Roomate
Para Till era un nuevo comienzo. No quería que nadie se enterara que lo había intentado hace un año pero las cosas se salieron de control y no pudo entrar a la universidad cuando le correspondía. Sin embargo en esta ocasión estaba listo para enfrentarlo de manera diferente.
Se sentía aún poco ¿raro?, tal vez un poco ¿fuera de lugar?, aunque la verdad es que tenía miedo, esta vez no sólo era un nuevo comienzo era un comienzo completamente distinto al de hace un año, hace un año su mamá estaba viva y ella le ayudaría a pagar la matrícula de aquella universidad en otro estado.
Sin embargo, los sueños cambian, a veces porque la vida los ha destruido y a veces porque no queda más que adaptar nuestros sueños para seguir adelante, para Till tuvo que ser la universidad local esta vez.
Esta vez no hubo nadie que le deseará suerte en su primer día, esta vez él tuvo que organizar sólo su equipaje y vender el departamento donde solían vivir, esta vez el comienzo era más radical, más intenso y atrevido, con más responsabilidades y… más soledad.
Y aún con todo lo malo y lo difícil no estaba dispuesto a dejarse amedrentar por la vida, fue por eso que en honor a ella y por su propio deseo de seguir adelante, Till, decidió postularse para la beca de la licenciatura en artes, su madre siempre vio su talento y lo alentó, cualquier cosa que tuviera que ver con el arte, era tan fácil como respirar para él, no importa si se trataba de dibujar, esculpir, cantar, tocar algún instrumento o incluso bailar, las Bellas Artes llenaban el alma de Till.
Cada que tenía contacto con arcilla, con las pinturas al pastel, cuando tenía su guitarra entre las manos, su corazón latía con fuerza, emocionado, deseoso de crear y su madre lo aplaudía y lo admiraba.
Fue por eso que fue fácilmente aceptado en esta nueva universidad con una beca completa y una habitación donde poder quedarse durante toda su carrera, claro, tenía que compartir habitación, pero era una de las mejores habitaciones. Sólo los becados tenían acceso a ese edificio, lo cual no le molestaba en lo más mínimo.
Cómo había vendido el departamento donde vivía con su mamá decidió mudarse lo antes posible a la universidad. Faltaban dos semanas para iniciar clases y fue por eso que casi le da un infarto cuando abrió la puerta y vio dentro al que sería su compañero de cuarto.
Un tipo enorme, atlético y de pelo negro, estaba parado al fondo del cuarto.
La falta de cortinas en la habitación hacía que la luz entrara dolorosamente hasta los ojos de Till, que levantó la mano para cubrirse del reflejo,
El chico que estaba dentro de inmediato se giró hacia él y sonriendo caminó dos pasos mientras decía:
— Hola mi nombre es Iván, tu debes ser Till, seré tu compañero de cuarto, mucho gusto.
La sombra de Iván cubrió los ojos adoloridos de Till, permitiéndole por fin ver el rostro de su interlocutor que ya le extendía la manuna sonrisa.
“Su puta madre, no puede ser, es increíblemente guapo” — Till Sintió una descarga de adrenalina a recorrer su cuerpo, provocándole que las manos le sudaran por lo que se giró a cerrar la puerta tras de él y aprovechó para limpiarse la palma derecha sobre su camiseta antes de extender la mano hacia Iván.
— Hola soy… — Till se dio cuenta de que la había cagado, el chico frente a él ya sabía su nombre — si, soy yo… Till. Mucho gusto.
— Igualmente — dijo su nuevo compañero deteniendo suavemente las sacudidas toscas que Till estaba haciendo al apretón de manos, Iván colocó su palma sobre la muñeca de Till mientras mostraba una sonrisa incómoda por el saludo tan desastroso.
— ¿No es muy pronto para mudarse? — preguntó Iván mientras soltaba la mano de Till.
