Capítulo 1
"Mi vida huele a ti sin haberte olido nunca"
Ésta noche era nuestra.
El viento revolvía mi cabello mientras me dirigía a mi sitio de caza. Sonreí para mis adentros. Yo poseía una belleza de los que pocos hombres podrían resistirse. Sí, me gustan los hombres y mi orientación sexual la descubrí a temprana edad, había comenzado a experimentar sensaciones por personas de mi mismo sexo. Me gustaba más hacerlo con un hombre que con una mujer, eso no quería decir que de vez en cuando no me acueste con una, aunque realmente no es algo que sea de mi agrado. Podría llamarme bisexual, pero odiaba las etiquetas.
Me consideraba un hombre capaz de tener todo lo que quiere y no acepto que alguien más tenga la razón. Llámenlo egocentrismo, quizá es perfecto para mí. Más de una mirada se posaba en mí y como agradecimiento recibían la mía cargada de sarcasmo, cinismo o deseo. Prefiero no enamorarme de los chicos con los que salgo, es una pérdida de tiempo y sentimientos.
La última vez...
—Te estaba esperando. —La voz me sacó de mis pensamientos. Lo vi en la puerta impaciente y sonreí.
Donghae, mi mejor amigo desde la infancia y una casualidad de que sea gay, se había declarado abiertamente hace diez años. Su ex novia fue la más afectada y yo el más feliz de que por fin deje las apariencias. Es el único que realmente me conoce, sabe mis debilidades, pero no la usa en mi contra porque podría terminar muerto por mis propias manos.
El de seguridad nos reconoció y nos dejó entrar. Era un antro de buena clase, el servicio era algo que valía la pena y no cualquiera podría entrar - a menos que tuvieras dinero y cierta influencia-. Nos dirigimos a ocupar la parte de arriba donde se encontraba nuestro lugar habitual. El antro contaba con dos bares, así no habría necesidad de bajar por bebidas porque las podríamos conseguir arriba. Miré a mi alrededor y vi caras conocidas, algunos se acercaron a saludarnos, notaba en su mirada algo más que simple alegría por verme, estaban idiotas si pensaban que me acostaría con alguno de ellos. Hasta ahora no me interesaba alguno. Miré a Donghae pensativo.
—Desde que me declaré gay he tenido una pareja formal y los demás no duran un mes —se quejó.
—Aquí no encontrarás a personas que quieran pasar el resto de su inmunda vida contigo.
—Bien, gracias. Me subes el ánimo amigo —contestó sarcásticamente.
—Es la verdad. Los chicos vienen aquí en busca de alguien a quien follar. Además, no puedes dejarme a mí, la luz de tu vida en esta búsqueda de diversión, sexo y placeres —reí.
—No sé cómo es que siempre termino haciéndote caso.
—Disfruta tu soltería, cuando tengas pareja no podrás tener sexo con otros.
—Eres un asco —me dijo fingiendo náuseas y reí más fuerte.
—Gracias, sabes que tengo razón y te conozco, te ilusionas fácil. Vendrá otro como tu ex y te hará la vida peor.
—No me lo recuerdes, a ese idiota no quiero ni verlo.
—¿De verdad? Porque está detrás de ti. —Alcé una ceja.
Miré su rostro asustado hasta que no pude contener la risa. Se dio cuenta de que era una broma y me sacó el dedo de en medio seguido de unos insultos que solo hacían que me divierta más. La noche estaba pasando y me aburría, ningún hombre me resultaba interesante. Donghae venía con las quintas bebidas de la noche y se notaba que el alcohol le estaba haciendo efecto.
—Terminaré acostándome contigo —dijo mientras tomaba asiento.
Unos dos años atrás pasó. Las copas nos hicieron efecto demasiado pronto, bailamos, bromeamos y terminamos en su casa teniendo sexo. Sólo nos bastó una vez para saber que no volveríamos hacer algo así.
—No, gracias. No eres mi tipo.
Alguien detrás de él me llamó la atención y lo observé bien. Donghae siguió mi mirada y noté su sonrisa en el rostro. Bien, aquel tipo no iba a ser para mí esta noche. Era alto con el cabello rojizo y con cabellos cayendo sobre su frente. El hombre platicaba con otro de cuerpo robusto, un poco más alto, ambos se notaban muy serios y vestían formales lo que era algo inusual de ver en el antro, aunque igual podrían estar saliendo de su trabajo y querían relajarse.
