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Naruto: Spider-Man

Summary

Naruto siendo el hombre araña del universo 12390

Genre
Action
Author
God_Naru
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO 01


Naruto ni los personajes que estare utilizando para este fic, No son de mi propiedad.


Capítulo 1.


—Iris, si vuelves a decirme que mi soldadura está “por debajo del estándar aceptable”, te voy a desconectar el micrófono una semana entera.


—Registrado como amenaza número cuarenta y siete de esta semana, Naruto. Estadísticamente, la probabilidad de que la cumplas es del cero por ciento.


Naruto Uzumaki dejó el cautín sobre la base antiestática y se frotó los ojos con el dorso de la muñeca. Llevaba desde las cuatro de la tarde encorvado sobre la mesa de trabajo, y el reloj de pared del garaje —convertido hacía tiempo en su taller personal— marcaba ya las nueve y media de la noche. Sobre la mesa, entre cables, placas y un caos ordenado de herramientas, descansaba el objeto de su obsesión de los últimos ocho meses: una carcasa metálica del tamaño de un reloj de pulsera clásico, con la esfera todavía abierta y un microprocesador expuesto que parpadeaba en un tono azul tenue.


—No es que esté mal soldado —murmuró, más para sí mismo que para la IA—. Es que el conector se calienta más de lo que debería con el nuevo núcleo.


—Correcto. Sugiero reconsiderar el disipador que descartaste hace tres días por “poco elegante”.


Naruto sonrió sin poder evitarlo. Había programado a Iris para que tuviera personalidad, no solo funciones, y a veces se preguntaba si no se había pasado de la raya. La voz que salía del pequeño altavoz conectado a su laptop era serena, ligeramente irónica, con una cadencia que él mismo había ajustado decenas de veces hasta que sonara natural y no como el clásico asistente robótico de cualquier teléfono.


Tenía dieciocho años, el cabello rubio despeinado por las horas de trabajo y unos ojos azules que en ese momento mostraban más cansancio que entusiasmo, aunque el entusiasmo seguía ahí, enterrado bajo el agotamiento. No tenía ninguna marca en el rostro, nada que lo distinguiera físicamente de cualquier otro joven de su edad, salvo quizás una atención inusual en la mirada, la de alguien que observaba el mundo buscando cómo estaba construido por dentro.


La puerta del garaje se abrió con el chirrido de siempre —otra cosa que tenía pendiente arreglar y que jamás encontraba tiempo para hacer— y una figura enorme se recortó contra la luz del pasillo.


—¿Todavía despierto? —La voz retumbó con un tono de falsa sorpresa—. Pensé que ibas a dormir temprano hoy.


—Dije que lo intentaría. Nunca prometí nada.


Jiraiya entró al garaje con las manos en los bolsillos de una sudadera gris demasiado ajustada para su volumen, y se apoyó contra el marco de la puerta con la tranquilidad de quien ha hecho ese mismo gesto cientos de veces. Era un hombre alto, pasando ya el metro noventa, de complexión robusta y espalda ancha que delataba años de entrenamiento físico que nunca había abandonado del todo pese a acercarse a los cincuenta. Su cabello, blanco como la nieve, caía largo hasta los hombros, recogido a medias en una coleta descuidada, y dos líneas rojas —tatuajes que se había hecho hacía más de veinte años, en una época de la que hablaba poco— bajaban desde sus ojos hasta los pómulos, dándole un aire entre feroz y teatral que contrastaba con la sonrisa perpetua que llevaba en el rostro. Tenía los ojos oscuros, casi negros, y una barba corta y descuidada que nunca terminaba de decidir si afeitarse.


—Iris, ¿cuánto lleva despierto?


—Cinco horas y treinta y siete minutos, sin pausas registradas para comer.


—Traidora —masculló Naruto.


—Es información objetiva, no traición.


Jiraiya soltó una risotada que resonó por todo el garaje y caminó hasta la mesa, apartando con cuidado un montón de cables para poder inclinarse sobre el reloj a medio armar.


—¿Este es el prototipo final?


