Between Looks by AeraleMin at Inkitt
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Between Looks

Summary

¡Tu Solo Quieres Es Mi Maldita Atencion! Para Sol-a, su llegada a Seúl significaba un nuevo comienzo: una vida tranquila, enfocada en terminar sus estudios sin mayores complicaciones. Lo que no esperaba era que el destino le jugará una carta inesperada al cruzar su camino con Min Yoongi, alguien capaz de poner su mundo de cabeza con solo una mirada.

Genre
Drama
Author
AeraleMin
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


POV Sol-a

Porque el destino quiso que estuviera aquí.

Desde que me mudé, mi vida ha estado... mmm, complicada, por así decirlo.

No me gusta salir demasiado.

Me han invitado a muchas fiestas, entre ellas una amiga que hice cuando llegué a este lugar.

Papá ha insistido en que salga para distraerme un poco, pero sinceramente prefiero quedarme en mi cama con un buen libro.

Vengo de un pueblo bastante bonito, a unas cuantas horas de aquí, de la ciudad de Seúl.

Supongo que solo es cuestión de tiempo para acostumbrarme.

O simplemente huir... y listo.

—Sol-a, baja, es hora de desayunar...

Bueno, seguiré escribiendo después de llegar de la escuela.

Diario, espero que esta vez pueda dejarte aquí y encontrarte de nuevo cuando regrese.

Bajo las escaleras mientras acomodo mi uniforme, hasta llegar a la cocina y sentarme en la barra, donde se encuentran la señora encargada del departamento y mi nana.

—Buenos días, señora Yun —esbozo una sonrisa.

—Buenos días. Toma, tu desayuno —me extiende un plato con comida—. ¿Cómo dormiste?

—Bien, gracias. Mi papá no ha llamado —llevo un pedazo de waffle a la boca—, o al menos no dijo nada cuando salió al trabajo.

Mmm... esto está uff.

—No, al menos que yo sepa —responde mientras sostiene una jarra de jugo—. Llegué hace como una hora y no he oído el teléfono sonar. Creo que tenía una junta hoy.

—Entiendo. Quería avisarte que hoy llegaré un poquito tarde —me mira atentamente—, para que después no digas que no te avisé.

—¿De qué se trata? —sirve jugo en un vaso—. ¿Vas a salir o ver a alguien?

—Visitaré a Eun-Ji. Hace mucho que no la veo y me dijo que me enseñaría algunas cosas —termino mi plato y lo dejo a un lado—. Iré a verla a las dos.

Lee Eun-Ji es mi hermana mayor. Vive y trabaja aquí desde hace varios años como productora musical de bandas, cantantes y algunas empresas.

Hoy quedamos en vernos porque tiene unas horas libres.

Ella es todo un legado de grandes obras; desde pequeña le han fascinado los sonidos, incluso los más extraños, y sobre todo las letras profundas, más aún cuando las crea por su propia cuenta.

Somos hijas de la misma madre, aunque no del mismo padre. Aun así, papá la quiere como una hija más desde que se casó con mamá... y luego llegué yo.

—De acuerdo —sonríe—. Solo asegúrate de que ella te traiga de vuelta, ¿sí? Y dile que venga uno de estos días, aunque sea a almorzar.

—Está bien. Nos vemos luego, llegaré tarde —me levanto del taburete, me acerco a ella y estiro los brazos antes de tomar mi mochila—. No tardaré tanto, de verdad.

—Ten cuidado —me da un pequeño abrazo—. No hables con extraños.

—Sí, lo sé —pongo los ojos en blanco—. Sé cuidarme sola.

Me acerco a la puerta y, antes de salir, me giro hacia ella.

—Hasta luego, Sol-a —agita la mano—. Apúrate o se te hará más tarde.

—Que tenga un lindo día, señora Yun —le sonrío.

Asiento y salgo del departamento, ubicado en un edificio a unas siete cuadras de mi escuela.

Bueno, aquí vamos... como todos los días que sobran de este maldito año.