— Puedo decir lo mismo sobre ti. ¿Cuál es tu excusa? — Till no pudo evitar esa mirada recelosa y los labios fruncidos que ponía cada vez que un comentario sobre él no le gustaba, guardó el mango telescópico de la maleta evitando la mirada de Iván y soltó el estuche de su guitarra en el suelo con molestia.
Ivan parpadeó un par de veces antes de soltar una carcajada.
— ¡Que mal humorado! Solo es una pregunta pero bueno, yo inicio mi curso propedéutico mañana, soy de la Licenciatura de terapia física y rehabilitación, parte de nuestra formación será en clínicas y deben darnos toda la información sobre ellas, después de todo, es un mundo aparte de la universidad y la existencia de los campos clínicos depende de como se desenvuelvan los estudiantes.
Till abrió los ojos y se llevó la mano detrás del cuello, no sabía que responder a eso, se estaba sintiendo un poco avergonzado.
— ¿Y bien? ¿No es muy pronto para mudarse Till? — repitió Iván con un poco de burla en la voz.
— Eso no es de tu incumbencia — Till volvió a fruncir los labios y se sentó en la cama libre.
La otra cama estaba frente a él y tenía encima una maleta y una mochila deportiva que seguro eran de Iván.
— Rehabilitación, ¿verdad? ¿Y que hay en el bolso deportivo?
Iván ya se había girado a acomodar sus libros en la repisa que estaba sobre la cama.
— Te lo diré si me dejas saber algo de ti también… — Iván se sentó en la cama frente a Till, dejando sus rodillas exactamente frente a las suyas, había suficiente espacio para poner fácilmente una persona entre ellos, pero la presencia de Iván era avasalladora, tanto que Till se echó hacia atrás recargando las palmas en el espacio del colchón detrás de él.
Como si sus movimientos complementaran a los de Till, Iván echó el torso hacia el frente apoyando el codo derecho en su propia rodilla derecha.
Till sintió una punzada en el bajo vientre, la maldita sonrisa torcida de Iván dejaba ver su colmillo izquierdo, como un depredador orgulloso de haber acorralado a su presa y aún con todo eso, Till estaba seguro de que no le coqueteaba.
“Por favor Till, se realista, este tipo dice “hetero” En cada uno de sus movimientos”
— Dispara — dijo Till echando la cabeza de lado y subiendo el tobillo izquierdo sobre su rodilla derecha — ¿Qué quieres saber?
— Tu carrera y que tipo de beca tienes.
— Oh… cierto. Estamos en los dormitorios de becados — Till se sentó en la cama con los brazos cruzados.
— Así es, el mejor edificio del campus. Más espacio por un poco de esfuerzo — respondió Iván con un tono de burla.
— Y aún así hay que compartir la habitación… Estoy en la carrera de artes, vine aquí por la beca de Mérito académico — Till sacó su celular y buscó una imagen especifica en la galería para mostrársela a Iván.
Iván abrió mucho los ojos y luego se cubrió la boca al identificar lo que estaba en la pantalla.
— No puedo creer que seas tu el autor de “La muerte”, el rumor llegó hasta mi preparatoria. Gran pintura, bro.
— Gracias — respondió Till guardando el teléfono — ¿Qué hay en la maleta?
— Oh, eso… mi equipo deportivo, estoy en el equipo de fútbol americano, beca deportiva — Iván abrió un poco el cierre de la bolsa mostrando unas hombreras.
— Eres un jock ¿Eh?, eso explica que estés tan en forma.
Iván volvió a reírse, reacomodándose en la cama
— También lo hago por salud, ¿Sabes?
— Ok. Como digas, voy a dormir un poco. No quiero seguirte interrumpiendo — Till se tiró a la cama, sin importarle quitar la maleta del pasillo o mover el estuche de su guitarra.
— Oye Till… lo de tu pintura. ¿No tiene más de un año que ganaste el premio “Nuevo talento”?
Till se cubrió la cara con el brazo antes de responder.
— Si, tengo 22, me tomé un año durante la preparatoria y luego el año pasado después de terminar tampoco apliqué a la universidad.
