Cap 1
Newt tosió, la sangre brotando de su boca mientras la enfermedad se apoderaba de él. La desesperación llenó sus ojos, suplicantes, mientras Thomas lo sostenía. "Por favor, Tommy. Por favor." Esas fueron sus últimas palabras, un ruego desgarrador que resonó en el corazón de Thomas mucho después de que la vida abandonara los ojos de Newt. Thomas, destrozado, cumplió el último deseo de su amigo, clavando la daga en el pecho de Newt. El mundo se oscureció, y el joven Corredor cayó de rodillas, el dolor amenazando con consumirlo.
Pero la muerte, para Newt, no fue el final. La oscuridad lo envolvió, y luego, una luz tenue. Despertó desorientado, el cuerpo adolorido pero la mente extrañamente clara. Estaba vivo. ¿Cómo? No lo sabía. Lo único que sabía con certeza era que sus recuerdos estaban intactos, cada momento en el Laberinto, cada risa compartida con Thomas, cada mirada, cada latido de su corazón que clamaba por el otro. Y ese último momento, el de la daga, también estaba allí, grabada a fuego en su mente. Thomas no lo sabría. Gally no lo sabría. Minho no lo sabría. Era un secreto que pesaba sobre él, un secreto que lo impulsaba a una sola misión: encontrar a Thomas y decirle lo mucho que lo amaba, no como un amigo, sino como el hombre que siempre fue y sería.
El camino fue largo y arduo. Newt vagó por parajes desolados, se encontró con grupos de supervivientes, siempre con la esperanza de escuchar un nombre, de ver un rostro familiar. Meses se convirtieron en años. Mientras tanto, Thomas vivía con el fantasma de Newt. Había encontrado una relativa paz con Minho y Gally, reconstruyendo una vida entre los restos del mundo. Se reían, luchaban, construían, pero cada noche, cuando la luna se asomaba, Thomas se sentaba solo, las imágenes de Newt inundando su mente. Pensaba en lo que pudo ser, en los "y si", en las palabras no dichas, en el futuro que nunca tendrían. Era feliz con sus amigos, sí, pero la ausencia de Newt era un agujero negro en su alma que nada parecía poder llenar.
En su búsqueda incansable, Newt conoció a mucha gente. Un día, en un asentamiento tranquilo, vio a Thomas. Su corazón dio un vuelco, un alivio inmenso y una punzada de dolor indescriptible lo atravesaron al mismo tiempo. Thomas estaba sentado junto a una chica, Estela. Tenía el pelo negro, los ojos de un marrón claro que brillaban con dulzura, y una sonrisa amable y divertida. Hablaban y reían, la complicidad palpable entre ellos. Newt observó desde la distancia cómo Thomas tomaba la mano de Estela, cómo sus ojos brillaban con una felicidad que Newt solo había soñado para él. Por un momento, un dolor agudo le atravesó el pecho, más intenso que cualquier herida física. Vio en Estela a la futura esposa de Thomas, a la mujer que le daría hijos. Y así fue. La imagen de ellos, felices y juntos, le dolió el alma, incluso sabiendo que él estaba vivo. El amor de su vida había encontrado la felicidad con otra.
extraña sensación de resignación comenzó a instalarse. Si bien el dolor era inmenso, también había una verdad innegable: Thomas era feliz. Y eso, al final, era lo que siempre había deseado para él. Más tarde, mientras deambulaba por el asentamiento, Newt se encontró con Minho y Gally. Sus ojos se abrieron de par en par, sus rostros se iluminaron con incredulidad y alegría. "¿Newt? ¡Estás vivo!" exclamó Minho, corriendo a abrazarlo. Gally se acercó, una sonrisa rara en su rostro. La alegría de sus amigos era un bálsamo para su alma herida. Hablaron, poniéndose al día, y Newt les contó su historia, el cómo y el porqué. Y ellos, a su vez, le hablaron de Thomas, de su sufrimiento inicial, y de cómo Estela había traído la luz de nuevo a su vida. Minho y Gally habían notado la cercanía entre Thomas v Estela, v aunque al principio sintieron un nudo en el estómago por el posible impacto en Newt, sabían que Thomas merecía esa felicidad. Supieron de su dolor, del amor no correspondido que Newt aún sentía, pero también vieron la nobleza en su decisión. La decisión de dejar que Thomas fuera feliz, incluso si eso significaba su propia pena.








