El legado Oculto

Summary

Nadie conoce su existencia fuera de los muros de Croft Manor. Es el hijo bastardo de la condesa Lara Croft, nacido en secreto cuando ella aún era muy joven. Naruto no sabe quién es su padre, ni comprende del todo el mundo al que pertenece. Criado entre sombras y secretos, su vida cambia cuando San, una antigua amiga de su madre, lo invita a unirse a una expedición hacia una isla perdida en el Mar del Diablo: Yamatai. Allí, bajo lluvias eternas y ruinas olvidadas, lo espera un destino que entrelaza antiguas leyendas, poderes sellados y verdades que podrían destruirlo... o forjar lo que siempre ha estado oculto en su sangre.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El Legado Oculto

En Inglaterra, en una de las academias donde los ricos envían a sus hijos, se puede ver a un niño de doce que miraba por la ventana de su aula de forma tranquila, sumido en sus pensamientos.

En eso, un fuerte manotazo lo saca de su mundo. Mirando, vio a su maestra, enojada.

Miss Agatha Wren: De nuevo perdido en su mundo, joven Naruto —preguntó la maestra.

Naruto: Lo siento, Miss Agatha. No volverá a pasar.

Miss Agatha: Espero que así sea. Y como usted no estaba prestando atención, ¿qué tal si responde las siguientes preguntas sobre la historia de nuestro país?

Naruto:de acuerdo Miss Agatha.

Miss Agatha:¿Quién fue el monarca inglés durante la época de la Revolución Americana?

Naruto: Rey Jorge Tercero.

Miss Agatha: Muy bien la siguiente. ¿Qué documento histórico estableció límites al poder del rey en Inglaterra en 1215?

Naruto: La Carta Magna.

Miss Agatha: Menciona una de las familias aristocráticas más antiguas de Inglaterra.

Naruto:La familia Croft.

Miss Agatha:Muy bien joven Naruto solo no se vuelva a distraer.

Naruto solo suspiró con aburrimiento y volvió a mirar por la ventana, donde las sombras de los árboles se movían con la brisa suave que entraba por el aula. Tranquilo, dejó que el tiempo pasara lentamente, esperando la ansiada hora de salida. Finalmente, cuando el timbre resonó por los pasillos, Naruto recogió sus libros con movimientos lentos y sin prisa, acomodó su mochila y salió del aula con pasos silenciosos, perdiéndose entre el bullicio de los demás estudiantes.

Saliendo de las instalaciones, vio cómo algunos padres y madres llegaban por sus hijos, abrazándolos o acariciándolos con cariño. Naruto observó esa escena por unos segundos, sin que le afectara mucho, y luego comenzó a alejarse del lugar con paso tranquilo, dirigiéndose hacia su punto de encuentro. Ya sabía bien quién lo esperaba allí.

Subiéndose al auto, en la parte trasera saludó al conductor.

Naruto: Hola, Winston.

Winston: Hola también para ti, joven Naruto. ¿Cómo te fue hoy en la escuela?

Naruto: Lo mismo, aburrido. ¿Y mi mamá, dónde está?

Winston: La señorita Lara se encuentra en la mansión en estos momentos. Creo que planea un viaje contigo —dijo, queriendo animar al niño.

Naruto: Winston, sé que ella no tiene nada planeado conmigo. Nunca lo ha hecho. En mis doce años de vida no he convivido mucho con ella.

Winston: No diga eso, joven Naruto. Usted sabe que su mamá lo ama, y por eso lo ocultó del mundo.

Naruto: Lo que sea, Winston —dijo, mirando por la ventana mientras todo pasaba de largo—. Vaya vida tengo —murmuró para sí mismo-despues de todo soy el hijo bastardo de lara croft.

Naruto dejó de hablar con el mayordomo y se centró en sus pensamientos. No sabía nada de su padre, solo que había sido un amorío de juventud que llevó a Lara a quedar embarazada de él, un hecho que fue ocultado al mundo. Que la única heredera de los Croft trajera un bastardo al mundo ya era lo suficientemente escandaloso.

Súmale que ella lo tuvo a los 14 años, siendo apenas una niña. Su madre, ahora con 26, no era precisamente cercana a él. Ni siquiera en su niñez recuerda haber pasado mucho tiempo a su lado.

Llegando a la mansión, Naruto subió a su cuarto. Mañana era sábado y no tenía clases, así que decidió hacer sus tareas para poder descansar al día siguiente.

Al día siguiente, Naruto se despertó, se levantó de la cama y se dirigió al baño para lavarse la cara. Al mirarse en el espejo, vio su apariencia.

