[U N O]
El sonido de un click y el sorpresivo destello del flash sofoca la burbujeante risa de Midoriya
—¿Otra vez, Kacchan?–Una sonrisa y una mirada de sentencia.
Detrás de aquella cámara se asoma un par de ojos tan inquietantes como la sangre viva.
—Es para un trabajo. Coopera, imbécil–Su ceño se arruga e Izuku vuelve a reír.
Katsuki no puede disimular la sonrisa contagiosa. No puede controlar su impulso de volver a retratar de forma tan viciosa esa vista tan hermosa. No puede ignorar el contraste de paz y caos que sacude su cabeza y revuelve su estómago. Es un dolor placentero que le hace sentir vivo, uno que le hace querer vivir.
–Excusas—refuta
—Es verdad, el tema de hoy es: miseria humana—
Entonces es Izuku quien se molesta—Te llamé para que me ayudaras, no para que me terminaras de pisotear—
—Sabes como funciona esto: te caes, me río y te ayudo. Esa es la dinámica, nerd–
Eran una mezcla extraña, pero funcional a su atípica manera.
Izuku era alegre, amable y parlanchín.
Katsuki era reservado, malhumorado y arisco. Pero funcionaban. Funcionaba para Izuku el que Katsuki le oyera; funcionaba para Katsuki el poder llorar sin que Izuku le juzgara. Una mezcla perfectamente equilibrada de cariño y confianza; esa que solo se alimenta con los años y experiencias; esa que le permite a uno quebrarse delante del otro y con la certeza que lo volverá a armar.
Una amistad extraña que llevaba tintes de algo más. Algo que atravesaba el corazón de uno de ellos, pues sabía de antemano que eso que florecía en su pecho, llevaba espinas.
—Mejor deja esa mierda y salgamos de aquí. Quiero aire fresco y otra vista que no seas tú lloriqueando a la pantalla del teléfono porque ese imbécil no te responde—. Está decidido a sacarlo de ese sucio agujero que Izuku llama departamento. Hala de él con fuerza para levantarlo.
–Pero... Kacchan...—
—Nada. Daremos un paseo–le coloca el casco, y sonríe cuando nota la tensión de Izuku.
—No la motocicleta
—Oh, sí; claro que iremos en mi lindo bebé de dos ruedas
—No, Kacchan, eso fue lo que desató la pelea con Shoto anoche. Dice que no tienes ningún cuidado al manejar y que esa clase de vehículos de alto riesgo.
—¿Ah? Te diré qué es de alto riesgo: ¡Yo cuando hablan mierda sobre mí!
Que se lave el hocico con jabón y cloro antes de hablar de mi precioso—responde ahogándose con su indignación. Puede que se emocione un poquito, pero siempre tenía cuidado, más si llevaba acompañantes—. Mira, Deku—, Izuku rueda los ojos ante el molesto apodo—, ¿qué es peor?: Salir a dar un paseo con tu amigo casi hermano, o dejarte manipular por un bastardo idiota que no puede lidiar con sus emociones y explota contigo—deja que piense la respuesta. El suspiro cansado de Izuku le da a entender que es casi un empate—al menos conmigo llevas casco—sonríe, acomodándolo sobre esos rizos tan rebeldes en los que podría dejar ir el resto de su vida en acariciar— Yo te cuido, pecas–
La sonrisa que trata de contener una carcajada le da el gane.
—Está bien, Kacchan–
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Katsuki era brusco en más de mil cosas, menos con la cámara o en la cocina; esas eran sus dos grandes pasiones, además de correr en esa majestuosa motocicleta que su madre le rogó casi llorando que no comprara y que cuando compró, lejos de darle un infarto de impresión, casi le rompe el palo de la escoba en el lomo a su hijo por desobediente.
Era cuidadoso cuando se necesitaba. Pero poco hablaba de las escapadas a altas horas de la madrugada cuando la calle estaba desierta.
La carretera parece brillante con las luces de los semáforos reflejadas en el suave rocío que la cubre.
El viento choca fresco y reanimante contra el rostro de ambos. Ese sumbido del motor en sus oídos es casi música.
