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ZORRITA CURIOSA

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La curiosidad mató... a la zorrita?

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18+

LOBO HAMBRIENTO

LOBO HAMBRIENTO

Existe un mundo paralelo, donde híbridos y humanos conviven diariamente, sin embargo, no en todos los lugares son aceptados. En el mundo de la categoría Reina tienen permitido participar, siempre y cuando no revelen su condición, ni al público ni a sus compañeros. Lo que menos desean es que se lleguen a cruzar entre ellos, creando una nueva raza de híbridos

Lando como buena zorrita que era, era muy curioso, sigiloso y astuto, siempre veía cosas que los demás no lograban ver, enterándose de cosas que ni siquiera George se imaginaba.

Desde que comenzó la temporada hubo algo que le dio demasiada curiosidad, y eso fue Sergio Pérez. Había algo que le provocaba una inmensa necesidad de saber si se trataba de un híbrido. Tal vez era su porte o su mirada intensa que en más de una ocasión lo hizo humedecerse debajo del Nomex o que a veces aparecía detrás de él como si estuviera cazándolo.

La curiosidad llego a tal grado que una noche después de la carrera no aguanto más. Checo saldría con algunos pilotos a celebrar por fin una victoria de Charles, el cual, por cierto, era un hurón, Carlos se lo confeso una noche que se emborrachó demasiado triste, pues se había enamorado del hibrido y este lo rechazaba por miedo a la FIA.

Como pudo y sin que nadie se diera cuenta, consiguió la tarjeta de acceso a la habitación de Checo y espero escondido en el pasillo a que este se fuera, cuando por fin lo vio partir en el elevador, camino lo más tranquilo que pudo y accedió sin problemas alguno, cerró la puerta tras de sí y encendió solo una lampara, dejando a media luz la habitación, que era casi igual a la suya, solo que en esta había un enorme sillón frente a la cama.

Se puso a revisar todos los cajones y el closet, esperando encontrar algo, realmente no sabía que buscaba, solo quería algo que saciara su curiosidad y que de paso le sirviera para molestar al mexicano, no se llevaban mucho y él estaba necesitado de su atención. Le gustaba demasiado, lo veía tan varonil, con manos anchas y esa barba de un par de días que soñaba con tenerla raspando sus muslos.

Luego de revisar su ropa, se adentró al baño, todo estaba perfectamente acomodado, no había inhibidores de olor o algo que comprobara que el mexicano era un hibrido. Fastidiado de no haber encontrado nada, salió del baño apagando la luz, iba viendo su celular, así que no se percató de la figura sentada en el sillón.

—Me puedes explicar ¿qué haces en mi habitación? —Pregunto Sergio suavemente.

—¡¡¡AAAHHHH!!! —grito Lando mientras pegaba un brinco—. ¿Qué haces aquí? ¿A qué hora regresaste?

—No, ¿más bien que haces tú aquí? ¿sabes que esto está prohibido y que te puedo reportar por violar el reglamento?

—No Checo por favor, pueden quitarme la super licencia, no podría volver a correr. —Suplico Lando con mirada llorosa—. Hare lo que sea, lo que tú quieras, pero por favor no me reportes.

—¿Seguro que lo que yo quiera? —Pregunto Sergio relamiéndose los labios

—Si, lo que tú me pidas te lo daré —Contesto astutamente, pues sabía que tal vez esta sería su única oportunidad para lograr que el mexicano le diera un poco de la atención que deseaba.

—Interesante, primero explícame ¿que hacías aquí?

—Yo... yo creo que eres un hibrido y quería comprobarlo.

—Eres una zorrita muy curiosa

—Lo siento, está en mi naturaleza, espera ¿tu como sabes?

—Porque hueles a zorra, a una zorrita muy curiosa y caliente.

—Pero uso parches para no oler.

—Digamos que tengo un olfato muy desarrollado, ¿te excita saber que te descubrí?

—Nnnn... no.

—No te creo, pero ya lo comprobare más a delante. Ahora vas a pagar por mi silencio. Ven.

Lando dio un paso cuando Sergio lo detuvo —De rodillas zorrita— el joven iba a responder, pero decidió obedecer.

Cuando llego hasta el sillón, el mexicano abrió más las piernas y el ojiverde se colocó de rodillas entre ellas, de forma sumisa, aunque ser sumiso no estaba en su naturaleza, el aura de Sergio lo hacía comportarse de esa forma.

Checo en ese momento desabrocho su pantalón y lentamente se sacó la verga, Lando se le quedo viendo con la boca abierta, era preciosa, larga, gruesa, con gordas venas marcadas a los lados y la punta rojiza y brillosa del precum que comenzaba a brotar, el aroma almizclado era fuerte y al mismo tiempo tenía algo que le hizo agua la boca, y otras partes.

