🎃ᴄᴀᴘɪ́ᴛᴜʟᴏ ¹🎃
El 31 de octubre amaneció con una brisa mordaz que arrastraba hojas carmesí por las calles de Seúl, anunciando la llegada de Halloween. Para Park Jimin, un torbellino de entusiasmo, y Jeon Jungkook, su novio de mirada intensa y corazón leal, esta fecha no era solo sinónimo de disfraces y golosinas. Era la promesa de una escapada audaz, una incursión en lo desconocido.
Durante semanas, Jimin había estado obsesionado con el Bosque de los Susurros, un paraje envuelto en mitos y leyendas que hablaban de espíritus errantes y tragedias olvidadas. Los lugareños, aferrados a sus supersticiones, advertían sobre la oscuridad que acechaba entre sus árboles centenarios, pero para Jimin, la advertencia era un aliciente. Jungkook, aunque escéptico, no podía resistirse a la brillante determinación en los ojos de su novio.
— ¿Estás seguro de esto, Minnie? — preguntó Jungkook mientras abordaban el autobús que los llevaría a las afueras de la ciudad.
El sol de la mañana se filtraba entre los edificios, iluminando el rostro de Jimin, pero no lograba disipar la sombra de inquietud en su mirada. Jimin asintió con fervor, su mano buscando la de Jungkook para entrelazar sus dedos.
— ¡Absolutamente! Será una experiencia inolvidable, Kook. Además, ¿Qué es lo peor que podría pasar?
El viaje en autobús transcurrió entre risas nerviosas y canciones pop coreanas que salían de los altavoces. Jimin no paraba de hablar sobre las historias que había leído sobre el bosque, mientras que Jungkook observaba el paisaje rural que se deslizaba por la ventana, con una mezcla de curiosidad y presentimiento.
Al llegar al claro donde comenzaba el sendero hacia el Bosque de los Susurros, fueron recibidos por un guía con una linterna en la mano y una expresión seria en el rostro. Les dio algunas instrucciones básicas, advirtiéndoles que no se alejaran del grupo y que respetaran la naturaleza. Pero Jimin y Jungkook ya tenían su propio plan en marcha.
Mientras caminaban junto al grupo, Jimin no podía evitar sentirse decepcionado. La atmósfera era más festiva que aterradora, con familias disfrazadas y decoraciones temáticas colgadas de los árboles. Necesitaban algo más auténtico, algo que les hiciera sentir la verdadera esencia del Halloween coreano.
Aprovechando un momento de distracción del guía, Jimin tiró de la manga de Jungkook y lo condujo hacia un sendero menos transitado que se internaba en la espesura del bosque.
— Necesito un poco de aventura contigo — susurró Jimin, besando la boca de Jungkook — Aquí estaremos más tranquilos y tendremos privacidad, cariño.
Jungkook sonrió, complacido por la iniciativa de su novio, y lo siguió sin dudarlo. Al principio, el sendero era encantador, con hojas crujientes bajo sus pies y la luz del sol filtrándose entre las ramas. Pero a medida que se adentraban en el bosque, el ambiente comenzó a cambiar. Los árboles se volvieron más altos y retorcidos, bloqueando la luz del sol y creando sombras inquietantes. El silencio se hizo más profundo, interrumpido solo por el susurro del viento.
— ¿Estás seguro de que sabes a dónde vamos? — preguntó Jungkook, sintiendo un escalofrío en la nuca.
Jimin vaciló por un instante, pero luego sonrió con seguridad.
— Por supuesto que sí. Solo estoy improvisando un poco. ¿No te gusta la sorpresa? — murmuró coqueteando.
Continuaron caminando durante un largo rato, hasta que se dieron cuenta de que ya no podían ver las marcas del sendero. Se habían perdido.
— Creo que nos perdimos, Kook — dijo Jimin, con un tono de voz que delataba su creciente inquietud.
Jungkook intentó mantener la calma, revisando su teléfono en busca de señal, pero fue en vano.
— No hay cobertura. Tendremos que encontrar el camino de vuelta solos.