Izuku apenas puede abrir los ojos. Si baja la visera no ve nada, así que solo se aferra a la espalda de Katsuki, observa por encima de su hombro y reza para no toparse con algún policía cuidando el orden.
Katasuki aprieta el acelerador. El cuero de sus guantes rechina, pero no tan fuerte como el rugido del motor.
Izuku se aferra todavía más. Siente que va a darle un infarto.
Aunque su agonía no dura mucho, la motocicleta es aparcada en diagonal de forma limpia.
Pasan unos minutos para que vuelva a abrir los ojos y se encuentre con la orgullosa sonrisa de Kacchan.
—No fue tan malo, ven—le ofrece la mano para ayudarle a bajar.
—¡Fue peligroso! Y no llevabas casco, prometiste ir lento, Kacchan malo y mentiroso—se queja al bajar y sacarse el casco
Katsuki ríe por su travesura—Iba despacio. Además no traje dos cascos porque no sabía que estabas así de depresivo y necesitabas salir—se excusa. Izuku frunce el entrecejo, aunque sus argumentos sean válidos no va a ganar, no contra ese arrogante rubio y su sonrisa torcida—además, fue divertido, ¿no?—acaricia los rizos, acomodándolos.
—Sí... pero...
—Cierra la boca y echa un vistazo al fabuloso lugar al que te traje—hala de él y lo arrastra por un camino empinado y lleno de césped. Una especie de mirador. La barandilla de protección estaba rota y oxidada. Había un árbol casi calvo y todo alrededor era carretera y la nada haciéndose compañía.
—No veo lo fabuloso, Kacchan. Parece lugar para esconder un cuerpo—murmura. La risa divertida de Katsuki vuelve a chocar contra sus oídos.
—¿Confías en mí?
—¿Qué tiene que ver?
—Solo dilo, imbécil; ¿confías en mí o no?
—¡Sí! Sí confío
—Es todo lo que necesito, ahora cállate y cierra los ojos
Izuku arruga el ceño, pero se resigna y accede. Dejándose guiar por su amigo. Va a tientas siguiendo las instrucciones de Katsuki, hasta que su mano toca la vieja barandilla.
—Ahora ábrelos—susurra justo detrás de él, e Izuku obedece.
Lo hace lento y una vez se acostumbra a la luz, sus ojos se iluminan, maravillados y llenos de pasmo por el festival de colores que ofrecía la vista de la ciudad encendida desde ese ángulo —Es hermoso—
—Lo es—asegura Katsuki sin quitar los ojos de la cara feliz del muchacho. Las pecas de sus mejillas eran más bonitas que las estrellas de esa noche—Te dije que confiaras en mí. Es mi pequeño lugar secreto. Puede parecer poca cosa, pero si le das una oportunidad y miras bien, es un tesoro—
—Kacchan, que genial—admite como un niño—¿Vienes seguido aquí?–
—Cuando quiero pensar o cuando necesito inspiración—se recarga en el metal helado para encender un cigarro.
Izuku lo observa, usualmente lo regañaría, pero hasta él desearía tener ese gusto para sobrellevar el desastre de su vida ahora —Gracias—admite después de un momento de silencio—de verdad necesitaba salir de ahí. Kacchan siempre sabe lo que es mejor para mí, incluso antes que yo—sonríe. Las palabras y la imagen representan para Katsuki un nuevo paisaje.
Desvía la mirada y chasquea la lengua, tratando de disimular su pena—No es para tanto, solo te conozco hace mucho...—
—Mmh, es más que eso. Kacchan, hoy fuiste mi héroe—
Una sonrisa sosa se adueña de sus labios—Mientras yo respire, tendrás quien te salve cuando estés en apuros—aunque Katsuki fuera el caballero de armadura brillante necesitaba; Izuku seguía cegado por los encantos de un príncipe que desgraciadamente no era más que promesas vacías de cuentos de hadas.









te acabo de conocer, estaba en busca de una historia y me encontré con esto. :3
lo leí y me engancho(aclaro que lo estaba leyendo en Chrome) pero no pude pasar del cap 3 así queme descargue la página y aquí estoy jaja ^^~