—Ojalá. El núcleo sigue recalentándose. —Naruto giró la silla para quedar de frente a su tutor—. Pero la parte de procesamiento ya está estable. Iris puede correr diagnósticos en tiempo real, analizar patrones, incluso predecir trayectorias si le doy suficientes variables.

—¿Trayectorias de qué exactamente?

—De lo que sea. Es de propósito general. —Se encogió de hombros, aunque había un brillo distinto en su mirada, el de alguien que sabe que ha construido algo que la mayoría de la gente de su edad ni siquiera podría empezar a diseñar—. El objetivo es que quepa en la muñeca sin que se note que es más que un reloj normal.

—Como los de tu padre.

El comentario cayó en el garaje con un peso distinto al resto de la conversación. Naruto no apartó la mirada, pero algo en sus hombros se tensó ligeramente.

—Como los de mi padre —repitió, en voz más baja.

Jiraiya se sentó en el único taburete libre, el que crujía cada vez que alguien se sentaba en él, y durante un momento no dijo nada. Solo observó el reloj, las manos de Naruto todavía manchadas de estaño, el desorden metódico de aquel taller que se parecía cada vez más, año tras año, a los laboratorios que él mismo había visitado dos décadas atrás.

—Minato hubiera estado orgulloso —dijo finalmente—. Y no lo digo para que te pongas sentimental, lo digo porque es la verdad más simple que conozco.

—Ya lo sé.

—No, no lo sabes. Lo escuchas, que es distinto.

Naruto no respondió de inmediato. Tomó el destornillador de precisión que tenía a un lado y comenzó a girarlo entre los dedos, un gesto nervioso que había desarrollado desde niño y que Jiraiya conocía de memoria.

—Cuéntame de nuevo cómo se conocieron —pidió, sin mirarlo—. No la versión corta.

Jiraiya suspiró, pero era el tipo de suspiro que precede a algo que en realidad se quiere contar.

—Minato entró a SHIELD como analista de datos, apenas salido de la universidad. Yo llevaba ya varios años ahí, en la división de investigación de campo, y nos cruzamos en un proyecto conjunto sobre biotecnología aplicada. Era el tipo más inteligente que había conocido en mi vida, y te lo digo siendo yo mismo bastante inteligente. —Sonrió con la broma vieja, la que repetía siempre en ese punto de la historia—. Kushina llegó un año después, transferida desde otro departamento. Genética molecular. Chocaron literalmente, en el pasillo del piso once, ella cargando un montón de carpetas que él tiró sin querer.

—Y el resto es historia.

—El resto es historia —confirmó Jiraiya—. Se casaron tres años después. Tú naciste en medio del proyecto más importante que llevaban entre manos.

—El proyecto con Connors.

La expresión de Jiraiya cambió, apenas, lo suficiente para que Naruto lo notara. No era molestia exactamente, sino algo más parecido a cautela.

—Sí. Con Connors. Y con Osborn financiando buena parte de la investigación desde Oscorp, aunque él nunca pisaba el laboratorio directamente, solo enviaba a sus gestores a revisar números.

—¿Alguna vez llegaste a conocerlo? A Osborn, digo.

—Un par de veces. En reuniones de presupuesto, nada más. No es alguien con quien uno tenga una conversación memorable. —Jiraiya se pasó una mano por el cabello blanco, apartando un mechón que le caía sobre la frente—. Connors sí. A él lo conocí bien. Trabajamos codo a codo con tus padres durante casi dos años.

Naruto dejó el destornillador sobre la mesa y se giró completamente hacia Jiraiya, con esa atención total que reservaba para muy pocas cosas: sus inventos, y la historia de sus padres.

—¿Cómo era él? Nunca me lo has contado en detalle.

—Brillante. Obsesivo, quizás demasiado. Tenía esta idea fija sobre la regeneración celular, sobre curar cosas que la medicina convencional no podía tocar. Perdió el brazo derecho en un accidente antes de que yo lo conociera, y para él ese brazo se convirtió en algo más que una discapacidad: se volvió el problema que tenía que resolver, cueste lo que cueste.

—¿Y mis padres lo ayudaban con eso?

—Tu madre, principalmente. La genética de regeneración era su área. Tu padre se encargaba más de la parte de análisis de datos y modelado computacional, ver qué combinaciones genéticas tenían sentido antes de que Connors las probara en el laboratorio.

