Capítulo 1: Sin mucho que hacer
Los capítulos por lo general serán un aproximado de 5.000 palabras. A su vez no en todos habrá material de la paja, así que simplemente en el título agregaré un + para indicar cuando es un capítulo +18. Pero cuando sean ese tipo de capítulos, lo más probable es que superen las 10.000 palabras, o por lo menos se le acerquen.
No tengo mucho más que decir. Disfruten de este capítulo.
¡INICIO DEL CAPITULO!
El sonido de las puntas de sus dedos apretando una y otra vez distintas teclas resonaba en su mente, dicho sonido provenía del movimiento que ocurría más por memoria que porque él realmente desease bajar y subir sus dedos. Sus ojos poseían ojeras que tenían ojeras, y el brillo que alguna vez podía resplandecer aún en la cueva más oscura ahora estaba completamente apagado, desaparecido e irreconocible. Su cabello, que anteriormente era desordenado, ahora se encontraba peinado cuidadosamente, pero a su vez nunca se había visto tan desprovisto de vida. Pero lo peor de todo era que en sus mejillas había maquillaje para cubrir sus marcas parecidas a bigotes. En general, era una vista bastante deplorable de lo que alguna vez fue el estudiante cabeza hueca número 1 de la preparatoria Konoha; Naruto Uzumaki.
Bueno, tal vez ese título terminó siendo más exacto de lo que uno hubiera querido.
El Naruto adulto maldecía todos los días de su vida a su yo más joven por eso, no había día que no cumpliera con ese ritual. No señor.
Dejó de escribir, y se acercó un poco a la pantalla. Movió sus ojos de un lado a otro, leyendo palabra por palabra. Su cara rápidamente se convirtió en una mueca.
Se echó contra el respaldo y suspiró. Reprimió sus ganas de golpearse a sí mismo. En serio, ¿cómo podía ser tan estúpido incluso ahora?Extendió su mano y apretó la tecla de borrar, sin siquiera pasarle por su cabeza la idea de simplemente seleccionar todo lo que quería borrar debido al cansancios mental. Todo debido a la frustración que sentía ¿Por qué? Estuvo escribiendo durante la última hora su puta vida de mierda. Je... jeje... Jejejeje...
Al menos tenía una maldita fuente de ingresos...
“Uzumaki”. Escuchó una voz femenina a su lado. Miró en dicha dirección y vió a su maldita jefa, con esa cara llena de desaprobación que siempre le dedicaba.
“¿Sí?“, no lo dijo con palabras, no, lo dijo haciendo una mueca. Tal vez hubiera sido más educado si ella fuera más amigable con él, o si no hubiera desperdiciado toda una puta hora ¿Quién sabe?
La mujer arrugó su cara ante su peor empleado, pero se calmó porque sabía lo que vendría. Así que puso la cara más amigable posible - una sonrisa forzada - y se cruzó de brazos: “Primero, deja de holgazanear”, echó un vistazo a la pantalla que mostraba como los caracteres iban siendo borrados poco a poco. “Segundo, necesitan tu presencia en recursos humanos”, dijo, con su sonrisa forzada convirtiéndose en una genuina.
Naruto se quejó por lo bajo, pero dejó la computadora para levantarse y acompañar a la mujer. No sabía para qué mierda lo querían recursos humanos ¿Tal vez avisarle de un bono...? ¿Un ascenso...? No... Estos bastardos no eran tan amigables. Seguro que preferían darle un dinero extra a una araña por comer unas putas moscas que a su empleado estrella.
Mientras caminaba con todas las ganas posibles detrás de su jefa, no pudo evitar que su mirada se dirigiera hacia su retaguardia. Cómo experto certificado en los mejores perros del mundo, él podía asegurar que ella podía ser una perra en actitud, pero también lo era ahí atrás, eso se lo daría. Hacía mucho tiempo que no tenía un revolcón, principalmente por el estrés del trabajo, y definitivamente necesitaba uno pronto. Se acostaría con cualquiera que fuera una cara bonita, incluso ella... Bueno, tal vez no ella... Pero no hacía daño mirar un poco.
