CAPÍTULO 1: DESCENSO AL CORAZÓN DEL DEBER
CAPÍTULO 1: DESCENSO AL CORAZÓN DEL DEBER
El ascensor se deslizaba con un silencio sepulcral, una burbuja de cristal y oro que ignoraba las leyes de la física, descendiendo a velocidades imposibles. A través de las paredes transparentes, el paisaje mutaba de los rascacielos de la superficie a un subsuelo impenetrable, teñido de neón azul y cables de maná puro que vibraban con la energía de diez mil Nexos. Era la entrada alCentro Global Mundial Planetario, el corazón operativo donde las luces de la ley, financiadas por la CBAO, y las sombras del mercado negro convergían en un equilibrio incómodo.
En el centro de esa cápsula de cristal,Homa Girise sentía, irónicamente, el elemento más extraño. Con sucamisa blanca impolutay susjeans negros chupínque delineaban su físico grande y sereno, contrastaba fuertemente con la opulencia del entorno. Su vestimenta era deliberadamente simple, casi un uniforme de clase baja en el ostentoso mundo de la élite exploradora. Llevaba, discretamente sujeto al cinturón, un pequeño reloj de bolsillo de plata que no marcaba el tiempo, sino la acumulación de suDeber Girigiri: un recordatorio constante de que su verdadero valor no estaba en la apariencia. Homa mantuvo su mirada marrón fija en el indicador digital:Subsuelo Nivel -80. Cada nivel representaba una capa más profunda de secretos, y el nivel -80 era la fosa abisal del comercio ilegal.
A su lado, sus tres esposas vestían como las reinas guerreras que eran, cada vestido reflejando con precisión la esencia de su Nexo y su Rango S de Exploradora:
Akalna Asura, la Exploradora-Paladín de la Lanza, vestía un deslumbrantevestido de gala en tono carmesíque caía como una cascada fluida sobre el cuerpo, confeccionado con un tejido de nanofibras que rebotaba la luz, dándole un brillo metálico. Tenía incrustaciones plateadas que simulaban las placas de su armadura de Paladín, especialmente en los hombros, que le daban una apariencia de poder blindado. Sus intensos ojos celestes brillaban bajo la luz fría, y su postura era de una elegancia marcial, el vestido destacando sus líneas atléticas. Era la voluntad inquebrantable, la lanza hecha carne y la encarnación de la defensa.
Ciris Aquiles, la Pecadora de la Espada (y manipuladora de energía), había optado por unvestido de terciopelo borgoña profundo, casi negro en las sombras, pero que estallaba en un rojo intenso bajo la iluminación directa del ascensor. El diseño, ceñido en el torso con una costura que simulaba cicatrices de batalla y con una abertura atrevida en el muslo, insinuaba su doble naturaleza: la santa y la pecadora, la calma y el fuego que ardía en su melena roja. Llevaba una gargantilla de cuero fino con un pequeño rubí engarzado, un sutil guiño a su intensidad. Su aura emanaba una sutil y peligrosa promesa de caos controlado.
Lilo Miau, la Asesina Gato, deslumbraba con unvestido de seda líquida de un negro absoluto, tan fluido que parecía moverse antes que ella. El corte era minimalista, pero estratégicamente dejaba sus hombros y espalda descubiertos, maximizando la sensación de agilidad y la capacidad de desaparecer. Sus orejas y cola, rasgos inherentes de su raza, se destacaban con una elegancia animal contra el fondo oscuro, moviéndose ligeramente con su humor. Sus ojos negros, grandes y brillantes, irradiaban una curiosidad juguetona y peligrosa, el mismo brillo que tenía un depredador al acecho.
El silencio se rompió cuando Lilo se inclinó juguetonamente hacia Homa, rozándole el brazo con un movimiento felino.
—Vaya, vaya. ¿De verdad vas a presentarte en la Subasta con esa ropa, Homa-kun? Pareces un repartidor de pizzas, o peor, un explorador de Rango D que se perdió en el vestuario —ronroneó Lilo, con una sonrisa pícara, disfrutando el contraste.
Homa soltó una risa nasal, una suave vibración en el espacio, sin dejar de mirar la pantalla. La etiqueta de “Rango F” lo seguía a todas partes, un chiste cruel para el hombre que llevaba el peso del mundo.
—El atuendo de un exploradorRango Fno es lo importante aquí, Lilo. De hecho, es la distracción perfecta. Además, si me visto demasiado formal, la gente sabrá que tengo algo realmente importante que ocultar. La sencillez es la mejor armadura para el lado oscuro —replicó Homa. Su voz era tranquila, pero cargada de una extraña autoridad que desmentía su rango oficial.
Akalna se cruzó de brazos, su mirada de Paladín Analista escaneando la situación, como si analizara las fallas estructurales del mercado negro antes de que empezara.
—No se trata de la ropa, Lilo. Es la autoridad delNexo Girigiri. Al presentarse como el “Rango F” de la superficie, recuerda a todos los que controlan esta subasta —los gremios y sus patrocinadores— que el hombre que lleva todo el peso de este mundo sobre sus hombros, sin importar el costo, no necesita un traje de gala para ser respetado. Es una declaración de principios —sentenció Akalna.
Ciris, la más silenciosa, observó a Homa con una intensidad que traspasaba la ropa, percibiendo las capas de maná y responsabilidad que lo envolvían.
—Este lugar vive del secreto, la jerarquía y la adaptación —comentó Ciris, su tono bajo y firme—. Si te vistes diferente a lo que esperan de un líder de Nexo, les recuerdas que no sigues sus reglas. No puedes ser rastreado o anticipado. Es la mejor táctica para unasubasta clandestina: ser el elemento impredecible.
Homa asintió, sintiendo el familiar ardor delDeber Girigiriencenderse bajo su piel. Iban a entrar en el lado oscuro del sistema, el lugar donde Los 5 Grandes Gremios operaban con una mano atada a la espalda por las apariencias, y donde él debía cargar con la responsabilidad de negociar con lo innombrable, sin que nadie sospechara su verdadera influencia. Era un juego de riesgo absoluto.
El ascensor emitió un suaveding, acompañado de un siseo de descompresión. La cuenta regresiva llegó a cero.
Nivel -80: Zona de Contención.
Las puertas de cristal y oro se deslizaron, revelando no un simple pasillo, sino una inmensa caverna subterránea de varios kilómetros de diámetro. El aire era pesado, denso con maná concentrado, olor a metalurgia arcaica y la promesa de secretos. Una mezcla vertiginosa de arquitectura gótica y alta tecnología se extendía ante ellos: bóvedas oscuras sostenidas por pilares reforzados con runas y pasarelas suspendidas en el vacío, iluminadas por luces tenues de color jade y ámbar. El sonido era un murmullo constante de miles de personas, susurros de ofertas y tratos hechos en las sombras. Era un mundo dentro de un mundo, sostenido por la hipocresía de la élite.
La Subasta Clandestina aguardaba.
—Hemos llegado. El verdadero juego comienza ahora. Y, por esta noche, mi rango oficial es solo “Negociador No Oficial” —murmuró Homa Giri, dando el primer paso, tranquilo y descomplicado, hacia la oscuridad luminosa del subsuelo, con la certeza de que su apariencia de “repartidor de pizzas” era su mejor carta.