La estructura de la escuela es tan grande que cualquiera podría perderse.

Menos mal que mi amiga Yerim me ha ayudado bastante.

Las clases continúan con su habitual normalidad desde que llegué.

Mis compañeros han sido amables conmigo; no me he sentido excluida ni maltratada en ningún momento.

Supongo que eso es algo bueno.

Una preocupación menos.

Una de mis materias favoritas son Literatura.

Las bibliotecas aquí son mucho más grandes de lo que imaginaba. Ya hablé con papá sobre lo que quiero estudiar y a dónde ir.

De todas formas, mi cumpleaños es en tres meses...¿qué podría pasar en ese tiempo?

Nada.

O eso espero.

—Sol... —Yerim se acerca a mi lado con una sonrisa—. ¿Tienes libre hoy en la tarde?

—Lo siento, iré a ver a mi hermana —hago un pequeño puchero—. Tal vez otro día.

—Siempre es “otro día” —frunce el ceño—. Tienes que salir, Sol-a, o te vas a quedar sola.

—Yerim, ya sabes que soy tímida e introvertida —tomo su mano—. Además, no estoy buscando compañía por ahora. Pero... ¿qué querías hacer?

—Ir al centro comercial —niego con la cabeza—. Abrieron una nueva tienda. Es Dior.

—Tienes ropa suficiente para sobrevivir esta vida, la otra y la siguiente —digo, pensando en su interminable colección de zapatos.

—Sí, pero hay que ser un poco avariciosa —sonríe—. No puedes conformarte con tan poco... igual que con los hombres. ¿O no, Solecito?

—Habló la que tiene a uno que la trata como princesa —enarco una ceja—. Park Jeon solo tiene ojos para ti.

—Y no es el mejor —dice con sonrisa angelical—. Ya te conseguiré uno así, ya verás.

—No, gracias. Estoy bien así por ahora.

—Ok, nenita —pone los ojos en blanco.

—Eh... ¿no tienes hambre? Porque yo sí.

—Entonces vamos a la cafetería —entrelaza su brazo con el mío y salimos del salón—. Oye, escuché que tendremos un nuevo maestro de Poesía.

—¿En serio?

—Sí. Dicen que tiene treinta y un años y que es demasiado atractivo para su edad.

Después de eso dejé de escuchar. Tenía mucha hambre como para pensar en un nuevo profesor que me hiciera dudar de mi propia existencia, como lo hacía el profesor Kang.

Las clases continuaron tranquilas, como siempre.

Luego recojo mis cosas y...

—Yerim, cielo, ya llegué por quien pensabas —Jeon entra al aula con una flor de loto en la mano. Me dedica una pequeña sonrisa antes de acercarse a su novia.

Es un buen chico.

O al menos eso aparenta.

—Gracias, cariño. ¿Estás listo? —pregunta Yerim.

—Más que listo —responde él.

Entrelazan sus manos y pasan a mi lado, no sin antes Yerim decir:

—Nos vemos luego, Sol —me sonríe—. Ten cuidado y pásala bien con tu hermana.

—Ustedes también. Adiós —les devuelvo la sonrisa.

Guardo lo último en mi mochila, salgo de la escuela y me dirijo al departamento de mi hermana.

Seúl es realmente hermoso... Me gustaría tomar clases de pintura para poder plasmar estos paisajes tan increíbles.

Mi perfil está un poco abandonado.

Tal vez hoy publique algo: poemas, frases... mmm, sí, bastante abandonado está.

Papá siempre me ha impulsado en todo lo que me gusta hacer, al igual que Eun-Ji.

El problema soy yo.

No me siento lo suficientemente valiente como para mostrar mi talento al mundo... ni a esta estúpida sociedad que siempre espera algo más, algo perfecto.

Unos minutos después estoy frente al edificio donde vive Eun.

Toco el timbre.

La puerta se abre y aparece mi querida hermana mayor, una de mis mayores fuentes de inspiración.