Caminaron sin descanso tomados de la mano, pero cada paso que daban se adentraban más a lo desconocido. Mientras la tarde caía sobre el bosque, el sol se estaba poniendo en el horizonte y la temperatura descendió bruscamente. Jimin y Jungkook caminaron sin rumbo durante horas, sintiendo el frío calar hasta los huesos. La oscuridad era casi total, y solo podían guiarse por la tenue luz de la luna que se filtraba entre los árboles, cómo también de las linternas de sus celulares.
Justo cuando la desesperación comenzaba a apoderarse de ellos, vislumbraron una luz tenue entre los árboles. Con renovadas esperanzas, se dirigieron hacia ella y descubrieron una cabaña abandonada.
La cabaña era pequeña y destartalada, con paredes de madera carcomidas y ventanas rotas. A pesar de su aspecto sombrío, parecía ser el único refugio disponible.
— Será mejor que pasemos la noche aquí — dijo Jungkook, empujando la puerta con cautela — Es más seguro que quedarnos a la intemperie.
Al entrar, encontraron el lugar lleno de polvo y telarañas. Había muebles viejos y rotos, y un olor a humedad impregnaba el aire. En una esquina, descubrieron una cama vieja con un colchón hundido y mantas sucias.
— No es el Hotel Shilla, pero servirá — dijo Jimin, tratando de aligerar el ambiente.
Jungkook encendió un pequeño fuego en la chimenea, lo bueno de fumar, es que tenían encendedores, proporcionando algo de luz y calor. Se sentaron juntos en el suelo, abrazándose para mantenerse calientes.
Fue entonces cuando comenzaron a escuchar los susurros.
Al principio, eran débiles e indistintos, como el murmullo del viento entre los árboles. Pero a medida que pasaba el tiempo, se hicieron más fuertes y claros, hasta convertirse en lamentos y gemidos angustiantes.
Jimin se aferró a Jungkook, temblando de miedo.
— Kook, ¿Qué es eso? Tengo mucho miedo...
Jungkook lo abrazó con fuerza, tratando de tranquilizarlo.
— Tranquilo, Minnie. Debe ser el viento. No hay nada que temer.
Pero en el fondo, él también sentía un escalofrío recorrer su espina dorsal. Sabía que esos susurros no eran naturales. Eran las voces de las almas perdidas del Bosque de los Susurros, y estaban atrapados con ellas en esa cabaña maldita.
Afuera, la noche era un abismo negro que los mantenía prisioneros en la cabaña. Adentro, la única luz danzaba desde la chimenea improvisada por Jungkook, luchando contra el frío penetrante.
De pronto, pasos y gruñidos resonaron fuera de la cabaña. Jimin, presa del pánico, se aferró a Jungkook, quien estaba sentado en el borde de la cama.
— Kook, ¿Lo oyes? Es ese ruido otra vez — susurró Jimin, con la voz quebrada por el llanto.
— ¡Shh! No llores, Minnie. Quizás sea un oso, o alguien haciéndonos una broma pesada — respondió Jungkook, intentando tranquilizarlo — Ya sabes que es Halloween.
— No creo que los osos hagan esos ruidos, Kook, y menos las personas. Estoy seguro de que es algo más...
— No te preocupes, yo te protegeré. Soy tu novio y daría mi vida por ti, mi amor — Jungkook le besó la mejilla — Además, los demás deben saber que estamos perdidos y vendrán a buscarnos.
— Sí, tienes razón, amor — respondió Jimin con un hilo de voz — Me siento más tranquilo a tu lado, no sé qué haría sin ti.
Sus labios se encontraron en un beso profundo y significativo. El silencio fue interrumpido por el rugido del estómago de Jimin.
— ¿Tienes hambre? — preguntó Jungkook, y Jimin asintió — Veré qué tengo en mi riñonera.
Revisó y encontró solo tres barras de cereal y unas gomas de mascar.
— Lo siento, solo tengo esto, Minnie.
— Espera, yo tengo mi bolso. Traje una pequeña botella de agua y unos snacks — dijo Jimin, sacando de su bolso.
— Bien, come, cariño — dijo Jungkook, y ambos comieron solo un poco.
