𝐌𝐀𝐋𝐃𝐈𝐓𝐎 𝐀𝐑𝐑𝐎𝐆𝐀𝐍𝐓𝐄/ ᴄʜᴏɪ sᴇᴜɴɢ-ʜʏᴜɴ

Summary

𝗗𝗼𝗻𝗱𝗲 ⇢ 𝐋𝐚𝐧𝐚 𝘎𝘰𝘭𝘦𝘢 𝘦𝘭 𝘢𝘶𝘵𝘰 𝘭𝘶𝘫𝘰𝘴𝘰 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘦𝘮𝘢𝘥𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘴𝘦𝘹𝘺. ⇢ 𝐂𝐡𝐨𝐢 𝘈𝘭 𝘷𝘦𝘳𝘭𝘢, 𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢 𝘧𝘭𝘦𝘤𝘩𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘴𝘶 𝘮𝘢𝘭 𝘤𝘢𝘳𝘢𝘵𝘦𝘳 𝘺 𝘴𝘶 𝘵𝘦𝘳𝘲𝘶𝘦𝘥𝘢𝘥. -ᴇxᴛʀᴀs ɪɴᴄʟᴜɪᴅᴏs- -ᴇsᴛᴀ́ ᴇɴ ᴇᴅɪᴄɪᴏ́ɴ, ᴇsᴛᴏ ᴘᴀʀᴀ ᴄᴏʀʀᴇɢɪʀ ғᴀʟᴛᴀs ᴏʀᴛᴏɢʀᴀ́ғɪᴄᴀs, ᴍᴏᴍᴇɴᴛᴏs ɴᴏ ᴍᴜʏ ʙɪᴇɴ ᴇxᴘʟɪᴄᴀᴅᴏs ᴇɴᴛʀᴇ ᴍᴀ́s ᴄᴏsᴀs- ~ Aclaración: las ideas las saque de una historia de Tom, en inglés. 𝐚𝐭𝐭: ℳ 𝘾𝙤𝙢𝙞𝙚𝙣𝙯𝙤: 23/ᴇɴᴇʀᴏ/2026 𝙏𝙚𝙧𝙢𝙞𝙣𝙖𝙙𝙖: ???

Status
8mo ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. Encuentro inesperado

Lana.

Pelear con mi hermano mayor, me pone de mal humor. Se cree que es el centro de atención, que todos tienen que hacer lo que Alex dice. Quizá sea la diferencia de edad por la que nuestra mala relación de hermanos sea así, nos llevamos dos años, yo con diecinueve y él con veintiuno.

Siempre fueron peleas estúpidas, nunca llegamos al punto de gritarnos con palabras dichas enserió. Alex todavía vive con mis papás, pero se gana la vida trabajando como fotógrafo y camarografo profesional. En cambio yo solo estoy estudiando una carrera que a mis papás no les gusta en lo más mínimo. Diseño de moda. Es mi cosa favorita en el mundo, diseñar mi propia ropa.

Pero volviendo, todo está de la mierda con mi familia.

—¡Deja de comportarte como si tuvieras trece años, Lana! —me gritó Alex mientras manejaba. Lo mire con indiferencia y me crucé de brazos corriendo mi mirada a la ventana. Suspiré.

Esta bien, acepto que escaparme de mi casa no estuvo para nada bien, pero tengo el derecho de salir sin tener que pedir el permiso de mis papás. Soy lo suficientemente grande para tomar mis propias decisiones.

—No te metas en donde no te llaman —murmure y rodé los ojos. En cierta parte, me molestaba que Alex estuviera metido en todos lados sin que lo llamarán.

Mi hermano frenó en seco el auto haciendo que choque mi cabeza con la parte de adenlante, su expresión cambio, estaba mas serio y enojado de lo normal, hace tiempo no lo hacia. El temor corrió por mis venas. Quizá suena exagerado, pero de verdad, nunca lo vi de esa manera. Su semblante estaba totalmente serio.

—Bájate del auto —sin dejar de mirar al frente, apretó la mandíbula y soltó un suspiró fuerte. No reaccione a lo primero que dijo, quede absolutamente sorprendida y estática a su orden, y repitió.— ¿Qué no escuchaste Lana? ¡Bájate del maldito auto! —gritó mientras le daba un golpe al volante. Lo mire tratando de procesar lo que estaba diciendo. Ese hombre tenía serios problemas de ira.

Fruncí el ceño, tome mi bolso y me baje del auto sin decir una sola palabra más. Mi cabeza daba vueltas, estaba llena de preguntas. ¿Por que actúa tan protector? ¿Lo ofendí diciendo algo? Pues claro, le dije que no se meta.

—¿Qué pasá contigo? —le pregunté dándome vuelta, la ventana del auto estaba abajo, él por fin volteó a mirarme, parecía decepcionado.

—Si no quieres que me meta, mejor vete sola hasta casa y explícale tu a mamá porque te escapaste —negó repetidas veces con una sonrisa irónica, arranco el auto y se fue sin decir nada más, dejándome con todas las palabras en mi boca, sola en la mitad del camino.

