O N E
El reloj marcaba las 2:13 de la madrugada en Seúl. La lluvia azotaba los ventanales del ático de cristal, y los reflejos del agua danzaban entre las luces pálidas de la ciudad, como si Seúl entera llorara en silencio, ocultando su pena bajo el brillo nocturno.
Jungkook estaba hundido en el sofá con el abrigo aún puesto, como si quitárselo significara aceptar que Jimin no volvería esa noche.
Sobre la mesa de centro, reposaba una taza de café fría junto a el celular, que no dejaba de parpadear con notificaciones que él ignoraba con obstinación.
Agosto había sido un golpe tras otro, y setiembre, un castigo sin tregua.
Todo comenzó con el escándalo en el aeropuerto...
Un paparazzi, con la arrogancia de quien sabe que su cámara puede convertirse en un arma, lo había abordado cuando caminaba junto a Taehyung en el aeropuerto.
Entonces, casi con burla, el tipo soltó una frase que aún le resonaba en la mente «Parece que tú y Jiminnie no se separan nunca». Y él, incapaz de contenerse, sonrió.
Fue una sonrisa pequeña, casi inconsciente y escondida bajo la mascarilla, nacida del recuerdo reciente de aquel viaje junto a su novio. Sin embargo, el arrepentimiento llegó de inmediato, pues sabía que ese mínimo gesto sería suficiente para encender la mecha y desatar el incendio mediático que tanto temía.
Al día siguiente, la llamada de Bang PD no fue motivo de sorpresa.
—Jungkook, no puedes permitirte esas expresiones en público, no cuando el mundo está mirando cada paso que das.
Y Jimin, aunque no lo dijo, recibió el mismo sermón. Jungkook lo sabía por la forma en que sus ojos evitaban los suyos después, como si temiera que una mirada pudiera desatar otra tormenta.
Desde entonces, se convirtieron en sombras. Dejaron de hacer lives y empezaron a llegar en autos separados a casa hasta que la tormenta pasara.
A veces, Jungkook se preguntaba si valía la pena tanto sacrificio. Pero entonces recordaba la mirada de Jimin antes de dormirse, él como sus ojitos rasgados le parecían susurrar “Aquí estoy, incluso cuando no pueda estarlo”. Y eso bastaba para callar las dudas, aunque no el dolor.
🥀
Los días se volvieron monótonos.
Los rumores, cesaron.
Pero como nada es para siempre.
El video que filtró Daeun, fue la gota que colmó el vaso.
Daeun era una actriz del pasado, una ex vecina del edificio en el cual ambos vivían antes de que Jungkook insistiera en construir su propia casa.
Alguien en quien Jungkook nunca terminó de confiar, y con justa razón, pues fue quien terminó exponiendo un clip antiguo de Jimin saliendo del ascensor y caminando juntos unos instantes por los pasillos. Un video inofensivo, de apenas unos segundos, pero más que suficiente para avivar teorías venenosas y desatar la especulación implacable en las redes.
Jungkook lo vio al amanecer, y una furia ciega le recorrió el cuerpo.
El corazón le golpeaba el pecho como un tambor de guerra mientras le escribía a Jimin asegurándole que no se preocupara, que él mismo iría a la empresa para arreglarlo todo. Y aunque no obtuvo respuesta, tampoco la esperaba, pues su novio debía estar destrozado al darse cuenta de que aquella mujer, a la que alguna vez llamó amiga, lo había traicionado sin miramientos.
Y que no se malinterprete, a Jungkook no le importaba lo que la gente dijera, él confiaba en su relación, conocía cada detalle y el verdadero contexto de ese estúpido video. Lo que realmente lo jodía era la traición infligida a Jimin y ese recordatorio cruel de que el mundo no dejaba de acecharlos, como si fueran presas expuestas bajo un gran microscopio.
Esa noche, cuando volvió a casa después de estar todo el día en la empresa discutiendo con Bang PD, encontró a Jimin en la habitación hecho un ovillo y sollozando con un dolor que le rompía el alma.
—No sabía que ella tenía ese video —gruñó Jimin entre lágrimas— Pensé que lo borró al instante Kookie, me duele tanto...
Y Jungkook se sentó a su lado, debatiéndose entre el impulso de abrazarlo y las ganas irrefrenables de destrozar algo, lo que fuera. Sin embargo, el estrés terminó por imponerse.