De todos modos, ¿qué será lo que quieren esos idiotas?
xXx
A veces podía sorprenderle la estupidez humana. En serio ¿Quién en su sano juicio despedía a un empleado de primera porque subió en sus redes un vídeo de él quejándose sobre CIERTA empresa que sobre explotaba a sus trabajadores las 24 horas del día durante los 7 días de la semana en todo el año? Había que aclarar en “CIERTA” porque dicho empleado jamás uso el nombre real de la empresa ¡Él en verdad no veía el maldito problema! ¡De veras!
“No te olvides de esto”, dijo su ahora ex-jefa mientras ponía un estúpido papel arrugado que estaba sobre su escritorio en su caja con el resto de sus cosas. Ese papel no era suyo. No. Él los tiraba y encestaba en la basura directamente desde su asiento. Eso o le caía a un tarado que no veía por dónde caminaba. Era divertido. Era.
Él la miró con ojos en blanco, realmente sin poder creer como un buen culo pertenecía a semejante serpiente. “Gracias y no gracias. Nunca olvidaré nuestro maravilloso tiempo juntos”, dió un par de pasos con dirección a la salida. Solo había una cosa que hacer ahora.
Ella se acomodó el pelo, con clara molestia escrita en su cara por su comentario sarcástico. Bueno, si él era generoso al despedirse con una broma, ella le devolvería el favor dándole un valioso consejo para la vida: “Me alegra que lo hayas disfrutado. Solo espero que logres lo mismo de vuelta. Será difícil”, hubo un toque de desdén en su tono.
Naruto se detuvo en seco, girandose para verla con los ojos entrecerrados. “¿Qué insinuas?“.
Ella sonrió con suficiencia: “Oh, nada. Simplemente quiero decir que aunque tu compañía fue... entretenida... Por decirlo de alguna manera... Siento preocupación de que nunca puedas causar esa misma impresión en otro lugar, dadas tus cualidades”.
Eso tocó una fibra en Uzumaki, quién conocía lo suficiente a esta mujer para saber a qué se refería cuando hablaba entre líneas, incluso si era un tarado nivel SSS+.
No fue muy diferente para los otros empleados más cercanos, los cuales casualmente eran chismosos de primer nivel, y si les hubieran avisado que Naruto Uzumaki, el empleado cabeza hueca número 1, iba a ser despedido hubieran preparado unas palomitas de antemano para tal espectáculo que se avecinaba.
Naruto retrocedió los pasos que dió, molesto: “Escucha. No he soportado tu mierda hacia mí por años, y no me he comportado lo mejor posible para que-“.
“¿A eso llamas comportarte lo mejor posible? ¿A ser una completa molestia? ¿Cómo cuando agotaste todo el suministro de café tirándolo por el escusado solo porque preferías que hubiera Coca-Cola?“, preguntó con una ceja arqueada.
“¡Ese no fui yo! ¡Y no puedes probarlo!“. ¿Cómo se atrevía a acusarlo de eso todavía? ¡No se tomó la molestia de borrar las grabaciones para que ella viniera sin pruebas!
“¿Y qué hay de esa vez que derramaste leche en el tejado?“, lo cuestionó, sintiendo como una vena casi le estallaba al recordar como uno de los empleados vino a quejarse del “desastre de camión de leche” que se encontró.
“¡Yo no hice eso!“. ¡Jamás hizo eso de lo que acusaban! ¡Solo se divirtió un poco con su novia de aquella época! ¡No era su culpa que la seguridad del lugar fuera peor que la de el Museo del Louvre!
Uno de los chismosos que jugueteaba con un bolígrafo se le escapó sin querer: “Ups”, soltó mientras el objeto rodaba en dirección al par completamente por descuido.
Naruto se acercó un poco más a ella: “¡Yo no-“, empezó mientras se continuaba acercando, al igual que el bolígrafo, “me he matado por esta empresa de mier-!“. Sus palabras quedaron muertas en su boca, mientras sentía como se deslizaba hacia adelante.
La mujer abrió la boca en “O” mientras lo veía en el aire.
El chismoso dijo: “Ups”, mientras los objetos personales del rubio salían de la caja.
Los otros chismosos abrieron sus bocas de la misma manera que su jefa mientras los objetos voladores y su dueño hacían un aterrizaje forzoso.
“Oh... Que suaves...“, comentó Naruto mientras su rostro se restregaba con una sensación familiar pero a la vez nueva.
