Prefacio
Rompe la distancia entre nosotros y estrella sus labios contra los míos en un beso desesperado y triste, un beso que me veo incapaz de responder por mucho que así lo desee. Merlín sabe que lo deseo.
Me llamó por mi nombre.
-¿En serio piensas que voy a ser lo suficientemente estúpida como para creerte? Déjame en paz de una vez.
-No te puedo dejar en paz, de verdad no tienes idea el infierno que estoy pasando, ¿Por qué crees que te estoy diciendo todo esto? Tienes que darme una oportunidad, déjame demostrarte que me di cuenta de que te hice daño.
-Me lastimaste demasiado, y aunque pudiese olvidar eso, tengo novio Draco, por mucho que eso te disguste.
-No empieces a hablar del idiota ese –me advierte, sus ojos de nuevo en llamas furiosas.
-Ese idiota como tu lo llamas es mucho mejor hombre que tu, y sabe como tratar a una mujer...
-Cállate, tu novio es un imbécil sin valor -sisea apretando los dientes.
-¡No lo es! Es un hombre bueno, es inteligente, es detallista, atractivo y comprensivo, me entiende cuando estoy mal y me respeta cuando le digo que no; es mas de lo que puedes atribuirte tu, y no lo voy a dejar por ti después de todo lo bueno que hizo.
-El no es nada comparado conmigo y lo sabes, ¿Cómo puedes ser tan hipócrita de estar a su lado cuando al que quieres es a mi? –no tengo manera de defenderme a eso, las revoluciones en mis sentimientos siguen deslizando lagrimas por mis mejillas. –Dime que me quieres a mi, que me amas a mi y no a ese estúpido -. Me aferra a él con desesperación, trazando mi cuerpo con sus manos, intentando pegar mi cuerpo a el mas de lo que resulta físicamente posible. –Dime que me amas.
-Draco basta –le pido con un hilo de voz, intento débilmente alejarme, pero me toma de la mandíbula con fuerza.
-Me perteneces a mi y no vas a ser de él ni de nadie mas, no lo pienso permitir –los celos se escurren de su voz y de su rostro, la violencia de su agarre ha incrementado.
La convicción en sus ojos me asegura que nunca se va a rendir conmigo.








