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FRECKLES Y LABIOS MORADOS

Summary

Fantasía de una maquilladora sorprendida por el destino...

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

El backstage de los premios MAMA bullía como un hormiguero de nervios y luces LED. Cámaras por todos lados, staff corriendo con auriculares y el olor a café caro mezclado con spray de fijación.

Any lú, una maquilladora argentina de 24 años que había volado desde Buenos Aires gracias a su reputación en redes, estaba sentada en su silla alta revisando sus paletas. Medía apenas 1.55, cuerpo pequeño pero con curvas suaves que llenaban sus jeans negros ajustados y una blusa negra escotada. Su piel era tan pálida que parecía porcelana, contrastando brutalmente con el cabello teñido de un morado intenso que caía lacio como una cascada hasta la mitad de su espalda. Tenía ojos grandes color miel y labios naturales que pintaba de un rojo oscuro. Era fanática de Stray Kids desde el debut, y Lee Felix... ay, Felix era su bias absoluto. Ese chico con voz de pecado y cara de ángel/demonio.

—Tranquila, Ana. Es solo trabajo. No te vas a desmayar cuando te mire con esos ojos de hada —se dijo a sí misma, pero las manos le temblaban un poco mientras organizaba las brochas.

La puerta del camerino se abrió y entró él. Lee Felix Yongbok, en carne y hueso. 171 cm de pura tentación. Pelo platinado en un mullet perfecto que caía desordenado sobre su frente, pecas salpicadas por toda la nariz y mejillas como estrellas en el cielo, ojos felinos ligeramente rasgados que brillaban con picardía, labios rosados y carnosos, mandíbula delicada pero definida. Vestía una camisa negra semiabierta que dejaba ver el inicio de su pecho tonificado por el baile, pantalones de cuero que marcaban sus piernas musculosas y esa sonrisa que podía derretir hielo. Olía a vainilla y algo cítrico, fresco pero adictivo.

—Hola... ¿tú eres la que me va a hacer más lindo hoy? —dijo con esa voz profunda, cavernosa, que parecía vibrar en el pecho de Any. Su voz se sentía aún más provocativa en vivo, su acento australiano mezclado con coreano le daba un toque único que la hizo apretar los muslos sin querer.

Any se levantó rápido, sonrojándose hasta las orejas.

—¡Sí! Soy Any Lú, mucho gusto, Felix. Soy... eh, tu fan, pero voy a ser profesional, lo prometo.

Felix soltó una risita baja, acercándose más de lo necesario. La miró de arriba abajo sin disimulo, deteniéndose en su pelo morado y en cómo la blusa se ajustaba a sus pechos pequeños pero firmes.

—Profesional, ¿eh? Qué pena. Me gustan las fans que se ponen nerviosas. Tus ojos son hermoso, como miel caliente. Y ese pelo morado... te queda brutal. Pareces una hada oscura. Yo soy el hada clara, hacemos buena pareja, ¿no?

Ella tragó saliva. Ya estaba provocándola. Y apenas habían pasado dos minutos. Lo sentó en la silla frente al espejo y empezó a prepararle la piel. Sus dedos rozaron la mejilla de Felix mientras aplicaba primer. La piel de él era suave, cálida, y esas pecas... quería contarlas todas con la lengua.

—Relájate, Felix. Voy a hidratarte bien para que brilles en el escenario —murmuró, tratando de sonar calmada.

Él inclinó la cabeza, mirándola a través del espejo con una sonrisa ladeada.

—Hidratame todo lo que quieras, Any. Tus manos son suaves. ¿Sabías que tengo pecas hasta en lugares que la cámara no ve? —bajó la voz—. Si quieres, después puedo enseñartelo.

Any soltó una risita nerviosa pero ocurrente, siguiendo el juego porque, carajo, era Felix y ella no tenía límites.

—Cuidado, oppa. Soy latina, no me provoques que muerdo. Y soy fan, pero si sigues así voy a terminar maquillándote con otra cosa que no sea corrector.

