01
La temperatura de la habitación comenzó a subir de repente, los rayos de sol lo empezaron a sofocar, pero si comenzaba a ser sincero, nada de eso le importaba.
Su cuerpo fue manipulado con la gentileza suficiente para hacerlo suspirar y cerrar los ojos hasta que perdió la noción de sus movimientos. Su torso desnudo percibió el tacto frío en su espalda baja y el brazo posesivo que rodeaba su pequeña cintura, esa mano puso fuerza cuando extendió su palma, las yemas de sus dedos rozaron su piel y sin darse cuenta sus pezones despiertos, duros y rojos sintieron el rozar de la madera del escritorio, haciéndolo jadear con fuerza.
Sus piernas temblaron, su boca no se detuvo y dejó escapar los más placenteros sonidos. Su jefe detrás suyo sonreía, observando el desastre de modelo que había hecho de él; la victoria sumergida en orgullo tendían de sus gestos y movimientos tanto que su lengua pasó a delinear sus propios labios como si estuviera saboreando un platillo de su amada Francia.
HongJoong llevó toda su fuerza al brazo que tenía rodeada la cintura de su modelo, un joven de piel morena preciosa que brillaba con la luz de la tarde, de cabellos oscuros como el carbón y cuerpo de sirena, y dicha fuerza la utilizó para alzar la parte inferior del cuerpo de su modelo. SeongHwa se dejó manipular, gimiendo desesperado por el tacto de su jefe, el diseñador de toda la ropa de aquella agencia.
La desesperación era palpable en sus gestos desesperanzados que pedían a gritos un poco más de tacto, sus manos buscaban desesperadamente tocarse mientras se debatía si las llevaba a su entrepierna o se sostenía sobre el escritorio para no lastimarse el costado de la cara. No obstante no tuvo que pedir más, no cuando HongJoong deslizó su mano desde su espalda baja hasta su trasero, comenzando a acariciar el inicio de aquel donde se comenzaban a separar sus nalgas.
El dedo índice cruzó por en medio, palpando la entrada que con el tacto se tensó de inmediato.
—Relájate, bonito — le susurró al oído, provocando en SeongHwa una ola de emociones que lo invadieron de pies a cabeza y que hizo a su cuerpo subir de temperatura como si se hubiera sumergido en agua hirviendo. HongJoong seguía respirando en su oído, cerca de la nuca, volviéndolo loco a propósito, o eso pensó, porque no encontraba otra razón para que el diseñador de modas comenzara a respirar errático y a reír como todo un lunático, además de que sabía que ese beso que le depositó en el cuello lo pondría peor y aún así decidió hacerlo —Entrégate a mi, mi musa, no te haré daño.
—Sé que no, mon seigneur, pero no puede pedirme que me calme cuando está por volverme loco.
—Ah, ¿Es así? — sonrió lascivo de nuevo, acercándose por completo a su cuerpo, pegando su pecho a la espalda desnuda de SeongHwa —¿Qué tanto? No lo logro notar.
—Me tiene desnudo, lubricado y gimiendo encima de su escritorio — alzó la cabeza para mirarlo sobre su hombro, regresandole la misma sonrisa que HongJoong sostenía —En mi contrato dice que no debo tener acercamientos personales con usted.
—Esto ya es muy personal, ¿Cierto? Debería despedirte — volvió a acercarse, besando su hombro y llevando ese recorrido de besos hasta la columna sobresaliente en aquella delgada espalda —O quizá darte un ascenso.
—O quizá debería darme su polla — soltó de repente, moviendo la cadera para rozar la pelvis de HongJoong —Pienselo.
—Eres una zorra, SeongHwa — rió, aunque no parecía realmente divertido con ello. Iba a responderle que no era cierto, cuando el gemido que soltó cuando lo nalgueo no parecía ser fiable para debatir. —Tu es ma sale petite salope.
(Eres mi pequeña zorra sucia)
El tacto caliente que acariciaba su piel se separó de repente dejándolo en una soledad extremista donde comenzaba a rogar, cuando el sonido húmedo de la boca de HongJoong lo obligó a dar casi toda la vuelta para observar como chupaba sus dedos como si tuviera una paleta en la boca. SeongHwa jadeó, recibiendo la sonrisa de HongJoong justo antes de iniciar la función de aquella tarde.
HongJoong como el director de una mala película, lo dirigía y le decía que hacer, y SeongHwa no ponía resistencia alguna, de hecho le encantaba sentir como los fuertes brazos de HongJoong lo rodeaban o como sus manos venosas ejercen tanta fuerza para hacerlo bajar o subir a su antojo.
Su culo seguía en suspensión, alzado como una gata en celo esperando por los dedos de su jefe. Este mantuvo la sonrisa todo el tiempo y se intensificó cuando sacó los dedos de su boca para meterlos enseguida a la entrada tensa de su modelo y musa.
SeongHwa gimió ante la primer penetración y HongJoong tuvo que entrar lento con el dedo índice, aferrándose a la cintura de muñeca, acariciando con el pulgar la piel que alcanzaba. El primer dedo se metió todo lo que pudo, acariciando sus paredes húmedas enviando sensaciones de cosquilleo y eléctricas por todo su cuerpo e incluso consiguiendo que su mente se nublara por completo. HongJoong no se detuvo ni cuando SeongHwa comenzó a rogar, en lugar de eso se sentó sobre el escritorio, todavía teniendo medio cuerpo del modelo a su disposición. Acomodó la parte superior del cuerpo de SeongHwa sobre sus piernas y volvió a arremeter con un segundo dedo, comenzando a hacer movimientos de palanca de forma rápida que hicieron enloquecer al más alto.
