Capítulo 1
Pov. Ruth
La oscuridad de mi habitación apenas era notable con la luz casi decadente de la lámpara que está al otro lado de la calle y la luz de mi teléfono sobre mi cara y la almohada debajo de mi cabeza. Estaba lista para dormir e iba a hacerlo cuando recordé que tenía un asunto pendiente con mi serie del mes, estaba a menos de cinco capítulos de terminar la tercer temporada, hasta que tuve que hacer mi tarea.
Estaba llegando a la parte más emocionante de todo el capítulo, tenía la piel de gallina y los cabellos de la nuca erizados, el zombie estaba por encontrar a los sobrevivientes, podía sentir su desesperación. Todo iba bien... hasta que prendieron la luz.
—Ruth, ya duérmete —miré a mi papá por encima de la pantalla antes de deslizar mi dedo sobre esta, era una hora razonable para seguir viendo una serie.
—Apenas son las 8, papá —me quejé.
—Y tienes que ir a la escuela, después ves a tus caníbales
—Son zombies
—La zombie vas a ser tu si no te duermes, tus maestros me han dado muchos reportes de que te duermes en clases, así que dame ese celular y su cargador
Le dediqué una mirada no muy fea a mi papá, pero de todas maneras ya había acabado el episodio. Apagué mi teléfono y se lo di junto al cargador que estaba en mi mesa de noche.
—Descansa —asentí de mala manera y me acomodé.
—Hasta mañana
Antes de cerrar esperó a que Máx, nuestro Pastor Belga de dos años entrara y fuera directamente a su cama. Apagó la luz y cerró la puerta. ¿Estaba enojada? Si, ¿quería mi teléfono? También, pero lo peor de todo es que tiene razón en castigarme, mis amigas y yo compartimos una cuenta de streaming por lo que vemos nuestras series en ella, pero me he pasado porque últimamente no duermo mucho y me duermo en clases.
Mis calificaciones están cayendo de a poco y el divorcio de mis padres no ayuda mucho. La razón es que han estado peleando mucho los últimos meses, ya fueron a terapia de pareja e intentaron salir a citas, pero nada sirvió para salvar su matrimonio y en lo único en que estaban de acuerdo era en separarse.
El juicio es la siguiente semana y tengo que decidir con quien me quiero quedar, si con mamá o con papá. Mi mamá planea volver a su tierra de origen, Guadalajara y mi papá se quedará aquí, en Tijuana donde trabaja como oficial de seguridad en la duana.
Acomodé mi almohada para poder dormir mejor, si es que puedo porque para acabarla me enfermé y apenas voy a salir de esta maldita gripe que me contagiaron en la escuela. Casi nunca me enfermo, pero cuando lo hago pareciera que me estoy muriendo. Cerré mis ojos, aunque fue demasiado el tiempo que tardé en hacerlo porque estaba bastante mormada por el catarro, además de que me faltaba mi teléfono.
....
El amanecer fue como todos los demás. Cansado. Y tampóco quería salir del calor de mi hermosa cama, pero si no lo hacía papá me iba a matar.
Medio despierta y medio dormida me levanté con más pereza de lo normal, caminé por los siguientes dos metros de distancia hasta el apagador de la pared. La luz me segó casi por completo y ciegamente me dirigí a mi closet para tomar mi ropa del día de hoy, por lo que me vestí. Eso fue la parte fácil, la parte difícil ya venía y esta consiste en peinarme.
No me gusta mucho peinarme, pero en palabras de mi madre tengo que hacerlo porque no soy hija de neandertales, según ella. Miré a mi perro y enseguida sentí envidia hacia él.
—No sabes cuanto te odio, Maxi
No me hizo caso, lo que más odio de este perro es que duerme como roca, pero cuando escucha que abren la puerta de enfrente se despierta mágicamente. Gruñí y me puse frente al espejo, tomé unas ligas y mi cepillo, todas las mañanas le he declarado la guerra a mi cabello y hoy iré a que lo corten.
—¡Ruth apurate!
—¡Ya voy!
Sólo pasé el cepillo por mi cabello y lo amarré con una liga gruesa de resorte, corrí a mi mochila para meter en ella mis materias del día y mis respectivas tareas mal hechas.