—¿Probara en qué?

Jiraiya se quedó callado un instante de más.

—En muestras controladas. Nada que debiera preocuparte a estas alturas. —El tono era firme, con esa firmeza que Naruto reconocía como el límite de lo que Jiraiya estaba dispuesto a contar en una noche cualquiera de martes—. Lo que importa es que tus padres creían en lo que hacían. Creían que la ciencia, bien aplicada, podía arreglar cosas que la naturaleza había dejado rotas.

—Hasta que ya no pudieron seguir creyéndolo.

El silencio que siguió fue distinto a los anteriores. Más denso. Naruto conocía la historia oficial de memoria: un accidente en las instalaciones, un fallo de contención en un experimento de alto riesgo, dos científicos que no lograron salir a tiempo. Tenía cuatro años cuando ocurrió. No guardaba recuerdos propios de sus padres, solo fotografías, un puñado de videos caseros que Jiraiya conservaba como reliquias, y las historias que su tutor le repetía cada vez que se lo pedía, con la paciencia de quien entiende que un hijo necesita reconstruir a sus padres con palabras ajenas.

—Naruto. —Jiraiya se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas—. Sé que la curiosidad te come por dentro, siempre ha sido así, desde que eras un enano que desarmaba los controles remotos para ver cómo funcionaban. Pero hay preguntas que no tienen respuestas satisfactorias todavía. Yo mismo no tengo todos los detalles del expediente final. SHIELD clasificó buena parte de la investigación después del accidente.

—¿Por qué la clasificarían si fue solo un accidente?

—Porque SHIELD clasifica todo lo que puede salir mal públicamente, tenga o no tenga algo que ocultar. —Jiraiya se puso de pie, estirando la espalda con un crujido audible—. No es una conspiración, es burocracia paranoica. Llevo veinte años dentro de esa organización y créeme que la mitad de los secretos que guardan no son más interesantes que un formulario mal archivado.

Naruto sonrió, aunque la sonrisa no le llegó del todo a los ojos.

—¿Todavía trabajas para ellos? Nunca me quedó claro en qué punto dejaste de estar activo.

—Consultor externo, la mayor parte del tiempo. Me llaman cuando necesitan a alguien con memoria larga y paciencia para lidiar con burócratas. —Le guiñó un ojo—. Y para asegurarme de que cierto genio adolescente no vuele el garaje por accidente mientras yo trabajo.

—Eso pasó una sola vez.

—Pasó dos veces, y la segunda casi te quedas sin cejas.

Iris, que hasta ese momento había permanecido en silencio, interrumpió con su tono perfectamente neutro.

—Confirmo: dos incidentes de combustión menor registrados en los últimos catorce meses.

—Nadie te preguntó, Iris.

—Nadie tenía que preguntarme. Es mi función registrar información relevante.

Jiraiya soltó otra carcajada y le dio a Naruto una palmada en el hombro, del tipo que casi lo tira de la silla.

—Me cae bien esa cosa. Tiene tu mismo sentido del humor, lo cual probablemente diga algo preocupante sobre ti.

—Se llama consistencia de diseño.

—Se llama que hablas solo mientras programas y la IA aprendió a imitarte. —Caminó hacia la puerta, deteniéndose antes de salir—. Es tarde. Termina lo que estés haciendo y ve a dormir, mañana tienes clases.

—Ya lo sé, ya lo sé.

—Lo digo en serio, Naruto.

—Sí, mamá.

La broma flotó en el aire un segundo antes de que ambos se dieran cuenta de lo que había dicho. Naruto sintió que la sonrisa se le congelaba apenas un instante, y Jiraiya, con esa sensibilidad que solo da haber criado a alguien desde que era un niño, no hizo ningún comentario. Solo asintió, con calidez, y salió del garaje dejando la puerta entreabierta.

Naruto se quedó mirando el hueco de la puerta un rato, hasta que Iris rompió el silencio.

—¿Deseas que continúe con el análisis térmico del núcleo, o prefieres suspender la sesión?

—Continúa. Todavía puedo aguantar media hora más.

