CAPĂŤTULO UNO
—Sabes muy bien que tengo que cuidar a mis abuelos —dijo Jimin mientras estaba de pie en su porche, negándose a dejar entrar a Jihoo —.Deja de traer esta mierda a mi puerta.
Jihoo apoyĂł un brazo contra la barandilla y le sonriĂł a Jimin. Bien, entonces el chico tenĂa una sonrisa increĂble, pero eso no lo iba a hacer cambiar de opiniĂłn. Jihoo y Ă©l habĂan estado intermitentemente durante los Ăşltimos seis meses, y Jihoo habĂa cometido un factor decisivo al actuar como si los abuelos de Jimin fueran una carga para su relaciĂłn. Nadie se interponĂa entre Jimin y sus abuelos.
—Te lo dije —Jihoo mantuvo su voz tan suave como la mantequilla—, que los metieras en una casa de retiro. Allà recibirán una gran atención.
Esta no era la primera vez que Jihoo lo sugerĂa, y no era como si Jimin no hubiera pensado en eso. SĂłlo habĂa una cosa.
—¿Y quién lo va a pagar?
No habĂa manera en el infierno de que Jimin los estuviera internando en algĂşn asilo de ancianos de segunda categorĂa de los que habĂa oĂdo historias de terror. Su abuelo sufrĂa un poco de demencia y su abuela juraba que Jimin era su hija, Mina. Ella seguĂa diciĂ©ndole que sentara cabeza y encontrara un hombre, aunque su madre llevaba treinta años casada con su padre.
Pero Jimin soportarĂa esa carga si llegara el momento.Y hasta el momento, todo se habĂa reducido a eso. Trabajar como camarero en un restaurante no te hacĂa exactamente rico. Pero sus abuelos merecĂan lo mejor. Su abuelo habĂa servido en el ejĂ©rcito, habĂa salido y trabajado en la construcciĂłn hasta su jubilaciĂłn. Su abuela habĂa sido recepcionista en una clĂnica veterinaria hasta que se jubilĂł. Ambos se habĂan ganado la vida a duras penas, habĂan criado a su hija para que fuera una buena persona, y Jimin estarĂa condenado si les daba algo que no fuera lo mejor.
A veces sentĂa que no era suficiente para sus abuelos. Vincent y Claire podrĂan ser objeto de abusos en uno de esos hogares. Jimin sĂłlo deseaba saber cĂłmo cuidarlos mejor.
—Ese es tu problema, Jihoo —dijo Jimin —. Siempre se trata de cosas que te convienen.
—No seas asà —dijo Jihoo, perdiendo algo de su tono suave—. Sigamos adelante y te haré pasar un buen rato este fin de semana.
—Lo siento, algunos de nosotros tenemos que trabajar para ganarnos la vida. —Jimin se giró y agarró la puerta mosquitera, pero Jihoo lo agarró por la parte superior del brazo.
—Deja de ser una pequeña perra, Jimin.
—Y tĂş deja de ser un idiota, Jihoo. —Jimin liberĂł su brazo y entrĂł, cerrando la puerta detrás de Ă©l, luego hizo una mueca. Sus abuelos ya estaban dormidos. No querĂa despertarlos.
Cuando Jimin se dejĂł caer en el sofá, escuchĂł a Jihoo alejarse a toda velocidad en su Charger. DebĂa ser agradable venir de padres ricos. Por otra parte, Jimin no cambiarĂa su infancia por nada del mundo. Su mamá y su papá habĂan trabajado duro para mantenerlo, habĂan sacrificado mucho por Ă©l, y Jimin no lo empañarĂa deseando haber crecido con una
cuchara de plata en la boca.
Esperaba que Jihoo se atragantara con la suya.
Jimin saltó fuera de su piel cuando sonó su teléfono. Lo sacó del bolsillo y vio que era Sunoo quien lo llamaba.
—¿Qué pasa?
—Saldremos esta noche —dijo Sunoo—. ¿Quieres unirte a nosotros?
Nosotros, siendo Sunoo, Young y Jin. Los cuatro amigos. Tres de ellos se conocĂan desde el jardĂn de infancia. Jin llegĂł más tarde, hacĂa como dos años, pero los cuatro eran mejores amigos.
