Capitulo Uno-Después del rugido
El aire aún olía a sangre quemada y piedra pulverizada.
La grieta clase A en las afueras de Guatemala acababa de cerrarse, dejando tras de sí un silencio tan denso como el sudor que le cubría el rostro.
Ximena respiraba profundo. No por agotamiento. Era costumbre. Un reflejo más que le recordaba que seguía viva.
Mientras caminaba hacia la carretera, el viento agitó su abrigo cubierto de ceniza. La espada aún colgaba en su espalda, templada por el último combate. No había muchos cazadores que enfrentaran solos una grieta clase A. Ella lo había hecho en menos de una hora.
Subió al transporte sin mediar palabra. El conductor la saludó con un “gracias por tu trabajo”, pero ella solo asintió. Ya no sabía cómo sonar amable. O tal vez había olvidado que podía serlo.
El camino a la ciudad era largo. Más aún cuando los pensamientos volvían.
En otro tiempo, esa ruta estaba llena de puestos de control, barricadas improvisadas, cuerpos cubiertos con mantas de colores. Ahora había niños corriendo en los campos de cultivo.
Sonrió, apenas.
Era una victoria.
—¿Quieres que encienda la radio? —preguntó el conductor.
—No hace falta.
Un zumbido de estática flotó en el ambiente. La cúpula del cuartel de cazadores ya se veía a lo lejos. Su destino.
Al entrar en la oficina, fue recibida por el mismo escritorio de siempre, la misma recepcionista medio dormida y la misma pila de reportes de actividad mágica.
—¿Otra vez sola? —preguntó la chica con una sonrisa cansada.
—Otra vez.
La puerta al fondo se abrió de golpe.
—¡Ximena! Al fin llegas —dijo una voz grave. Era Miguel, uno de los viejos compañeros de la guerra. Su brazo izquierdo seguía siendo una prótesis de obsidiana y runas, regalo de la victoria.
Él no sonreía. No cuando hablaba con ella.
—Te estuve esperando.
—¿Una nueva grieta?
Miguel negó con la cabeza y le tendió un sobre sellado.
—No. Es tu carta de descanso.
—¿Descanso?
—Ya hiciste más que suficiente. Si sigues así, el país entero va a esperar que los salves cada vez. Y no deberías tener que hacerlo.
Ximena bajó la mirada.
—¿Y a dónde se supone que debo ir?
—A Corea. Contactamos a la Asociación. Te recibirán allá por un tiempo. Ya tienen experiencia con cazadores de alto rango. Podrás entrenar, descansar… vivir.
Ximena apretó los labios.
Vivir.
¿Qué se suponía que significaba eso ahora?
Miguel la miró con una mezcla de respeto y preocupación. No mencionó la noche en que la encontró en silencio, frente a la tumba sin nombre del teletransportador. Tampoco habló de los sueños agitados ni del entrenamiento sin pausas. Él entendía.
—Está bien —dijo ella al fin. Guardó el sobre sin abrirlo—. Iré.
Miguel sonrió por primera vez en mucho tiempo.
—Te lo ganaste.
Y así, sin ceremonia ni gloria, la cazadora de los campos rotos del sur se marchó hacia una tierra ajena.
No en busca de enemigos.
Sino de sí misma.
(°)
Capitulo Uno con sabor a prólogo,ñam ñam
No di mucha información,ya saben,se vuelve pesado todo de golpe ,¿Verdad?
Actualizo mas rapido en Wattpad, historia con el mismo nombre