—Registrado. Aunque debo señalar que la evidencia empírica sugiere que “media hora más” tiende a convertirse en dos horas más en el noventa y tres por ciento de los casos.

—Ese dato es totalmente irrelevante.

—Es estadísticamente muy relevante.

Naruto rio por lo bajo y volvió a tomar el cautín. El reloj seguía ahí, a medio terminar, con su núcleo recalentándose y su carcasa esperando ser cerrada. Pero por primera vez en semanas, mientras trabajaba, no pensaba solo en el problema técnico frente a él. Pensaba en dos nombres que apenas recordaba con voz propia —Minato, Kushina— y en un tercero que empezaba a repetirse con más frecuencia en las conversaciones de las últimas semanas: Curt Connors.


Al día siguiente, el instituto pasó como pasaban la mayoría de los días: en un segundo plano.

No es que Naruto despreciara la escuela. Simplemente la había superado hacía tiempo en la mayoría de las materias, y se limitaba a hacer lo suficiente para no llamar la atención, ni para bien ni para mal. Prefería que sus profesores lo vieran como un estudiante correcto y algo distraído antes que como el tipo de genio que generaba expectativas que después no tenía ganas de cumplir en un aula. Sus verdaderas clases ocurrían en el garaje, después de las cuatro de la tarde, o en los foros técnicos que frecuentaba bajo un seudónimo que nadie en su vida real conocía.

Ese jueves, sin embargo, algo rompió la rutina.

Encontró a Jiraiya en la cocina cuando llegó a casa, algo que no era inusual en sí mismo —Jiraiya trabajaba desde ahí buena parte de la semana—, pero sí lo era la expresión en su rostro: una mezcla de sorpresa y algo parecido a la inquietud, mirando fijamente la pantalla de su laptop.

—¿Todo bien? —preguntó Naruto, dejando la mochila sobre una silla.

Jiraiya tardó un segundo en responder, como si estuviera terminando de procesar lo que fuera que estaba leyendo.

—Acabo de recibir un correo. De Curt Connors.

Naruto se quedó quieto.

—¿Connors? ¿Después de tanto tiempo?

—Catorce años sin una sola palabra, y ahora esto. —Jiraiya giró la laptop para que Naruto pudiera leer. El correo era formal, con membrete institucional: Oscorp Industries, División de Investigación Biomédica—. Está abriendo un programa de pasantías de verano para estudiantes talentosos de la ciudad. Trabajo directo en su laboratorio, mentoría personalizada, acceso a equipos que ni las mejores universidades del país tienen.

—¿Y por qué te escribe a ti sobre eso?

—Porque el correo no es genérico, Naruto. —Jiraiya señaló un párrafo específico—. Te está invitando a ti. Por nombre. Dice que ha seguido, aunque sea de lejos, cómo has crecido, y que le gustaría darte la oportunidad de continuar el trabajo que tus padres dejaron inconcluso.

El silencio que se instaló en la cocina tenía un peso distinto al de la noche anterior. Naruto se acercó a la pantalla y leyó el correo dos veces, como si las palabras fueran a cambiar en la segunda lectura.

—¿Por qué ahora? —murmuró—. Catorce años y de pronto decide que quiere que trabaje con él.

—No lo sé. —La voz de Jiraiya tenía un filo que Naruto rara vez escuchaba—. Y no me gusta no saberlo.

—Pero es una oportunidad enorme. Es Oscorp, es el laboratorio donde trabajaron mamá y papá, es—

—Es exactamente eso lo que me preocupa. —Jiraiya cerró la laptop de golpe, con más fuerza de la necesaria—. No estoy diciendo que no sea una oportunidad. Estoy diciendo que hay catorce años de silencio entre este hombre y nosotros, y de repente aparece justo cuando cumples dieciocho y puedes firmar tus propios contratos sin necesidad de mi autorización legal.

—A lo mejor solo se dio cuenta de que ya tengo edad para participar en algo así.

—A lo mejor.

No sonaba convencido. Naruto lo conocía lo suficiente para reconocer cuándo Jiraiya elegía sus palabras con cuidado, dosificando lo que decía para no alarmar más de lo necesario, y eso, paradójicamente, lo alarmaba más que cualquier explicación directa.