Maldito y estúpido Alex, tenía razón. Él siempre me cubre de los problemas en los que me meto. Pero justamente en este problema, no necesitaba su ayuda y su compasión de hermano mayor.Me sentía encerrada en mi casa como una princesa de los cuentos. Había tenido una discusión con mis papás por mi carrera de diseñadora y decidí salir sin decirles dónde iba o a donde podían encontrarme. Mi hermano fue el único en dejarme veinte llamadas perdidas y algunos mensajes pidiéndome que le dijera dónde estaba.

Caminar sola y sin ganas es lo peor que existe, pero no hay de otra. Mientras caminaba iba pateando las piedras que se me cruzaban por el camino, iba tan enojada que no media la fuerza con la que pateaba las piedras. Finalmente patee una de las piedras más grandes...que termino dando con la puerta de un auto rojo, bastante lujoso para ser sincera. Tape mi boca con mi mano derecha y abrí los ojos.

Mierda. Le di a el auto. Mierda, mierda. ¿Y si salgo corriendo? No. Lana, cálmate.

Estaba teniendo una pequeña guerra en mi mete hasta que siento que alguien toca mi hombro con brusquedad. Carajo. Me maldije interiormente por no tomar la decisión de salir corriendo como pollo sin cabeza y cerré los ojos con fuerza.

Me di vuelta a mirar a la persona que me seguía tocando el hombro y trate de mirarlo lo más seria posible. Sin miedo porque me vería inútil.

—¿Tu pateaste la piedra? —preguntó un chico con una seriedad inexplicable. Tanta que me daba miedo responder.

No tenía ganas de aguantar a alguien más enojado, así que solo le di una sonrisa irónica.

—Si ¿Por qué? —pregunté con incredulidad, levante una ceja desafiante. El chico me dio una sonrisa media ladina y negó con la cabeza. Bueno, era obvio que se iba a enojar más de lo que ya estaba.

Al carajo todo, ese chico era el más lindo que había visto en toda mi vida. Su tez blanca que se veía totalmente suave, su pelo negro perfectamente desordenado que lo hacía ver tan jodidamente hermoso, esos ojos color café con una mirada profunda (hasta podría mirarlos todo el día, pero en fin), su nariz extremadamente perfecta, era tan lindo como si hubiera sido esculpido por los dioses. Llevaba una camisa blanca, encima de esta tenía un abrigo de esos largos y unos jeans. Que buen estilo y que hombre por favor. Que me arruine la vida como sea, pero que lo haga.

—Golpeaste mi auto —bufó y me miro a los ojos con una mueca de irritación.

—No es cierto —mentí, fruncí el ceño y el suspiró con fuerza, una risa mezclada con otro suspiró salió de su boca al instante.

—Si lo hiciste, te vi patear la piedra idiota —vocifero con los brazos cruzados, le tire una mirada fulminante por su tono de voz y la forma en la que me dijo idiota. ¿Y a este quien le daba derecho de hablarme así? Entiendo que golpee su auto, pero que carajos le pasa por la cabeza.

—¡Que ciego estas! —protesté elevando un poco más mi voz y mirándolo con los ojos casi cerrados. Él tenía la razón, pero no iba a dársela. Soy orgullosa.

—Mira idiota, el auto costó millones —soltó mientras se acercaba con peligro a donde estaba parada, su mirada me daba un poco de miedo, pero no iba a caer así de fácil—. Y a ti te va a costar unos cinco mil dólares por la abolladura —levantó las cejas con una sonrisa irónica.

¿Qué? ¿Cinco mil dólares? Este estúpido está loco si cree que le voy a dar cinco mil dólares por una pequeña abolladura que casi ni siquiera se ve. Tengo el maldito dinero, pero no voy a dárselo así de fácil, esta tonto si cree que lo haré. Es un desconocido que me pide dinero, no me da para nada buena espina.

—¿Disculpa? —pregunté con incredulidad—. No te daré cinco mil dólares, ni siquiera te conozco como para pagar el arreglo de tu maldito auto.

Fruncí el ceño y me cruce de brazos, él asintió repetidas veces mientras pasaba su mano por su nuca, como si estuviera pensando algo. Pero ¿Que tenia que pensar este grandísimo hijo de su mamá? En mi opinión y defensa, no medí la fuerza y patee la piedra a cualquier lugar, que justo haya dado con su auto, no es mi culpa. ¿O si?

—Bien —se dio vuelta y me miro desafiante, mierda que lindo—. Entonces tendrás que hablar con mi abogado y no lo se, tal vez te hagan pagar más de lo que debes.

Una sonrisa victoriosa salió de su rostro cuando vio como cambie la expresión de mi cara, ¿Un abogado? ¿Es necesario? Que buen golpe le daría a este idiota, un par de mis puños no le vendrían mal. Quizá se le acomodan un poco las ideas.

Solté una risa burlona y levante una ceja—. También tengo mis abogados.