—Podría cambiar la situación —murmuró Donghae levantándose dispuesto a ir en dirección a ellos. En ese momento los tipos se marcharon en dirección contraria. No pude evitar soltar la carcajada. —Está bien, ¡renuncio! —anunció frustrado.
—Me voy contigo —dije. —Tengo que trabajar mañana, ¿y tú?
—También, tengo unas entregas para el medio día.
Donghae era el jefe y chef de su propio restaurante, reconocido por lo delicioso de sus platillos y la calidad que manejaba. Era una herencia familiar que no ha querido soltar y que ha pasado de generación en generación. La empresa en donde trabajo está asociada con su restaurante, es un negocio que nos deja buenas ganancias a ambos.
Y...hablando de mi trabajo; estoy en una empresa que se dedica a los eventos sociales, somos populares entre las grandes empresas quienes solicitan nuestros servicios para sus fiestas entre gente famosa o de mucho dinero. Era mi ambiente y me sentía a gusto. Mi puesto era ser el supervisor y manager de la organización. Me gustaba tener el poder y mi jefe era un tipo que es fácil de convencer y tratar.
Me despedí de Donghae y cada quien tomó un camino diferente. Realmente esta noche no fue nuestra, aunque por una parte me beneficiaba para poder trabajar a gusto mañana. No quería hacer sufrir a mis compañeros de trabajo. En fin, habrá otros días.
La alarma de mi despertador era el sonido que más odiaba en las mañanas, seguido del ruido de la ciudad poniéndose en marcha. Me levanté con mucho pesar para tomar una ducha. Mi desayuno se basaba en leche y frutas, mi belleza no se mantiene sola. El departamento donde vivía era amplio para una persona, se podría decir que soy un soltero empedernido y van a tener razón, todavía no me imagino viviendo con alguien más. El que otro tenga poder sobre mí me aterra.
Revisé mi agenda para hoy y tenía reuniones este día, lo que significaba estar fuera de la oficina la mayor parte del tiempo. Un nombre me llamó la atención: El señor Jang. Mi asistente debió apuntar su nombre porque no se me hacía conocido y era extraño que me dieran un cliente nuevo sin antes consultarme, soy muy pesado sobre ese tema. Primero debo conocerlo antes de aceptar trabajar con cualquiera, he rechazado muchos eventos importantes solo porque el tipo o la señora no me caían bien.
"Social Events" se había posicionado los últimos tres años en el ranking de empresas que prestan un servicio de calidad teniendo en cuenta la economía del país y de los más populares en el mercado internacional. Siempre me gustaba llegar y saber que trabajo ahí. El edificio contaba con varias plantas, la arquitectura era moderna destacando el diseño depurado, de tipo mínimalista, pero siempre se decoraba de acuerdo a fechas importantes o estaciones del año. Fui hasta el tercer piso en donde se encontraba mi oficina; ahí se encontraban los otros organizadores que ocupaban la planta, en total éramos diez que nos concentrábamos en diferentes mercados. El mío era de gente empresaria o que por lo menos su valor adquisitivo sea de millones.
—Buenos días Heechul —. Mei mi asistente me saludó como todas las mañanas. Me fijé en su nuevo color de cabello; café como el mío. Al darse cuenta se lo tocó avergonzada.
—No te queda mal —dije. Me caía bien y llevaba los tres años trabajando a mi lado.
—Por cierto, Jay ha venido por tu reporte —comentó mientras me entregaba unas carpetas.
Jay era mi jefe. Un tipo al que puedes despistar, pero tampoco es que te puedas confiar demasiado, no por nada tiene todo un imperio social a su cargo. Mi relación con él era tranquila, no me causaba problemas ni yo a él. Incluso hemos salido a tomar algunas veces, pero hasta ahí, no puedo llamarlo realmente un amigo aunque se acercaba. Por otra parte hacer reportes no era lo mío, realmente lo odiaba.
—Se lo entregaré después.
—Sabía que dirías eso, no se preocupe lo hice por usted. —Sonrió satisfecha por lo que hizo.
—Eres la mejor, acuérdame subirte el sueldo —dije mientras le daba un abrazo. —Por cierto, ¿Quién es el señor Jang?
—No conozco mucho sobre él, estuve investigando como siempre lo hago y no hay mucho que se pueda decir —se encogió de hombros. —Jay lo recomendó directamente para ti o mejor dicho el señor Jang pidió que seas tú el que trabaje con él.
—No me sorprendería, la mayoría me busca —dije sin preocuparme. —Dime lo que sabes —pedí.