Sus ojos se dirigieron hacia arriba, con la esperanza que esto significara el inicio de un estúpido anime romcom. No fue el caso. En vez de los ojos avergonzados de una colegiala al ser profanada por el protagonista, fue recibido por un par que irradiaban pura maldad.
“... Ah... ¿Ups?“, dijo mientras se restregaba un poco más a propósito. También tenía un buen par de tetas.
“Corre si quieres vivir”.
“¡Cómo usted ordene, jefa!“.
xXx
No necesitaba las cosas de la caja, podían quedarselas. Al final no eran más que basura. Solo necesitaba lo que siempre llevaba en sus bolsillos. Su querida Gama-chan, su celular y sus llaves. Ojalá esas llaves fueran de un auto y no de un apartamento mediocre.
Bueno, ¿qué podía hacer un recién desempleado luego de salir victorioso de sacudir el mundo de su ex-jefa? ¡Beber! ¡Necesitaba un trago! ¡Muchos! ¡¿Pero antes de un trago que venía?! ¡Un buen y humeante tazón de ramen! ¡¿Verdad, oso perezoso?!
Detuvo su caminata en seco, con una pierna quedando extendida en el aire. Giró su cabeza lentamente. Vió como en medio de la ciudad había un hueco verde con un árbol, y debajo de dicho árbol había un... Espera... Sí ¡Es un maldito oso perezoso!
El maldito enano peludo estaba bailando.
Espera, ¿lo hacía? No, no estaba bailando. Solo estaba señalando hacia arriba y hacia él mismo ¿Era estúpido?
Ah, no. Solo quería que alguien lo subiera. Bueno, él tenía dos brazos. Tenía fuerza. Y como nuevo participante en el mundo de los desempleados también disponía de mucho tiempo para malgastar ¿Qué podía perder? ¿Que lo mordiera? Esa cosa debía ser más lento que una tortuga.
Lo agarró con sus dos manos. Era un poco pesado, pero nada que no pudiera manejar, incluso si tenía que subirlo.
Cuando estaba a punto de subirlo, escuchó varios sonidos inentendibles. Se giró hacia su derecha, y vió a... ¿una extranjera? ¿Por qué le hablaba? ¿Y por qué se veía molesta?
Podía entender una parte de porque le hablaba. Él no se veía como el japonés promedio, así que era razonable que lo confundieran con otro extranjero. Ya le había pasado. Aunque era un problema, no sabía hablar nada más que japonés. Cómo deseaba aún contar con los servicios de Elizabeth cuando estuvo derrochando dinero por el mundo, además de traductora era buena para otras cosas.
Se sacudió la cabeza, no era momento para pensar en tiempos lejanos para él ahora, tenía que averiguar que le quería decir esta mujer. Espera, ¿estaba enfadada? ¿Por qué? Primero tenía que averiguar en qué idioma estaba hablando ¿Portugués, quizás?
xXx
Era inglés.
No fue su culpa que sonara prácticamente igual.
Al menos ayudó a ese oso al final. Aunque todavía no entendió porque esa mujer estaba enojada.
Brrr.
El sonido del hambre lo devolvió a la realidad. No. Mentira. Fue el exquisito olor a ramen. Una completa deliciosa ¡UN MANJAR!
Casi como si hubiera sido atraído mágicamente por un hechizo, caminó en automático y con ojos cerrados hacia Ichiraku Ramen y tomó un asiento mientras daba un aplauso.
“¡Ayame-neechan, viejo!“, dijo con una sonrisa. El ramen de este lugar siempre lo animaba.
Ayame levantó la vista del mostrador, con esa sonrisa cálida que siempre parecía genuina, no como las forzadas de la gente en su antiguo trabajo. Llevaba el delantal manchado de sopa, y su cabello recogido en una coleta práctica. Detrás de ella, el viejo Teuchi removía un caldero humeante, con el mismo gorro descolorido que Naruto recordaba de su infancia. El lugar no había cambiado mucho: paredes con carteles desvaídos de ramen especiales, el olor a miso y cerdo que impregnaba todo, y ese taburete que crujía bajo su peso como si lo reconociera.
