I. El esposo del rey dragón
Sucedió hace ya mucho tiempo, en una fría mañana de otoño los príncipes mellizos de Gaia se habían fugado de la vigilancia de sus padres para dar un paseo por el reino. Sabían que alguno de los dos estaba viviendo ahí su último día.
Solían explorar su reino vestidos de campesinos, de esa forma podían pasar desapercibidos. Pasado el mediodía decidieron volver al castillo antes de la llegada de sus invitados, sin embargo, el príncipe Izuku nunca podría desviar la mirada cuando alguien se hallaba en apuros. No muy lejos de ellos una mujer mayor luchaba por recomponer su carreta llena de flores, que había quedado atrapada en un hundimiento del camino.
El príncipe bajó del caballo y corrió a ella para ayudar. La mujer reconoció de inmediato el rostro de su príncipe.
—¡Alteza!, ¿qué hace usted aquí en un día tan importante?, tiene que irse —dijo ella.
—Descuide, aún estoy a tiempo —respondió el príncipe, luciendo una sonrisa amable.
Ante el grito de la florista otros habitantes del reino se unieron para recuperar todas las flores y liberar la carreta. Finalmente los dos príncipes se vieron obligados por su pueblo a volver al palacio.
Cabalgaban por las llanuras detrás de sus establos cuando la princesa bajó la velocidad y se quedó atrás.
—¿Qué pasa Ochako?, ¿te sobrepasan los nervios? —preguntó el príncipe— Le pediremos a las nanas que te preparen un té, además no hay razón para temer. Todos los príncipes de la familia Todoroki son muy amables, no te dejes engañar por sus frías expresiones.
—No son los Todoroki quienes me preocupan…
—¿Entonces…?
La princesa detuvo su caballo, su hermano también tuvo que detenerse para mirarla.
—¿Y si él viene? —preguntó con un hilo de voz.
El príncipe había pasado la última semana intentando apartar esa posibilidad de su cabeza, porque también lo aterraba sobremanera. A pesar de ello reunió coraje para hablar:
—Papá dice que los dragones odian a los humanos, no creo que él venga…
—¿Y si lo hace?, la invitación para formar una alianza también los incluye, ¿qué pasa si decide venir?, ¿y si nos lleva? Nunca veremos a mamá y papá de nuevo…
—Ochako —interrumpió Izuku con una voz autoritaria—, somos los príncipes de Gaia, si él viene tendremos que aceptar nuestro destino… Pero no lo hará…, nos odia, él no vendrá. Te lo prometo.
En compañía de su hermano la princesa no intentó ocultar sus lágrimas. Sin embargo, su pacífica soledad se vio interrumpida cuando las sirvientas los llamaron a gritos desde los jardínes. Su tiempo se había agotado, era hora de prepararlos para la llegada de sus invitados.
El reino de Gaia se encontraba en el centro del continente, era el lugar perfecto para comerciar con todo tipo de mercancía, era esa la razón de que otros reinos aceptaran una alianza. Los reyes de Gaia habían invitado a los gobernantes del resto de regiones del continente; los Shigaraki del sur, los Todoroki de la región helada, y los Himiko del este. El objetivo era concertar un matrimonio entre un príncipe de Gaia y un futuro gobernante extranjero, eso debía fortalecer lazos entre regiones.
La última semana los habían visitado todos los reinos, excepto la región helada y el reino de los dragones, pero el continente entero esperaba que el rey bárbaro, Katsuki, no llegará a aparecer.
El reino de los dragones era un lugar desconocido y ajeno al mundo humano, en él habitaban todo tipo de criaturas deleznables que harían temblar al más valiente de los hombres. Los dragones odiaban a los humanos, y en cada disputa del último siglo se habían asegurado de sembrar el terror en sus aldeas. Se decía que habían visto al rey bárbaro decapitar hombres con solo usar sus colmillos, y que en su forma de dragón era capaz de calcinar pueblos enteros. La sola mención de su nombre podía hacer que los soldados huyeran de una batalla.
Izuku se quejó al ser arrancado de sus pensamientos con un tirón en su corsé. Aunque era un varón su complexión era delgada, de apariencia frágil, igual que su hermana. La reina siempre usó la apariencia de sus hijos para encantar a príncipes y princesas de otras regiones; Ochako lucía su belleza con finos vestidos, Izuku con elegantes trajes, pero ambos iban adornados con joyas para mostrar las riquezas de Gaia.
—Quita esa expresión, Izuku —regañó la reina—. No querrás recibir a los príncipes así…
—Madre… Ochako está preocupada, teme que el rey de los dragones aparezca y…
—No lo hará, no quiero escuchar más de ese asunto. Este día quizás se concerte tu matrimonio con Shoto, deberías mostrarle tu hermosa sonrisa.
