Cap1:El peso de los valores
Si pudiera controlar la mente de los demás, ¿sería más fácil comprender la vida... o solo profundizar en su confusión? Hoy me encuentro llena de dudas, desorientación y, a veces, un poco de odio hacia el mundo. A veces, ignorar es lo único que me permite mantenerme en pie. La vida está llena de personas buenas y malas: aquellas que ríen contigo pero desaparecen cuando las necesitas, y aquellas que critican sin conocerte.
Cuando era pequeña vivía con mi madre "Mikouri Mireille" en Douala, Camerún. Ella es un corazón puro y amable, siempre dispuesta a ayudar. Pero incluso sus amigas, las que parecían buenas, a veces le hacían daño. Mi madre me contaba todo, y su tristeza se convertía en la mía. Me preguntaba a mí misma: si comparto su corazón, ¿yo también sufriré así?
Me intrigaba cómo podía seguir ayudando sin esperar nada a cambio. Cuando me mudé a España para vivir con mi padre "Mba ibrahim", descubrí otra forma de dificultad: la disciplina estricta. Hasta hoy, convivir con él me exige obediencia, límites, paciencia. Sé que lo hace por mi futuro, pero a veces me pregunto: ¿es la adolescencia lo que me hace cuestionarlo todo, o simplemente me resisto a que mi futuro dependa de reglas que no elegí?
Muchos adolescentes sueñan con riqueza y éxito, pero yo sé que el dinero no lo es todo. Todo empieza en casa, con los valores que nos transmiten nuestros padres. Ningún padre desea ver sufrir a su hijo, aunque a veces parezca que su método es severo o incomprensible.
Un día le dije a mi padre que trabajara muy duro ahora, para que en el futuro pudiera darme una casa y un coche, y así yo no sufriera. Lo dije como si toda mi vida dependiera únicamente de su esfuerzo, sin medir la presión que esas palabras podían causar.
Con el tiempo comprendí algo esencial: la herencia verdadera no se mide en bienes materiales, sino en conocimiento, valores y la calma interior que uno cultiva. Quien desea construir algo duradero debe primero crear serenidad a su alrededor. Bloquear la mente o dejar que los pensamientos negativos dominen hace que cualquier objetivo se vuelva imposible.
Es igualmente crucial rodearse de personas de buen corazón, que animen y guíen por el camino correcto. La calma del espíritu permite pensar con claridad, actuar con justicia y atraer a quienes contribuirán a tu crecimiento verdadero. Construir primero la paz interior es la base de todo lo demás. Mi madre siempre me decía que la vida es sencilla, pero que somos los humanos quienes la complicamos. Cuando hay armonía en una casa, todo fluye. Cuando hay paz, todo funciona.
Por eso es tan importante saber de dónde vienes. Mi familia no es rica, pero jamás me avergonzaré de mis raíces. No me avergüenzo del lugar que me vio nacer.
En mi país, muchos jóvenes de mi edad abandonan la escuela. No porque no tengan sueños, sino porque ven que los que estudiaron antes que ellos siguen sin trabajo. ¿Para qué esforzarse si el esfuerzo no garantiza nada? Esa pregunta se instala en la mente de muchos. Y así comienza la migración.
No es fácil dejar tu tierra. No es fácil salir de tu zona de confort. Yo lo hice. Y entendí que emigrar no es solo cambiar de país, es cambiar de identidad, de mirada, de realidad.
Aquí he visto cosas que, si las cuento en África, algunos no las creen. He visto lo difícil que es para muchos africanos encontrar un buen trabajo. He visto cómo, sin diplomas, las puertas se cierran aún más rápido. He visto cómo muchos terminan en trabajos duros, mal pagados, invisibles.Y entonces me invade una contradicción.
África es rica. Rica en recursos, en materias primas, en cultura, en fuerza humana. De su tierra salen riquezas que sostienen economías enteras.
Entonces, ¿por qué tantos jóvenes tienen que irse?
¿Por qué la abundancia convive con la necesidad?
No siento vergüenza.Siento preguntas.
Tal vez la pobreza no siempre es falta de riqueza.
Tal vez es falta de justicia.Y mientras intento comprender el mundo, también intento comprenderme a mí misma: hija de una tierra rica que lucha, caminando entre dos realidades que todavía estoy aprendiendo a reconciliar.