“¡Naruto! Hace rato que no pasabas por aquí. ¿Lo de siempre?“, preguntó Ayame, ya preparando el tazón sin esperar respuesta.
Teuchi soltó una risa ronca desde el fondo. “¡Muchacho, pareces un fantasma! ¿Todo bien?”
Naruto forzó una sonrisa, sacudiendo la mano como si nada. “Ah, sí, sí. Solo otro día pesado en la oficina, ya saben. La jefe me tiene hasta el cuello con papeles. Lo mismo de siempre. Nada que un buen ramen no cure”. Sonrió descaradamente como si su vida no se acababa de ir al carajo.
Sacó su celular del bolsillo y lo colocó casualmente sobre la barra, al lado de donde Ayame pondría el tazón, para chequear si tenía algún mensaje, tal vez Elizabeth lo extrañaba y quisiera ofrecer su servicio sin cobro esta vez, no es que aceptara eso, claro. Nada. Solo notificaciones de apps inútiles ¿Por qué tuvo que pensar en Elizabeth? Era obvio que ella no le hablaría justo después de que él la recordara. Ahora se sentía peor.
Mientras Ayame le servía el tazón humeante -el especial de miso con extra de naruto-maki-, Naruto hundió los palillos y empezó a sorber con ruido exagerado, como si eso pudiera ahogar sus pensamientos.
¿Qué demonios iba a hacer ahora para conseguir dinero? Masticó un fideo largo. El vapor del ramen le calentaba la cara, pero no calmaba el nudo en su estómago.
Sus ojos vagaron por el pequeño local, observando a Ayame y Teuchi trabajar en sincronía: ella sirviendo, él removiendo, un ritmo familiar que parecía fácil, casi envidiable.
‘¿Qué tipo de trabajo podría conseguir yo?’, pensó.
Entonces, su mirada se posó un poco más en Ayame. Ella se inclinó para limpiar la barra, y por un segundo, el recuerdo de su “accidente” con la ex-jefa volvió a su mente: ese roce accidental, la suavidad... Estaba todavía un poco caliente por eso, el estrés del día y la frustración sexual acumulándose en lugares inconvenientes. Ayame era linda, siempre lo había sido -con esa sonrisa dulce y esa figura que el delantal no ocultaba del todo-. Pero no, eran un rotundo no. Era lo más cercano a una hermana que tenía. Simplemente no podía verla de esa manera aunque quisiera.
Se dió cuenta que se quedó viendo demás, y en un intento por no hacerle pensar por accidente algo que no era alcanzó su celular para simular que chequeaba algo importante, pero en el movimiento torpe, su codo golpeó el tazón. Y el mundo se volvió lento ante sus ojos por un instante. El ramen se tambaleó, el caldo caliente se derramó directamente sobre el teléfono, empapándolo en miso y fideos. El aparato chispeó un segundo, la pantalla parpadeó con colores raros, y luego... nada. Negro total. Era un vacío aún más oscuro que el de su antigua empresa.
“¡Mierda!“, exclamó Naruto, saltando del taburete mientras intentaba rescatarlo, sacudiéndolo como si eso ayudara. Ayame abrió los ojos como platos, y Teuchi no pudo evitar soltar una carcajada que no ayudaba en nada.
Dejó de sacudir una vez que se dió cuenta que no iba a ayudar en nada. Sin mucho más que hacer se volvió a sentar. Resignado. Adiós a su noche de bebidas. Tenía que reponer esto. Eso haría un adulto responsable, ¿verdad?
Ayame le acarició la cabeza con una mientras limpiaba el desastre con la otra: “Oh, pobre Naruto. ¡Déjame alegrarte con otro especial, la casa invita!“, le dijo con una sonrisa para luego guiñarle un ojo.
Naruto sintió que volvía a la vida. Su diosa del ramen era encantadora. Le alegraba que fuera su nee-chan. Pero a la vez sentía que si aceptaba un maldito sentido de responsabilidad lo mataría ahí mismo. Ya era un adulto. No un mocoso. No podía simplemente aceptar que la casa invite. No cuando ya de por sí les debía mucho.
“Gracias, Nee-chan. Pero voy a pagarlo”.
Ella hizo un puchero: “No tienes por qué hacerlo. Yo insisto. No puedo dejar a mí pequeño Otouto hambriento y deprimido”.
