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El tren se detenía lentamente en la estación principal. San se ajustó la mochila sobre los hombros y bajó del vagón con paso tranquilo pero con el corazón latiendo rápido. Todo era nuevo. El murmullo de la ciudad, los olores distintos en el aire, el cielo cubierto por edificios altos y desconocidos. El camino hasta la casa de su abuela fue silencioso, solo el sonido de sus pasos y el rodar de la maleta sobre el pavimento lo acompañaron.
Su abuela lo recibió con los brazos abiertos, con ese abrazo tibio que parecía guardado solo para él. La casa olía a sopa recién hecha y a madera antigua. San recorrió el pasillo hasta la habitación que ahora sería suya. Dejó la mochila en la esquina, se sentó en la cama y exhaló con fuerza. Por fin, todo empezaba.
El primer día en la universidad estaba a la vuelta de la esquina, y la ansiedad le recorría el cuerpo como corriente eléctrica. Había venido a estudiar diseño visual, una pasión que cultivó desde pequeño. Pero ahora, rodeado de lo desconocido, se preguntaba si realmente estaba preparado para esta nueva etapa. Se pasó una mano por el cabello y observó por la ventana el jardín de su abuela, donde un par de gatos se estiraban bajo el sol.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Wooyoung estaba tirado en el suelo de su habitación, boca abajo, los audífonos puestos y el lápiz moviéndose con soltura sobre la libreta. Dibujaba sin pensar, siguiendo la música. Su cabello caía por un lado de su rostro, largo, descuidado, exactamente como a él le gustaba. En su escritorio había un vaso de café medio frío, un libro de ciencia ficción abierto por la mitad y una figura pequeña de un dragón que había comprado en una tienda de segunda mano.
El sonido de un mensaje lo sacó de su mundo por un momento. Tomó el teléfono sin dejar de garabatear.
Yeosang: "Jongho está cocinando algo rarísimo. Si muero, diles a todos que fui feliz."
Wooyoung: "Jajaja. Dile que lo amo, aunque me mate con su comida."
Yeosang: "Ven mañana. Hay kimbap, pero del bueno."
Wooyoung sonrió. Yeosang era su ancla, su refugio en un mundo que muchas veces no entendía. Jongho, el novio de Yeosang, también se había vuelto parte de esa pequeña burbuja de paz que compartían los tres.
Mientras Jongho bailaba torpemente en el fondo del video que Yeosang le había mandado, Wooyoung soltó una carcajada. El mundo era sencillo en ese instante. El mundo podía ser eso: música, dibujos sin rumbo, amigos que se querían.
San cenó junto a su abuela esa noche. Ella le contaba historias del vecindario, de cómo el señor Kim de la esquina tenía un gato que se creía perro y de cómo la tienda de enfrente ahora era una librería pequeña pero acogedora. San asentía, sonreía, y sentía que, aunque poco a poco, empezaría a formar parte de algo.
Esa noche, en su cuarto, ordenó su escritorio, afiló sus lápices y anotó en una libreta los horarios de sus clases. Le había prometido a su madre que no se distraería, que estudiaría con empeño y que sería cuidadoso. Cerró los ojos un momento y respiró profundo. El futuro estaba lleno de posibilidades.
Wooyoung, por su parte, apagó la luz de su habitación y se metió bajo las cobijas con su teléfono en la mano. Revisó por última vez sus mensajes, escuchó una canción más y se quedó mirando el techo. Mañana tendría clases. Mañana volvería a ese salón donde nadie hablaba mucho con él excepto Yeosang. Pero ya estaba acostumbrado. Le gustaba quien era, incluso si los demás lo veían como raro.
La vida era simple. Comida extraña, dibujos a medianoche, mensajes que te sacaban una sonrisa. Un nuevo estudiante aún no había llegado al salón. Un nuevo día estaba por comenzar. Y sin que nadie lo supiera, algo cambiaría para siempre.
Pero por ahora, solo eran chicos viviendo, sintiendo, creciendo.
Humanos en su rutina, humanos en su calma.
Antes de la tormenta.
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Bueno tengo una obsesión con escuchar a farid dieck
Y lo amo demasiado me encanta su forma de expresarse y algo que en uno de sus análisis me "llamó la atención" me gustó su interpretación sobre las personas osea como cuando el dice que no solo son objetos son persona que tenían vida sueños y muchas cosas más osea eso me llena no se algo me mueve por que es verdad a veces solo vemos las tragedias como tragedias pero no nos ponemos a pensar en lo que hay detras personas, humanos como todos nosotros eso me impulso a tratar de hacer una historia que demuestre como podemos ser humanos empaticos.
~Dalia