Su piel era ligeramente bronceada, resultado de las pocas pero intensas veces que había salido al exterior. Sus ojos azules reflejaban una mezcla de curiosidad y cansancio, mientras su cabello castaño oscuro, algo despeinado, caía en mechones sobre su frente. Observó sus manos, con marcas de pequeños rasguños, testigos silenciosos de sus recientes intentos por explorar más allá de la mansión.

Soltando un suspiro, decidió bajar. Era sábado, así que no tenía nada que hacer. Al llegar a la cocina comenzó a buscar qué desayunar; mientras buscaba en el refrigerador, escuchó unas voces. Al girarse para ver quién era, vio a tres personas conocidas: los únicos, aparte del mayordomo y Lara, que sabían quién era él.

San es la mejor amiga de Lara y una figura casi como una tía para Naruto. Siempre ha estado cerca de la familia, brindando apoyo y cariño cuando más se necesita. Jonah, por otro lado, es el mejor amigo de Lara y una presencia casi familiar para Naruto, como un tío protector que siempre cuida de él en silencio.

Conrad Roth es el mentor de Naruto. Gracias a él, Naruto aprendió a disparar con arco desde los ocho años y a manejar pistolas básicas. También le dio clases de defensa personal y le enseñó lo esencial para sobrevivir en la naturaleza, aunque siempre dentro de los límites seguros de la mansión Croft.

San: Naruto, ¿cómo está mi sobrino favorito? —San fue la primera en saludarlo, abrazándolo con cariño, y él correspondió el abrazo.

Jonah: Es bueno verte, Naru. Ya casi hace un mes que no te veía, espero que estés bien en tus clases —fue el turno de Jonah, quien también abrazó al hijo de su amiga.

Roth: También es bueno verte, Naruto. Espero que no hayas descuidado lo que te enseñé, no sabes cuándo lo necesitarás si sigues los pasos de Lara. Aunque, viéndote, me sorprende que estés quieto.

Naruto: También es bueno verlos y así es, Roth, no he descuidado mis entrenamientos. Y sobre lo de estar quieto, Lara puso alarmas en los muros —murmuró eso enojado.

Sus intentos de escape habían hecho que Lara instalara un sistema de alarmas para evitar que se escapara.

Roth: Comprendo —sabía la difícil relación que ellos dos tenían. Lara nunca anunció públicamente a su hijo y no tenía por qué hacerlo, pero tampoco era muy apegada a Naruto, sobre todo por sus propios problemas con su padre; problemas que Lara tenía que resolver y que, por consecuencia, hacían que Naruto fuera quien pagara los traumas de su madre.

Naruto cruzó los brazos, mirando hacia otro lado con cierto desinterés.

Naruto: Como sea, busquen a mamá.

San lo observó con una sonrisa cálida, intentando animarlo.

San: Así es, tenemos planeado un viaje con Lara para buscar una isla llamada Yamatai. Es una expedición importante.

Naruto levantó una ceja, sin demostrar mucho entusiasmo.

Naruto: Eso es bueno, supongo.

San se acercó un poco más, con tono curioso.

San: ¿Lara no te ha dicho nada sobre la expedición?

Naruto negó con la cabeza.

Roth: Bueno, creo que debemos buscar a Lara.

Dejando solo a Naruto, él suspiró, dejando caer su fachada de desinterés. No se quejaba, pero la verdad era que siempre estaba solo en la mansión. Aunque ellos intentaban animarlo, las órdenes de Lara eran claras: no se le permitía salir a jugar con otros niños de su edad, y Lara jamás estaba cerca de él. Sin más, comenzó a desayunar.

San, que se escondía detrás de la puerta, vio cómo la fachada de Naruto se desmoronaba. Se sentía mal por él, sabía lo solo que se sentía, así que decidió hablar con Lara. Quería que Naruto fuera con ellos en la expedición.

Naruto era igual que Lara: siempre inquieto y ansioso.

Luego de que Roth y Jonah se marcharan, quedaron solas Lara y San en la cocina, el ambiente un poco más tenso.

San: Lara, quiero que Naruto venga con nosotros a la exploración —dijo sin rodeos, cruzando los brazos.

Lara, que no esperaba tal petición, alzó una ceja, sorprendida.

Lara: ¿Por qué quieres que él vaya con nosotros? —preguntó mientras recuperaba la compostura.

San: Simplemente quiero que salga... que vea el mundo más allá de estos muros. No lo dejas salir de la mansión, y puedo entender tus razones, pero Naruto está creciendo. Cuando sea adulto, tal vez ya no quiera estar cerca de ti. Eres su madre, pero eres muy dura con él.

Lara: No es tan simple, San —murmuró para sí, bajando la mirada un instante.