—Hola, Sol. Qué bueno que ya llegaste, te estábamos esperando —dice con una sonrisa.

Al decir eso, una bola de pelos bastante peluda se asoma entre sus piernas y luego se frota contra las mías, reclamando atención.

—Igual —sonrío mientras tomo al gato entre mis manos para mirarlo de frente—. Hola, Nue.

Él responde con un pequeño sonido, como si también me saludara.

—Entremos —dice Eun—. Hace mucho calor y mi estudio es el único lugar con aire en todo el departamento. Por cierto... te ves muy bien.

—Sí, con mi uniforme, seguro —bromeo.

—Aun así —se ríe—. Tú también te ves bien.

—Mira quién habla —me burlo—. Con el cabello todo loco, aunque sea en un moño medio amarrado.

Las dos reímos.

Ya en su estudio, observo con atención.

Mmm... ha cambiado un poco el equipo.

—¿Por qué tienes tantas cosas? —pregunto con curiosidad.

—Porque es lo que las artistas como yo necesitamos —responde con total seguridad.

—Oh... ¿y esto de aquí qué es? —señalo una carpeta en el ordenador con el nombre"Maroon.”

—Algo en lo que estuve trabajando —dice—, pero lo dejé por falta de inspiración.

—¿Y por “granate” en inglés?

—Es una de mis canciones favoritas. Es de Taylor Swift.

—Estás traumada, Eun-Ji.

—No lo estoy —frunce levemente el ceño—. Y tú, ¿cómo sabes de qué trata la letra como para decir eso?

—Yo también escucho a Taylor —me encojo de hombros—. No eres la única.

—Entonces tú también estás traumada —enarca una ceja, divertida.

—Aún no me lo han provocado... Nunu.

—Oye —ríe—, así me decías cuando eras pequeña. Bueno... sigues siendo pequeña.

—JAJAJA, está bien, ganaste. Oh, Nue, ¿qué pasa...?

No termino la frase cuando el animal comienza a lamer mi nariz.

—¿Te molesta si les tomo una foto y la subo? —pregunta Eun.

—No, está bien. ¿Estás de acuerdo, Nue? —el gato ronronea—. Creo que eso fue un sí... pero también subiré una tuya.

—De acuerdo —sonreí—. Te quiero, hermanita.

—Y yo a ti, genia.

Podremos tener nuestras diferencias.

Pero nuestro vínculo... nos hace inseparables.

—Sol, ¿tienes libre este fin de semana?

—Eh... yo... bueno... no.

—Sí lo tienes —entrecierra los ojos—. Lo que pasa es que no quieres ir.

—Pero... es que...

—Vamos —me interrumpe—. Yo estaré contigo, no te va a pasar nada, tranquila —toma mi mano—. No pasará lo mismo que con Seok Woo.

Seok Woo.

Maldito hombre.

Seok Woo fue, y será, la razón por la que dejé de confiar en las personas.

Se preguntarán quién es.

Fácil: mi primer novio... y el último. Por su maldita culpa casi no sobrevivo.

Y por si fuera poco, casi acaba con la empresa de mi padre.

Lo conocí una vez que fui a entregar unos papeles que papá había olvidado.

Era asesor, nuevo en la empresa.

Solo era tres años mayor que yo.

Yo tenía dieciséis... y vaya etapa tan horrible fue esa.

Después de él, no dejé que nadie se me acercara.

Por miedo.

Por terror a que solo me usaran.

Se acercó a mí solo para arruinar a mi papá.

Nunca me quiso... como decía quererme.

Un vil y sucio juego.

—No dejaré que ninguno, a menos que sea conocido mío, se te acerque —dice Eun con firmeza—. Ve y distráete un rato. No te pasarás la vida leyendo.

—De acuerdo —digo finalmente.

—¡Ehhh, sí! ¡Qué maravilla! —se levanta de la silla y comienza a apagar el equipo—. Te llevo.

—Por favor.

Un rato después estamos afuera de mi apartamento.

