Customize readability
Aa

Tiene Espinas El Rosal

Summary

—Lejos estarían de pensar que serían su penitencia.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 01 - Tacos en Force India

13 Marzo 2015 Melbourne Australia

El ambiente en los garajes era el caos habitual de un fin de semana de Gran Premio. Eran las prácticas de la primera carrera del año en Melbourne y los ingenieros de todas las escuderías estaban completamente abrumados. Había muchos rookies debutando, corriendo al lado de leyendas de la categoría.

Pero entre todo ese alboroto estaba Max.

Sentado afuera del hospitality de Toro Rosso, con los audífonos puestos, miraba con absoluta indiferencia cómo la gente corría de un lado para otro. Mientras los demás sudaban frío por los nervios, él estaba tranquilo. Demasiado tranquilo. Ni siquiera habían empezado las prácticas y ya daba todo por ganado; se sabía que era una futura leyenda, no sentía la necesidad de practicar porque ya estaba convencido de que ganaría.

De pronto, la música en sus audífonos cambió repentinamente. Pasó de una canción de electrónica de ritmo rápido a una cumbia vieja que no conocía.

«Yo buscaba en tu cariño un amor que no he tenido...» decía la letra.

A Max le intrigó el ritmo cadencioso y la letra melancólica.

«Lejos estaba de pensar que serías mi penitencia... Cuánto tiempo he de llorar, cuesta caro la experiencia»

La canción sonó un momento más antes de cortarse de golpe. Tan pronto como la música se apagó, también se fue la tranquilidad de Max: una mano se posó firmemente en su hombro, sacudiéndolo.

Max se quitó los audífonos rápido, un poco sobresaltado por el susto. Miró por encima del hombro y vio el rostro impaciente de su compañero de equipo, Carlos Sainz, quien también debutaba ese fin de semana.

—¿Pero tío, qué haces aquí? —exclamó Carlos, hablándole con rapidez—. Toast te ha estado buscando un rato. ¡Que ya van a empezar las prácticas y tú no has aparecido!

—¿Cómo me va a estar buscando? —respondió Max, señalando a su alrededor dramáticamente—. Si literalmente estoy aquí, fuera del hospitality.

—Bueno, pues que no se ha dado cuenta... ¡pero ya, a irnos! —Carlos lo tomó con fuerza del brazo, obligándolo a levantarse de la silla.

Los chicos caminaron con prisa hacia el garaje de Toro Rosso. Carlos prácticamente iba arrastrando a Max para que apurara el paso, esquivando mecánicos e ingenieros por el camino. Cuando por fin llegaron, el equipo entero los estaba esperando con los monoplazas encendidos, rugiendo en el espacio cerrado y listos para salir a la pista.

—¡¿Dónde estaban?! —preguntó Franz Tost con clara impaciencia, mirando de forma severa a los dos jóvenes—. Faltan tres minutos para la primera práctica, se supone que ya deberían estar en la pista.

—Pues es que Max no aparecía y lo tuve que ir a buscar —explicó Carlos, visiblemente nervioso mientras agarraba su casco de una silla.

Max, en cambio, ni se inmutó. Agarró su casco con parsimonia y empezó a ponérselo lentamente.

—¿Dónde estabas, Max? —una voz ronca y pesada resonó detrás del neerlandés.

Max, que hasta ese segundo había actuado como si nada en el mundo le importara, se puso rígido al instante. Se notó un nerviosismo repentino en sus hombros y agachó la cabeza, asustado al reconocer la voz de su padre.

—Y-yo... No... No sabía a qué hora tenía que estar aquí —murmuró con la vista fija en el suelo.

Jos dio un paso firme hacia su hijo, pero Franz Tost se interpuso con agilidad entre los dos.

—Ya no importa dónde hayas estado. Ahorita lo único que ocupo es que se suban a los monoplazas y salgan a la pista —Franz miró el reloj en su muñeca—. ¡Un minuto para la práctica! ¡Apúrense!

Los dos debutantes se ajustaron los arneses en sus respectivos coches y salieron del garaje. Carlos fue el primero en tomar la calle de boxes. Sin embargo, cuando Max estaba a punto de incorporarse al tráfico del pit lane, un monoplaza de Force India se le atravesó agresivamente para ganar el lugar.