—¿Hay algo que no me has contado sobre lo que pasó? —preguntó, con una calma que no sentía del todo—. Sobre el accidente. Sobre Connors.

Jiraiya se apoyó contra la encimera, cruzando los brazos sobre el pecho. Por un momento pareció mucho más viejo de lo que Naruto lo veía habitualmente, el peso de dos décadas de secretos institucionales asomando bajo la fachada relajada que solía mantener.

—Hay cosas que no te he contado porque no las sé con certeza, y prefiero no especular contigo sobre algo tan importante. —Hizo una pausa—. Lo que sí sé es que la investigación en la que trabajaban tus padres se detuvo oficialmente el día del accidente. Connors continuó su propia línea de trabajo por su cuenta, financiado por Oscorp, alejado de SHIELD. Nunca volvimos a tener contacto directo, más allá de un par de correos protocolarios cuando cumpliste los cinco y los diez años.

—¿Te mandaba correos por mis cumpleaños?

—Los primeros años. Después dejó de hacerlo. Asumí que había pasado página, como todos terminamos haciendo con el tiempo.

—¿Y ahora?

—Ahora aparece con una invitación formal para que trabajes en su laboratorio, justo cuando terminas de convertirte en un adulto legal. —Jiraiya se frotó la frente—. Puede ser exactamente lo que parece: un hombre que respetaba a tus padres y quiere darte una oportunidad que consideras que mereces. O puede ser otra cosa. No lo sé, y eso es lo que no me gusta.

Naruto se sentó frente a la laptop cerrada, con la mirada perdida en algún punto de la mesa. La curiosidad que llevaba toda la vida cargando —la misma que lo empujaba a desarmar cualquier aparato electrónico que cayera en sus manos, la misma que lo mantenía despierto hasta la madrugada resolviendo problemas que nadie le había pedido resolver— se activó con una intensidad distinta esta vez. No se trataba solo de un enigma técnico. Se trataba de sus padres, de la última pieza de su historia que seguía sin encajar del todo.

—Quiero ir —dijo, finalmente.

—Lo sé.

—No es solo por curiosidad. Es—. Se detuvo, buscando las palabras correctas—. Es la posibilidad de estar en el mismo lugar donde ellos trabajaron. De ver lo que vieron. De entender en qué estaban tan concentrados que…

No terminó la frase. No hacía falta.

Jiraiya suspiró, un suspiro largo que sonaba a rendición anticipada más que a sorpresa.

—No voy a impedírtelo. Tienes dieciocho años, y aunque legalmente pudiera intentar detenerte de alguna forma retorcida, sabes perfectamente que no lo haría. —Se acercó y le puso una mano pesada sobre el hombro—. Pero quiero que me prometas algo.

—¿Qué?

—Que si algo se siente mal ahí dentro, aunque sea una corazonada, aunque no puedas explicarlo con datos ni con lógica, me lo dices de inmediato. No esperas a tener pruebas. No intentas resolverlo tú solo primero. Me lo dices.

Naruto lo miró a los ojos, esos ojos oscuros que había conocido toda su vida, la única figura constante desde que tenía memoria, y asintió con una seriedad que rara vez mostraba.

—Te lo prometo.

—Bien. —Jiraiya le revolvió el cabello con la mano libre, un gesto casi paternal que hacía desde que Naruto era pequeño y que nunca había dejado de hacer, aunque ahora tuviera que estirar el brazo hacia arriba en lugar de hacia abajo—. Entonces mañana llamamos a Oscorp y confirmamos tu participación. Pero voy a estar revisando cada detalle de ese programa personalmente. Si algo no me cuadra, lo saco a la luz aunque tenga que remover cielo y tierra dentro de SHIELD para hacerlo.

—No esperaba menos de ti.

Esa noche, de vuelta en el garaje, Naruto se sentó frente al reloj a medio terminar con una energía distinta a la de los días anteriores. Iris, siempre atenta, notó el cambio casi de inmediato.

—Tu ritmo cardíaco está elevado respecto al promedio habitual durante tus sesiones nocturnas. ¿Ocurrió algo relevante?