— Yo tengo 20, lo lamento, te ves tan joven, puedo llamarte Sunbae si prefieres…
— No.
— ¿Qué tal Hyung?
— Solo llámame Till…
— Bien, Till. ¿Por qué no aplicaste el año pasado? — Iván de verdad estaba curioso pero la respuesta no fue lo que esperaba.
— Hablemos de eso después, voy a dormir — Till se echó de lado en la cama y fingió dormir.
Iván se quedó mirando un momento a Till, al hombre ni siquiera le importó acomodar sus cosas o quitarse los zapatos antes de subirlos al colchón descubierto. Trató de no pensar mucho en eso y retomó la tarea de acomodar su equipaje, pronto oscurecería y él debía madrugar a la primera hora del día siguiente, debía entrenar y luego prepararse para su curso.
A la mañana siguiente Till despertó adolorido, antes de abrir los ojos el ligero aroma de ámbar y notas de cedro llegó a su nariz, era una estela suave y agradable que se mezclaba con el aroma a café. Fue algo lindo encontrarse con un nuevo aroma, por eso decidió tomarse un momento antes de abrir los ojos.
Por fin decidió levantarse, sediento y maltrecho, se había quedado dormido sobre el colchón y el frio de la noche le dejó engarrotadas las piernas, aunque tenía que agradecerle a su nuevo compañero de cuarto que su destino no haya sido peor, sobre su torso descansaba una chaqueta deportiva nueva con el logo de la universidad en el hombro y el escudo del equipo de fútbol americano en la espalda.
La mirada de Till se deslizó por el cuarto, la mitad perteneciente a Iván estaba limpia y ordenada, sin adornos, pero con un estilo único.
Su maleta y el estuche de su guitarra estaban arrinconadas perfectamente cerca de la puerta.
En la pequeña cocineta, si podía llamarse así a un dispensador de agua, una cafetera, un microondas y un muy, muy pequeño fregadero, resaltaba una nota auto adherible de color amarillo.
“Espero que el café siga fresco cuando despiertes.
Iván”
Till dejó la nota en el mismo lugar y caminó al fondo de la habitación donde estaba el baño.
Encontró lo mismo que en la habitación, una deliciosa estela aromática de ámbar con cedro, y demasiada pulcritud. La mitad derecha de la encimera del lavamanos tenía varios pequeños frascos con productos de cuidado de la piel, una rasuradora, un vaso y un cepillo de dientes, todo cuidadosamente ordenado, Till tomó uno de los frascos al azar y aunque el contenido estaba a punto de terminarse estaba tan cuidado y pulcro qué parecía nuevo.
— Este tipo debe ser una especie de psicópata.
Till dejó el frasco donde estaba y volvió a su maleta, tenía varias cosas que hacer tan solo con desempacar, miró de nuevo la chamarra deportiva y la arrojó a la cama de Iván.
— Olvidé llamar a los bastardos de la banda para cuadrar los horarios de ensayos…
Till levantó su celular del colchón y al ver la pantalla apagada presionó el botón lateral, el icono de batería muerta llenó la pantalla.
Bufó molesto y fue a abrir su maleta en el suelo, justo en el sitio donde Iván la había puesto, revoloteó el contenido con impaciencia y no encontró lo que estaba buscando.
— El psicópata debe tener un cargador, estoy seguro de que… mmm.
Ambas camas estaban equipadas con 3 cajones laterales situados en la base donde se apoyaba el colchón, Till abrió los de la cama de Iván y encontró artículos personales, ropa interior de marca cara y… condones ultra delgados envueltos cada uno en un sobre dorado.
— jajajajajaja te lo dije Till — dijo golpeándose la frente con sorna — ese tipo apesta a hetero, seguro que le preocupa dejar embarazada a alguna chica y arruinarse la vida, si no, ¿Por qué tendría condones bajo la cama?
Till volvió a arrojar el puñado de preservativos individuales en el cajón y siguió buscando, ahora en los cajones de uno de los escritorios alineados cerca de la ventana, ahí encontró lo que buscaba, conectó su teléfono y se sentó en la silla de escritorio que le correspondía a Iván, mientras miraba aquel cajón con preservativos que acababa de cerrar.