Los coches rozaron ligeramente, obligando a Max a frenar en seco para evitar una colisión absurda.

Max apretó la mandíbula con rabia, conteniéndose para no soltar un insulto por la radio.

Desde la cabina del Force India, el otro piloto levantó una mano en el aire haciendo un gesto de disculpa.

—¡Perdóname, güey, voy tarde! —se escuchó decir al piloto antes de acelerar a fondo, dejando a Max con el coche atravesado en medio del pit lane.

—🏁—

La primera práctica del día terminó siendo un rotundo éxito para la escudería. Para ser su primera sesión oficial en la Fórmula 1, a los dos chicos les había ido increíblemente bien: terminaron en 4º y 6º lugar.

Al regresar al garaje de Toro Rosso, ambos bajaron de los coches fatigados por el esfuerzo físico y sudando debido al calor sofocante dentro del cockpit. A su alrededor, los ingenieros trabajaban documentando el rendimiento de los sistemas. En una esquina del garaje, Jos estaba sentado con los brazos cruzados, desprendiendo esa aura de intimidación que lo caracterizaba.

—Eso, muchachos, lo hicieron bien —felicitó Franz Tost, dándoles una palmada aprobatoria.

Carlos esbozó una sonrisa de alivio, mientras que Max solo asintió en silencio con la cabeza.

—Bueno, pues faltan dos horas y media para la próxima práctica —añadió Franz—. Pueden descansar, echarse un pase o a ver qué hacen.

Carlos suspiró con fuerza, feliz de poder tener un respiro.

—Yo me voy a ir a dormir un momento —dijo, quitándose el casco para airearse la cara.

En ese instante, Jos clavó una mirada penetrante sobre Max.

—¿Tú te piensas quedar todo el día con el casco puesto? —le espetó desde la esquina con una voz helada.

A Max le recorrió un escalofrío por la espalda. Comenzó a jalar el casco para quitárselo rápidamente, pero por la prisa y la brusquedad del movimiento, el casco se le quedó atorado a la altura de las orejas. Eso enfureció a Jos, quien se puso de pie y caminó hacia él con pasos pesados.

—Parece que no puedes hacer nada bien —masculló Jos entre dientes, con la mirada clavada en su hijo.

Con un jalón excesivamente brusco y rápido, le arrancó el casco de la cabeza, lastimándole violentamente las orejas en el proceso.

—Perdón... —murmuró Max, agachando la cara para ocultar la mueca de dolor.

—No te quedes ahí parado con cara de pendejo, vete a hacer algo —ordenó su padre con dureza.

—Voy... Voy a caminar por el paddock —dijo Max a toda prisa.

Salió del garaje casi huyendo, mientras los demás presentes se le quedaban mirando a Jos en un silencio incómodo.

—Jos, ¿no crees que... —intentó intervenir Franz el ingeniero, pero se cortó a mitad de la frase al ver la mirada fulminante que le dirigió Jos.

Mientras tanto, Max caminaba a paso acelerado por la parte trasera de los garajes con la vista fija en el suelo, tratando de tragarse el enojo y la vergüenza. Iba tan distraído que no vio a la persona que venía de frente en su camino, chocando de lleno contra ella y cayendo de nalgas al suelo.

Max levantó la vista molesto para ver con quién se había tropezado. Se encontró de frente con el piloto mexicano de Force India. Ya lo conocía de vista; lo había observado en entrevistas, eventos con patrocinadores y cenas oficiales, pero jamás lo había tenido tan cerca.

Max abrió la boca para reclamarle, pero la voz se le congeló en la garganta. Se quedó completamente hipnotizado mirando al mexicano: sus ojos marrones profundos, la curva de su sonrisa, las pequeñas pecas que le cruzaban el puente de la nariz...

Por alguna extraña razón, la figura de Sergio le trajo el recuerdo de aquella cumbia que había escuchado antes de que Carlos lo interrumpiera. ¿Sería por el acento?

—Ahora sí quedamos a mano —dijo Sergio, mostrándole una sonrisa cálida y extendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse.

La voz de Sergio lo sacó del trance. Max tomó su mano —notando lo firme y cálida que era— y se puso de pie.

—¿A mano por qué? —preguntó Max, sin poder apartar la mirada de las pecas del mexicano.