La reunión con PD Nim había sido un completo desastre ¿Por qué? Este se negó rotundamente a emitir algún comunicado, alegando que ese tipo de escándalos atraían más fanáticos. Indignado, Jungkook estuvo a punto de golpearlo por decir semejante barbaridad, ya que se suponía que debía protegerlos de los escándalos, no promoverlos.
PD Nim los conocía desde los inicios de su carrera y sabía muy bien que Jimin había atravesado etapas de odio feroz, alimentado precisamente por quienes se hacían llamar “fans”. Si permitían que ese escándalo se alargara, ese rechazo podía regresar con más fuerza, y Jungkook no estaba dispuesto a permitir que Jimin resultara aún más herido. Bastaba ya con tener que esconder su relación del mundo como para, además, cargar con rumores de citas con una chica en busca de fama.
Pero, al final, PD Nim solo se limitó a decir que aquel escándalo era útil para tapar lo que el paparazzi estúpido había insinuado semanas atrás sobre lo “demasiado cercanos” que parecían estar Jimin y Jungkook últimamente... y entonces Jungkook simplemente estalló.
—Te lo advertí, Jimin. ¡Te dije mil veces que esa tipa no era de fiar! —explotó, su voz ronca resaltando y los puños cerrados de furia— ¿Por qué no me escuchaste?
Jimin alzó la cabeza, los ojos enrojecidos ardiendo con un fuego propio, herido y furioso.
—¿Entonces dices que es mi culpa? ¿Ser amable con una persona es tan malo? —gritó, el pecho subiendo y bajando con violencia— ¡Me estás culpando cuando el mundo entero me pisotea!
—No digo que sea tu culpa, maldita sea... —Jungkook se pasó las manos por el cabello, tirando con frustración— Pero me vuelve loco verte así, destrozado por idiotas que solo quieren verte mal. Me hierve la sangre, Jimin. Quiero protegerte y no puedo ¡Y eso me jode!
—¿Y crees que a mí no? —Jimin se levantó de la cama, enfrentándolo con una intensidad que lo hacía aún más hermoso en su vulnerabilidad— Siento que todo lo que toco se pudre, si sonrío a alguien, me crucifican, y si te miro a ti, igual nos destruyen. ¡Estoy harto de vivir con miedo de los demás y de que nuestro amor sea un secreto sucio!
El silencio que siguió fue un campo de batalla, cargado de respiraciones agitadas hasta que Jimin solo tomó su teléfono y salió de la habitación.
Se amaban con una pasión que quemaba, pero esa misma pasión los hería como espinas.
🥀
La relación sufría y se evidenciaba cada día mas.
Un día antes del cumpleaños de Jungkook ambos estaban en diversas partes de su nueva casa.
El pelinegro estaba en la cocina, cortando frutas e intentando distraerse con cualquier cosa que no fuera el peso de la distancia entre ellos, ya que desde su discusión, Jimin había optado por dormirse en la habitación de invitados, y él, sin saber como romper el hielo después de haberlo atacado, solo le había dado su espacio esperando que todo se resolviera solo... y la verdad, no podía quejarse de que habían peleas grandes, pero la indiferencia de su tierno novio, era como una pequeña fractura que cada día se abrían un poco más.
De pronto escuchó pasos apresurados y Jimin se lanzó a sus brazos. El tatuado reconfortado por sentir el calor de su novio después de días lo sostuvo fuertemente, hasta que este le habló y se dio cuenta de la situación.
—Jungkookie... —su voz sonaba temblorosa, casi quebrada— Jungkookie, hay alguien en la puerta del garaje... creo que se va a meter.
—¿Qué? ¿Cómo que alguien se va a meter? —preguntó, sosteniéndolo fuerte.
—Lo vi por las cámaras... estaba empujando la puerta.
Jungkook lo soltó suavemente y corrió hacia la consola de seguridad activando la alarma inmediatamente. Minutos después, la policía estaba en la entrada.
—Solo es una fan —dijo uno de los oficiales con indiferencia.
Jungkook no lo podía creer.
—¿“Solo una fan”? —repitió con la voz contenida, mirando a los agentes— Esa “fan” trató de entrar a mi casa, a nuestra casa. ¡Pudo habernos hecho daño!
El oficial simplemente se encogió de hombros.