HongJoong se estaba divirtiendo y su propio pene estaba reaccionando a la forma tan placentera del rebotar de las nalgas de su amante sobre sus muslos, o tal vez lo que terminó por encenderlo fueron los gemidos y la desesperación del contrario por moverse para escapar del placer excesivo.
SeongHwa estaba gritando, jalando la ropa de HongJoong mientras los dedos de este arremetian en su interior. No faltaba mucho para correrse, de hecho lo estaba haciendo en un tiempo récord y eso no le gustaba del todo, pero decidió callarse para seguir disfrutando, gimiendo en alto, pateando para escapar del placer que rodeó su cuerpo sin piedad.
El cosquilleo familiar llegó desde su entrepierna hasta la pelvis y el calor subió hasta que le nubló la cabeza, ni siquiera se daba cuenta de lo alto que gemía ni mucho menos de lo que alcanzaba a decir entre jadeos altos y gemidos estruendosos. Sentía su propio culo rebotar como una pelota y los dedos de HongJoong moverse de arriba a abajo maltratando su interior.
Un poco más, solo unos cuantos movimientos más bastaron para correrse en la ropa de HongJoong, manchando el pantalón negro de vestir que el diseñador tenía aquel día para una junta de zona en la tarde, en más o menos unos veinte minutos más. SeongHwa pensó que su jefe se enojaría y que incluso iba a tomarse enserio lo del despido, sin embargo no lo dejó respirar cuando lo tomó nuevamente de la cintura y lo alzó para ponerlo en la misma posición que antes, obligándolo a quedarse ahí sin levantarse ni hacer un solo ruido.
SeongHwa tuvo que usar el sentido del oído, poniéndose nervioso cuando escuchó la cremallera de un pantalón abrirse y luego la tela siendo arrastrada con violencia. Se permitió desobedecer las órdenes mudas del diseñador para alzar la cabeza y verlo bajarse el pantalón y masturbarse cerca de su culo. HongJoong se dio cuenta, pero tampoco se enojó ni hizo algo para regresarlo a su posición anterior, en lugar de eso volvió a sonreírle con la misma lujuria y deseo de antes, los toques de burla en los labios y la galantería en cada gesto.
SeongHwa se quedó callado, observando como niño bueno y con un deseo en los ojos la forma tan errática y salvaje con la que HongJoong se masturbaba, pero no pudo ver mucho porque lo había tomado del cuello y lo hizo quedarse en la posición inicial, con el rostro de lado y un repentino calor cerca de su entrada.
Los dedos de HongJoong habían abierto sus nalgas y alineado su pene para entrar de una estocada, o al menos decidió esperarse esparciendo su propio líquido preseminal por en medio y fuera del culo que tenía a su disposición.
Cuando el teléfono fijo de la oficina los interrumpió.
SeongHwa vio fijamente el teléfono sonar como loco, inundando la habitación con su ruido estridente y molesto, pero HongJoong no se había separado de su cuerpo ni para ver aunque sea de quién se trataba, en lugar de eso seguía esparciendo su esencia por sus nalgas y muslos sin darle real importancia al teléfono.
—Hong… el teléfono.
—No es importante — respondió rápido, conciso, esperando no obtener más respuestas.
—Ese teléfono solo responde a llamadas dentro de la empresa — le explicó pese a que estaba totalmente de acuerdo con que HongJoong ignorara la llamada por completo —Puede ser importante.
—Maldita sea — se separó a regañadientes, dando grandes zancadas hasta el segundo escritorio (el de su asistente) donde estaba el teléfono fijo. Lo tomó con brusquedad, llevándolo a su oído mientras fruncía el entrecejo —Kim HongJoong, ¿Qué quieren?
SeongHwa quiso reír por la irritabilidad de HongJoong, como si no hubieran hecho eso un millón de veces, como si el secreto de que sean amantes fuese algo de apenas meses cuando no era así, y HongJoong se seguía viendo igual de ansioso e irritable que los primeros días cuando alguien los interrumpía por algo que según su jefe era “estúpido e innecesario”.
Pero esta vez, contrario a las llamadas del pasado, la mueca de HongJoong se fue deformando hasta hacer una mueca afligida y su mirada culposa se detuvo en la suya. Y luego, suspiró de último al mismo tiempo que cerraba los ojos.
—Está bien, entiendo, voy enseguida. — colgó con fuerza, soltando un gruñido combinado con suspiro y bañado en frustración —Perdóname mi vida, la junta fue adelantada y ya solo me están esperando a mi.
—Oh… — exclamó bajito, comenzando a levantarse de forma lenta al mismo tiempo que HongJoong se acomodaba el pantalón y la camisa, casi volando para ir al otro lado de la oficina por su abrigo —Entonces ve, nos veremos después.
—Claro que lo haremos, mi vida — le sonrió tenue, acercándose para darle un beso en la frente —Me ocuparé de ti más tarde, ¿Está bien?
—Está bien — asintió sonriéndole leve —Suerte.
—Gracias, mi amor — y se alejó hacia la puerta, despidiéndose de último con la mano —Volveré más tarde.
Sin embargo HongJoong no volvió esa tarde, ni la siguiente, ni la siguiente a esa. HongJoong no lo volvió a tocar en toda la semana y esa semana se volvió en dos. El trabajo lo estaba consumiendo, ¡Y claro que lo entendía! Pero no iba a quedarse así nada más, de brazos cruzados y resignado.
Si HongJoong no lo buscaba, él iba a hacer de todo para que lo hiciera.