—Pasaré por ti a las ocho —dice—. Ponte más bonita de lo que ya eres, ¿vale?

—Sí —pongo los ojos en blanco mientras bajo del auto—. Vete a descansar.

—Dale saludos a la señora Yun. Adiós.

—Adiós, Nunu —sonrío, divertida.

—¡Solecito! —alcanzo a escuchar antes de que se vaya.


Me preparo desde muy temprano.

Me pondré el vestido que papá me regaló el año pasado por mi cumpleaños.

Por fin tengo una razón para usarlo.

El dichoso evento al que iré con Eun-Ji.

En la semana me mencionó que sería algo de poetas, música y arte.

El sonido de la puerta me saca de mis pensamientos.

—Sol, ¿se puede? —escucho la voz de papá del otro lado.

—Sí, pasa.

—Hola, hija. ¿Qué tal tu día? ¿Ya estás lista?

—Mmm... más o menos —digo mientras juego con mis dedos.

—Te ves tan preciosa... me recuerdas a tu madre, Haneul.

—Lo sé —sonrío apenas—. Cada vez que puedes me lo recuerdas. Mamá era hermosa, no lo dudo.

—Mira, Sol —toma mi mano con suavidad—. Quiero que te diviertas, que la pases bien esta noche con tu hermana. No quiero que todo el tiempo estés encerrada en esta habitación... y no te cierres a estar con alguien, ¿de acuerdo?

Hazlo.

Hazlo.

No se piensa... se intenta.

—Lo intentaré —digo finalmente—. Solo no te prometo nada.

Papá toma aire, lo suelta despacio y asiente.


Eun-Ji me recoge a la hora acordada.

Vamos en el auto con una charla tranquila, hasta que finalmente aparca frente a lo que parece un club.

Entramos.

El ambiente se llena de voces, música y gente por todos lados.

Ha pasado casi una hora.

La verdad... estoy un poco aburrida.

Al menos Nunu no se ha separado de mí, como lo prometió.

De pronto, alguien se le acerca para decirle algo.

Más bien... pedirle un favor.

Le entrega una especie de ramo.

—Oh, sí, sí —dice Eun—. Lo mandaré con mi hermana mientras yo me encargo de lo otro.

La persona asiente y se aleja. Eun se gira hacia mí.

—Sol... me harías un gran, gran favor.

—Mmm —entrecierro los ojos—. Depende.

—¿Cómo que depende? ¡Ayúdame!

—Está bien —suspiro—. ¿Qué necesitas?

—Lleva esto detrás de la tarima —me coloca en las manos un ramo de rosas color Vinotinto—. Por el otro lado del pasillo. Uno de los encargados lo está esperando... alguien se va a presentar.

—¿Ahora? —bufé.

—Sí. ¡Corre!

Iba caminando con el ramo de flores que mi hermana me había pedido llevar.

Creo que iba demasiado rápido, pero había muchísima gente en ese evento de música.

¿Por qué demonios el o la artista que fuera a presentarse necesitaría flores?

Esa pregunta me daba vueltas en la cabeza mientras esquivaba personas como si estuviera en una pista de obstáculos.

Apreté el paso, la multitud comenzaba a apretujarse más y más.

Crucé por un pasillo estrecho intentando salir de ahí cuanto antes, cuando de pronto —¡pum!— choqué de lleno con alguien.

Ni siquiera vi venir a la persona que tenía delante.

Mi frente fue directo a su espalda... y vaya espalda.

Era enorme.

El impacto me hizo caer de culo, literalmente.

Me quedé ahí, en el suelo, con las flores por todas partes y la dignidad probablemente aplastada junto a ellas.

—¡Auch! —solté sin pensarlo, sobándome la frente mientras trataba de recuperar lo que quedaba de las flores.

«Genial, ahora además de ridícula, iba a parecer una acosadora con un ramo destruido».

Escuché una voz masculina, baja, un poco ronca, y curiosamente suave a pesar de todo.