—Por lo de hace rato en el pit lane, güey. Fui yo el que se te atravesó feo.

En cualquier otra circunstancia, saber que él era el responsable del incidente en el pit habría hecho que Max se enfureciera. Pero ahí parado, sintiendo aún el calor de la mano de Sergio, extrañamente no sintió ni una pizca de rabia.

—No pasa nada —alcanzó a decir Max, aclarándose la garganta—. El coche no sufrió daños.

—Menos mal, porque tu papá se veía como que quería soltar chingazos —comentó Sergio con una risita ligera, mirando de reojo hacia el garaje de Toro Rosso y negando suavemente con la cabeza—. Oye, vi tus tiempos. Para ser tu primera práctica oficial, andas volando.

El elogio sincero desarmó a Max por completo. Acostumbrado a las exigencias destructivas de Jos, que un piloto experimentado hablara de su talento con esa soltura le provocó un vuelco en el estómago.

—El balance del coche estaba bien en las curvas rápidas —respondió Max, tratando de sonar profesional aunque sentía las orejas rojas y no solo por el casco —. Pero todavía nos falta tracción al salir de la tres.

—A todos nos falta algo en este circuito —dijo Checo, dándole una palmadita en el hombro que le hizo erizar la piel—. Escucha, después de la FP2 voy a pedir algo de comer al hospitality. Nada de las dietas raras que nos ponen los entrenadores; pedí unos tacos al pastor. ¿Y si le caes para allá y comemos algo? Te va a venir bien despejarte de la telemetría un rato.

Max parpadeó sorprendido. La idea de irse a comer con un piloto de otro equipo —y además comer algo fuera de la dieta estricta— era una violación directa a las reglas de Jos.

—Tengo que revisar los datos con mi padre después de la práctica... —murmuró Max, odiando la duda en su propia voz.

Sergio ladeó la cabeza, observándolo con una mezcla de comprensión y picardía.

—Los números no se van a ir a ningún lado. Hay tragar, güey. Si te da miedo la dieta, te pido algo ligero. Te veo en Force India a las seis, ¿sale?

Sin darle tiempo a negarse, Checo le guiñó un ojo y caminó hacia su motorhome, dejándolo solo en el pit.

—🏁—

La Segunda Práctica Libre fue un desastre técnico para Max. Mientras Carlos Sainz marcaba un excelente 7º tiempo completando más de 40 vueltas, el monoplaza del neerlandés sufrió un fallo en el sistema eléctrico y la batería apenas en la sexta vuelta. Los mecánicos tuvieron que desarmar la parte trasera del auto, dejando a Max sentado al fondo del garaje viendo cómo el tiempo se agotaba.

A su lado, Jos no dejó de lanzar comentarios hirientes en holandés, recriminándole que si hubiera estado más atento a los detalles mecánicos desde la mañana, el error no habría ocurrido.

Por eso, en cuanto ondeó la bandera a cuadros Max no lo pensó dos veces. Aprovechando que Jos discutía con Franz Tost sobre los repuestos, se escurrió por la puerta trasera del garaje y caminó directo hacia la estructura de Force India.

El ambiente ahí era totalmente distinto. Había música latina sonando a volumen moderado y un delicioso olor a tacos y especias. Sergio estaba sentado al fondo, riendo con sus ingenieros. Al ver llegar a Max, levantó la mano.

—¡Llegas a tiempo! Pensé que te me habías rajado —dijo Checo, señalando la silla a su lado.

Max se sentó tímidamente. Frente a él, Sergio preparó dos tacos en un plato de plástico, le exprimió limón encima y se los pasó.

—Come. Si te la pasas amargado por una falla eléctrica un viernes, no vas a durar en este deporte —dijo Checo con una sonrisa abierta.

Durante casi una hora, comieron y hablaron. Sergio le contó anécdotas de sus primeros años, de cómo gestionar la presión de la prensa y de las mañas que usaban los pilotos más viejos en la pista.

Max casi no habló; se limitó a escuchar la voz cálida del mexicano, fascinado por la tranquilidad que transmitía y por la forma en que sus ojos marrones se iluminaban al reírse. Por primera vez en todo el día, la presión en el pecho de Max desapareció por completo.