Felix abrió los ojos con fingida sorpresa y luego rio, esa risa profunda que le hacía vibrar el pecho.

—Me encanta eso. Una fan que responde. La mayoría se pone roja y callada. Tú... tú tienes fuego en los ojos. ¿De dónde eres exactamente?

—Argentina, Buenos Aires. Vine por este, mi trabajo soñado —respondió mientras le aplicaba base ligera, difuminando con una esponja. Sus rostros estaban muy cerca. Podía sentir el aliento cálido de él.

—Argentina... me gusta el acento. Suena caliente. Dime algo en argentino, dale —pidió, usando el “dale” como si lo hubiera practicado.

Ann sonrió, inclinándose más para trabajar en su frente. Sus pechos rozaron accidentalmente el brazo de él.

—Boludo, si seguís mirándome así voy a tener que maquillarte el bulto que se te está marcando en los pantalones—soltó en español, con acento bien porteño.

Felix soltó una carcajada genuina, pero sus ojos se oscurecieron de deseo. Agarró suavemente la muñeca de ella, deteniendo el movimiento.

—Mirá vos... ya estás hablando sucio. Me gusta. Mucho. Tus manos tiemblan un poquito. ¿Nerviosa por mí o porque querés que te provoque más?

Ella se quedó de piedra por un momento, que el hubiera entendido lo que acaba de dedecirle la dejó sorprendida, sonrió.

La química era eléctrica. El aire entre ellos se sentía cargado. Any sintió calor entre las piernas. Este chico era un provocador nato, juguetón, dulce pero con esa capa pervertida que ocultaba en los lives y fancalls.

—Las dos cosas —admitió ella, mordiéndose el labio—. Soy tu fan desde que vi “District 9”. Tu voz en “Hellevator” me dejó mojada... eh, impactada. Perdón.

Felix sonrió ampliamente, mostrando esos dientes perfectos. Soltó su muñeca pero no se alejó.

—No pidas perdón. Me encanta saber que mi voz te afecta. Imagínate cómo sonaría si gimiera tu nombre cerca de tu oído. ¿Quieres probar?

Any se rio, nerviosa pero excitada. Siguió trabajando, aplicando contour en sus pómulos altos.

—Felix, estás por salir al escenario. Compórtate... o no. La verdad es que prefiero que no.

Él se reclinó un poco, separando las piernas para que ella pudiera acercarse más. Sus manos grandes y venosas descansaron en los muslos de ella, apenas rozando.

—Eres tan pequeña y pálida. Me dan ganas de levantarte y sentarte en mi regazo para que me maquilles desde ahí. ¿Te imaginás? Tu culito contra mí mientras pintas mis labios... y yo te muerdo el cuello.

—Dios... —susurró Ana, sintiendo cómo se humedecía. Sus dedos temblaron al aplicar highlighter en las mejillas de él.

—Tenés pecas tan lindas. Quiero besar cada una.

—Hazlo —respondió él sin dudar, con voz ronca—. Después del show, si quieres. O ahora. Nadie nos ve todavía.

El camerino estaba semi-privado, pero el riesgo hacía todo más caliente. Any se inclinó y besó suavemente una peca en su mejilla izquierda. Felix cerró los ojos y soltó un suspiro bajo.

—Más.

Ella siguió, besando otra en su nariz, luego una cerca de la comisura de sus labios. Felix giró la cara y capturó sus labios en un beso dulce pero hambriento. Su lengua profunda, explorando, saboreándola como si fuera caramelo. Sabía a menta y deseo.

—Eres deliciosa, Any —murmuró contra su boca—. Pequeña, pálida, con ese pelo morado que quiero agarrar mientras te follo contra el espejo.

Any gimió bajito, apretando las piernas.

—Felix... sos un provocador. Me estás poniendo loca y ni siquiera empecé con los ojos.

Él rio bajito, mordiendo su labio inferior.

—Sigue maquillándome, entonces. Pero tócame donde quieras. Soy tuyo hoy.

