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JUNO (SANWOO VER.)

Summary

💋. WooYoung es un chico perteneciente a una familia acomodada donde todo lo que desea se le hace realidad. Un día, sus padres lo obligaron a tomar clases de violín y, lo que pensó que serían las clases más aburridas de su vida, se convirtieron en su momento favorito del día gracias a su maestro: Choi San.

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Wanna try out some freaky positions?

Las paredes rosas de su baño y la bañera de porcelana puesta en medio eran el conjunto perfecto para ser parte de una casa de muñecas, todo tan rosado que cualquier persona vomitaría apenas entrar. Su bañera era tan grande que abarcaba casi todo el centro del baño y las llaves de cristal parecían ser todo capricho de una niña que vivía en un palacio.


Aunque la analogía no estaba muy lejos de la realidad, WooYoung ha vivido como un príncipe desde que es niño, metido en la mansión enorme de sus padres los cuales le cumplen todo el capricho que se le ocurra. El primero del que tiene memoria y que hasta la fecha tiene presente es este baño, con muebles blancos y bañera de porcelana, el azulejo de color rosa con flores por todas partes, el candelabro que estaba encima de ella, o el espejo con focos como los de las personas famosas que tenían en sus camerinos, ni qué decir de que el w.c y otros muebles tenían pequeños grabados de color rozado y las almohadillas de rosa pastel.


Todo era de castillo de princesas, un lugar de ensueño al igual que su habitación donde todos los muebles tenían los mismos colores y tonos, siendo imposible que alguien ahí tuviera miedo por la cantidad de rosas, azúcar y arcoiris. Sin embargo ahí estaba él, con perfume de rosas, sales de baño, sumergido en su bañera mientras tenía las piernas abiertas y la cabeza apoyada sobre su toalla que estaba puesta en los extremos de la bañera. Sus piernas temblaban debajo del agua cuando los movimientos de su mano aumentaron, masajeando como loco su entrepierna dura que ni la temperatura del agua pudo cambiar aunque sea un poco.


Gimió en alto, un gemido largo y tendido hizo eco en el baño y ni siquiera le importó demasiado que alguien estuviera escuchando porque, gracias a sus padres y al arquitecto de confianza, las paredes no permitían que cualquier sonido saliera de ahí.


Sumido en su disfrute, masturbándose por segunda vez, pensó en el hombre que lo estaba poniendo loco.


Choi San era el hombre más caliente que había conocido, de gran musculatura y voz para derretirse. Y aunque la actitud de él no era por completo acorde a su imagen y cuerpo, no pudo evitar tener otro tipo de pensamientos respecto a su maestro de violín.


¡Pero no lo culpen! Apenas y podía disfrutar de un hombre desde que salió del clóset, y todo por sus padres sobreprotectores que no le dejaban salir a ningún lado sin el guardaespaldas, dándole estrictas órdenes de no dejarlo salir a ningún lado que no sea la escuela y su curso de inglés.


Pero bendito sea Dios, que le trajeron al mismísimo Adonis a su casa.


Facciones fuertes y marcadas, cabello negro y corto, ojos rasgados y penetrantes, músculos grandes y fuertes. Era el conjunto perfecto para un dios de la lujuria al cual estaba dispuesto a echarsele encima, pero su maestro de violín tenía que ser un hombre tímido y un amor de persona, sonrojándose por cualquier mínima cosa.


WooYoung necesitaba lanzarse encima de ese hombre o se volvería loco, porque masturbarse en su baño no estaba siendo suficiente con el pasar de los días.


Le encantaba ese hombre y no solo para sexo, era tierno, atento y le provocaba esas mariposas fastidiosas que contaban en los libros. Era lindo, demasiado para su pobre corazón, pero también quería probarlo, subirse encima de sus fuertes muslos y marcarlo del cuello mientras lo montaba y San se ponía tan tímido que tenía que cubrirse el rostro por la vergüenza.


De solo pensarlo se sonrojó y no pudo evitar sonreír cuando su corazón revoloteó como una mariposa en primavera. Usando esas sensaciones por culpa de la imágen mental de su profesor de violín, subió y bajó su mano más rápido, gimiendo cuando se corrió debajo del agua.


Suspiró cansado, con una sonrisa blanda en el rostro y el cuerpo hormigueando.


Cerró los ojos de nuevo, recordando a su maestro, un maravilloso hombre que inundaba sus pensamientos todos los días desde que lo fue conociendo poco a poco, provocando sensaciones cambiantes en él todos los días, poniéndolo como loco enamorado por la mañana y como perra en celo por la noche.


Se levantó del agua antes de que su cuerpo se ensuciara por su esencia combinada con el agua, quitó el tapón de la tina y dejó que el agua fluyera mientras salía completamente desnudo.


Se puso una bata, andando descalzo por su baño hasta que estuvo frente a su espejo de camerino de celebridad y se acomodó el cabello con un poco de crema para peinar, lo secó con la toalla que tenía cercana y soltó otro gemido, uno demasiado bajito en comparación a los demás.


Sintiendo que ya era suficiente y que no podía seguir así porque se volvería a excitar y ya no tenía tiempo para otra más, se dio la vuelta frente al espejo y alzó la bata, su culo frente al espejo completamente mojado y medio colorado, abrió sus nalgas con las manos y en su entrada vio el pequeño cordón rosa que le ayudaría a jalar el vibrador que se había metido desde la mañana después de tener un sueño húmedo con San. El quinto en esa semana por cierto.