—Lo sé madre, pero no puedo dejar de pensar en lo que pasaría si él…
—No lo hará, Izuku, deja el tema de una vez. Y sonríe, Shoto está aquí.
Su madre sonrió, pero su mirada era dura, Izuku entendió que no sería escuchado sin importar cuánto lo intentará.
Cuando pudo ver a Ochako de nuevo notó sus ojos brillantes por haber llorado; sabía que sus lágrimas no eran solo por la preocupación que le provocaba el rey dragón, sino porque a pesar de su inefable belleza, los príncipes siempre lo buscaban a él. Incluso la reina lo sabía, porque había pasado horas encargándose de prepararlo, mientras que a Ochako la dejó a cargo de sus nanas.
Al llegar junto a su hermana buscó sujetar su mano para transmitirle calma.
—Tranquila, todo saldrá bien —susurró.
Ochako lo miró con tristeza, luego forzó una sonrisa brillante.
En el gran salón los esperaba la familia Todoroki; los reyes, y los hijos que aún no lograban concertar un matrimonio. Touya ascendería primero al trono; Shoto, el hijo menor, solo tendría posibilidad de ser rey contrayendo matrimonio con un príncipe de Gaia.
Las familias reales ofrecieron una reverencia por protocolo, luego pudieron dejar las formalidades y saludarse con ánimo. Los Midoriya y los Todoroki habían compartido desde siempre lazos cercanos.
Touya se adelantó hacia Ochako para invitarla a acompañarlo, ella no dudó en aceptar con ánimo la invitación. Mientras los reyes y príncipes se dirigían a la sala del banquete Shoto se quedó para pedirle a Izuku que lo acompañara.
Caminaban alejados del resto, hablando en susurros.
—¿Supongo que Touya y Ochako se casarán…? —preguntó Izuku.
—Touya ascenderá al trono y necesitará herederos, solo por eso no intentó nada contigo.
En el rostro de Izuku se dibujó una sonrisa divertida.
—Por favor Sho, no todos los hombres buscan tener algo conmigo…
—Te equivocas, dicen que los rumores de tu belleza han viajado más allá del mar. He oído a los marinos, dicen que las tribus del norte tienen una profecía sobre un ser divino que es extrañamente parecido a ti.
—¿Se burla de mí, majestad?
—Por supuesto que no, alteza. Si me lo permite, antes de nuestro matrimonio puedo traerle pruebas de que lo que digo es verdad.
Izuku negó con la cabeza, no le sorprendería que se tratará de una broma bien planeada entre los hermanos Todoroki.
Sin embargo, durante el banquete tuvo que resignarse a que no se trataba de una broma.
—En nuestros viajes hemos encontrado pinturas y monolitos de una figura muy parecida al príncipe —comentó el rey Todoroki—. Dicen que esa figura encarna a la diosa madre, quien infundió vida en los primeros hombres, por eso en las tribus más allá del mar algunos hombres son capaces de gestar vida en su vientre.
—Eso es imposible… —masculló Izuku.
—Si me lo permite, alteza, podemos poner a prueba esa teoría —bromeó Touya.
—Es una teoría que yo pondré a prueba, hermano —retó Shoto.
—Nadie hará tal cosa, aún no veo mi anillo —dijo Izuku, mostrando su anular vacío.
—Eso lo puedo resolver… —susurró Shoto, acortando la distancia entre ellos.
—No, no habrá anillo para Izuku hasta que lo haya para Ochako —interrumpió la reina Inko.
La princesa, que hasta entonces había mantenido la cabeza agachada, tuvo que sonreír. Izuku y el resto de la familia Midoriya dedicaron miradas acusadoras a Touya. El mayor de los Todoroki lo entendió, tuvo que levantarse y pedirle a Ochako que lo acompañara un momento. El resto de asistentes a la mesa sabían de lo que debía tratar la conversación de los príncipes.
—Entonces, majestades, ¿cuándo será el día en que pueda tomar por esposo al príncipe? —insistió Shoto.
—Me temo que no es un asunto sencillo —explicó el rey Yagi—, las familias Himiko y Shigaraki también mostraron interés. Si la unión de Touya y Ochako se concreta ya habría una alianza con ustedes, pero no con el resto de reinos.
—Siendo de ese modo perdónenme si de pronto rezo para que la princesa rechace a mi hermano.
Ante las palabras de Shoto todos rieron, excepto Izuku.