Nop, no los tengo. Pero este chico no iba a salirse con la suya así de fácil. ¿De donde voy a sacar unos abogados? No tengo idea, pero Alex sería de gran ayuda en este momento. Dios se apiade de mí y me dejé ir sin tener que darle un centavo a este hermoso hombre.

—¡Genial! —vocifero otra vez, humedeció su labio inferior y me lanzó una mirada inexplicablemente terrorífica y desafiante—. Entonces nuestros abogados tendrán un día muy ocupado mañana.

No, no, no. Alex, sácame de esta por favor.

Rodé los ojos y justo segundos antes de hablar un chico se acercó a nosotros. Tenían un estilo totalmente distinto, el otro chico traía el pelo rojo y su ropa si era de su talla. El pelinegro me regalo una sonrisa de oreja a oreja y miro a su compañero que no dejaba de mirarme con seriedad, estaba de brazos cruzados.

—Hola —dijo con una voz totalmente angelical, su sonrisa me trasmitía calidez—. Soy Jiyong.

Nos miró con confusión a los dos y finalmente le habló a su parecido en un idioma que pude distinguir como 'Coreano'. Para mí suerte, se hablar Coreano, mi papá vivió años por esos lugares y nos enseñó a mi, y a mi hermano.

—¿Que pasa contigo? ¿Por qué la miras de esa manera? —pude lograr entender lo que el pelinegro de mechas rubias le preguntaba al otro chico.

—Abollo mi auto con una piedra y no quiere pagar lo que debe —bufó él pelinegro con una expresión de enojo. Oh oh. Estoy en problemas.

Era específicamente el mejor momento para acomodar mi bolso bien sobre mi hombro y salir corriendo. Ninguno de los dos estaba mirándome, así que podía correr y no iban a alcanzarme, pero ¿Y si llaman a la policía? Sería acusada por vandalismo y huir no era lo apropiado. Mejor me quedo y veo como salgo de esta sola.

—¿Eres idiota o te faltan algunos tornillos? —le preguntó el pelinegro dándole un leve golpe en el brazo—. Puedes pagar eso tu y lo sabes, no culpes a la pobre chica hermosa.

Su amigo lo fulmino con la mirada y negó, el muy arrogante podía pagarse el arreglo de su auto solo.

Hermosa, me dijo hermosa. Me entrego. No mentira.

Los miré con el ceño fruncido y solté una sonrisa media ladina, el pelinegro me miraba de arriba a abajo como analizándome. Tenía puesto una remera negra algo ancha y corta, un jean tiro bajo color negro. Mi piercing plateado con brillitos se dejaba a la vista. El pelirrojo de nombre Jiyong, también me miraba de la misma manera, pero esa sonrisa cálida nunca se fue de su rostro. En pocas palabras, me ponían nerviosa, sus miradas eran profundas y más la de el chico de cabello desordenado, que todavía no sabía su nombre.

—Disculpa a mi amigo, esta algo estresado y no sabe lo que dice —aclaro Jiyong mientras se acercaba más a mi, yo asentí amable y le di una sonrisa burlona al pelinegro—. El es Seung, por si no te dijo su nombre.

No te preocupes —le regale una sonrisa dulce a Jiyong y mire fulminante a Seung—. Solo fue un malentendido.

—¿Estas sola? —preguntó Jiyong sin dejar de mirarme a los ojos, a diferencia de su hermano, el si era dulce para hablar con las personas. Mientras que Seung parecía ser un arrogante, que hombre.

Yo asentí con timidez.

—¿No es algo tarde para estar sola? —me preguntó Jiyong. Si es tarde, pero mi hermano me dejó sola en la mitad del camino, pero después de todo, no está tan mal caminar a casa sola.

—Si, pero me gusta caminar de noche sola —aclare tratando de ser amable y no decir alguna estupidez, tampoco quería contarle de mi vida personal a dos desconocidos.

—¿Quieres que te llevemos? —Jiyong me regalo una mirada que me dio confianza, así que ¿Por que no?...

¡Hey! ¡Holaaa! Son dos desconocidos ¿Como que confianza? ¿Y si me secuestran? No, no, no, no. No quiero ser secuestrada en estos momentos, amo mi vida. Pero ese hombre de cabello rojo me trasmite una sensación de paz extrañamente linda. Su mirada, su voz, absolutamente tierno. ¿Y si acepto? No Lana, piensa. Quizá quieren matarme y son asesinos seriales. Ay por favor, son solo dos adolescentes, tienen cara de bebés. Excepto el pelinegro que parece que me va a comer viva con la mirada, que miedo.

Al parecer los hermanos notaron mi indecisa decisión y Jiyong puso su mano en mi hombro, sin tocar mucho —Tranquila, no somos asesinos, ni secuestradores, quiero compensarte por como mi hermano te debe haber hablado.

No Lana, di que no. Nadie sabe como son los desconocidos lindos.

—Esta bien, acepto —sonreí amablemente, Seung rodó los ojos y me fulmino con la mirada.

Lana por favor, era un no. Pero la mirada de Jiyong me convenció.