Corrí a la cocina para sentarme en la mesa y comenzar a devorar lo que me corresponde en este primer tiempo. Papá se sentó enfrente de mí e hizo más silencio de lo normal desde hace más de un mes y ese el mismo tiempo que lleva lejos de mamá, porque ella fue quien decidió salir de aquí.
...
Luchaba conmigo misma por no dejar que el aburrimiento hiciera evidente mi desinterés en la clase del profe Luis, alias "Moto moto". El hombre lo que tenía de guapo e inteligente lo tenía de panzón, aunque si lo miras por cualquier ángulo que no sea de frente o de perfil pareciera que no es tan gordo.
Moto moto nos da la clase de matemáticas, sino fuera porque tengo un examen en tres días no estaría poniendo atención a su repaso. De todos modos no tengo otra cosa que hacer que no sea pensar en la serie que estaba viendo antes de que papá me quitara el celular y me diera "un cacahuate" en su lugar. No tengo redes sociales, ni juegos ni nada de lo que había en mi teléfono, más que la radio y una tonta lista de música vieja en la memoria. Lo único bueno es que aun conservo mi chip y mi único consuelo es que cuando me ponga al día tendré de nuevo mi teléfono.
—Bien chicos y chicas, antes de irme tengo que saber si tienen dudas sobre el tema
Nos miramos entre nosotros y un chico de enfrente, creo que sé llama Elan, levantó la mano y aclaró la duda que tenía que por desgracia partía desde la tercer parte de la maldita ecuación.
Aún dormida puedo entender lo que pasó y esa es mi ventaja, dependo mucho de mi oído y me consentro en ello. Además de que he estudiado junto a los más aplicados este tema. Rodé los ojos en cuanto el profe miró el pizarrón y le explicó con peras y manzanas el problema a Elan.
Él y sus dos amigos, Fabiola y Manuel forman un trío de nerdos y freakis, además de que Elan es lo bastante molesto como para poder tener más amigos. En fin, el profe Luis dejó ese punto aclarado, tomó sus cosas y se fue de nuestro salón.
—Por fin
Ya era nuestro descanso, me levanté de mi asiento y me estiré un poco. Estar sentada por más de tres horas en la misma posición es horrible. En lugar de sacar mi almuerzo tomé mi mochila y caminé hacia donde de encontraban mis amigas, María y Araceli. Sé que somos un trío de amigas, pero somos el mejor del grupo porque somos aplicadas, escandalosas y nos llevamos bien con casi todo el mundo.
—Hola hermosa, ¿lista?
—Si y ya quiero salir de aquí
—Tiene razón, una hora más aquí con la "pelucas" es mucho
Nos reímos y también tomaron sus cosas. Aquí nadie nos delatará porque saben que si hacen eso con nosotras o cualquiera expondremos sus trapitos al sol y eso no es conveniente para nadie. Se escucha mal, pero la preparatoria no es para los débiles y lo saben.
Elan nos miró mal, como siempre, pero nos valió tres hectáreas de cacahuate, osea, una tonelada de mierda lo que crea que es o no correcto. Total es a nosotras a quienes afecta y no a él, eso es lo que debería entender. Además, volarse una clase no es problema si sabes a quien acudir para que te pase apuntes y tareas, esa es la mafia escolar y es grandiosa.
María, Ara y yo caminamos hacia la entrada y nos salimos, lo único bueno de esto es que nadie se mete en los asuntos de otros porque los polis ven a tantas personas que ya no saben cual es el horario de cada uno, así que no intervienen a menos que sea alguien ajeno a la escuela.
—¿A dónde vamos?
—A dónde sea
Reímos como estúpidas, pero me encanta pasar tiempo con las niñas.
—Tengo hambre —Ara hizo un puchero mientras acaricia su estómago—, vamos por una hamburguesa y se me antoja un raspado de fresa... o mejor un helado
Sonreí divertida. Las tres nos dirigimos a la parada del autobús y justo a tiempo, subimos al qué nos llevaba al centro de la ciudad. La música del radio estaba muy fuerte, la gente hablaba demasiado cerca por lo mismo y los asientos están ocupados, todos. Lo único bueno es que podré descansar de estar sentada por mucho rato.
Las tres seguimos echando coto durante el viaje, también nos reíamos de cómo están vestidas algunas personas o hacíamos un monólogo del rompimiento del año. Muchas personas nos veían mal por nuestra conducta, pero no me importa.