Ella continuó, aplicando sombra en sus párpados, creando un look smoky sexy que resaltaba sus ojos felinos. Mientras tanto, Felix no paraba. Sus manos subían por los costados de ella, rozando la curva de sus pechos, bajando a su cintura estrecha.

—Tu cuerpo es perfecto para mí. Tan pequeñito, podría cargarte fácil y hacerte rebotar en mi verga mientras te susurro en coreano lo mojada que estás —dijo con esa voz profunda que era puro pecado.

Any tragó apretó fueete y los muslos contra la silla de él.

—Callate o te voy a manchar el maquillaje con mi baba, boludo.

Felix soltó una risa juguetona.

—Me encanta cuando me dices "boludo". Suena cariñoso y sucio a la vez. Dime más cosas sucias en argentino mientras me maquillas.

Ella tomó un labial rojo mate y delineó sus labios perfectos.

—Quiero sentarme en tu cara después del show, Felix. Que me comas hasta que tiemble, con esa lengua que seguro es mágica como tu voz.

Él gruñó bajito, apretando su cintura.

—Joder, Any. Me tenés duro como piedra. Mira lo que me haces. —

Tomó su mano y la presionó suavemente contra el bulto en sus pantalones. Era grande, caliente, palpitante.

Any jadeó, acariciándolo por encima de la tela.

—Es enorme... Dios, Felix. Quiero probarla después.

—Después no. Ahora un poquito —susurró él, desabrochando el botón de sus pantalones con una mano mientras ella terminaba con el labial.

El riesgo era alto, pero la puerta estaba cerrada con llave. Any se arrodilló entre sus piernas, bajando la cremallera. Su polla saltó libre: gruesa, venosa, con la punta rosada y brillante de precum. Era perfecta, como todo en él.

—Qué linda verga tenés, oppa —murmuró ella, lamiendo la punta despacio, saboreándolo.

Felix echó la cabeza hacia atrás, agarrando su pelo morado con suavidad.

—Fuck... tu boca es caliente. Hazlo despacio, gatita. No quiero correrme todavía.

Ella lo tomó profundo, sus labios rojos contrastando con la piel de él. Felix gemía bajito, esa voz profunda vibrando. La guiaba con gentileza, dulce pero dominante.

—Eres tan buena... una fan perfecta. Te voy a recompensar después. Te voy a comer el coñito hasta que grites mi nombre en español.— el coreano soaba tan dulce sexy en la voz profunda de Lee.

Any lo mamaba con ganas, saliva corriendo por su barbilla, mirándolo a los ojos. Él la observaba con adoración y lujuria.

—Te quiero toda para mi, Any. No solo hoy. Quedate conmigo esta noche. Te voy a hacer mía en la suite del hotel.

Ella lo sacó de su boca con un pop, jadeando.

—Sí, me quedaré contigo...Soy tuya, Felix.

Se levantó y él la subió a su regazo, besándola con pasión. Sus manos grandes exploraban bajo la blusa de ella, pellizcando sus pezones duros.

—Tus pechos son perfectos. Tan sensibles... mira cómo te pones.

Any se frotaba contra su polla desnuda, mojando sus jeans.

—Felix... te necesito adentro.

Pero faltaba poco para el show. Con esfuerzo, se separaron. Él se acomodó, ella terminó el maquillaje con toques finales: pestañas, cejas definidas, un toque de gloss en los labios para que brillaran.

—Listo. Estás más hermoso que nunca —dijo ella, besando su frente.

Felix la abrazó fuerte, oliendo su pelo.

—Tú eres la que me hacés brillar. Después del show, ven a mi camerino. Vamos a terminar lo que empezamos. Y no va a ser rápido. Te voy a hacer el amor lento, dulce, y después te voy a follar duro hasta que no puedas caminar.

Ella rio, sonrojada pero feliz.

—Prometelo, pecoso.

—Prometido, gatita.


El show fue épico. Felix brilló en el escenario con su look impecable, bailando con esa gracia felina, rapeando con voz profunda que hizo vibrar a todo el estadio. Any lo miraba desde backstage, mordiéndose el labio, recordando su sabor.

