
No soportaba ver a Sonic rodeado de otros. Le pertenecía.
Intentaba controlarse. Pero entonces llegó él.
Scourge.
Un estudiante de otro semestre, confiado, arrogante y con el descaro de acercarse a Sonic.
Shadow lo vigiló desde el primer momento.
Se fijó en la manera en que Scourge miraba a Sonic.
Se fijó en cómo buscaba excusas para hablar con él.
Se fijó en cómo Sonic sonreía en su presencia.
Y sintió odio.
Intentó convencerse de que era paranoia. Que Sonic lo amaba solo a él.
Pero un día todo cambió.
Ocurrió en el pasillo de la escuela, justo cuando Sonic había salido de clase.
—Oye, Blue, —Scourge se acercó con su típica sonrisa engreída— ¿Tienes un momento?
—¿Eh? —Sonic parpadeó—. Supongo. ¿Qué pasa?
—Solo quería probar algo...
Antes de que Sonic pudiera reaccionar, Scourge lo tomó del rostro y lo besó.
Fue un instante. Un segundo.
Pero ese segundo fue suficiente para desatar el infierno.
Sonic lo apartó de inmediato, impactado y furioso.
—¡¿Qué diablos haces, idiota?!
—Solo comprobaba si me correspondías —dijo Scourge con una sonrisa burlona.
La sangre de Sonic hirvió.
Pero la de Shadow hervía más.
Había visto todo.
Estaba al final del pasillo, con los puños cerrados, las pupilas dilatadas y el aliento entrecortado.
Scourge había besado a Sonic.
Nadie podía tocar a Sonic.
Esa noche, mientras la nieve caía silenciosa, Shadow siguió a Scourge.
Lo siguió hasta el límite de la ciudad, cerca del bosque.
Nadie lo vio. Nadie escuchó sus pasos.
Nadie escuchó sus gritos.
La nieve cubría el suelo como un sudario.
Shadow estaba de rodillas, sus manos cubiertas de tierra húmeda y sangre seca. Su respiración era tranquila, su corazón no se aceleraba.
El cuerpo de Scourge yacía a medio enterrar en la profundidad del bosque.
No sentía nada. Ni culpa, ni remordimiento.
Solo la certeza de que había hecho lo correcto.
Se levantó lentamente, sacudiéndose la nieve de la chaqueta. El frío lo envolvía, pero su mente estaba más clara que nunca.
Nadie le iba a arrebatar a Sonic.
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Sonic se encontraba en la cafetería de la escuela, removiendo su chocolate caliente con una cucharilla sin verdadero interés.
La noticia de la desaparición de Scourge ya se había esparcido.
—Es raro, ¿no crees? —dijo Tails, sentado frente a él.
—¿Qué cosa? —preguntó Sonic, sin levantar la mirada de su taza.
—Dos personas han desaparecido este año. Y ambas tenían algo en común... tú.
Sonic sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Tails, eso no significa nada. Es solo... una coincidencia.
—¿Coincidencia? —el zorrito frunció el ceño—. Amy llegó como estudiante de intercambio y desapareció después de intentar acercarse a ti. Scourge hizo lo mismo y ahora nadie sabe dónde está. Dime que eso no te parece extraño.
Sonic abrió la boca, pero no encontró qué responder.
Porque, en el fondo, también le parecía extraño.
Pero... no. No podía ser.
—Estás exagerando —respondió, forzando una risa—. Shadow jamás haría algo así.
Tails entrecerró los ojos.
—¿Estás seguro?
Sonic sintió su corazón latir con más fuerza.
—¡Por supuesto que lo estoy! Shadow puede ser intenso, pero no haría algo así.
El silencio entre ellos fue pesado. Tails dejó escapar un suspiro, apoyando los codos en la mesa.
—Solo... piénsalo, ¿sí? No quiero que te pase nada.
Sonic asintió lentamente, pero la inquietud se instaló en su pecho.