—Al parecer es de familia China y tiene negocios aquí, algo sobre bienes raíces. Según la información en todo Asia y parte de Europa.
—Vaya tipo —susurré. Me daba una idea de a quién iba a tratar y no me agradaba demasiado. Me daba mala espina.
Me dirigí a mi oficina para empezar el día.
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Mi primer cliente era el señor Lau. Su trato era demasiado informal, pero no me desagradaba. La casa donde vivía estaba ubicada en una de las regiones más costosas y lujosas de Seúl. Llegué con unos cinco minutos de retraso y ellos ya me estaban esperando con el té que me gusta. La reunión trató sobre los últimos detalles para el festejo, era directo sobre lo que quería y eso hacia mi trabajo más fácil. No duramos más de una hora entre cambios y fijaciones para el evento.
La última casa en mi agenda era la del señor misterioso rico. Me estaba imaginando como sería y no lo bajaba de unos cuarenta años o más. Me despedí del señor Lau y agradecí sus atenciones.
Ya era la hora de conocerlo y por alguna razón me puse nervioso. Manejé hasta la dirección que Mei me había proporcionado y me costó un poco encontrarla, ya que no se encontraba dentro de mis zonas de clientes. Lo más extraño es que esa área le correspondía a uno de mis compañeros. Me sorprendió lo apartado del lugar, de sus casas enormes y escazas. Eran modernas; cada una con un amplio sendero que conducía a un portón de rejas altas y luego continuaba hasta la puerta principal de la casa. La que me interesaba era de las últimas y no era diferente a las demás. Seguí el sendero y llegué hasta una caseta, presenté mi identificación y me dejaron pasar. No me estaba dando buena espina. El estacionamiento estaba adueñado por camionetas negras y polarizadas. Me daban mala impresión y mi auto se veía pequeño a su lado.
Bajé del auto y me arreglé el traje, respiré calmando los pequeños nervios mientras me dirigía hasta la puerta.
Toqué el timbre y una voz en el intercomunicador me dijo que esperase. Cuando la puerta se abrió quedé sorprendido al ver a la persona al otro lado. El tipo de cabello rojizo de anoche en el antro. Donghae debía saber esto. Me miró y no mostró sorpresa alguna en su rostro, quizá no me vio anoche.
—Pase por favor, en un momento le recibirán —dijo con voz estoica. A Donghae le haría gracia saber que parecía tener metido un palo en el culo.
Percibí la decoración de la casa como solitaria, quizá el señor era divorciado por la falta de fotografías y vida del lugar. Vi marchar al hombre y las ganas de merodear me ganaban, me atreví a dar una vuelta por la casa sin entrar a la cocina porque se escuchaban voces. Me entraron ganas de ir al baño y decidí seguir mi intuición, caminé hacia el pasillo en el cual había tres puertas, abrí la última porque debía ser el baño. Lo cual fue un error; era una habitación en colores blancos, negros y grises. Estaba decidido a salir pero algo llamó mi atención... algo enorme. Caminé hacia ese cuadro de tamaño real y quedé hipnotizado por lo que se mostraba ahí.
Era lo que yo podía definir como un dios griego. Alto, una piel morena producto de un bronceado bien hecho y unos músculos bien trabajados y no exagerados. La mirada era agresiva, pero sus ojos se veían vacíos, los labios los tenía presionados en una línea recta. En el abdomen tenía el tatuaje de un dragón que solo acentuaba más su aura masculina e imponente. Casi que quería tocarlo en ese mismo instante.
—Disculpa —. Era como si el cuadro tomará vida, reí al darme cuenta que no podía ser así, —¡Oye!
Me di la vuelta asustado por darme cuenta que la voz no venía del cuadro sino de la persona detrás de mí. Dejé escapar un grito por tener a la persona de la imagen enfrente de mí. ¡Santa Madre! Era mucho mejor en persona que en esa impresión. Solo tenía una toalla envuelta en la cintura lo cual lo hacía ver muy sexy. Me pregunté mentalmente si era el hijo del señor Jang.
—¿Qué haces aquí? —Volvió a hablar. Su voz era pesada y algo cansada.
—Yo...buscaba el baño — expliqué. Hasta las ganas de ir se me quitaron y ganas de otras cosas se presentaron.
—Es la primera puerta —indicó señalando apenas hacia el pasillo. ¡Oh claro, la primera puerta! Muy obvio.
—Disculpa el atrevimiento —. Hice una pequeña reverencia y salí del cuarto no sin antes darle una mirada a su tatuaje.