—Me la vas a mamar, ¿estás de acuerdo? —Lando asintió rápidamente—. ¿Seguro?

El rizado lo miraba fijamente, y sin bajar la mirada acerco su rostro a la palpitante verga, primero fue una lamida lenta, recogiendo con su lengüita el presemen que goteaba, lo saboreo gustoso, era espeso y de sabor intenso, más no era desagradable.

Gustoso comenzó a lamer la cabeza, siguiendo por toda la longitud hasta llegar a las pesadas bolas, que chupo hasta que quedaron brillantes y rojizas. Volvió a lamer todo el falo, dejándolo empapado de saliva, cuando llego a la punta, con mucha delicadeza se metió la cabeza a la boca, estirando por completo sus labios. Metió lo más que pudo, pero al ser tan grande tuvo que ayudarse de sus manos, girándolas una a un lado y la otra, al contrario, de arriba a abajo.

Lando traiga una gorra volteada hacia atrás, en ese momento Sergio se la quito, haciendo que saltaran las puntiagudas orejas del zorro. El mexicano enredo su mano en los rizos del ojiverde, rozando levemente las orejas, provocándole un escalofrió. Lo empujo más, hasta que la verga toco el fondo de la garganta, el rostro de Lando era un deleite, lagrimas empapando las pestañas, corriendo por las mejillas rojas, y chorros de saliva escurriendo por su barbilla. Sergio tuvo que contenerse y retroceder o se correría en poco tiempo, Lando lo miro inquisitivamente, pero Sergio solo lo ayudo a levantarse.

—Desnúdate.

Lando obedeció, poco a poco se fue quitando las prendas, hasta quedar completamente desnudo. La mirada de Checo cambio, sus ojos pasaron lentamente de un café amaderado a un amarillo dorado, intensos y peligrosos, como el depredador que los poseía.

Sergio se levantó, acercándose a admirar el cuerpo menudo que tenía frente a él, la estrecha cintura, los prominentes senos, la suave y dorada piel. Lo rodeo y se encontró con un lindo y esponjoso rabo, de tonos naranjas y la punta blanca, se movía lentamente de un lado a otro y un suculento trasero en forma de corazón invertido.

Al quedar de frente se acercó a besarlo, fue un beso caliente, sucio, impaciente.

Sergio lo sentó en el sillón, después procedió a quitarse la ropa. Empezó por la camisa, mostrando su ancho pecho, perfectamente trabajado y con un poco de vello negro, luego el pantalón y la ropa interior, su miembro salta gustoso, imponente, el vello bajaba haciendo un caminito desde el ombligo hasta el pubis.

Algo que llamo la atención de Lando es que el vello no era rizado, más bien parecía pelaje, muy suave y fino, estaba tan concentrado descifrándolo que no se dio cuenta cuando Sergio se quitó la gorra que siempre traía, al alzar la vista se encontró con lo que tanto había buscado.

Las orejas puntiagudas de un negro intenso, los ojos amarillos dorados, unos colmillos que acababan de crecer y el rabo moviéndose en su espalda.

—Eres un lobo —susurro el zorro

—Así es y te voy a comer en este momento, ¿estás seguro de seguir? va a ser intenso y rudo.

—Si, pero Checo eso no me va a entrar —dijo el zorro, mirando con preocupación la enorme polla.

—Cierra los ojos y relájate.

Se acomodo entre las piernas del zorro, pasándolas sobre sus hombros, abriéndolas para admirar el coñito frente a él, era ligeramente más oscuro que su piel tostada y tenía una leve capa de suave pelaje naranjazo, igual al de su rabo.

Lamia de arriba abajo, y de izquierda a derecha, succionando el clítoris hinchado, dejándolo rojo como una cerecita. Separaba los pliegues con sus dedos y metía la lengua lo más profundo que podía, Lando estaba tembloroso, soltando gemidos ahogados por sus manos. Sergio le besaba el coño despacito haciendo que sus fluidos se pegaran a sus labios provocando un sonido chicloso, hilos de la mezcla de saliva y lubricación se creaban al separarse.

Sergio le metió dos dedos de golpe, haciendo arquearse a Lando y gemir placenteramente, estaba tan lubricado que los dedos resbalaban fácilmente entrando y saliendo de su agujero, en cuanto se adaptó al grosor de estos Checo metió otro mientras frotaba con el dedo pulgar el clítoris. El primer orgasmo llego, lubricando más su coño con un flujo cremoso.