Esa noche, cuando se acostó en su cama, su mente no dejaba de repetirse las palabras de Tails.
¿Era realmente una coincidencia?
O...
¿Shadow tenía algo que ver con esto?
Sonic giró en su cama, sintiendo que su estómago se revolvía.
No... no podía dudar de Shadow.
Pero, por primera vez, el miedo se instaló en su corazón.
El invierno avanzaba, pero el corazón de Sonic se sentía más cálido que nunca.
Su relación con Shadow estaba mejor que nunca. Las discusiones por celos se habían vuelto menos frecuentes , y en su lugar, las muestras de amor y cariño eran constantes.
Pequeños detalles que lo hacían sentir querido.
Cuando estaban en público, Shadow era más reservada, pero en privado, las cosas cambiaban.
—No soy bueno con las palabras —le había confesado una vez—, pero quiero que sepas que... estar contigo me hace sentir algo que nunca había sentido antes.
Sonic no había respondido con palabras. Solo lo abrazó.
Y en esos momentos de cercanía, se sentía en paz.
Como si el mundo solo existiera para ellos.
Las citas con Shadow eran... únicas.
No era del tipo que planeaba cosas demasiado elaboradas, pero sabía cómo hacer que cada momento fuera especial.
Una tarde en el lago congelado , donde Shadow, con su habitual seriedad, se mantuvo firme en que no sabía patinar... hasta que Sonic le tomó la mano.
—Vamos, no es tan difícil. Solo confía en mí.
Shadow frunció el ceño, pero no soltó su mano.
Y en ese instante, Sonic supo que lo había atrapado.
Se quedaron así un rato, deslizándose sobre el hielo, hasta que, en un movimiento torpe, Sonic perdió el equilibrio y ambos terminaron en el suelo.
La risa de Sonic llenó el aire helado.
—¡Te dije que confiaras en mí!
Shadow rodó los ojos, pero una pequeña sonrisa se asomó en sus labios.
Pequeños momentos como ese lo hacían sentir afortunado.
Pero también lo hacían sentir inquieto.
Porque, a pesar de lo feliz que era, había algo que no podía ignorar.
Las desapariciones de Amy y Scourge seguían siendo un misterio.
Y Tails no dejaba de repetir la misma pregunta en su cabeza.
“¿Estás seguro de que Shadow no tuvo nada que ver con esto?”
Al principio, había negado esa posibilidad.
Pero ahora...
Ahora, no estaba tan seguro.
No tenía pruebas, pero había algo de la manera en que Shadow actuaba...
Algo en su mirada cuando hablaban del tema.
Algo en la forma en que siempre evitaba el tema de las desapariciones.
Y eso le hizo querer saber más.
Esa noche, Sonic y Shadow tenían una cita.
Habían salido a caminar por la ciudad, disfrutando de la decoración invernal. Luces brillaban en las calles, el aire estaba impregnado de olor a chocolate caliente y nieve fresca.
Todo parecía perfecto.
Pero Sonic tenía una pregunta en mente.
Una que no podía callarse más.
Mientras caminaban por una calle menos transitada, donde la única luz era la de los faroles antiguos, Sonic rompió el silencio.
—Shadow...
—¿Mmm?
—Si tuvieras que hacer cualquier cosa por mí... ¿hasta dónde llegarías?
Shadow se detuvo en seco.
Se giró para mirarlo, su expresión completamente seria.
El viento helado sopló entre ellos, pero la frialdad que Sonic sentía no venía del clima.
—Por ti... —Shadow lo miró directamente a los ojos— Podría matar.
Sonic sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—M—matar? —preguntó, intentando reír, como si fuera una broma.
Pero Shadow no sonreía.
—Sí —afirmó con voz tranquila—. Si alguien intentara quitarte de mi lado... haría lo que fuera necesario.
Sonic sintió su corazón latir con fuerza.
No era una broma.
Shadow hablaba en serio.