“Ya no soy pequeño”, se quejó.
Ella lo abrazó como si fuera un peluche: “¡Para mí siempre serás mí pequeño Otouto~!“.
“Pienso pagar”.
“Sí, sí. Lo que sea para que te sientas un niño grande”.
Hizo una mueca. No quería sentirse como un niño grande. ¡Él era un maldito adulto responsable por el amor a Kami!
Aunque esto fuera un duro golpe directo a sus finanzas, no podía deberles. No podía deberle a ella aunque fuera tan solo un especial.
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“Sííííí... Yo... No creo que me lo pueda permitir”, dijo Naruto, mirando un celular de gama baja.
Después de dejar un hueco abierto en su billetera para que su dinero saliera caminando por Ichiraku Ramen, se dirigió de inmediato a conseguir un nuevo celular.
“Bueno, es una pena, porque es lo más barato que tenemos”, dijo la chica en el mostrador, desilusionada, había esperado que un tipo en traje y bien arreglado tuviera dinero para al menos comprar algo. Era más un vagabundo disfrazado de alguien importante... Espera... ¿Esto no será uno de esos videos en donde un muerto de hambre resultaba ser el jefe, pero al revés? ¿En dónde estaban las cámaras? ¿Estarán grabando con las cámaras de la tienda? ¿Se veía bien?
Naruto suspiró, esto apestaba.
La vendedora rápidamente descartó esa basura de sus manos y captó su atención tomándolo de las manos.
Naruto arqueó una ceja. Curioso ¿Estaba ella interesada en él? Ni siquiera lo intentó.
“Quiero decir”, se aclaró la garganta, “Desafortunadamente no poseemos un modelo que entre dentro de sus capacidades actuales, pero con mucho gusto puedo recomendarle una tienda en la que seguro conseguirá algo dentro de su presupuesto”, dijo con una sonrisa brillante.
Naruto se sintió desanimado y animado. Desanimado porque esta noche no iba a tener la compañía femenina que pensó que iba a tener, y animado porque tal vez iba a conseguir un celular, aunque fuera basura.
“¡¿En serio?! ¡Gracias!“, dijo emocionado, no valía la pena llorar por la leche no derramada.
“Claro, déjeme mostrarle”, sacó su propio celular para mostrarle indicaciones. Una vez hecho eso, el “cliente” se despidió de ella y fue en busca de su nuevo celular.
Ella mantuvo la compostura en su lugar. Preguntándose si los demás iban a aparecer una vez que él consiguiera un celular, o si solo iban a tomarse un segundo más y felicitarla por su buena educación y ponerla en primer plano ¿Se veía bien?
xXx
“¿Será este lugar?“, se preguntó al ver la extraña tienda. Era normal en su mayoría, pero tenía un puto ornitorrinco encima de todo. Era común y corriente. Ni siquiera tenía sombrero. Aburrido.
Miró a un lado hacia el cartel, el cual decía “Cola de Ornitorrinco”. Sí, ese era el lugar. Pero era poco intuitivo en verdad ¿Para qué ponían un ornitorrinco entero cuando se supone que son solamente la cola? Tipos raros.
Sin más que hacer, se decidió por entrar. El sonido de la campana resonó por todo el lugar, o eso le gustaba creer. Una vez dentro, se fijó en lo que vendían en ese lugar. Lo que más le llamó la atención fueron los trajes astronautas, garras de T-Rex, una Small Station, un anillo de compromiso hecho de barro, una cabeza gigante de robot, películas porno si es que estaba viendo bien. Ciertamente vendían un poco de todo.
Continuó con su caminata hasta llegar al mostrador, siendo recibido por un viejo enano al que le sacaba más de dos cabezas y que tenía pelo solo en los lados.
Naruto se inclinó sobre el mostrador, intentando no fijarse en el olor a polvo y algo que parecía a carne rancia mezclado con metal oxidado. El viejo lo miró de arriba abajo, con esos ojos hundidos bajo cejas pobladas que parecían tener vida propia, como si fueran orugas mutantes. “¿Qué quieres, mocoso? ¿Vienes a comprar o a estorbar? Porque si es lo segundo, tengo un garrote bajo el mostrador que dice “Bienvenidos” en braille para tipos como tú“.