Cuando terminó, corrió al camerino privado. Felix la esperaba, sudoroso pero aún perfecto. La levantó en brazos como si no pesara nada y la besó contra la pared.

—Te extrañé, Any. Todo el show pensé en tu boca alrededor de mí —gruñó, quitándole la blusa.

La desnudó despacio, admirando su piel pálida. Besó cada centímetro: sus pechos pequeños, mordiendo los pezones rosados hasta que ella gimió. Bajó por su estómago plano, lamiendo su ombligo, hasta llegar a su coño depilado y mojado.

—Tan rosadito y pequeño como tú —susurró, separando sus labios con los dedos—. Mira cómo brillas para mí.

La devoró con hambre. Su lengua profunda, chupando el clítoris, metiendo dos dedos gruesos. Any tiraba de su pelo platinado, gritando bajito.

—¡Felix! ¡Sí, así, papi! Me vas a hacer acabar...

Él no paró, añadiendo un tercer dedo, curvándolos para tocar ese punto mágico. Ella explotó en su boca, temblando, inundándolo de jugos.

Felix se levantó, besándola para que se probara.

—Deliciosa. Ahora te voy a follar, mi amor.

La cargó hasta el sofá, la puso a cuatro patas y entró despacio. Era grande, la estiraba deliciosamente.

—Tan apretada... joder, Any. Eres perfecta.

Empezó lento, dulce, besando su espalda, susurrando:

—Eres mía ahora. Mi fan, mi maquilladora, mi todo. Te quiero sentir cada noche.

Luego aceleró, follándola duro, sus bolas golpeando contra ella, agarrando su pelo morado como riendas. Any gemía sin control.

—¡Más fuerte, Felix! ¡Llename!- con el ruido de afuera y su español, pocos sabrian lo que psaba alli.

Él la giró, misionero, mirándola a los ojos mientras entraba profundo.

—Te amo ya, aunque suene loco. Tu química conmigo es innegable.

Acabaron juntos, él llenándola con chorros calientes. Se quedaron abrazados, sudorosos, besándose suave.

—Quedate conmigo en Seúl —susurró él, acariciando su pelo—. Te voy a maquillar todos los días... con mi boca.

Any rio, acurrucándose en su pecho.

—Sí, mi pecoso. Soy tuya.

Pero eso fue solo el comienzo. Esa noche en el hotel, Felix la tomó en la ducha, contra la ventana con vista a la ciudad, en la cama enorme. La hizo correrse cuatro veces más, comiéndosela, follándola en todas las posiciones, siempre con diálogos dulces mezclados con lo más sucio.

—Mira cómo tu culito se abre para mí —decía mientras la penetraba por detras despacio, lubricado con saliva y su propio semen—. Eres mi gatita linda, pero también mi princesa.

—Sí, oppa. Fóllame como quieras. Te quiero todo.

Al amanecer, exhaustos pero felices, Felix le preparó desayuno (sabía hornear, como el buen sunshine que era) y le cantó bajito con esa voz profunda una canción improvisada sobre una hada morada que le robó el corazón.

La química no era solo física. Había dulzura, risas, conexión real. Any se convirtió en su maquilladora personal y mucho más. Viajaban juntos, él la provocaba en los soundchecks, ella lo dejaba marcado con besos morados en lugares ocultos.

Y así, en un mundo de flashes y escenarios, dos almas —la latina pálida de pelo morado y el chico australiano de pecas— encontraron su propio paraíso caliente y dulce.

Epílogo.

Meses después, en un hotel en Tokio, Felix la tenía contra el balcón, follándola lento bajo las estrellas.

—Dime cuánto me amas, gatita.

—Te amo más que a todos los comebacks juntos, boludo. Ahora metémela más profundo y callate.

Él rio y obedeció, siempre juguetón, siempre provocador, siempre suyo.

Fin... o no, porque con estos dos, siempre hay más rounds.

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Great Character

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