—Acabo de recibir la visita de Jihoo.
—¿QuĂ© querĂa esa rata bastarda? —preguntĂł Sunoo.
—La misma vieja historia. —Le contĂł a Sunoo sobre la visita de Jihoo, junto con cĂłmo lo habĂa agarrado del brazo.
—¿Le diste una patada en las bolas? —preguntó Sunoo—. ¿Quieres que lo persigamos y le rayemos el auto?
Jimin sonriĂł. Jihoo adoraba su auto, incluso más de lo que le habĂa gustado estar con Jimin.
—Eso le estarĂa bien merecido, pero no. —Jimin suspiró—. No puedo salir. Uno, mis abuelos están dormidos.
—Son las siete de la tarde —dijo Sunoo.
—Dos, tengo que trabajar en la mañana. —La vida de Jimin serĂa mucho más fácil sin tener que cuidar a sus abuelos, pero inmediatamente se sintiĂł culpable por ese pensamiento. HabĂan estado en su vida desde el momento en que naciĂł, le habĂan ayudado a tener una infancia tan maravillosa y no se arrepentirĂa de su decisiĂłn de mudarse con ellos.Aunque Ă©l siempre le decĂa a la gente que era al revĂ©s. Que se habĂan mudado con Ă©l. La mentira ayudaba a aliviar el golpe a su ego.
—Te tengo —dijo Sunoo—. Hablaremos más tarde.
Jimin colgĂł, sosteniendo su telĂ©fono con ambas manos mientras miraba a su alrededor. La verdad es que no estaba tan mal. La casa estaba pagada y los Ăşnicos gastos eran los servicios pĂşblicos, la factura del telĂ©fono celular, la compra y artĂculos del hogar, como papel higiĂ©nico y artĂculos de limpieza.
Desafortunadamente, sus abuelos vivĂan de la seguridad social y eso no les pagaba mucho. Los padres de Jimin enviaban dinero desde Florida para ayudar, pero cuidar de sus abuelos ancianos no era tan barato como podrĂa pensarse. Las cosas podrĂan ser peores. Las cosas siempre podrĂan ser peores.
Jimin frunciĂł el ceño cuando alguien llamĂł a la puerta. Si fuera Jihoo, le darĂa una patada en las joyas. A veces el chico no sabĂa cuándo dejar las cosas en paz.
Con actitud, Jimin abrió la puerta, listo para regañar a Jihoo, solo para encontrar a Sunoo, Young y Jin parados al otro lado.
—¿Qué están haciendo ustedes aqu�
Jin levantó dos cajas de pizza. —Como no puedes salir, pensamos en acudir a ti.
Young levantó una bolsa de plástico. —Tengo bebidas.
Lo que significaba que tenĂa refrescos.
—Y tengo dos pelĂculas malas que ver. —Sunoo le agitĂł dos cajas de DVD—. Empecemos esta fiesta —susurrĂł, sabiendo que los abuelos de Jimin estaban dormidos.
—Ustedes están locos. —Jimin sonriĂł mientras se hacĂa a un lado y los dejaba entrar—. ÂżCuánta fiesta podemos hacer cuando tenemos que mantener la voz y el volumen del televisor bajos?
Sunoo soltó una risita. —Algunas de las mejores cosas se hacen en silencio.
Young empujó a Sunoo. —Siempre supe que eras una mojigata en la cama.
—Simplemente no veo el sentido de gritar —se defendió Sunoo —. El sexo tranquilo no es igual a mal sexo.
—DĂselo a tus dos Ăşltimos novios —respondiĂł Jin.
—Eso no tuvo nada que ver con el sexo —resoplĂł Sunoo —. Jake seguĂa diciendo que en cuanto muriera su mamá, Ă©l heredarĂa la casa. Ese no es un buen rasgo. Niki seguĂa intentando convencerme de que participara en orgĂas.
Ninguna de las dos cosas le parecĂa bien a Jimin. Él era más
tradicional, salĂa y tenĂa relaciones sexuales con un solo chico. Tampoco creĂa que una persona debiera alardear de que iba a heredar una casa despuĂ©s de la muerte de su madre. Que morbo.