—Podría decirse que sí. —Naruto tomó el destornillador y comenzó a ajustar uno de los conectores internos, con las manos firmes pese a la mezcla de emociones que llevaba encima—. Voy a hacer una pasantía de verano. En Oscorp. En el laboratorio donde trabajaban mis padres.

—Interesante. ¿Debo actualizar mis parámetros de contexto con esta nueva información?

—Sí. Y guarda todo lo que encuentres sobre Curt Connors y sus investigaciones públicas. Publicaciones, patentes, cualquier cosa que sea de acceso abierto.

—Iniciando búsqueda. ¿Algún motivo específico para este interés adicional?

Naruto se quedó mirando el pequeño chip azul que parpadeaba en el centro del reloj, pensando en catorce años de silencio que de pronto se rompían sin explicación clara, en un padre y una madre que había perdido antes de poder conocerlos realmente, y en la sensación, cada vez más firme, de que estaba a punto de acercarse a algo que llevaba toda su vida buscando sin saberlo del todo.

—Quiero entender quiénes eran —dijo, en voz baja—. Antes de que fueran solo una historia que alguien más me cuenta.

Iris no respondió de inmediato. Cuando lo hizo, su voz tenía un matiz que Naruto no le había programado explícitamente, algo que se parecía, extrañamente, a la comprensión.

—Registrado como prioridad. Comenzaré a compilar la información disponible esta misma noche.

—Gracias, Iris.

—Es mi función.

Afuera, la ciudad seguía su curso habitual, ajena por completo a que en un garaje convertido en taller, un joven de dieciocho años acababa de aceptar una invitación que, sin que él lo supiera todavía, cambiaría no solo su comprensión del pasado de sus padres, sino el rumbo entero de su propia vida.

El reloj seguía sin terminar. El núcleo seguía recalentándose. Pero por primera vez en mucho tiempo, Naruto sintió que estaba a punto de resolver algo mucho más grande que un problema de ingeniería.



La llamada de confirmación llegó dos días después, un sábado por la mañana, mientras Naruto desayunaba cereal directamente de la caja porque Jiraiya se había quedado dormido y ninguno de los dos tenía especial talento para cocinar antes del mediodía.

—Residencia Uzumaki-Namikaze —contestó Jiraiya, con la voz todavía pastosa de sueño, antes de incorporarse de golpe al reconocer quién estaba al otro lado—. Sí. Sí, soy yo. Un momento.

Le pasó el teléfono a Naruto tapando el micrófono con la mano.

—Es la asistente de Connors. Habla tú, es tu pasantía.

Naruto tomó el teléfono con una mezcla de nervios y curiosidad que no recordaba haber sentido en mucho tiempo frente a algo que no fuera un problema de ingeniería.

—¿Sí? Habla Naruto.

—Buenos días, Naruto. Mi nombre es Marta Chen, soy la coordinadora del programa de pasantías del doctor Connors. —La voz era eficiente, profesional, del tipo que ha repetido la misma introducción cientos de veces—. Nos alegra muchísimo que hayas confirmado tu participación. El doctor Connors va a supervisarte personalmente, algo que no hace con ningún otro pasante del programa, así que quiero que sepas que esto es bastante inusual.

—¿Personalmente? Pensé que sería parte de un grupo más grande.

—Los demás pasantes sí trabajan en grupo, bajo la supervisión de los asistentes de laboratorio. Pero el doctor fue muy específico respecto a tu caso. Dijo, y cito textualmente, que “el hijo de Minato y Kushina merece continuar donde ellos lo dejaron, no perderse entre veinte estudiantes más”.

Naruto sintió un nudo extraño en el pecho al escuchar los nombres de sus padres pronunciados por una desconocida, con esa naturalidad de quien simplemente está transmitiendo un mensaje ajeno sin medir su peso.

—Está bien —respondió, tras un segundo—. ¿Cuándo empiezo?

—El programa arranca el primer lunes de junio, apenas termine tu ciclo escolar. Necesitarás pase de seguridad de nivel dos, que gestionaremos nosotros directamente con Oscorp, y firmar un acuerdo de confidencialidad estándar, nada fuera de lo común para este tipo de programas. Te enviaremos toda la documentación por correo esta misma tarde.

—Perfecto.

