Día 1
El vuelo Montevideo → Ciudad de México aterrizó a las 6:47 p. m.
Ariana apretó el celular entre sus manos mientras veía por la ventanilla cómo el avión rodaba hasta la terminal. Nueve años. Nueve años sin pisar México, sin ver a su familia extendida, sin ver a la Vevibanda, sin cruzarse con… él.
Y aunque era una chica fuerte, divertida, con carácter firme y cero miedo a las cámaras, el simple pensamiento de reencontrarse con Lukas le hacía temblar un poquito el estómago.
No era nervios… era orgullo.
Ella había vuelvo por trabajo:
Fede, su tío, la había llamado a finales del 2024 para ofrecerle un contrato grande. Marketing, actuación, contenido… todo un proyecto para integrarla a la Vecibanda, que ahora era un equipo top en México. Y Ariana, siendo influencer y actriz, no podía desaprovecharlo.
Pero también sabía que volver significaba enfrentar lo que quedó pendiente.
❗¿Por qué se odiaban Lukas y Ariana?
En noviembre del 2024, durante una entrevista en Monterrey, un periodista le preguntó a Lukas:
> “¿Qué opinas de que Ariana, la uruguaya, se una a la Vecibanda?”
Y Lukas, con su típica sinceridad colombiana, respondió algo como:
> “No creo que encaje. Ella es muy… ‘ella’. Todo un show.”
Los fans explotaron.
Ella contestó indirectamente en redes.
Él respondió de nuevo.
Después surgieron edits, polémicas, malentendidos…
Y así, dos personas que se conocían desde niños terminaron prácticamente odiándose en redes.
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El aeropuerto — El inicio del caos
Apenas Ariana bajó, algunos fans mexicanos la reconocieron.
—¿Ariana Uruguay? ¿La actriz? ¿La sobrina de Fede? —decía una niña.
—¡Una foto, porfa! —pidieron varios jóvenes.
Ariana sonrió, posó con todos (ella siempre ha sido un sol con los fans), firmó un par de pasaportes y continuó hasta la salida.
Allí encontró a Carlitos, Max, Yankee y Fede esperándola con un cartel enorme:
“WELCOME LA REINA URUGUAYA”
Ella se rió.
—¿En serio hicieron esto?
—Obvio —dijo Carlitos—. La Vevibanda recibe así a las estrellas.
—Y a las sobrinas de Fede —agregó Max.
—Y a las que desaparecen nueve años —dijo Yankee empujándola cariñosamente.
La abrazaron todos, como si el tiempo no hubiera pasado.
Fede la sostuvo de los hombros.
—¿Lista para comenzar tu año en México?
—Más que lista.
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Camino a la casa de Fede
El carro avanzaba por Reforma y Ariana miraba la ciudad iluminada. México había cambiado… y ella también.
—Mañana anunciamos tu llegada —dijo Fede desde el asiento delantero—. Hoy descansas.
—Perfecto —respondió Ariana, aunque por dentro sentía un nudo en el pecho—. Necesito recuperar horas de sueño.
—¿Y estás lista para ver a Lukas? —preguntó Max, sonriendo como quien quiere chisme.
Ella giró los ojos.
—Ahórrate el comentario, Max.
—Yo solo digo —rió él—, el reencuentro va a estar… fuerte.
—Fue él quien empezó todo —replicó ella cruzándose de brazos.
—Bebé, tú también respondiste en Twitter —dijo Carlitos—.
—Porque me faltó el respeto.
—Yo quiero estar ahí cuando se vean —dijo Yankee emocionado.
Ariana respiró profundo.
Lo peor de todo es que sabía que ese reencuentro NO iba a ser calmado.
Nunca lo había sido.
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Llegada a la casa de Fede
La casa de Fede estaba llena de luces, cámaras apagadas y decoraciones de Hello Kitty que Isa y Allisson habían puesto como broma.
—¡Llegó la desaparecida! —gritó Isa bajando las escaleras.
—¡La Chiquilla! —añadió Allisson abrazándola—. ¡Te extrañamos!
Ariana se sintió en casa.
Con ellas siempre fue así.
—Mañana te presentamos al resto del equipo —dijo Isa con mala intención.
Ariana la miró mal.
Isa se rió.
—Sí, sí, también a él.
—No empieces —dijo Ariana.
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Estaban todos en la sala cuando se abrió la puerta principal.
Un golpe de aire frío entró.
Lukas apareció con su maleta, recién llegado de una grabación.
Cabello despeinado, voz ronca, sudadera negra.
Miró a todos.
Miró a Ariana.
Y se quedaron petrificados.
—Ah —dijo Lukas secamente—. Llegaste.
Ariana entrecerró los ojos.
—Qué observador. Todavía sabes reconocer a la gente, veo.
Los demás se miraron como: se viene.
—No pensé que aceptarías venir —dijo Lukas acercándose un poco—. Pensé que tu ego no cabía en el avión.
—Pues mira —ella cruzó los brazos—, aquí estoy. Y llegué mejor que tú.
Un silencio pesado.
Tensión.
Miradas que cortaban.
Nostalgia rara.
Los chicos se fueron retirando despacito, dejándolos solos a propósito.
—No vine por ti —dijo Ariana.
—Ni falta que hacía —respondió Lukas.
Ella dio media vuelta.
—Buenas noches.
—Buenas… supongo.
Pero ninguno dejó de mirarse mientras ella subía las escaleras.
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Ariana cerró la puerta del cuarto que Fede le asignó.
Soltó el aire de golpe.
Estaba cansada, agotada, confundida, molesta… y un poquito tocada emocionalmente.
Ver a Lukas después de nueve años había sido como un golpe directo al pecho.
Ni bueno… ni malo…
Solo fuerte.
Se cambió, se acostó y, mientras intentaba dormir, pensó:
“No sé si estos 365 días me van a arreglar… o me van a destruir.”
Y así terminó su primer día en México.