No reaccionó de inmediato.
No podía.
Forzó una sonrisa y siguió con la cita como si nada hubiera pasado.
Pero cuando llegó a casa, su mente no pudo evitar conectar los puntos.
Las desapariciones.
Las personas que intentaron acercarse a él.
Las palabras de Shadow.
“Si alguien intentara quitarte de mi lado... haría lo que fuera necesario.”
Amy y Scourge no solo habían desaparecido.
Habían desaparecido cuando intentaron estar con él.
Y Shadow...
Shadow nunca mencionó su nombre cuando dijo que podría matar.
Pero Sonic sabía la verdad.
Shadow lo había hecho.
Shadow los había matado.
Su pecho se sentía pesado. Su respiración, entrecortada.
¿Qué iba a hacer ahora?
★
El hallazgo sacudió la ciudad.
Los cuerpos de Amy y Scourge fueron encontrados en el bosque. Enterrados como si fueran basura, ocultos de la vista del mundo.
Los noticieros estallaron con el escándalo.
La gente tenía miedo.
Pero nadie estaba más aterrado que Sonic.
Porque él sabía la verdad.
La había sentido en cada palabra que Shadow le había susurrado con frialdad semanas atrás.
“Podría matar por ti.”
No era una promesa vacía.
Era una confesión.
Y ahora, los cadáveres hablaban por sí mismos.
Tenía que alejarse.
No podía seguir al lado de un asesino.
Pero Sonic no era ingenuo.
No podía simplemente decirle a Shadow que sabía la verdad.
Sabía cómo era Shadow.
Sabía de lo que era capaz.
Si lo acorralaba... si lo hacía sentir que lo estaba abandonando...
Podría terminar igual que Amy. Igual que Scourge.
Muerto.
Así que mintió.
—Shadow... tenemos que terminar.
El silencio fue tan espeso que el aire mismo pareció detenerse.
Shadow no reaccionó de inmediato.
No frunció el ceño.
No mostró enojo.
Simplemente lo miró.
Sin parpadear.
—¿Por qué?
Sonic trató de no temblar.
Si decía algo que sonara forzado, estaba acabado.
—No lo sé... —dijo con voz baja, bajando la mirada—. Creo que no estoy listo para esto.
Silencio.
Sonic sintió cómo el peso de la mirada de Shadow lo atravesaba.
No le creía.
Pero, para su sorpresa, Shadow no discutió.
No lo presionó.
Solo sonrió.
Una sonrisa vacía.
—Está bien —dijo al fin.
Sonic contuvo la respiración.
Demasiado fácil. Demasiado sospechoso.
—Pero con una condición.
Sonic tragó saliva.
—¿Cuál?
Shadow inclinó un poco la cabeza, su sonrisa nunca desapareció.
—Una última cita.
Sonic no tenía opción.
Si se negaba, Shadow sabría que había algo más.
Así que esa tarde, cuando el rugido de la motocicleta de Shadow se detuvo frente a su casa, Sonic salió con el corazón latiendo como un tambor enloquecido.
El aire estaba helado.
El cielo, nublado.
Los pronósticos decían que habría nieve.
Sonic tragó aire y se subió a la moto.
—¿A dónde vamos? —preguntó, fingiendo normalidad.
—A un restaurante fuera de la ciudad —respondió Shadow, arrancando el motor.
La mentira no le pasó desapercibida.
Shadow estaba demasiado tranquilo.
Demasiado sereno.
Y cuanto más avanzaban, más lejos de la civilización quedaban.
Las luces de la ciudad se desvanecieron.
Las carreteras se volvieron solitarias.
Hasta que, finalmente...
Solo quedaba el bosque y la nieve cayendo lentamente del cielo.
Shadow apagó la moto.
El eco del motor murió, dejando un silencio antinatural.
Sonic se bajó con cautela.
¿Qué es este lugar?
A su alrededor, solo había nieve, árboles y la vasta inmensidad de la nada.