San: Sí lo es, Lara. Naruto es un buen niño. Deberías pasar más tiempo con él... eres su madre, y él también espera eso de ti. Puede que no te lo diga directamente, pero ¿de verdad no te das cuenta? ¿O por qué crees que intenta escapar todo el tiempo? Es obvio que quiere llamar tu atención.

San hizo una pausa, cruzando los brazos.

San: Ni siquiera sabe que nos iremos de expedición. Lara, ¿de verdad piensas dejarlo aquí sin decirle nada otra vez?

Lara: No está solo... está con Winston —respondió en voz baja, aunque sabía que no era una justificación real.

San: Pero no es lo mismo, Lara. Él quiere que seas tú quien pase tiempo con él. No busca solo compañía, busca a su madre.San se acercó un poco más, con el tono firme pero afectuoso—. Por favor, como tu amiga, no dejes solo a Naruto esta vez. Llévalo con nosotros... inténtalo, conéctate con él, dale una oportunidad.

Hizo una pausa, con una mirada más seria.

San: Porque si no lo haces, puede llegar el día en que él ya no quiera ser parte de tu vida. Y cuando eso pase... puede que lo lamentes.

Lara no dijo nada, pero las palabras de San le calaron profundo. Permaneció en silencio por unos segundos, con la mirada baja, antes de responder con voz baja:

—Lo pensaré, ¿de acuerdo?

San asintió con una leve sonrisa, comprendiendo que era lo más que obtendría por ahora. Se despidió de Lara y salió, dejando a la arqueóloga sola en sus pensamientos.

Lara se quedó de pie, en la sala, el rostro serio, la mente dando vueltas. Caminó hasta una repisa cercana y tomó un viejo portarretratos cubierto de polvo. Era una foto de ella, de niña, junto a su padre. Ambos sonreían.

—¿Tú qué harías, papá? —murmuró, acariciando el borde de la foto con el pulgar—. Aunque... tal vez me reprocharías por tener un hijo siendo una niña.

Suspiró. Su expresión se endureció, pero sus ojos reflejaban una mezcla de culpa, duda y dolor.

Naruto se encontraba en su cuarto, sentado junto a la ventana, limpiando con cuidado su arco compuesto. Era un regalo de Roth, hecho cuando comenzó a practicar tiro al blanco. Cada parte del arma estaba perfectamente cuidada; para él, era más que una herramienta... era una conexión con alguien que sí le dedicaba tiempo.

Estaba concentrado, repasando con un paño los brazos del arco, cuando escuchó cómo la puerta se abría. Se tensó por reflejo y alzó la mirada.

Era Lara.

Naruto parpadeó, sorprendido. Ella casi nunca entraba sin llamar... ni siquiera solía buscarlo. Se quedó quieto, con el arco en las manos, sin decir una palabra.

Lara lo observó unos segundos, sin moverse. Sus ojos notaron el estado del arco, las cuerdas bien ajustadas, el cuidado con el que su hijo trataba el arma. Dio unos pasos al interior del cuarto.

Lara:Veo que sigues practicando —dijo con calma.

Naruto bajó la mirada hacia el arco.

Naruto: Roth me dijo que debía mantenerlo siempre listo.

Lara asintió. No era una respuesta para ella... era una forma de recordarle que no era la única influencia en la vida de su hijo.

Lara se acercó a su hijo, pero no mucho. No sabía qué hacer, así que, sin más, solo se sentó en la cama de Naruto.

Lara: ¿Quieres venir al viaje que haremos a Yamatai?

Naruto se sorprendió —¿En serio quieres que vaya?

Lara: Sí, quiero que vengas. San igual quiere que vengas con nosotros y creo que Jonah y Roth también se pondrán felices de verte.

Naruto: Claro, me gustaría ir.

Lara sonrió un poco, se acercó a su hijo y lo abrazó, tomando por sorpresa a Naruto; su madre casi nunca mostraba afecto, fueron pocas las veces que lo hizo.

Lara: Sé que no he sido una buena madre, pero hablé con San y ella me dijo algo que me caló profundo, y la verdad tiene razón en ello. Quiero que ambos podamos llevarnos bien. Después de todo, eres la única familia que tengo y no quiero perderte. Todo era nuevo para mí cuando naciste, pero jamás olvides que te quiero. Quiero saber si quieres que mejoremos nuestra relación.

Naruto sonrió con sinceridad, sus ojos brillaron con una mezcla de alivio y esperanza. Abrazó a su madre con fuerza, como si quisiera aferrarse a ese momento y hacerlo durar para siempre.

—Me gustaría que así fuera —dijo con una voz suave pero firme—. Y yo también te quiero, mamá.

Por un instante, el silencio se llenó de una calma inesperada, como si entre ellos se abriera una pequeña grieta por donde pudiera colarse un nuevo comienzo.

Fin de capítulo.