Naruto parpadeó, ya sintiendo que este iba a ser uno de esos encuentros que terminaban con él maldiciendo su suerte. El viejo era alto como una jirafa con artritis, y su voz ronca. “Oiga, viejo, busco un celular barato. Nada fantasioso, solo algo que funcione”.
Mientras hablaba, su mirada vagó por el caos de la tienda, y se detuvo en un rincón oscuro donde... ¿era eso un cerdo? Un cerdo vivo, rosado y gordo, atado a una cadena como si fuera un perro guardián. El animal lo miró de vuelta con ojos indiferentes, soltando un gruñido bajo que sonaba más a bostezo. Naruto se quedó congelado, parpadeando como un idiota. ¿Qué carajo?
El viejo notó su mirada y soltó una risa que parecía un eructo. “Ah, ves a mi amigo aquí. Buen ojo, mocoso. Ese cerdo es de raza premium, importado de... eh... algún lugar con cerdos... ¡Te lo dejo en 50,000 yenes! Barato, ¿eh? Come poco, caga mucho, pero es compañía fiel. Mejor que una novia, no te deja por un tipo con más dinero”.
Naruto abrió la boca, estupefacto en parte por la proyectada del anciano pero más por el cerdo: “¿Venden cerdos? ¿En serio? ¿No es ilegal o algo? Oiga, no vine por un puerco, vine por un celular. Una chica en otra tienda me dijo que aquí conseguiría uno dentro de mi presupuesto. Parecía saber de lo que hablaba”.
El viejo se cruzó de brazos, su sonrisa torcida mostrando dientes amarillos. “Celulares, ¿eh? Ja, ja, ja. No vendo esa basura moderna. ¿Para qué? ¿Para que los mocosos como tú se queden pegados a pantallas en vez de vivir la vida? No, aquí vendemos cosas útiles: tapas de alcantarilla, musgo, sombreros de peluche... pero celulares no, ni en sueños. Vete a otra parte, mocoso. O cómprate el cerdo ¡Te haré un descuento si lo llamas “Amo Tocino”!“.
Naruto sintió una vena palpitar en su sien. “¡Oiga, viejo de mierda! ¡La chica me lo aseguró! ¡Dijo ‘Cola de Ornitorrinco’ y todo! ¿Me va a decir que mentía? Venga, revuelva sus cajones o lo que sea, algo debe tener entre su barusa”.
El viejo negó con la cabeza, tosiendo una risa seca. “No, no y no. Celulares no. Fin de la discusión. Ahora lárgate antes de que llame a la policía por acosar a un pobre anciano”.
Plop.
Un ruido extraño vino de arriba, como si algo gelatinoso cayera.
Naruto miró hacia el techo y vio un tubo oxidado del que emergía... un oso perezoso. El animal descendía con una lentitud agonizante, sus garras aferradas al borde, colgando como un adorno navideño olvidado. ‘¿Qué demonios? ¿Es el mismo de antes? No, imposible. Ese estaba en un parque a kilómetros de aquí. ¿Cómo llegó tan rápido? A menos que... ¿Japón está siendo invadido por osos perezosos? ¿Una plaga bíblica de perezosos? Genial, justo lo que me faltaba’.
El viejo miró al oso con una ceja arqueada, como si fuera lo más normal del mundo. “Ah, tú otra vez. Baja de ahí, flojo. ¿Qué, vienes a recordarme algo?“. El perezoso, ignorando todo, extendió una pata con parsimonia eterna y señaló un cajón detrás del mostrador. El viejo resopló, pero abrió el cajón y sacó un celular envuelto en plástico polvoriento. “Bien, bien. Por el perezoso, te lo vendo. Es el único que tengo. 5,000 yenes, más barato que lo más bajo del barrio rojo. Tómalo o déjalo”.
Naruto tomó el aparato, girándolo en sus manos. Se veía... decente. Pantalla grande, bordes metálicos, no como la basura de gama baja que esperaba. “¿Seguro que no es una estafa? Esto parece de buena calidad. ¿No me va a explotar en la cara o algo?“.
El viejo se inclinó, sus ojos brillando con malicia. “Ah, pero tiene un precio, mocoso. Uno muy grande a cambio. Aparte del dinero, claro. Un precio que no todos pueden pagar”.