Su piel se erizó.
—¿Shadow? —dijo en voz baja, su respiración empañando el aire gélido—. ¿Por qué estamos aquí?
Shadow no respondió de inmediato.
Solo sonrió.
Pero Sonic ya conocía esa sonrisa.
No era felicidad.
Era posesión.
—Antes de ir al restaurante —dijo con calma—, quería enseñarte algo.
Sonic sintió un escalofrío.
Todo su cuerpo le gritó que corriera.
Pero se obligó a mantenerse firme.
—¿Qué cosa?
Shadow se giró hacia él.
Y con voz suave, pero llena de certeza, susurró:
—La forma en la que podemos estar juntos... para siempre.
Era hermoso, etéreo, casi irreal. Los árboles desnudos, el crujido sutil del hielo bajo los pasos. Todo parecía sacado de un sueño.
Y para Shadow, ese era el momento perfecto.
La nieve caía en copos lentos cuando tomó las manos de Sonic entre las suyas. Sus dedos eran tibios a pesar del frío, y los sostuvo con firmeza, como si con solo ese contacto pudiera asegurarse de que nunca lo dejaría ir.
—Sonic... —susurró con un tono profundo y contenido—. Te amo.
Los ojos de Sonic se abrieron ligeramente. Era la primera vez que lo decía.
Shadow nunca había sido de palabras. Nunca había sido de admitir cosas con facilidad. Pero ahí estaba, mirándolo con intensidad, sujetándolo con una devoción que rayaba en la locura.
—Me haces sentir cosas que nunca creí posibles... —Shadow apretó un poco sus manos, acercándolo más—. Me diste momentos felices, me diste tu confianza... pero aún así... nunca fue suficiente.
Sonic sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Shadow...
—No soporto la idea de no tenerte cerca. No soporto que no seas solo para mí.
Los latidos de Sonic se aceleraron.
—¿De qué estás hablando?
Los ojos carmesí de Shadow brillaron con un fulgor febril. Un amor desquiciado.
—Por meses, Sonic. Por meses te observé. Te seguí sin que lo supieras. Tomé tus cosas, las guardé conmigo porque necesitaba sentirte cerca. Y cuando alguien intentó arrebatártelo, cuando intentaron interponerse entre nosotros...
La sonrisa de Shadow se tornó oscura.
—Los eliminé.
La nieve parecía más fría. El aire más denso.
El corazón de Sonic golpeaba con fuerza contra su pecho.
No.
No podía ser cierto.
No quería que fuera cierto.
Pero en el fondo, lo había sabido todo este tiempo.
Shadow apretó las manos de Sonic con más fuerza, sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de adoración y desesperación.
—Lo hice por ti, Sonic. Todo fue por ti.
Sonic tragó saliva, su mente trabajaba a toda velocidad. No podía entrar en pánico. No podía alterarlo más.
Así que fingió.
Intentó que su expresión no reflejara el miedo visceral que lo invadía, pero sus orejas bajaron sutilmente, delatándolo.
Shadow lo notó.
La culpa cruzó su rostro, pero no había arrepentimiento en su voz cuando susurró:
—Lo siento... no quería asustarte. Quería protegerte.
Sonic inhaló hondo, su instinto le decía que debía huir... pero no tenía escapatoria.
No ahora.
Así que hizo lo único que podía hacer.
Lo abrazó.
Rodeó el cuerpo de Shadow con sus brazos, acercándolo a él con suavidad. Shadow se tensó ante el contacto, sorprendido, pero en cuestión de segundos se aferró a él con fuerza.
—Yo también te amo, Shadow... —susurró Sonic contra su oído—. Pero debes admitir lo que hiciste. Debes... detenerte.
Hubo un silencio sofocante.
Shadow se quedó quieto.
Su respiración se volvió pesada.
—No... —su voz tembló, no de miedo, sino de algo más profundo—. No, no puedo hacer eso.