—Tal vez Jake finalmente consigue esa casa y puedas volver a salir con él —bromeó Jin —. Aunque nunca puedes confiar en un chico que se raya el pelo hacia un lado.
Jimin levantĂł la mano y se revolviĂł el cabello para deshacerse de la raya.
—Vi eso. —Young le guiñó un ojo—. Tu cabello es diferente. No está perfectamente peinado.
—No me referĂa a ti —dijo Jin mientras se sentaba en el sofá,
colocando las cajas de pizza en la mesa de café—. Cada vez que critico a un chico, y alguno de ustedes tiene esas cualidades, quedan excluidos.
Jimin fue a la cocina y tomó algunos platos y vasos, además de algunas servilletas. Cuando regresó, se sentó al lado de Jin y Sunoo se sentó al otro lado de Jimin. Young se recostó en el sillón reclinable del abuelo.
—Entonces, ÂżquĂ© querĂa el idiota?
—Que me deshaga de los abuelos y me divierta con Ă©l este fin de semana. —Jimin todavĂa estaba furioso por la visita de Jihoo.
—Ah. —Young asintió—. Está tocando sus mejores éxitos.
—Lástima que los dragones no sean reales —dijo Sunoo —. Uno podrĂa descender del cielo y comerse a Jihoo. Por otra parte, no le desearĂa eso al dragĂłn. PodrĂa darle indigestiĂłn.
Hablar de dragones le hizo pensar a Jimin en lo que habĂa sucedido dos semanas atrás en el restaurante. TodavĂa estaba tratando de convencer a su cerebro de que habĂa sido real. Su jefe se habĂa convertido en un leopardo de las nieves y el compañero de trabajo de Jimin, Junwoo, habĂa estado saliendo con un cambiaformas lobo que habĂa intentado matarlo. Luego mataron al ex de Junwoo, por lo que el padre del tipo vino al pueblo y tratĂł de matar a Junwoo debido a la muerte de su hijo.
La pelea en la cocina del restaurante habĂa sido un desastre demencial y Jimin todavĂa se estaba recuperando de ello.
—¿Puedo preguntarles algo, chicos? —Jimin se recostó, con una porción de pizza en su plato—. ¿Creen en cosas sobrenaturales?
—¿Como fantasmas? —preguntó Young.
—Vampiros. —Jin asintió.
—Las hadas también —añadió Sunoo.
—¿Hadas? —Jimin frunció el ceño.
—Todos somos hadas. —Sunoo se echĂł a reĂr y luego se tapĂł la boca, recordando claramente que los abuelos de Jimin estaban dormidos—. Lo siento, mal chiste.
—Broma divertida —dijo Jin —. Pero sĂ, lo hago, Jimin. ÂżPor quĂ© lo preguntas?
Jimin no estaba seguro de si debĂa decir algo. ConocĂa a sus amigos desde siempre, excepto a Jin, que era nuevo en su grupo, y nunca les ocultaba nada, pero esto era diferente. Declarar lo que presenciĂł podrĂa hacer que lo mataran. Sus instintos le decĂan que no dijera una palabra de lo que habĂa sucedido cuando el padre del ex novio de Junwoo habĂa intentado matar a este.
—Vi a un tipo transformarse en un leopardo de las nieves. —Rayos, no deberĂa haber dicho eso—. TambiĂ©n vi a un lobo transformarse en hombre. —Él tampoco deberĂa haber dicho eso. Era como si no pudiera conseguir que su boca se callara. Le sorprendiĂł haber aguantado dos semanas sin decĂrselo a sus mejores amigos.
—AsĂ que no estoy loco —susurrĂł Sunoo —. HabrĂa jurado que hace un año vi a un tipo transformarse en leĂłn.
—¿Y nunca nos lo dijiste? —preguntó Young.
—¿Y que ustedes se burlaran de mà sin descanso? —preguntó Sunoo —. De ninguna manera. ¿Sabes quiénes eran los hombres, Jimin?