—Una cosa más. —La voz de Marta Chen bajó ligeramente de tono, como si estuviera leyendo algo que no formaba parte del guion habitual—. El doctor Connors mencionó que le gustaría reunirse contigo antes del inicio oficial del programa. En privado. Dijo que hay cosas que preferiría explicarte él mismo, sin protocolo de por medio.

—¿Qué tipo de cosas?

—No entró en detalles, lo siento. Solo dijo que tú entenderías cuando llegara el momento.

Naruto miró a Jiraiya, que había estado escuchando la conversación de pie junto a la encimera, con los brazos cruzados y una expresión que oscilaba entre la curiosidad contenida y algo más parecido a la alerta silenciosa.

—Está bien —dijo Naruto finalmente—. Coordinemos esa reunión también.

—Perfecto. Te contactaré con los detalles. Que tengas un excelente fin de semana, Naruto.

—Igualmente.

Colgó y le devolvió el teléfono a Jiraiya, que lo tomó sin decir nada durante varios segundos.

—“Cosas que entenderás cuando llegue el momento” —repitió Jiraiya, con un tono que dejaba claro exactamente cuánto le gustaba esa frase, que era nada—. Eso no suena a bienvenida institucional. Suena a alguien que quiere decirte algo que no puede poner por escrito.

—Puede ser simplemente sobre mis padres. Algo personal, no institucional.

—Puede ser. —Jiraiya dejó el teléfono sobre la mesa con más cuidado del necesario, como si necesitara ese segundo extra para ordenar sus pensamientos—. Voy a estar ahí afuera cuando tengas esa reunión. No dentro, entiendo que quiera hablar contigo a solas, pero voy a estar en el edificio.

—No hace falta que—

—No es una sugerencia, Naruto.

Naruto asintió, reconociendo el tono que Jiraiya usaba muy pocas veces, reservado para las contadas ocasiones en las que no había espacio para discutir. Y en el fondo, aunque no lo dijera en voz alta, agradecía saber que estaría cerca.




El lunes siguiente, en los pasillos del instituto, la noticia de la pasantía en Oscorp ya se había filtrado entre algunos de sus compañeros, principalmente porque Naruto había cometido el error de mencionárselo a un profesor de ciencias que no supo guardarse la emoción para sí mismo.

—¿Es en serio? —Gwen Stacy caminaba a su lado por el pasillo principal, con una carpeta de laboratorio apretada contra el pecho y una expresión de genuino interés que Naruto había aprendido a distinguir de la curiosidad superficial de la mayoría—. ¿Oscorp, el laboratorio de Connors? Ese lugar es prácticamente inaccesible para estudiantes de secundaria.

Gwen era una de las pocas personas del instituto con las que Naruto realmente disfrutaba hablar de ciencia sin tener que simplificar sus ideas ni fingir menos entusiasmo del que sentía. Rubia, de estatura media, con el cabello siempre recogido en una coleta práctica que dejaba libre un flequillo corto sobre la frente, tenía una manera de hacer preguntas que revelaba que realmente estaba escuchando las respuestas, no solo esperando su turno para hablar. Vestía, como casi siempre, una combinación sencilla de jeans y una chaqueta ligera, sin ninguna pretensión, algo que contrastaba con lo afilada que era su mente en cuanto se tocaba cualquier tema de biología o química.

—Connors me invitó directamente —explicó Naruto, bajando un poco la voz mientras esquivaban a un grupo de estudiantes que bloqueaba parte del pasillo—. Trabajó con mis padres antes de que yo naciera. Creo que es una especie de… no sé, homenaje, o algo así.

—Eso es enorme, Naruto. En serio. —Gwen se detuvo un momento frente a su casillero, marcando la combinación con movimientos automáticos mientras seguía hablando—. Llevo dos años intentando conseguir aunque sea una visita guiada a ese laboratorio para un proyecto de feria de ciencias, y ni siquiera contestan los correos institucionales.

—Puedo preguntar si hay espacio para más gente, si quieres.

—No te sientas obligado, no es lo que—

—No es obligación. —Naruto se apoyó contra el casillero de al lado, con una sonrisa relajada que contrastaba con la tensión que había cargado todo el fin de semana—. Si de verdad te interesa, no cuesta nada preguntar.