— Al menos mi radar gay aún funciona… es una lástima, hubiera cogido con él de buena gana, tiene las manos enormes, los pies enormes y seguro que aquello también es enorme. En fin, ya encontraré a alguien luego.
**
Iván regresó a su cuarto después de su primer día de curso, le habían entregado una carpeta llena de reglamentos, códigos de conducta, uniforme reglamentario, criterios de evaluación y rotaciones del próximo año, era bastante material que leer y no obstante eso les avisaron que su sede de clínicas dependería de los resultados de su evaluación inicial, o sea que si quería ir a uno de los centros de rehabilitación mas prestigiosos tenía solo dos semanas para colocarse entre los mejores de la generación de novatos.
Por hoy solo quería tirarse a la cama a leer un rato, despertó muy temprano y no pudo dormir así que había corrido en la pista de la universidad hasta que perdió la cuenta de las vueltas y su alarma para despertar sonó. En ese momento regresó a su habitación y encontró a Till encogido sobre la cama, hacía frío y el torpe ni siquiera puso sábanas sobre el colchón antes de dormir.
Sin despertarlo, Iván le reacomodó la chaqueta que le había puesto por la noche para cubrirlo mejor y luego comenzó su día.
El día desastroso parecía haber terminado al fin pero no tenia ni la mínima idea de lo que le esperaba al cruzar la puerta.
Al abrir, la maleta medio vacía de Till y el estuche de su guitarra estaban tirados en el pasillo, había colocado ropa de cama sobre el colchón, las sábanas y el edredón no hacían juego pero ese no era el mayor problema, sino que había manchas negras difusas en varias zonas de la tela. Iván no pudo resistir y tocó una de las manchas, la yema de sus dedos quedó sucia también, como si hubiera tocado un trozo de carbón.
Dejó la mochila que traía al hombro en su cama y siguió abriéndose paso en el desastre, tratando de no pisar las cosas en el suelo, llegó a la pequeña cocineta y el microondas estaba abierto, cerró la puerta y examinó la cafetera, estaba sucia, la nota que había dejado en la mañana para Till seguía ahí.
Se sintió contento de que su compañero se hubiera bebido el café pero si era sincero consigo mismo, esperaba que al menos él lavara la cafetera.
— Era una cuestión de amabilidad, no es que lo esté haciendo responsable — se dijo mientras quitaba el filtro y sacaba la jarra para lavarlas.
En el baño, un desastre de frascos destapados invadía casi todo el espacio, gel para el cabello. Crema hidratante, desodorante, todo había sido dejado caóticamente en la encimera del lavamanos y un delineador negro había rodado hacia el lavamanos y se empapaba gota a gota.
Iván apretó bien la llave del agua y la gotera cesó, sacó el delineador y buscó con la mirada la tapa, no había tal, así que solo lo dejó con cuidado donde no pudiera rodarse de nuevo ni manchar nada con la punta.
— ¿Cuántos meses tendrán que pasar para poder pedir un cambio de cuarto? — Iván dejó las piezas de la cafetera en la encimera y se recargó para poder mirarse al espejo, revisó su flequillo y su piel, mañana tenía sesión de modelaje, las fotografías las había propuesto en el campus de la universidad para no llegar tarde al curso ya que su fotógrafo quería aprovechar el alba por la luz — Vamos Iván, solo hazlo, limpia esto y ve a dormir. No quieres problemas, vas a verlo por los próximos 4 años…
Y así lo hizo, lavó la cafetera y la dejó lista para el otro día, tapó todos los frascos del baño, recogió la ropa del suelo y la apiló en la cama de Till, cerró la maleta y la acomodó en la esquina, junto a la puerta y al estuche de la guitarra, tomó un baño, leyó un rato y a las 10 p.m. estaba recostado y listo para dormir. Till no había regresado.