— Pero no lo hizo joven, además, su casa está en una zona altamente turística, debería considerar mudarse a una residencia privada considerando su posición — sugirió con simpleza — Si no hay más que hacer, llevaremos a la chica a la comisaría y estará bajo arresto 24 horas con derecho a fianza al finalizar el tiempo. Nos retiramos — Hizo una ligera reverencia que Jungkook ignoró y se fue.
— No sirven para una mierda...— Jungkook se empezó a sobar las sienes tratando de calmar su dolor de cabeza.
Jimin, detrás de él, lo observaba con ojos compasivos y húmedos.
—Kook — Lo llamó suavemente— No lo tomes así, mañana es tu cumpleaños, tal vez esa army se emocionó y solo quería verte...—dijo con un hilo de voz.
Jungkook se giró hacia él, furioso.
—¿Tú estás escuchándote? ¡Intentó entrar a nuestra casa! ¿Y tú crees que eso es emoción? ¡Por Dios, Jimin!
—Pero no pasó nada y ya se fue... —intentó calmarlo, pero Jungkook no podía.
El miedo se había transformado en enojo, y el enojo en palabras que nunca debieron salir.
—¡Por ser tan bueno todos te agarran de tonto!
Y el silencio que siguió fue tan fuerte como un golpe.Jungkook se arrepintió en el instante en que vio la cara de Jimin.Sus labios temblaron, los ojos se le llenaron de lágrimas que no dejó caer.
—Yo solo... no quería más escándalos —susurró— Ya tenemos suficiente con los rumores.
—Minnie, no... yo no quise— empezó Jungkook, acercándose.
—Déjalo —Jimin apartó la mirada, respiró hondo— Voy a llamar a mis padres, deben estar preocupados.
Y se fue.
Sin gritar, sin llorar, solo se fue.
Esa noche Jungkook esperó las doce solo.
El reloj marcó las 00:00 y la casa siguió igual, en silencio, mientras su teléfono vibraba sin parar con mensajes de felicitaciones, pero ninguno era de Jimin a pesar de estar en la misma casa.
A las 12:07 dejó el celular a un lado y se quedó mirando el techo, no había nada sin Jimin, solo un vacío frío y una pregunta que lo perseguía ¿En qué momento empezamos a perdernos?
A la mañana siguiente, tocaron su hombro suavemente.
Jungkook abrió los ojos y lo vio ahí, con una bandeja que portaba el desayuno, un delicioso pastel y 28 velitass.
—Feliz cumpleaños, Kookie —Le sonrió Jimin y su mundo pareció detenerse.
Claramente no pudo contenerse, las lágrimas salieron solas y lo abrazó tan fuerte que casi se le escapó el aire.
—No te merezco —Murmuró su besando su cuello— No después de ayer.
—Shhh... no digas eso —Jimin acarició su cabello— Está bien.
Pero no estaba bien.
Su voz era dulce, pero sus ojos seguían tristes.
Jungkook lo supo, y aun así, pasó el día intentando hacerlo reír, cocinando su comida favorita, poniéndole música, inventando excusas para abrazarlo. Porque, aunque era su cumpleaños, el mejor regalo para él era ver a Jimin sonreír de nuevo.
Pero no lo consiguió del todo.
Esa noche, cuando Jungkook hizo su Weverse Live, tuvo que fingir alegría, sin poder mostrar el pastel, ni los regalos, ni siquiera mencionar quién se los había dado.
—Los rumores deben parar —dijo el staff.
Y Jungkook obedeció.
Cuando terminó el live, apagó las luces del estudio y se quedó solo en la oscuridad.
La pantalla del celular mostraba una foto vieja de él y Jimin riendo, con harina en el rostro, el día que habían hecho galletas por primera vez.
—Solo quiero volver ahí —susurró Jungkook, con la voz rota— Donde todo era fácil.
Esa misma semana, Jimin apareció con una maleta pequeña en la puerta.
Su rostro estaba sereno, pero había algunos aspectos que delataban su nerviosismo.
—Voy a Busan —dijo— Mis padres me invitaron a pasar unas semanas ahí...
Jungkook sabía que tal invitación no existía pues en la mañana él mismo habló con el papá de Jimin pidiéndole un consejo sabio sobre cómo afrontar la mala racha en la relación... pero no lo detuvo, porque el amor, a veces, también sabe esperar, aunque duela como un golpe en el pecho.
🥀
Pasaron tres semanas.
Jungkook no durmió bien ni una sola noche.