—No. —Quizás no hubiera podido mantener la boca cerrada, pero no iba a decir que fueron su jefe y algĂşn otro tipo que habĂa atacado a Junwoo. Puede que no fuera la bombilla más brillante, pero sabĂa cuándo mantener los labios sellados.
La mayor parte del tiempo, de cualquier manera.
—Espera. —Young miró entre ellos—. ¿Hablan en serio?
—Sà —dijeron Jimin y Sunoo al mismo tiempo.
—Alucinante —respondió Young —. ¿Por qué no puedo ver algo tan genial como eso?
Jimin no habĂa pensado que fuera genial. HabĂa estado francamente aterrorizado cuando sucediĂł. Pero ahora que tuvo tiempo para pensar en ello, sĂ, fue genial.
—Sin fotos, sin pruebas. —Young se recostó—. ÂżTe dije que mi tĂo es una gárgola?
—No tienes tĂo —argumentĂł Sunoo —. Además, estamos hablando muy en serio. —Se volviĂł hacia Jimin —. Tienes mucha suerte de haberlo visto dos veces, con dos especies diferentes.
—Quiero tener suerte una vez —se quejó Jin —. Dime dónde pasó. Tal vez pase el rato allà y pueda verlo por mà mismo.
Esta no fue la reacciĂłn que Jimin pensĂł que obtendrĂa. Esperaba pura incredulidad, algunas bromas y luego verĂan una pelĂcula. No esperaba que Sunoo dijera que Ă©l tambiĂ©n habĂa sido testigo de un cambio.
—SucediĂł en un callejĂłn del centro. —Jimin iba a ir al infierno por mentirles a sus mejores amigos. Simplemente lo sabĂa—. ÂżNo vamos a ver una pelĂcula? —AgarrĂł una de las cajas sin mirar el tĂtulo y metiĂł el DVD.
Todo se transmitĂa estos dĂas, pero algo en un DVD real se sentĂa nostálgico.
Sus abuelos incluso tenĂan algunas cintas VHS en el ático. Jimin no sentĂa tanta nostalgia.
—¡Ah! —Jin se levantó de un salto—. Casi lo olvido. Pasé por mi trabajo y compré algo de barbacoa.
—¿Barbacoa y pizza? —preguntó Jimin —. ¿Dónde esperas que pongamos toda esa comida?
No sĂłlo Jimin estaba delgado, sino tambiĂ©n sus amigos, todos menos Young, que tenĂa algunos mĂşsculos más definidos.
—¿Alguna vez has oĂdo hablar de las sobras? —preguntĂł Jin —. Además, el lugar lleva abierto casi un año y no has venido a mi trabajo ni una sola vez.
—Trabajo en un restaurante —argumentó Jimin —. No voy a dejar el trabajo para ir a un lugar de comida. Además, ¿quién eres tú para quejarte? Nunca has parado en el restaurante, Jin.
—Sabes que me gusta cocinar en casa —respondió Jin —. Excepto cuando como en el trabajo.
—Claramente no has conocido a su jefe, Jimin —dijo Sunoo —. Jungkook está jodidamente sexi y tiene un cuerpo musculoso.
Como si Jimin tuviera una oportunidad con alguien tan guapo. Jihoo era decente en el departamento de apariencia, pero nadie que puntuara más de seis miraba en su dirección.
—Inalcanzable.
—TodavĂa es divertido comĂ©rselo con los ojos —dijo Young—.
También nos da comida gratis porque somos amigos de Jin.
—Vaya. —Jimin se tocó la barbilla—. ¿Quiero ir a algún lugar a recibir comida gratis cuando recibo comida gratis en el trabajo?
—Aguafiestas —gruñó Jin mientras salĂa de la casa.
—Jungkook realmente está buenĂsimo —dijo Sunoo —. Jin lo mira como un hermano mayor, pero yo definitivamente no.
Young suspiró soñadoramente.
—Tiene una mandĂbula fuerte, cabello oscuro que siempre está perfectamente peinado y ÂżAlguien mencionĂł lo musculoso que está su cuerpo? PodrĂa colgarme de uno de sus bĂceps.
Jin volvió a entrar con una bolsa de papel en la mano. —Al menos tienes que probar la comida. Iré a calentarla.