—¿Estás bien? —preguntó sin mucho interés, como si lo dijera solo por obligación.

Su voz era baja y grave, pero su expresión... completamente indiferente.

Ni una pizca de preocupación real.

Levanté la vista mientras recogía los restos del ramo, y ahí lo vi.

Min Yoongi.

Justo como en los pósters, los videoclips, y la cantidad ridícula de pantallas LED que hay por toda Seúl.

Solo que en persona... se veía aún más inalcanzable.

Y más irritantemente guapo.

—Eh... sí, estoy bien. Solo fue un accidente —respondí rápido, aunque él ya estaba mirando hacia otro lado, como si tuviera cosas mucho más importantes que hacer que lidiar con una desconocida en el suelo.

—Entonces ten más cuidado —dijo seco, sin siquiera ofrecerme la mano para ayudarme a levantarme.

Arqueé una ceja.

¿En serio?

Me acababa de estrellar contra su espalda gigante, perdí el equilibrio, las flores volaron por los aires y¿eso era todo lo que tenía para decir?

—¿Disculpa? —solté, sin poder evitar el tono ofendido.

Él me miró de reojo. Apenas.

Sus ojos bajaron a las flores aplastadas en mi regazo y luego a mí.

Ladeó un poco la cabeza.

—Solo digo... si no sabes caminar en una multitud, tal vez no deberías venir a estos lugares —añadió con ese tono tranquilo pero condescendiente que hace que te hierva la sangre.

¡Qué simpático el idol!

—Y tú podrías ver por dónde caminas también. Tu espalda no es invisible, ¿sabes? —respondí, intentando recuperar la poca dignidad que me quedaba.

Algo parecido a una sonrisa cruzó su rostro, como si mi respuesta le hubiera parecido graciosa... o patética.

No sabría decirlo.

—Touché —murmuró, y sin decir nada más, se giró y siguió caminando como si nada.

Me quedé ahí, con las flores rotas, el ego herido y una sola frase en mi cabeza:

¿Quién se cree que es este tipo?

Ah, cierto. Maldito Min Yoongi.

Pero.

Un momento.

No que se había retirado de la música hace no tanto tiempo, o tiene problemas con ello.

Por que se encontraba ahí.

Vuelve a tu realidad Solecito.

Aún estaba ahí, de pie, tratando de recomponer el ramo aplastado y mi dignidad, cuando escuché una voz familiar acercarse rápidamente entre la multitud.

—¡¿Dónde estabas, Sol?! ¡Te dije que no te tardaras! —era mi hermana, claramente en modo “mamá alterada”.

Me giré hacia ella con cara de “por favor, no ahora”.

—Lo siento, se me cruzó... gente —respondí, mirando hacia donde había desaparecido Yoongi segundos antes, como si todavía no pudiera creer lo que había pasado.

Ella me miró de arriba abajo, notando las flores en pedazos, mi cabello un poco desordenado y mi expresión medio en shock.

—¿Qué te pasó? ¿Te atropelló un camión o qué?

—Casi. Algo peor... —murmuré.

—¿Peor que un camión?

—Min Yoongi.

Mi hermana frunció el ceño, confundida al principio.

Luego sus ojos se abrieron como platos.

—¿Qué? ¿¡Min Yoongi estaba aquí!? ¿Y tú lo viste? ¿¡Y no me llamaste!? —casi gritó.

—No lo vi, más bien me lo comí. Con la cara. Literal —respondí con fastidio, sacudiendo los pétalos aplastados que tenía pegados en la ropa.

Ella se quedó mirándome, entre impresionada y decepcionada.

—No puedo creer que hayas chocado con Min Yoongi... ¡y que hayas arruinado el ramo en el proceso!

—Gracias por tu apoyo emocional —resoplé.

—¿Le hablaste? ¿Te dijo algo? ¿Te pidió tu número? —siguió ella, completamente en su mundo, olvidando el ramo, el evento, y probablemente mi existencia por un segundo.