Naruto retrocedió un paso, alarmado. ¿Qué carajo? ¿Este viejo está insinuando...? No, no puede ser. “¡OIGA, NO LE VOY A CHUPAR EL PENE POR UN MALDITO CELULAR! ¡MALDITO VIEJO DEGENERADO!“.
El viejo se puso rojo como un tomate, sus ojos saliéndose de las órbitas. Casi le da un infarto ahí mismo, tosiendo y escupiendo saliva. “¡¿Qué?! ¡Maldito pervertido! ¡¿Quién carajo te crees que soy?!“.
Agarró un bastón de detrás del mostrador y le dio un golpe seco en el hombro a Naruto. “¡Ese no era el precio, idiota! El precio era... era... ¡Mierda, no me acuerdo! ¡LÁRGATE ANTES DE QUE TE MATE! ¡TOMA TU CELULAR Y VETE AL DIABLO!“.
Naruto salió corriendo, frotándose el hombro, con el celular en la mano y una mueca tallada en su rostro.
xXx
El apartamento de Naruto era un chiste cruel del destino: pequeño como una caja de zapatos, con paredes que parecían cerrarse cada día un poco más. Apenas cabía lo necesario. Una cama deshecha que ocupaba la mitad del espacio, un microondas sobre una mesa coja, un baño que parecía un armario con ducha, y un desorden descomunal de ropa sucia, envoltorios de ramen instantáneo y mangas viejos esparcidos como minas antipersonales. Era más un agujero que un hogar, y el desorden lo hacía aún más claustrofóbico, como si el caos se multiplicara por sí solo.
Se dejó caer en la cama, comiendo un ramen instantáneo frío directamente del paquete. No se compraba con el de Ichiraku, pero hey, era ramen. Luego se bañó en agua tibia que duró dos minutos antes de volverse helada, maldiciendo al casero invisible. Aunque hizo una nota mental de que se veía lo suficientemente estable como para atar una cuerda. Se puso un pijama raído y se tiró frente a la tele diminuta, mirando unos animes estúpidos: uno de un tipo que se reencarnaba en un slime, otro de chicas mágicas con trajes ridículos. Se rió, pero era una risa hueca. Su vida era peor que esos isekais.
Sin mucho más que hacer, puso un hentai a todo volumen sin importarle si algún vecino escuchaba. Eran puros hombres, ¿a quién le importaba si lo escuchaban complaciendose? A él no.
Finalmente, después de acabar, se fijó en su nuevo celular, cargándolo en el único enchufe que funcionaba. Hizo toda la mierda aburrida: transferir contactos - los pocos que tenía -, instalar apps básicas, ignorar el dolor en las costillas de la caída en la oficina. Se sorprendió en verdad que el desbloqueo facial fuera una opción. Configuró su cara -con las marcas bigotudas bien visibles, sin maquillaje por primera vez en meses- y funcionó a la perfección.
Cuando llegó la hora de ver la pantalla inicial, notó que ya había una app preinstalada, una que nunca había visto antes. Tenía un ícono misterioso: múltiples figuras negras superpuestas, como sombras en una pelea, y un “SSR” escrito en la esquina inferior derecha en letras doradas. Esa cosa no podía ser otra cosa que no fuera un juego gacha. ¿En serio ya venía en el celular.
Personalmente, no le gustaba ese tipo de juegos, probó alguno que otro, pero al final solo era divertido si derrochaba dinero realmente, así que los dejó de lado. Eran trampas para tontos como su yo joven, que gastaba en tonterías hasta quedarse en rojo.
Lo abrió por pura curiosidad, creando una cuenta simple con su email. La interfaz era minimalista pero intrigante: un personaje personalizable que, en su opinión, se veía bastante genérico, como uno de esos tantos protagonistas de isekais que veía. De pelo negro, ojos negros y sin chispa.
‘Que mierda de modelo’, pensó. No había estadísticas visibles, pero sí ranuras vacías para habilidades, como slots esperando ser llenados.
Un apartado para personajes: ninguno aún, solo un vacío tentador.
Tenía diez tiradas gratis por alguna promo de nuevo usuario. Decidió que no había mucho que hacer más que usarlas.