...
Al llegar a nuestro destino bajamos del bus y nos dirigimos a nuestro local de hamburguesas favorito. Ara pidió su favorita junto a un vaso de refresco y un cono de helado de fresa. Lo ofrecimos nuestra ayuda, pero se negó así que nos sentamos en una mesa desocupada. María y yo siempre llevamos nuestro almuerzo porque no tenemos el apetito de Ara, además de ahorrarnos ese dinero extra. Papá fue tan amable de ponerme una pequeña botella con jugo verde, tostadas de lechuga, tomate y queso, yogurt griego y media alegría.
María, por otro lado, trajo un pedazo de pizza, agua de orchata y un topper hasta el tope de lechuga, tomate, queso, jamón, aguacate y no sé cuanta chingadera más. Las tres desayunamos en completa paz mientras veíamos la tele del lugar, estábamos viendo los expedientes X, jamás lo había visto pero está muy bueno el capítulo. Era lo más interesante hasta que pasó una patrulla con su estúpida sirena, puse los ojos en blanco aunque sé que recuperaré mi teléfono y veré la serie, total ya casi son mis vacaciones.
—Es la tercera del día —dijo María.
—¿Qué?
—¿Hm?... nada, cosas mías
Asentí y seguimos viendo la tele. Cuando terminó el capítulo e iba a pasar a una película cambiaron el canal a las noticias porque habían recibido una llamada hace poco. La reportera a cargo le dijo al de la cámara que enfocará bien a la casa donde se está llevando a cabo un tiroteo, la zona no me era familiar ni siquiera para mis amigas, en especial Ara que siempre anda de pata de perro.
De la nada el ambiente se puso tenso cuando los disparos terminaron y la reportera no ayudaba en nada con decir especulaciones. Esperamos y los oficiales salieron de la casa como si nada, pero no llevaban a nadie con ellos lo que nos indica que todos están más muertos que yo en una noche de mal sueño. El reportaje no pudo seguir y volvieron al estudio para mencionar más noticias del mundo y los movimientos de los candidatos a elegir como nuevo presidente. Afortunadamente no tengo la edad para votar y soy la envidia de muchos.
—Ya me llené —miramos el plato de Ara y era verdad, pero la muy perra pasó a darle una mordidota a nuestras comidas.
—¡Araceli!
—¿Qué?, tenía hambre
Tomamos lo nuestro y seguimos comiendo hasta que terminamos, lo que no le puedo perdonar a este barril sin fondo es que se comiera mi alegría y era de mis favoritas. ¡La quiero matar! Si no fuera ilegal mataría a todos los que me caen mal y se comieron mi alegría, pero no todo se puede en esta vida.
Salimos del local apenas guardamos nuestras cosas y decidimos pasar una hora más en el centro para hacernos pendejas en lo que da nuestra hora de salida. Sin pensar demasiado fuimos a una plaza cercana donde hay una dulcería en la que compramos manguitos, trufas, bombones, almendras en chocolate y gomitas para después ir a la parada del bus y tomar el que nos lleva a la casa de María donde "haremos tarea" y después cada quien por su lado.
—Dame de tus mangos
—¿No tienes llenadera o qué?
—Dame
—Ya te comiste muchas cosas Ara, entre ellas mi alegría y es sagrada y lo sabías
—Pero tengo hambre todavía
—Hija de la chingada, tu mamá ha de sufrir contigo a la hora de darte comer
—¡Pues no le puso condado a la refri y a la despensa!
¿Por qué será?. Todas compramos casi docientos gramos de cada bolsa de dulces y Ara ya se terminó los suyos. No me mal interpreten, me cae bien y es mi amiga, pero su gula es ocasionada por ese patán que llama novio y que es capaz de aventarla al payaso it con tal de salir vivo. Ni siquiera sé qué es lo que le ve a ese hombre cuando tiene las tres efes de feo, Feo y FEO.
—Ara ya estáte en paz y deja que Ruth coma el postre que le quitaste
—Pero tengo hambre
—Eso no es hambre, es ansiedad
Ara chasqueo la boca y por cinco minutos se estuvo en completa paz hasta que lanzó un gruñido y comenzó a contar/gritar lo que le había hecho ese idiota.