Cumplía su agenda, ensayos, grabaciones, sonrisas falsas para las cámaras, pero cada noche solo pensaba en volver a casa para revisar su celular y leer los mensajes de Jimin. Aunque las respuestas de su novio eran breves y carentes de detalles, al menos le confirmaban que estaba bien. Además, al final del día, el padre de Jimin siempre le enviaba una larga nota de voz contándole que había hecho su hijo y cuánto se notaba que lo extrañaba. Eso, al menos, le brindaba tranquilidad y le arrancaba una sonrisa boba antes de dormir, al saber que Jimin estaba bien y que lo extrañaba tanto como él.
Hasta que un día, su representante le entregó el calendario actualizado.
Allí, entre fechas y compromisos, estaba el nombre de Jimin: París, Dior, Semana de la Moda.
El corazón de Jungkook dio un vuelco.
No podía dejar que la distancia se convirtiera en un abismo.
Tomó el teléfono, marcó su número y esperó, con el pulso acelerado.
La voz de Jimin, al otro lado, sonó frágil pero cálida.
—Kookie...
—Te extraño —dijo Jungkook, sin preámbulos, la voz cargada de urgencia.
Se hizo un silencio largo y pesado, lleno de cosas no dichas.
—Yo también —respondió Jimin, casi en un susurro— Pero no estamos bien...
—No me importa que estemos bien o mal —interrumpió Jungkook— Me importa que tú y yo sigamos hablando, que no dejemos que esto que hemos construido se desvanezca como si fuera sólo otro rumor más.
Jimin suspiró, y Jungkook pudo imaginarlo mordiéndose el labio, con esa dulzura que siempre lo desarmaba.
—No quiero pelear más contigo —dijo Jimin.
—Ni yo, Minnie.
—Entonces prométeme algo.
—¿Qué?
—Que cuando vuelva, nos encontraremos y hablaremos sin miedo.
—Hecho —Jungkook sonrió, aunque las lágrimas le quemaban los ojos— Y... Minnie.
—¿Hmm?
—Te amo.
—Yo también, aunque seas un conejo impulsivo a veces...— Jimin rió mientra sollozaba
—Lo voy a cambiar amor, lo prometo —prometió Jungkook con la voz rota y una sonrisa leve
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Esa noche, como si fuera un ritual, Jungkook encendió Weverse Live.
Army llenó la pantalla de comentarios:
“¿Por qué tan tarde, JK?”
“¿Tienes algo que celebrar?”
"¿No será por el viaje de Jimin?”
Jungkook rió, nervioso, esquivando las preguntas con una excusa torpe.
—Solo quería enseñarles una receta de pasta.
Habló de trivialidades, preparó la comida con movimientos mecánicos, pero su mente estaba con su novio. Cada sonrisa que fingía era un intento de ocultar que lo único que quería era estar con Jimin, sostenerlo antes de que se subiera a ese avión.
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Al día siguiente, las redes estallaron.
“JIMIN EN EL AEROPUERTO, RUMBO A PARÍS”.
Jungkook vio las fotos.
Jimin con el cabello rubio, una camisa blanca desabotonada y la cadena de plata, la cual era suya, brillando en su pecho. El pantalón negro caía con una elegancia effortless, los delicados lentes que enmarcaban su bonito rostro. Era Jimin, su Jiminnie, pero más brillante, más etéreo, como si la ciudad entera se rindiera a sus pies.
—No puede ser real —murmuró Jungkook, apoyando la frente contra el cristal frío de la ventana— ¿Cómo puede alguien ser tan perfecto?
Tomó el teléfono y le escribió“Si supieras lo que pienso ahora mismo, no te subirías a ese avión.”
Jimin tardó en responder, pero cuando lo hizo, Jungkook sintió que el mundo volvía a girar “Y espera a ver el outfit para el desfile...”
Esas palabras lo volvieron loco.
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Llegó el día del desfile.
Jungkook, con el corazón en la garganta, se conectó al streaming.
Cuando Jimin apareció, el mundo pareció detenerse.
Su novio estaba vestido de negro, con un blazer que dejaba su pecho al descubierto, caminaba con una seguridad que cortaba el aliento y los flashes seguían cada uno de sus movimientos mientras el público gritaba su nombre, y él... él brillaba como si el universo entero le perteneciera.
Jungkook lo miraba con una mezcla de orgullo y celos que le quemaba por dentro.
—Maldición Jimin... —susurró, sonriendo a pesar de sí mismo— Te voy a encerrar en la habitación cuando vuelvas.