—Sí. Me dijo que tenga más cuidado y que tal vez no debería venir a estos lugares si no sé caminar.

Mi hermana abrió la boca, escandalizada.

—¡Qué grosero!

—Te lo dije, peor que un camión.


POV Yoongi

Había terminado el ensayo. Estaba agotado, con la cabeza aún retumbando por los monitores, pero como siempre, acabé en el sofá, móvil en mano, deslizándome por las historias de Instagram sin mucho interés.

Hasta que algo me llamó la atención.

Una historia compartida.

Mencionan mi nombre.

Toqué la notificación.

Era una publicación de una chica...Sol.

La recordé de inmediato.

La del ramo, la del choque, la que me miró como si quisiera golpearme con sus flores aplastadas.

“Hoy confirmé que las espaldas de los idols no solo son amplias... también pueden ser arrogantes. Gracias, Min Yoongi, por hacerme caer de culo y de orgullo.”

La acompañaba una foto borrosa del ramo destruido, y justo al fondo —vagamente visible— estabayo.

De espaldas, claro. Obvio.

Solté una risa por la nariz.

Sincera.

Casi no me pasaba.

—¿Qué rayos...?

Releí el texto.

No era una fan, claramente.

Y tampoco alguien que se dejaba impresionar por un nombre famoso.

Esa chica tenía más fuego en la boca que algunas entrevistas incómodas que me ha tocado soportar.

Deslicé para ver su perfil. Abierto.

Pocas publicaciones, mucho sarcasmo, y una bio que decía algo como“Sobreviviendo a Seúl y al café barato.”

Interesante.

¿Le molestó lo que le dije?Claro que sí.

¿Me importó en el momento?No.

¿Me importaba ahora?...Un poco.

Apoyé el teléfono en el pecho, sin dejar de mirar la pantalla.

—“Amplias y arrogantes”, huh... —murmuré con una media sonrisa.

Quizás no era tan descabellado volver a tropezarme con ella.


POV Sol-a

Esa mañana me desperté con el celular vibrando como si se estuviera prendiendo fuego. Notificaciones por todos lados.

Mensajes, menciones, gente que no veía desde el bachillerato reaccionando a mis historias.

Y yo, con el cabello hecho un desastre y la cara medio pegada a la almohada, solo pude pensar una cosa:

¿Qué demonios está pasando?

Abrí Instagram.

Notificación tras notificación.

“Min Yoongi reaccionó a tu historia.”

Me senté de golpe en la cama.

Literalmente me quedé congelada con el pulso temblando.

¿Qué?

Toqué la notificación con manos torpes y ahí estaba.

Mi historia, la que subí ayer solo por desahogo, con el ramo destruido, la indirecta pasivo-agresiva y su espalda como protagonista accidental...

Y encima de eso, un emoji de risa y otro de espalda.

¡¿ME ESTÁS JODIENDO?!

Me tapé la cara con ambas manos.

Quería reírme y desaparecer al mismo tiempo.

Min Yoongi había visto mi historia.

Min Yoongi había reaccionado a mi historia.

Con EMOJIS.

Eso ya era demasiado para mi sistema nervioso.

Ping.Nuevo mensaje.

Era mi hermana.

“¿VISTE QUE YOONGI TE RESPONDIÓ, ESTÁS FAMOSA, TARADA?”

La bloqueé mentalmente por unos segundos.

Yo aún estaba procesando que había hecho el ridículo virtual a escala idol.

Respiré hondo, tratando de mantener la compostura.

Pero no pude evitar entrar a mi perfil.

Un nuevo seguidor.@agustd.

No. Me. Jodas.

Me tiré boca abajo en la cama, gritando contra la almohada.

—¡Este hombre es mi karma, mi castigo y mi maldición en una sola espalda enorme!

Ahí me quedé, sin saber si borrar todo, fingir demencia o mudarme a otro país.

Soy tímida eso lo sé.

Pero si alguien se metía conmigo o retrataba de esa manera.

Conocerán a Kim Sol-a.

¡Lo juro!

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