Antes de que Sonic pudiera procesar lo que pasaba, una punzada de dolor desgarró su abdomen.
Su boca se entreabrió con un jadeo ahogado.
El frío del metal enterrado en su cuerpo lo paralizó.
Shadow hundió el cuchillo hasta la empuñadura, girándolo en un ángulo cruel que hizo que la sangre caliente brotara entre sus dedos.
Sonic sintió cómo su fuerza lo abandonaba.
El mundo entero pareció ralentizarse.
Cuando Shadow retiró el arma, un calor sofocante invadió su cuerpo, pero se disipó en segundos, reemplazado por un frío gélido.
Su vista se tornó borrosa.
Las piernas le fallaron y su peso cayó sobre Shadow.
El azabache lo sostuvo con cuidado, como si no acabara de apuñalarlo.
Como si aún fuera su Sonic.
Se agachó, sosteniéndolo con delicadeza en la nieve blanca, manchada ahora de rojo.
Sonic trató de hablar, pero solo salió un pequeño suspiro tembloroso.
Shadow lo miró con ternura, acariciando su mejilla con la yema de los dedos.
—Sabes, Sonic... eres lo más hermoso que he conocido —susurró con una voz casi amorosa—. Tu sonrisa, tus ojos, tu personalidad, todo me encanta...
Sonic apenas podía sostener la mirada.
Todo dolía.
Su cuerpo, su alma, su corazón.
Shadow observó la sangre esparcirse sobre la nieve y, con una sonrisa melancólica, tomó su rostro entre sus manos y lo besó.
Un beso suave.
Un beso que no merecía.
Un beso que Sonic no tuvo fuerzas para rechazar.
Shadow se separó un poco y susurró con devoción.
—Eres tan hermoso como la sangre en la nieve.
Sonic apenas pudo alzar su mano.
Su tacto fue débil cuando rozó los dedos de Shadow.
Y aunque su cuerpo se iba apagando... no pudo odiarlo.
No pudo.
Solo sonrió, con la poca fuerza que le quedaba.
Shadow lo miró.
Y después de todo el tiempo que pasó obsesionado con Sonic... después de los meses de acecharlo, de protegerlo a su manera torcida, después de las noches en vela deseándolo, después de creer que lo poseía...
Solo en ese momento...
Cuando el hermoso verde de los ojos de Sonic se apagó y su último aliento se evaporó en el aire frío...
Shadow finalmente se permitió decirlo.
—Te amo.
El silencio fue lo único que le respondió.
Sonic estaba muerto.
El silencio era ensordecedor.
La nieve seguía cayendo con suavidad, cubriendo el mundo con su manto blanco, como si intentara ocultar la atrocidad que acababa de ocurrir. Shadow no se movió. No podía.
Aún tenía a Sonic entre sus brazos, su cuerpo inerte y frío en contraste con la tibieza de la sangre que se filtraba en la nieve. Su piel lucía opaca, sus labios entreabiertos en lo que parecía una última sonrisa, como si, incluso en su último momento, hubiera elegido perdonarlo.
¿Por qué?
¿Por qué no lo había odiado? ¿Por qué había sonreído?
¿Por qué Sonic siempre tenía que ser así...?
Shadow deslizó su mano por el rostro ya sin vida del erizo azul, limpiando con ternura la sangre que se había filtrado en la comisura de sus labios. Lo contempló con un amor perturbador, con la devoción de alguien que creía que ese era el destino que debían compartir.
—Ahora... —susurró, su voz temblorosa—. Eres solo mío.
El mundo parecía haberse detenido para ellos. Solo la nieve seguía su curso, enterrando poco a poco la escena en un velo blanco.
Pero Shadow sabía que ese momento no duraría para siempre.
El cuerpo de Sonic sería encontrado. La verdad saldría a la luz.
Y él...
Él lo aceptaría.
Porque ya no tenía razón para seguir ocultándose.
Los días pasaron.