Usó esas tiradas en una sola. Algo que le otorgó una extra. Desafortunadamente para él, o, más bien, debido a los porcentajes normales en estos juegos, salió casi pura basura. Pero hubo dos excepciones. Que, de hecho, fueron opciones.
La pantalla mostró dos opciones: una del máximo rango, con dificultad imposible para obtenerla, una silueta oscura y poderosa de una... ¿Mujer? Al menos eso parecía en su mayoría. La otra opción era del menor rango, fácil y aburrida. También era una mujer, bueno, esta sí parecía una mujer por completo.
Al parecer, estaba obligado a elegir solo una, pero solo sería la posibilidad de conseguirla. Claramente una era casi asegurada, mientras que la otra sería todo un desafío.
Fue... emocionante.
No le costó decidir. Le gustaba los desafíos, y, además, no pensaba jugar a esto mucho tiempo, total, aunque la primicia fuera algo diferente a lo que ya había jugado, lo iba a terminar dejando.
Tocó la opción de obtener al personaje casi imposible. La pantalla brilló, y luego volvió al menú inicial, mostrando al personaje genérico cazando monstruos con sus propias manos mientras había una barra arriba que decía “Conquistando...“.
Cerró la app, cansado hasta los huesos. Se tiró en la cama deshecha, el sueño reclamándolo como un viejo amante.
El celular brilló de repente, un resplandor etéreo que iluminó la habitación por un instante. La figura que Naruto había elegido en el gacha se aclaró por un momento: un cuerpo definitivamente femenino, alta y poderosa, un cuerpo que representaba cúspide de su género, al menos eso hubiera opinado Naruto-, pero con una cabeza algo extraña. Luego, se oscureció de nuevo, dejando la pantalla en negro. Una calavera roja con huesos cruzando entre sí junto a una palabra por delante apareció en letras grandes y ominosas, palpitando como un corazón: BOOM.
xXx
Abrió los ojos lentamente, una luz tenue golpeándolo directamente en las retinas. Se rascó los ojos lentamente, siendo incapaz de darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Pero sí se dió cuenta de que tenía pequeñas gotas de agua saliendo de sus ojos, bueno, más bien que habían salido. Eso le hizo preguntarse que carajos pasaba, y a su vez despertarlo de inmediato.
Estaba sentado, no recostado, y sus ojos se posaron en la pantalla gigante que tenía enfrente. Pudo observar a un hombre siendo abrazado por una mujer. También que entre él y la pantalla había muchos asientos rojos y vacíos. Estaba en una sala de cine. ¿En serio se durmió? Espera, ¿cómo llegó ahí?
Miró a su derecha. En esa parte la sala estaba completamente vacía.
Miró a su izquierda. En esa parte... Wow...
Su corazón dió un vuelco. El rojo se apoderó de sus mejillas.
Y todo debido a una persona.
Sentada a su lado, había una mujer, una pelirroja... Y, en serio... Wow... Era hermosa. A esa mujer se le estaba escapando una lágrima.
Quiso golpearse a sí mismo ¡¿Cómo pudo dormirse en medio de una cita con la mujer más hermosa que hubiera visto?! Y algo igual de importante, ¡¿por qué carajos no se acordaba de cómo llegaron a esto?! ¡Solo recordaba haberse ido a dormir! ¡Y ahora despertó al lado de una belleza en medio de una película!
...
¿Podía pagar esta cita? La comida en los cines era cara...
Bueno... ¡Valía la pena endeudarse por una diosa como ella!
Viejo, que alguien lo mate por haberse quedado dormido.
¿Cómo se llamaba ella...?
Una pantalla azul apareció frente a la pelirroja. Había una foto de frontal de la mujer. Debajo decía “Nombre: Makima”, y debajo de eso estaba “Relación: Jefa”.
Ahora todo tenía sentido. Volvió a drogarse.
¿Ya estaba viviendo en la calle? ¿Consiguió una buena caja en la que recostar su cabezota?
¡FINAL DEL CAPITULO!
El rubio pajero, drogadicto,ramenlicoy desempleado acaba de conocer a Makima.¿Cómo actuará al respecto? Seguro que de la manera más lógica.
¡Ahí se ven!