—A él no le gusta que esté hablando con otros chavos cuando es él quien se insinúa a otras, también me revisa el teléfono cuando yo no lo hago y piensa que es una relación abierta y que puede cogerse a cuanta vieja se le cruce en el camino, ¡es un imbécil!
—¿Y por qué no lo dejas?
—Porque el maldito ya me amenazó, si lo dejo subirá a Internet las fotos que mandé
No podía creerlo.
—Eres una pendeja —escupí.
—¿Qué dijiste?
—Lo que escuchaste, aquí no sólo el tiene la culpa, Ara tu también eres culpable por no ver lo que tramaba, tiene una manera de chantajearte porque lo haz permitido
—Yo no...
—Ruth tiene razón en algo Ara, tu permitiste el chantaje y también que te esté monitoreando todo el tiempo
—Pero lo evité
—Sólo le llamaste la atención y es de esos tipos que les vale madres
—¿Y tú que sabes?, nunca tuviste novio
Golpe bajo, pero sé defenderme.
—Si, nunca tuve uno, pero sé que me amo lo suficiente como para no caer en las garras de un idiota como tu novio, Ara tienes que romper con él
—Pero va a subir mis fotos
—Y puedes denunciarlo
—Pero ¿el ministro no la va ver como una prosti?
—¡María!
—Puta madre —pensé en el más arriesgado—. Entonces borras tus fotos de su teléfono, su computadora y cualquier almacenamiento externo
Lo sé es mucha televisión, pero es mejor prevenir una estupidez a tener que pagar por la misma. El bus llegó y nos subimos, el radio relataba las noticias mientras tomamos asiento y comemos parte de nuestros dulces. Araceli permaneció en silencio en todo el viaje y no estuvo jodiendo con que le diéramos de nuestros dulces. Guardamos el resto para la película en casa de María, pero nos detuvieron. Un oficial de tránsito la dijo al chófer que tomara otra ruta porque en la misma casa de las noticias se estaba llevando a cabo el peritaje y el levantamiento de cuerpo así que tomamos una vía alterna.
—Este sábado lo voy a ver y le diré que se terminó
—¿Y las fotos?
—No me importan, también tengo fotos de él y sé que no las subirá
—¿Por?
—Porque es tan celoso que no quiere que nadie más que él me mire
Nos alzamos de hombros y lo único que nos quedaba era apoyarla en su decisión. Estábamos a una cuadra de la casa de Maria cuando llamó mi papá.
—Hola papá
—Ruth, ¿dónde estás?
—Voy pata la casa de María, vamos a hacer tarea
—Bueno, voy a llegar tarde del trabajo un idiota se está cayendo de borracho aquí en la duana
—Si papá, no te preocupes
—Ándale pues, cuídate y no llegues tarde a la casa
Asentí y colgué. Pidieron la parada en ese momento y tomé mis cosas para bajar y por ende caminar unos pocos metros hacia la casa de María. Su mamá sigue en el trabajo y su padrastro se fue al gabacho, entonces tenemos casa sola para nuestra tarde películas.
Nos acomodamos en la sala mientras María entra a la aplicación de streaming y pone una película de comedia. Sacamos los dulces que nos quedaban, la película era bastante divertida y toda la tensión del día se fue en aquellas risas provocadas por las tonterías del guión y los chistes que hacían, todo era risas y diversión...
Hasta que se fue la luz.
—María ya dile a tu mamá que pague la luz
—Pendeja —con la luz que quedaba del día pude ver que se puso de pie para buscar una lámpara— sirve de algo y ayúdame con los fusibles
Cuando terminó escuchamos un ruido venir de afuera, las tres guardamos silencio y corrimos a la ventana. No escuchamos nada por unos segundos hasta que golpearon la puerta con fuerza, las tres nos miramos y caminamos sigilosamente hacia la puerta, iba a mirar por el ojo de buey cuando escuchamos la sirena de una ambulancia, al estar con mi oído casi pegado a la puerta escuché algo raro. Fue algo parecido a los jaleos que soltaban los borrachos que se estaban cayendo de pedos, pero más seco y me dio mucho miedo.
Sólo sé que esa persona se fue después de la ambulancia, quisimos mirar por la cortina, pero la luz ya había regresado y María corrió a apagarla de nuevo. Levanté un poco la cortina, al otro lado de la calle había una persona aparentemente hebria que caminaba torpemente en la dirección de un coche que la esquivó.