Gwen lo miró un segundo de más, con una expresión que Naruto no supo interpretar del todo, algo entre la sorpresa y algo más cálido que no llegó a nombrar.

—Te tomo la palabra —dijo finalmente, cerrando el casillero—. Pero en serio, felicidades. Sé cuánto significan tus padres para ti, aunque nunca hables mucho del tema.

—No hay mucho que contar. Los perdí muy chico.

—Aun así. —Se colgó la mochila de un solo hombro y empezó a caminar hacia el siguiente salón, mirándolo por encima del hombro—. Significa algo, que te hayan buscado a ti específicamente. Que alguien quiera que continúes lo que ellos empezaron.

Naruto la siguió, pensando que tenía razón, aunque una parte de él —la misma parte que había pasado la noche del viernes revisando con Iris cada publicación pública de Curt Connors que lograron encontrar— no podía evitar preguntarse si “continuar lo que empezaron” iba a resultar tan sencillo y tan noble como sonaba en la conversación de un pasillo escolar.




Esa noche, de vuelta en el garaje, Iris tenía lista la información recopilada.

—He completado la búsqueda solicitada. Encontré dieciocho publicaciones académicas del doctor Curt Connors entre los últimos veinte años, principalmente enfocadas en regeneración celular y terapia genética aplicada a extremidades perdidas. También encontré tres patentes registradas a nombre de Oscorp Industries relacionadas con las mismas áreas de investigación.

—¿Algo sobre el accidente de mis padres?

—Nada de acceso público. Los registros relacionados con ese incidente específico parecen estar clasificados o simplemente no digitalizados en fuentes accesibles. —Una pausa breve, casi deliberada—. Sin embargo, encontré algo que podría resultarte relevante: la última publicación conjunta entre el doctor Connors, Minato Namikaze y Kushina Uzumaki, fechada seis meses antes del accidente.

Naruto se enderezó en la silla.

—Muéstramela.

La pantalla del monitor conectado al taller mostró el resumen de un artículo técnico, denso en terminología que Naruto apenas comenzaba a comprender del todo, sobre “aplicaciones experimentales de secuenciación génica cruzada en modelos no humanos con fines de transferencia funcional”. El título por sí solo no explicaba demasiado, pero algo en la combinación de palabras —secuenciación cruzada, modelos no humanos, transferencia funcional— le generó una inquietud que no supo nombrar del todo.

—Iris, tradúceme esto a algo que no suene a diccionario médico.

—En términos simplificados: el estudio explora la posibilidad de transferir características genéticas específicas de una especie a otra, con el objetivo declarado de aplicar esas características a la regeneración de tejido humano dañado.

—¿Transferir características de qué especie a cuál?

—El resumen no lo especifica. El artículo completo requiere acceso institucional que no poseo.

Naruto se quedó mirando la pantalla durante un largo rato, con el peso de la conversación con Jiraiya todavía fresco en la memoria. Si algo se siente mal ahí dentro, aunque sea una corazonada, me lo dices de inmediato.

No tenía pruebas de nada todavía. No tenía más que un resumen técnico incompleto y una sensación difusa que podía deberse tanto a una genuina señal de alerta como a los nervios normales de estar a punto de entrar, por primera vez en su vida, al lugar exacto donde sus padres habían pasado sus últimos años trabajando.

—Guarda esto, Iris. Todo lo que encuentres relacionado con este estudio en particular, aunque sea indirecto.

—Registrado como prioridad máxima.

Cerró la laptop y se quedó un momento sentado en la oscuridad del garaje, iluminado apenas por el brillo azulado del núcleo del reloj todavía sin terminar. Faltaban semanas para que comenzara oficialmente la pasantía, semanas que de pronto se sentían mucho más largas de lo que había imaginado al principio, cargadas de una expectativa que ya no era solo curiosidad ni solo nostalgia.

Era, empezaba a comprender, el inicio de algo que iba a cambiarlo todo, aunque en ese momento, sentado frente a un reloj a medio construir con el único propósito de ser un asistente inteligente y nada más, no tuviera manera de imaginar cuánto.



Continuara....

Chapters
1. CAPÍTULO 01
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