El príncipe había decidido esconder su expresión de desaprobación bebiendo un poco de té, sin embargo, cuando acercó la taza a sus labios sintió la tierra sacudirse; afuera el cielo retumbó. El aire se llenó de un rugido estridente, tan profundo que se metió debajo de sus pieles y llenó sus corazones de un miedo atroz.
El horror en las voces de los soldados fue consumido por el terrible rugido de la bestia, a través de las ventanas vieron levantarse una columna de fuego.
Izuku buscó la mirada de su madre, el horror en sus ojos lo puso a temblar, él había llegado.
Ochako volvió corriendo a la sala del banquete para arrojarse a los brazos de su hermano, sintiéndose juntos les fue imposible contener sus lágrimas.
—Quédense aquí hasta que los llame —ordenó su padre.
Las familias Midoriya y Todoroki se levantaron para recibir a su invitado. Como pudo, Izuku los guió hasta la puerta para espiar ese primer encuentro con las criaturas más allá de las cordilleras de fuego.
El rey de los dragones abrió las puertas con la fuerza de sus alas, enormes estructuras escamosas que iban haciéndose más pequeñas conforme el rey se volvía más humano. Las escamas fueron dando paso a piel cobriza; las afiladas garras se volvieron menos amenazantes; de entre el cabello rubio cenizo los dos pares de cuernos de color carmín iban convirtiéndose en vestigios. El hombre apenas se puso unos pantalones y cubrió su torso desnudo con una gran capa de rojo sangre.
Avanzó por la sala, el suelo bajo sus pies humeaba por el calor que producía su cuerpo. Pero lo que hizo retroceder a las familias reales fue una mirada inmisericorde encendida en un brillo carmesí.
—A cambio de paz con los hombres se me prometió una esposa —habló una voz gutural y hostil—, he venido por ella.
—T-tendría que darnos un poco de tiempo para arreglar la boda —dijo Yagi cuando pudo hablar a través del miedo.
—No me interesan sus costumbres. Una esposa a cambio de paz, dénmela y me iré.
La mirada impasible del rey bárbaro se despegó de Yagi para mirar hacia una puerta entreabierta, donde dos pares de ojos lo miraban con profundo terror.
—L-le pido paciencia, déjenos al menos vestir a la novia —masculló Inko con un hilo de voz.
—Esperaré lo que haga falta —respondió el rey, sonriendo de forma que mostraba los afilados colmillos, luego volvió sobre sus pasos fuera del castillo.
La puerta que daba a la sala del banquete se abrió, los príncipes se dejaron caer al suelo llenos de horror. Ochako se lanzó a los brazos de sus padres, en ese momento no podía importarle menos que los Todoroki se concentraran en consolar a su hermano.
Los reyes se dedicaron una mirada silenciosa, desde el principio sabían quién debía ir con los dragones en caso de que ellos se presentarán. Inko y Yagi apartaron a los Todoroki para unirse en un abrazo a Izuku.
—Mis niños… —sollozó Inko—, no puedo soportar esto… ¿Cómo podría elegir a quién entregar?
—No tienen que elegir, mamá…, yo iré… —masculló Izuku.
—No, majestad, no puede irse. Hablaremos con él, seguro que podemos llegar a un acuerdo… —intervino Shoto.
—¿Quieres provocar la ira de los dragones, muchacho? —acusó Yagi— Mis hijos siempre han comprendido su deber para con su pueblo, estoy seguro de que Izuku conoce los riesgos de negarse a una unión con el rey dragón.
Izuku temblaba de miedo, pero su hermana estaba petrificada, incapaz de respirar con normalidad. El príncipe se acercó a ella para consolarla con un abrazo.
—No te preocupes Ochako, yo lo haré —murmuró Izuku contra el oído de su hermana—. Así que debes prometerme que harás todo lo posible para proteger a nuestra familia y nuestra gente, ¿está bien?
Izuku se alejó, aún con lágrimas en los ojos le ofreció a su hermana una brillante sonrisa.
—Y-yo debería ir…
—No Mochi, yo lo haré, así que promételo.
Ella negó con la cabeza, luego se lanzó a los brazos de su hermano.
—¡Entonces iremos los dos!, ¡no te dejaré solo con ese monstruo!
—Basta, Ochako, la decisión está tomada —intervino Inko.
Fue la primera vez que la princesa no obedeció las órdenes de su madre. Se aferró a su hermano con toda su fuerza; Inko tuvo que hacer que las sirvientas y las guardias se la llevarán a su habitación y la encerraran.
Mientras tanto la reina y las nanas acompañaron al príncipe a su habitación, donde lo prepararon por segunda vez, solo que ahora lucía un traje blanco, bordado con piedras preciosas y un largo velo que ocultaba su rostro.