—Es sólo un borracho
—Vamos a mi cuarto ahí terminamos de ver la película
Asentí y corrí a mi mochila para buscar mi sustituto de teléfono, para mí sorpresa papá mandó un mensaje y decía que salió temprano por ordenes de su jefe y vendría por mí en un rato.
—Niñas mi papá va a venir
—¿Dónde está? —cómo por arte de magia el siguiente mensaje llegó.
—Dice que está por la unidad deportiva
No está muy lejos y llegará en cinco minutos, Ara y yo vivimos en la misma calle, pero María se va a quedar sola hasta que su mamá llegue y eso será casi a las once. Si no fuera por el borracho inquietante de hace rato no me daría pendiente, pero ese no es el caso.
—A lo mejor puedo decirle a mi papá que se queda hasta que llegue tu mami
—No quiero molestar
—No es molestia
Escuchamos el claxon del coche de mi papá y al fin nos animamos a encender la luz de la sala, por lo menos. Antes de abrir María nos leyó un mensaje.
—Niñas... Arturo ya me mandó todo y tenemos suerte, la profe pelucas no se presentó
—¿Por qué? —soy muy curiosa.
—La prefecta dijo que se reportó enferma
Bueno, al menos no hay que mentir en todo. Abrí la puerta y mi papá ya venía para acá.
—Buenas noches
—Buenas noches señor
—Hola, papá
Las tres miramos a todos lados en busca de ese borracho, pero ya se fue. Creo. María le explicó esa parte a mi papá y accedió a quedarse, al menos media hora y después iríamos a casa. María nos invitó una taza de café y algunas galletas de la despensa que hizo su mamá la semana pasada con el dinero de su padrastro, cenamos tranquilamente hasta que llegó otro mensaje.
—Mi mamá ya salió del trabajo —hizo una pausa—... El mensaje es de hace dos horas—estaba decepcionada y temía porque algo le hubiera pasado— tonto Internet, el otro mensaje dice que está en la tienda del Güero y que no tarda en llegar
—¿Hace cuánto fue?
—Déjame... cinco minutos, no ha de atardar
Hoy la suerte está de nuestro lado porque la señora acaba de llegar con un montón de bolsas de mandado en las manos. María quiso ayudarle, pero mi papá la detuvo y tomó la mayoría de las bolsas para llevarlas a la mesa del comedor.
—Gracias, Daniel —suspiró cansada— hola niñas
—Buenas noches señora
—Saliste temprano, ¿por qué?
— 'pérame tantito... a mi jefe lo llamaron de emergencia, por lo que entendí un drogadicto atacó a un joven y necesitaban a un doctor
Asintió aunque sentíamos lastima por el joven. Papá nos hizo la señal a mí y Ara para irnos, así que comenzamos a despedirnos de las dos mujeres, tomamos nuestras cosas y nos subimos al coche de mi papá.
...
Al llegar a nuestra calle papá se estacionó enfrente de la casa de Ara, nos despedimos una vez estuvo afuera. Cuando entró a su casa nos dirigimos a la nuestra, tomé el control del zaguán y lo abrí para que entrara el coche.
Estando adentro bajé y entré a la casa con mi papá detrás, encendió la luz de la sala, Max salió de mi cuarto para recibirme.
—Hola bonito, ¿te portaste bien?
En respuesta me ladró y lo acaricié como loca, recibí unos cuantos besos en la cara mientras mi papá se sienta en la sala, al notar esto dejé a Max y mis cosas, y me senté junto a mi papá. Esto solo lo hace cuando quiere hablar conmigo de algo muy serio y creo saber de qué quiere hablar.
—Escucha, el abogado de tu mamá y el mío nos citaron hace rato, querían que llegáramos a un acuerdo sobre los bienes y quien tendría tu custodia
Asentí, quería mirar el piso, pero no debía hacerlo.
—Tu mamá decidió que lo mejor es que te quedes conmigo
Fruncí mi seño, eso era nuevo. Normalmente mamá hubiera peleado hasta el final por tener mi custodia, al menos por unos meses hasta que cumpla dieciocho.
—¿Por qué?
—Porque así no tendrás que despedirte de tus amigas ni de tu ambiente
—¿Estuviste de acuerdo?
Rió levemente y me miró.
—Al principio no, por el simple hecho de