Durante casi un año, Jin habĂa estado alardeando de Wild Tiger. La barbacoa nunca estuvo en lo más alto de la lista de comidas favoritas de Jimin, y como trabajaba en un restaurante y comĂa allĂ gratis, nunca habĂa sentido la tentaciĂłn de pasar por allĂ. Además, Wild Tiger estaba al otro lado del pueblo, y como Jimin no tenĂa automĂłvil, nunca habĂa sentido la necesidad de caminar hasta allĂ.
Reunirse con amigos era una ocasiĂłn rara desde que Jimin se mudĂł con sus abuelos y comenzĂł a cuidarlos. Cualquier tiempo libre que tenĂa lo dedicaba a recuperar el sueño o hacer pequeños trabajos en la casa para ellos. Su vida social era casi inexistente. Por suerte sus amigos no se habĂan olvidado de Ă©l.
—Aquà tienes. —Jin colocó un plato en el regazo de Jimin —. Sé que no eres un gran fanático de la barbacoa, pero prueba el sándwich de cerdo desmenuzado. Jungkook pone la carne en el asador temprano en la mañana. Está tan tierno que la carne simplemente se deshace.
A Jimin no le gustaba la barbacoa porque su padre solĂa hacer parrilladas y la carne siempre habĂa sido dura. TambiĂ©n solĂa hacer su propia salsa y Jimin odiaba su sabor. ExaminĂł el sándwich por un momento, rezando para que no fuera desagradable o duro, y luego le dio un mordisco. Era como si un orgasmo hubiera implosionado en su boca. Como ángeles cantando en su lengua. Como si sus papilas gustativas hubieran vuelto a la vida despuĂ©s de haber estado inactivas durante dĂ©cadas. La carne estaba espesa y ahumada, tierna, y la salsa… ¡Santo cielo!
—Te lo dije. —Jin sonrió, sus ojos brillaban—. Bueno, ¿eh?
Jimin no se molestó en responder. Devoró el sándwich y luego miró hacia la cocina.
—Te calentarĂ© las alitas. —Le guiñó un ojo—. Nunca te mentirĂa sobre la comida, cariño.
—Tu boca tuvo un orgasmo, ¿no? —Sunoo se rio entre dientes.
A Jimin ni siquiera le importaban los trozos de grasa en la carne, porque sabĂa que la grasa le daba sabor.
—Fue el mejor sándwich que he comido.
—Otro ha sido convertido —dijo Young—. Ahora como allà todo el tiempo.
Ahora Jimin querĂa más. Mucho más. PodĂa verse a sĂ mismo
caminando por el pueblo sĂłlo para conseguir un poco de carne de cerdo desmenuzada. Maldito Jin por obligarlo a probar un poco.
—Jungkook hace todas sus salsas desde cero —dijo Sunoo —. DeberĂas probar sus selecciones caribeñas. Hay algo especial en la combinaciĂłn de salsa barbacoa y piña.
Jin le trajo seis alas y Jimin las despojĂł hasta los huesos.
—¿Algo más?
Jin negĂł con la cabeza.
—Si hubiera sabido que te volverĂas adicto, habrĂa traĂdo más.
—SĂłlo trajo lo suficiente para ti —dijo Sunoo un poco irritado—. Estaba decidido a hacerte creyente, pero podrĂa haber traĂdo algo para todos nosotros.
—¿Antojado? —Young se rio—. Pobre Sunii. Jimin era un creyente. CreĂa que querĂa más.
—¿El lugar sigue abierto?
Young se rio entre dientes. —Son sĂłlo las siete. Por supuesto que todavĂa está abierto.
—Me quedaré aquà —dijo Sunoo—. Es inútil comerse con los ojos a un hombre que no corresponde a mi coqueteo. Tráeme algunas costillas, frijoles horneados y ni se te ocurra olvidarte de algo de sus macarrones con queso caseros.
DespuĂ©s de que Jimin fue al baño para limpiarse la salsa espesa de la cara y ver a sus abuelos para asegurarse de que todavĂa estuvieran dormidos, Young, Jin y Ă©l se fueron en el auto de Young para comprar más de esos deliciosos sándwiches adictivos.