No le dieron más que una valija con algunas prendas y comida humana, pues nadie sabía lo que esperaba a Izuku viviendo entre los dragones. La sola idea ponía a las nanas a derramar lágrimas, y cada vez que alguna lloró Inko la sacó de la habitación, no necesitaba que su hijo sintiera más pesar.
Finalmente Izuku se halló en medio del salón principal, a unos metros de distancia ambas familias reales lo observaban. Los guardias abrieron las puertas, el rey dragón volvió a la sala.
Izuku sintió que sus piernas le fallarían cuando el rey estuvo frente a él, no solo por su imponente altura, sino por la forma cruel en que lo miraba.
—G-gracias por su paciencia, mi señor, ya estoy listo —dijo, ofreciendo una reverencia.
El rey dragón se inclinó hacia él, Izuku se estremeció, temía ser asesinado frente a sus padres solo para que Katsuki pudiera demostrar porque los dragones eran tan temidos; sin embargo, el rey se limitó a aspirar su aroma.
—Es tu última oportunidad, ¿no vas a despedirte? —susurró Katsuki.
Izuku se encontró sorprendido, pero no perdió su oportunidad, asintió y ofreció una reverencia antes de correr hacia sus padres para unirse en un último abrazo.
—Los voy a extrañar muchísimo… —dijo al borde de las lágrimas— por favor cuidense, díganle a Ochako que la llevaré siempre en mi corazón.
—Eres valiente y bondadoso mi niño, la diosa te protegerá —masculló Yagi, usando más fuerza en su abrazo.
Izuku se obligó a separarse antes de que las lágrimas se le escaparan. Se detuvo frente a los Todoroki para ofrecer una reverencia, se sorprendió al encontrarse con las miradas de esa familia orgullosa, había miedo en sus ojos, condescendencia y admiración por su valentía. Los Todoroki le ofrecieron a él una reverencia, solo Shoto se acercó para envolverlo en un abrazo.
—No tengas miedo, iré por ti, te buscaré hasta el fin del mundo —murmuró el príncipe Todoroki.
—Lamento que tenga que ser de esta forma Sho…, me hubiera gustado compartir mi vida contigo —murmuró tan bajo que apenas se escuchó su voz.
Shoto se alejó para ver su rostro una última vez, pero movido por un deseo insolente se inclinó hacia Izuku y capturó sus labios en un beso. Hubo suspiros de terror, Izuku había empujado a Todoroki, pero no fue él quien lo alejó, sino una enorme mano de garras afiladas que dejó al príncipe Shoto retorciéndose en el suelo intentando huir. Izuku notó una segunda mano alrededor de su cintura.
—¿Te atreves a desafiarme, humano?, ¿quieres morir? —gruñó la voz colérica de Katsuki.
—P-por favor, mi señor, t-tenga piedad —suplicó Izuku con un hilo de voz.
La mirada asesina de Katsuki se clavó en Izuku, el príncipe se sintió invadido por el terror. Su rey no dijo nada más antes de llevarlo casi arrastrando hasta los jardínes. Mientras sentía la fuerza de su rey estrujando su brazo sus lágrimas brotaron, maldecía su destino y su cuna, nunca pensó que terminaría siendo comida para dragones; pero no tenía más opción que resignarse.
Katsuki subió con él en el lomo de uno de los tres dragones que lo acompañaban. Izuku ya no tenía derecho a más despedidas, los dragones extendieron sus alas y alzaron el vuelo. Surcaron los cielos sobre el reino y las planicies que lo rodeaban, más allá de los ríos y de las cordilleras de fuego, hacia el hogar de los dragones.
En Gaia, el rey Todoroki se había encargado de reprender a su hijo por su irresponsabilidad, mientras Inko se deshacía en lágrimas entre los brazos del rey.
Pronto la noticia se extendería por todo el continente y el miedo se instalaría en los corazones de cada familia real. Los nobles conocían bien las profecías, desde el nacimiento de los mellizos Midoriya habían sentido miedo, los recientes sucesos solo amenazaban con el final de sus días, el momento en que los cielos se tiñeran de rojo y la tierra se volviera de fuego.
Los antiguos habían escrito en piedra que el primogénito nacido de una unión entre un dragón y un humano sería el verdugo de los hombres; el rey de un mundo habitado solo por las criaturas más allá de las cordilleras de fuego.
Los Midoriya no enviaron a Ochako por miedo a ver cumplida esa profecía, sin embargo, no esperaban que al enviar a su hijo con los dragones hubieran causado el principio de su final.
Izuku, el esposo del rey dragón, estaba destinado a llevar en su vientre al ser que le pondría fin a la crueldad humana, solo era cuestión de tiempo.