La desaparición de Sonic sacudió la ciudad. La noticia recorrió cada rincón, cada estación de radio, cada pantalla de televisión. Sus amigos estaban devastados. Tails lloraba sin descanso, negándose a aceptar que Sonic no iba a volver. Rouge intentaba mantenerse firme, pero incluso ella no podía ocultar la desesperación en su rostro.
Hasta que, finalmente, el cuerpo fue encontrado.
Sonic estaba enterrado en la nieve, su piel marcada por el frío, su rostro aún pacífico, como si estuviera dormido. Pero su sangre seguía ahí, teñida en el hielo cristalino.
Y Shadow era el principal sospechoso.
Las preguntas no tardaron en llegar.
Shadow fue detenido para interrogación. Lo sentaron en la sala de la comisaría, las luces fluorescentes iluminando su expresión impasible. Frente a él, los oficiales lo miraban con desconfianza.
—Fuiste la última persona en verlo con vida. —dijo uno de los detectives, sus ojos escaneándolo con precisión.
Shadow no respondió. No tenía por qué hacerlo.
—Eras su novio, ¿no? —insistió otro.
Shadow simplemente asintió.
—Si tienes algo que decir para defenderte, este es el momento.
Shadow levantó la mirada.
Y entonces, sonrió.
Una sonrisa vacía.
Una sonrisa rota.
—No tengo nada que defender.
La noticia explotó como un incendio.
“Shadow the Hedgehog, culpable del asesinato de Sonic the Hedgehog.”
“Se confiesa autor del crimen.”
“¿También está vinculado a las desapariciones de Amy Rose y Scourge the Hedgehog?”
Los medios no tardaron en destrozarlo. Las calles se llenaron de pancartas exigiendo la pena máxima. Los juicios fueron rápidos.
Shadow detalló todo.
—Lo seguí por meses. Era mi razón de existir.
—Tomé sus cosas, lo vigilé, lo protegí de quienes querían separarlo de mí.
—Cuando lo tuve a mi lado, todo era perfecto.
—Pero Sonic... Sonic quería que todo terminara.
—Así que... lo hice mío para siempre.
Sus palabras estremecieron la sala del tribunal.
Tails estaba ahí, las lágrimas recorriendo su rostro mientras escuchaba la confesión. No podía creerlo. Se negaba a creer que la persona que Sonic amó fue quien lo arrebató del mundo.
Rouge mantuvo su expresión dura, pero sus puños estaban tan apretados que sus nudillos estaban blancos.
El juez ni siquiera dudó.
—Shadow the Hedgehog, se le declara culpable de asesinato premeditado. Se le condena a la pena de muerte.
El veredicto cayó como un golpe final.
Pero Shadow no mostró ninguna emoción.
Solo cerró los ojos.
En su celda, el tiempo transcurría lento.
Las paredes eran frías, el ambiente vacío. Pero Shadow ya estaba acostumbrado a la soledad.
Pasaba las noches recordando su rostro. Sonic, sonriendo bajo el sol. Sonic, riendo con su habitual despreocupación. Sonic, con los ojos brillando de emoción, corriendo con el viento acariciando su piel.
Y entonces... Sonic, cubierto de nieve y sangre.
Sonic, sonriendo incluso en la muerte.
Sonic... su Sonic.
Shadow cerró los ojos, apoyando la cabeza contra la pared.
Se lo llevarían en unos días. Solo unos días más, y todo acabaría.
Pero por primera vez...
No le importaba.
Porque en el fondo, en lo más profundo de su mente desquiciada...
Creía que pronto volvería a verlo.
Pronto estarían para siempre juntos.
★
Mi amor voy por ti.
Espérame, perdóname y ámame una vez más.
★
FIN









AAAAA QUE LINDO FANFIC, ME DEJÓ PATALEANDO COMO COLEGIALA VIENDO A SU CRUSH. AMO EL DOOMED YAOI 🥹