Después de un rato, Jungkook levantó el colchón y lo sacudió, haciendo lo mismo con las mantas. Ninguno quería dormir allí, pero era mejor que el suelo de madera, que estaba aún peor. Jungkook se quitó la chaqueta y la extendió sobre el colchón, usándola como una capa protectora. Se acurrucaron juntos y, en minutos, Jungkook comenzó a desvestir a su novio con sensualidad. Jimin quedó desnudo de la cintura para abajo, con la camiseta de mangas largas aún puesta, y su abrigo sobre el colchón para no tocarlo directamente. Jungkook también estaba desnudo de la cintura para abajo, con una erección firme, igual que la de su novio.
— Ahhh, Kook... — susurró Jimin, su voz apenas audible. Sintió el calor de la boca de Jungkook envolviendo su miembro, preparándolo con suaves succiones.
Jungkook saboreaba a su novio, disfrutando cada instante mientras Jimin se estremecía bajo su lengua y caricias expertas. Después de unos minutos, Jimin tomó la iniciativa y envolvió con sus labios el falo erecto de Jungkook.
— Minnie, oh... así...
— ¿Te gusta cuando te hago esto?
— Me encanta.
En la intimidad de la cabaña, sus gemidos de placer eran la única melodía, acallando los sonidos del bosque que intentaban colarse.
Jimin cabalgaba sobre Jungkook, sus pies firmes en el colchón y sus manos aferradas al respaldo de hierro. Jungkook respondía con embestidas profundas, llenando a su Minnie con cada movimiento. El clímax llegó para Jimin en una explosión de placer, marcando con su esencia cada rincón de la cabaña, pero Jungkook no se detuvo, su deseo era insaciable.
— Eres un salvaje, me lo vas a romper con esos movimientos — jadeó Jungkook, con una excitación palpable.
Jungkook tenía a Jimin en cuatro, y este se agarraba del respaldo con fuerza. Ambos gemían al unísono como dos bestias. Cada vez que Jungkook retiraba su falo del culo de Jimin, este estaba empapado con su lubricante natural. Sacó su miembro completamente y miró el agujero, mientras Jimin empujaba su trasero hacia atrás, buscando más.
— ¡Más, más, Kook! ¡Cógeme duro, maldición!
Jimin se inclinó bien contra la cama, y Jungkook tomó la playera de él con fuerza, penetrándolo rápida y profundamente. El trasero de Jimin golpeaba violentamente contra la pelvis de su novio, y la vieja cama rechinaba fuertemente, golpeando contra la pared de madera. Ecos de sus embestidas invadían el lugar, y la luz del fuego era lo único que iluminaba sus cuerpos, hambrientos de placer.
— Así, sí, sí... ¡Qué rico me aprietas!
Con rapidez, Jungkook salió de su interior, y Jimin se acomodó boca arriba, abriéndose de piernas con las manos. Su trasero maltratado y rosado pedía más, y en una sola embestida, Jungkook volvió a entrar en él. Comenzó a cogerlo, inclinándose un poco para chupar los pezones de su novio. Luego unieron sus bocas, y Jimin se aferró a su espalda. Jungkook levantó sus brazos por encima de la cabeza de Jimin y se agarró del hierro de la cama.
— Te amo demasiado, Minnie. Me gusta tanto tenerte, te cogería toda la maldita vida — expresó Jungkook con la voz temblorosa.
— Yo te amo más, Kook. Por siempre te dejo que me cojas y me lo rompas, solo tú — dijo Jimin, sonriendo.
Jungkook embistió una y otra vez, sin importarle el golpe de la cama contra la pared. Ambos se corrieron con fuerza, y sus cuerpos temblaron, especialmente las piernas de Jimin, por los espasmos causados por el orgasmo.
Tan sumergidos estaban en su pasión que no se dieron cuenta de que una entidad malévola los observaba desde la ventana. Era un hermoso chico con la sonrisa más siniestra y malvada, alimentándose de la entrega de ambos. Esto apenas había comenzado, y la pareja de jóvenes no sospechaba lo que se avecinaba.
¡Hola, preciosuras!
Octubre nos trae esta pequeña historia en tres partes. Descubrí que me encanta explorar estas temáticas, así que espero que disfruten de este breve viaje.
¡Besos! ٩(๑^o^๑)۶