El lobo se enderezo, lo cargo y camino en dirección a la cama, Lando enredo sus piernas en la cadera y sus brazos en el ancho cuello, temiendo caer. Antes de dejarlo en la cama lo volvió a besar, sus lenguas luchaban tratando de tomar el control, cuando se separaron buscando aire Sergio tomo entre sus colmillos el labio inferior del zorro, jalándolo un poco, ejerciendo presión hasta que una gota de sangre broto, la cual el lobo lamio, soltando un gruñido de placer.

—¿Estás seguro?

—Si Checo, ya métela.

Sergio acomodo la punta entre los pliegues de Lando, antes de meterla dejo caer un hilo de saliva espesa, y paulatinamente fue entrando.

—¡Aaahhh! —Lando gemía quedito

El lobo se esperó un momento a que Lando se acostumbrara a su grosor, y poco a poco lo empezó a envestir, al principio eran envistes suaves que se fueron convirtiendo golpes duros. Lando tomo sus piernas por debajo de sus muslos, abriéndolas de par en par.

El sonido del plap plap plap de la piel al chocar, los gruñidos de Sergio y los sollozos de Lando llenaban el lugar.

—¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ay siiiii que rico! —Lando susurraba con la voz entrecortada, mientras sus tetas se meneaban por la intensidad de los movimientos.

Sergio lo tomo de las caderas, volteándolo, sin salir por completo de él, dejando su pecho y rostro pegados a la cama y siguió envistiendo con fuerza, las piernas de Lando cada vez se abría más.

El lobo disfrutaba de ver el rostro de Lando rojo, con la boca abierta y los ojos en blanco, sus gemidos agonizantes y la suplica de que no parara, pero no era suficiente, necesitaba someterlo más, así que con una mano le sostuvo los brazos en la espalda baja, justo arriba de su rabo, puso una rodilla firme en el colchón y el pie de la pierna contraria lo coloco en la cabeza del zorro, penetrándolo con duramente.

—¡AH! ¡AH! ¡AGH! ¡GMM! ¡SI! ¡SI! ¡ASI! —gritaba Lando, a punto de alcanzar su siguiente orgasmo.

—¿Te gusta que te someta, zorrita?

— ¡GMM! ¡SI CHECHO! ¡SI! ¡AAAH!

El orgasmo llego intensamente, enroscando los dedos de sus pies, sus piernas temblando, la verga salió con presión por la fuerza del chorro del squirt que la golpeo.

Checo no le dio tregua, en cuanto dejo de temblar y recupero un poco el aliento, este se recostó bocarriba en la cama, acomodando a Lando sobre de él, con las rodillas de cada lado de sus caderas.

—Móntame.

Era una orden sencilla, pero directa y Lando la obedeció.

Acomodo la punta resbalosa en su entrada y se deslizo suavemente. Su cuerpo lo tomo por completo.

El zorro comenzó a menear las caderas hacia adelante y hacia atrás, arqueando su cuerpo, echando la cabeza para atrás y sosteniéndose de los muslos de Sergio. La visión era exquisita para el mexicano, Lando lloroso, su rostro rojo, sus rizos alborotados, la boca abierta y los ojos entreabiertos nublados de placer. Sintió que pronto alcanzaría el clímax.

Lando cambio sus movimientos, impulso su cuerpo hacia el frente, sosteniéndose con de los pectorales del lobo, comenzando a saltar sobre la verga. Sergio se chupo dos dedos y los llevo hasta el clítoris frotándolo rápidamente ayudando a Lando a llegar al siguiente orgasmo.

—¡AY, HIJO DE PUTA! ¡QUE RICO! —Grito Lando contrayendo sus paredes vaginales.

Esto detono la liberación de Sergio, su primer orgasmo llego fuerte, dejándole el coño lleno de semen.

Luego de unas cuantas posiciones más llego el segundo orgasmo el cual Lando recibió estando de rodillas en la cama, cayendo toda la semilla en su rostro y boca, recordándole el rocío del champagne.

Su frágil cuerpo se desplomo en la cama, estaba agotado, su rostro estaba lleno de lágrimas, sudor y semen, sus rizos estaban enredados junto con mechones de pelaje de sus orejitas y su respiración seguía agitada.

Cuando por fin se calmó, trato de levantarse para ir al baño a limpiarse, pero al tratar de ponerse de pie las piernas le fallaron, Sergio lo cargo llevándolo hasta la regadera, lo ayudo a tomar una ducha, al salir lo envolvió en un esponjoso albornoz y nuevamente lo cargo hasta la cama, la cual ya había limpiado. Rápidamente Lando cayó en los brazos de Morfeo y Sergio lo acompaño minutos después.

Lo que empezó como curiosidad, se convirtió en una rutina, Sergio le pasaba una tarjeta de su habitación en cada GP y Lando llegaba antes de la media noche para que nadie lo viera.

No eran una pareja, pero disfrutaban de esos momentos juntos.

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