Sin poder contenerse, llamó a Han, su guardaespaldas.
—Enfócalo hyung, solo quiero verlo un momento
Han, con una sonrisa cómplice, obedeció.
Por unos minutos, Jungkook sintió que estaba en París, a centímetros de Jimin, viendo cómo conquistaba el mundo.
Luego colgó, porque el amor que sentía era tan grande que dolía.
Horas después, Jimin hizo un Weverse Live desde su hotel.
Aún llevaba el blazer negro, el cabello despeinado, la piel resplandeciente bajo la luz tenue. Jungkook lo miró en silencio, con una sonrisa que no alcanzaba a ocultar la tristeza de no tenerlo cerca.
Cuando terminó, le hizo una videollamada.
—Hola Kookie —Jimin apareció en la pantalla con esa voz dulce que siempre lo derretía.
—No hagas eso —respondió Jungkook al borde de un ataque de ternura.
—¿Qué cosa?
—Verte así y esperar que pueda dormir tranquilo.
—Ya empezaste... —Jimin rió, pero sus ojos brillaban con lágrimas contenidas.
—No puedo evitarlo, eres demasiado hermoso bebé...
—¿Demasiado?
—Demasiado para mí, y demasiado para todos los que te miran.
Jimin soltó una carcajada suave, pero su mirada se suavizó.
—Kookie... no quiero que nada nos separe otra vez, ni los escándalos, ni los miedos, ni peleas...
—No lo harán, te lo prometo y también prometo cuidar mi boca, yo siento tanto todavía lo que te dije Minnie, no debí hacerlo, simplemente no...
— Tenías razón Kookie — Jimin lo interrumpió — Yo... soy muy confiado y ese es mi gran defecto — Los ojos se le pusieron acuosos y Jungkook quiso cruzar la pantalla para consolarlo, todo había sido su culpa.
— Amor no, no lo eres, tu no eres el problema, te juro que no — No pudo evitar que la voz se le quebrara — El problema es el resto que no puede ser leal, tu no eres tonto por confiar, el resto de personas lo son, que no se fijan en los sentimientos de quienes confían en ellos — Jimin suspiró y puso su carita sobre la almohada — Te amo tanto precioso, que me quiero colgar por haber dicho lo que dije... te juro que si pudiera volver el tiempo yo escogería mejor mis palabras...
— Lo sé Kookie, lo sé — Jimin le sonrió genuinamente y Jungkook simplemente pensó que tenía un angel en frente.
— Tengo tanta suerte de tenerte — Jungkook también se recostó sobre su brazo mientras lo miraba enamorado.
— Ambos somos suertudos Kookie... —Jimin suspiró
— Cuando llegues te llevaré a una cita y no me importa lo que diga PD Nim o quien sea bebé — Afirmó Jungkook y Jimin sonrió
— A veces pienso que el mundo no está listo para nosotros...
—Entonces que el mundo aprenda —dijo Jungkook, con una determinación que hizo sonreír a Jimin.
—Eres un tonto.
—Tu tonto.
Se quedaron en silencio, mirándose el uno al otro y escuchando la respiración a través de la línea, a veces, eso era suficiente.
—Mientras me mires como ahora, siento que puedo con todo.
—Entonces mírame.
Y por unos segundos, lo hicieron. Dos pantallas separadas por un océano, pero sus corazones latiendo al unísono.
—Bajo la misma luna, Kookie—susurró Jimin.
—Siempre bajo la misma luna, Minnie.
La videollamada terminó, y el silencio volvió a llenar la habitación. Pero esta vez, no pesaba.
Esa noche, Jungkook salió al balcón y alzó la vista.
La luna brillaba sobre Seúl, pálida y eterna. Sabía que, a miles de kilómetros, Jimin la miraba también.
El mundo podía limitar sus gestos, sus palabras, sus abrazos... pero nunca podría con un amor que resistía, incluso bajo la luz de la misma luna.
🌹
Dado los últimos acontecimientos quería escribir algo que reflejara que bajo cualquier perspectiva, Jimin y Jungkook han sufrido mucho con todas las cosas que han venido pasando. Ships aparte, no imagino lo triste y estresante que ha sido para ellos lidiar con todas las situaciones mencionadas por individual.
Ojalá el fanatismo tóxico cese, que volvamos a ser ot7 y las imparables que rompían todas las votaciones 💜
Las quiero 💕