Se chupó dos dedos y con cuidado pujó para ayudarse a sacarlo mientras se metía los dedos y lo sacó, ese tubito de color rosa intenso, alargado y que vibraba cada vez más lento. Lo apagó y lo puso debajo de una toalla para que cuando las sirvientas entrarán a limpiar no lo vieran. Luego la puerta de su baño fue tocada varias veces.


—Príncipe — la voz de su madre sonó al otro lado, amortiguada por la madera gruesa de la puerta —¿Te tardarás mucho? San ya llegó; lo dejé pasar para que te esperara en el estudio.


—Ya voy, dile que no tardo.


Su sonrisa se ensanchó ante la mención del hombre de sus fantasías y sin poder evitar la emoción de su corazón, comenzó a andar por el baño apresurado para ponerse crema y perfume, escuchando la risa de su madre al otro lado.


—Le diré, no te preocupes príncipe.


Y luego la voz de su madre desapareció al mismo tiempo que dejaba de echarse perfume como loco, esperando que el aroma a cerezas de su esencia nueva le gustara a San.


Bendito sea ese hombre por haberlo enamorado de la forma en la que lo hizo.


Salió a su habitación encontrándola evidentemente vacía, y sin tardar más tiempo comenzó a vestirse con lo más simple y bonito que encontró, aunque admitía que había sido más estratégico que nada porque el suéter de lana blanco y el pantalón suelto eran de las prendas favoritas de San, lo había atrapado mirándolo de más cuando se puso el suéter, siendo este demasiado flojo como para que se le deslizara por el hombro revelando ante su maestro su blanca y suave piel.


Se puso un collar, calcetines y unas pantuflas de dragón para salir de su habitación en dirección al estudio de música que tenían sus padres en la gran mansión, pasando por un pasillo repleto de pinturas de distintas épocas dejando todavía en más evidencia el fanatismo de sus padres por el arte, como si no fuera demasiado obvio ya.


Llegó hasta el estudio donde escuchó voces al interior, y enseguida unas risas inconfundibles, la risa de San provocando más mariposas en su estómago.


Abrió de inmediato, encontrando tal como pensaba, a su madre con una copa de vino en la mano mientras reía con San frente suyo, quien cargaba con el estuche de su violín y unas hojas en la mano, seguramente las partituras de la canción que WooYoung le había pedido en su clase pasada.


—¿De qué me perdí? — les preguntó a ambos, cortando la risa que compartían para ganarse enseguida las miradas de ambos. Su madre le vió contenta, aunque no le tomó demasiada importancia para ver como San había cambiado su semblante repentinamente, bajando la cabeza y apartando la mirada de su persona como si eso fuera suficiente para que WooYoung no notara el evidente sonrojo que tenía.


—De nada en especial, príncipe — le sonrió cerrando los ojos y encogiéndose de hombros, tan amable y linda su madre —Sannie me estaba contando de su clase pasada.


—Ah — se dirigió a San, cruzándose de brazos y fingiendo molestia —¿Le contaste de mi fracaso vergonzoso con la canción que me enseñaste?


—N-no, yo no…


—Tranquilo Sannie, mi príncipe está bromeando — su madre le dio un empujoncito en el hombro después de verlo tartamudear —Y tú, no intimides a nuestro Sannie.


—Prometo no volver a hacerlo — mentira, pero su madre no tenía porqué saberlo.


—Confío en tu palabra — pobre de su madre ilusa —Los dejaré solos, Ann les traerá unos bocadillos en unos minutos. Suerte en su clase.


Y andando elegante, salió del estudio para dejarlos completamente solos en un lugar repleto de instrumentos que sus padres ya ni siquiera usaban. San se quedó de pie en medio del estudio y WooYoung fue corriendo hasta él para colgarse de su cuello y besarlo con intensidad, sacándole un jadeo sorprendido a su maestro, pese a que enseguida correspondió, dejando de lado su timidez para tomarlo de la cadera y pegarlo a su cuerpo con WooYoung respondiendo con una sonrisa en medio del beso.


—¿Me extrañaste, guapo?


—Pienso en ti en todo momento — le susurró, sonrojándose de inmediato —No puedo dormir a veces.


—Así soy yo, bonito, como un expreso — le besó nuevamente y San no tardó en corresponder, entregándose por completo a las sensaciones de los besos de su alumno, dejándose llevar por el calor y la emoción pese a su timidez, provocando que sus manos temblaran sobre la cintura de WooYoung. Este lo sintió y no pudo evitar la ternura que comenzó a sentir, su Sannie era demasiado tímido e inocente para este sucio mundo, sin embargo admitiría que le gustaba jugar con la vergüenza de San, sus mejillas rojas siendo una de sus cosas favoritas en el mundo, e iba a jugar con ello —Usé el vibrador que me regalaste, aunque admito que me hubiera gustado que fueras tú quien estuviera en mi interior.


Y San lloriqueo en su hombro, más tímido que nunca, ocultándose en la curvatura de su hombro y cuello para evitar la mirada lasciva de WooYoung. Este rió y no pudo evitar desear enamorar a ese hombre más que hoy.


Y también cumplir lo que había dicho.

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