—Bueno  —dijo Checo levantándose al terminar la hora—. Mañana hay que clasificar. Olvídate de la batería de hoy; tienes manos de sobra para meter ese auto en la Q3.

—Gracias... por los tacos y por hablar conmigo —dijo Max, poniéndose de pie también.

—Cuando quieras, güey. Nos vemos en la pista.

Antes de irse, Sergio le dio una palmadita cariñosa en el cuello, justo donde nace el cabello. Fue un toque rápido, pero dejó una sensación de calor tan intensa en la piel de Max que se quedó inmóvil varios segundos después de que el mexicano se fue.

—🏁—

Más tarde esa noche, en la habitación 333 del hotel, el aire estaba fresco. Max regresó en silencio tras haber soportado otra reprimenda de Jos en el vestíbulo, aunque esta vez las palabras de su padre le habían entrado por un oído y salido por el otro.

—Por fin llegas, tío —dijo Carlos desde su cama, mirando su teléfono—. Pensé que tu padre te había dejado haciendo flexiones en el garaje. ¿Dónde estabas?

—Comiendo algo —respondió Max secamente, quitándose los zapatos.

—¿Comiendo? Si la cena del equipo fue hace horas. ¿Con quién estabas?

—Con Checo. En Force India —soltó Max, poniéndose una playera holgada para dormir.

Carlos se incorporó un poco en la cama, sorprendido.

—¿Con el mexicano? Vaya... no sabía que se llevaban. En fin, descansa, que mañana la clasificación va a estar dura.

—Buenas noches, Carlos.

Cuando se apagaron las luces, la habitación quedó sumida en la penumbra. Carlos se durmió rápidamente, empezando a roncar como tractor descompuesto, pero Max permaneció despierto con los ojos abiertos, mirando al techo.

En su mente no había telemetría, ni curvas, ni las broncas de Jos. Lo único que podía ver eran los ojos marrones de Sergio, su sonrisa tranquila y el recuerdo imborrable de su mano apretándole el cuello.

Max se giró de lado, abrazando la almohada con fuerza y sintiendo un vuelco extraño en el estómago.

A lo lejos, en su cabeza, volvió a resonar aquella cumbia vieja que había escuchado por la mañana:

«Lejos estaba de pensar que serías mi penitencia...»

Let ꪖlissha ꪉrown ☆ know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

 Mehrfach zurückgewiesene Gefährtin

Silvia: Sehr schön geschrieben, mit Spannung von Anfang bis Ende. Tolle Geschichte .

Read Now
Ein Kuss für den CEO

phelix21: Gesucht, leichte Kost für zwischendurchGefunden, viel Wahrheit in jedem Kapitel!Jedes Kapitel mit einem Tagebucheintrag zu beenden ist ein schöner schreibtechnischer Kniff.

Read Now
Alien Claim: Book 1

Noor jahan: THE NOVEL WAS TRULY AMAZING, SO AMAZING THAT I WISHED FOR ME BEING KIDNAPPED BY SUCH ALIEN 🤣🤣🤣

Read Now
Stripped Shadows

Pfefferwinz: Richtig gut geschrieben und spannend bis zum Schluss.Ich kann es nur absolut empfehlen und bin auch schon bei der Fortsetzung, ... soweit wie sie eben schon fertig gestellt ist. Ich bin sehr gespannt was noch kommt ♥️Danke für die Bereicherung meiner Freizeit. Für mich der perfekte Ausgleich zumArbe...

Read Now
Broken Halos MC

Tatouie: There wasn’t anything I didn’t like except maybe more of a finality to the European Charter that was up to no good. I feel like they wouldn’t have left so quietly. Otherwise loved the story, great rhythm can’t wait to read more books.

Read Now
Sweet Caroline

Doridoo: I really enjoyed this story and had trouble putting it down at 2:00 in the morning but couldn’t read more due to blurry eyes! I even reread the chapter I left on so I could relive it again. The story had me tear up and gasp in parts. I Look forward to more stories from this author. Now I need to ca...

Read Now
La louve enchaînée

lamia housni: Ce n’est pas un histoire d’amour Plutôt intrigue

Read Now
The Grumpy Next Door

Rikke: It’s a nice feel good story. It’s funny, romantic and absolutely perfect for a Saturday morning with your morning coffee.

Read Now