Borracho de amor//Chestappen

Summary

Después de la clasificación del Gran Premio de Miami, Charles invita a Sergio a un bar lo que parece una conversación tranquila... se convierte en una borrachera por parte de Sergio quien terminará por necesitar a su esposo: Max Verstappen. One shot 🔞 Mpreg ⚠️No pretendo dañar la imagen de las personas involucradas, meramente ficción.

Genre
Lgbtq
Author
Abril
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Único

El ambiente en el paddock era increíble. La clasificación del Gran Premio de Miami acababa de terminar y, aunque Sergio iba a empezar desde P20, no pudo evitar sonreír y celebrar por Charles, su mejor amigo, quien saldría desde P3. Poco a poco, el murmullo de la gente, las cámaras y los reflectores se fue apagando. Entonces, Charles se acercó a Checo y, con una sonrisa, dijo:


-Vamos a festejar, amigo.


El pecoso asintió.


Checo dejó escapar una risa baja, se pasó una mano por el cabello, todavía con el eco de la clasificación zumbándole en la cabeza, y miró a Charles con esa mezcla de orgullo y cansancio.


-Claro... alguien tiene que celebrar bien hoy -murmuró, dándole un pequeño empujón con el hombro.


Charles sonrió, esa sonrisa suya que parece encender todo a su alrededor como si fuera parte del show.


-Entonces vámonos.


El paddock ya no rugía como antes. Ahora solo quedaba el eco de los pasos lejanos, radios apagándose, mecánicos guardando herramientas como si cerraran un telón invisible. Afuera, Miami seguía con su calor insoportable y cielo nublado.


Caminaron juntos hacia la salida, hombro con hombro. Por un momento, no eran piloto P3 y piloto P20... solo eran Sergio y Charles, dos amigos escapando del ruido.


-Oye -dijo Charles de pronto, bajando un poco la voz-. Sé que no fue tu mejor quali... pero mañana puedes hacer magia.


Checo soltó una pequeña carcajada.


-¿Magia? ¿Desde el fondo?


-Sí -respondió el monegasco, encogiéndose de hombros-. Eres bueno en eso. Remontadas imposibles... estilo dramático... muy tú.


Sergio negó con la cabeza, pero la sonrisa no se le borró.


-Hablas como si fuera una película.


-Lo es -replicó Charles-. Y mañana tú eres el protagonista.


Ya afuera, el aire cálido los envolvió. Un coche los esperaba, discreto, listo para desaparecer entre las luces de la ciudad.


Charles abrió la puerta, pero antes de entrar miró a Checo de nuevo, con un brillo travieso en los ojos.


-Entonces... ¿celebramos mi P3... o empezamos a preparar tu remontada legendaria?


Checo se inclinó ligeramente, apoyando el brazo en el techo del coche, pensativo... y luego sonrió.


-Las dos -dijo-. Pero primero... vamos a brindar.



Las horas comenzaron a pasar y Charles se detuvo a tiempo, pero Sergio no; siguió bebiendo hasta que las palabras comenzaron a tambalearse en su boca.


-Ya es suficiente, Checo -dijo Charles, acercándose un poco-. Mañana tenemos carrera... no puedes seguir así. Además, no te puedo llevar de esta forma con Max.


-C... claro que puedes, espera... -balbuceó Sergio.


El pecoso sacó su teléfono y, contra todo pronóstico, escribió un mensaje para Max con una precisión sorprendente pese a su evidente estado.




Luego le mostró la pantalla a Charles.


El silencio cayó como un telón breve.


Charles se sonrojó al instante, apartando la mirada apenas un segundo antes de volver a él.


-Checo... vámonos de aquí.


Checo con una cargada propia de un borracho dijo:


-Ok vámonos de aquí, que mi esposo me espera para cogerme.



Cuando llegaron a la casa del pecoso, Max ya estaba esperándolos. La preocupación se le notaba en la forma en que sostenía la mirada, fija, analizando cada paso de Sergio. Charles apenas alcanzó a despedirse antes de irse, dejándolos a solas con el eco de la noche.


Checo, claramente borracho, avanzó hacia su esposo con una sonrisa desordenada.


-Mi dulce esposo... te amo con mi vida, jajaja... -soltó, riéndose sin medida.


Max suspiró, acercándose con calma, como si estuviera frente a una tormenta que no quería empeorar.


-Ven, vamos a dormir -dijo con suavidad.

Pero Sergio negó de inmediato, y sin aviso sus ojos se llenaron de lágrimas.


-Nooooo... -arrastró la palabra-. Quiero que me hagas lo que te mandé en el mensaje...


Se acercó más, perdiendo el equilibrio por un segundo antes de recuperar impulso, y terminó empujando a Max contra el sillón.


Max reaccionó rápido, sosteniéndolo por los brazos antes de que cayera encima de él por completo. No había enojo en su expresión, solo una mezcla de sorpresa y cuidado.


-Ey, tranquilo -murmuró, firme pero suave-. Apenas puedes mantenerte de pie.


Checo lo miró, aún con los ojos húmedos, respirando de forma irregular, tener así a Max lo calentaba más de lo normal, por lo que sin pensarlo se sentó en su regazo.


Entonces comenzó a besarlo la lengua entró en la boca del contrario, mientras la movía con agilidad para alguien que se encontraba borracho.


Le quito la camisa a Max, el cual no opuso resistencia, sus manos tomaron las mejillas de su esposo mientras este seguía besándolo, hasta que ambos les faltó el aire.


Max bajó sus manos al trasero de Checo y comenzó a dejar besos húmedos en su cuello, mandíbula mientras el pecoso se esforzaba por quitarse la playera.


-Pecas... debemos parar si seguimos así te juro que no me voy a poder contener...


Checo sonrió con picardía.


-No te contengas güero, tómame de todos modos ya estas duro.- mientras se frotaba con el miembro de Max.- Está noche quiero ser nuevamente tuyo...


Max no podía evitar mirarlo, la imagen era jodidamente excitante tener a su esposo, sobre él frotándose como un loco solo lo hizo querer hacerle lo que decía su mensaje.


Entonces sin que Checo se lo esperara lo cargo mientras este tenia sus piernas abrazadas a la cintura.


El camino a la habitación fue seguido por más besos, respiraciones entrecortadas y gemidos provenientes de Checo, que tenia la cabeza a un lado mientras Max atacaba y mordía su cuello.


Llegaron al cuarto y Max puso a su esposo en la cama, desabrocho su pantalón bajando lentamente su bóxer mientras Checo lo miraba con ojos de deseo. La erección del neerlandés ya se asomaba: Un pene grande, venoso y de glande rosa estaba ya parado.


-Mi amor... te ves jodidamente sexy.- dijo Checo mordiéndose el labio.- Por favor tómame ya no aguanto más...


Max bajó la mirada a la entrepierna del pecoso la erección se veía dolorosamente tensa. Sin perder tiempo el mayor empezó a dejar besos húmedos sobre su cuello, torso para regresar a sus labios, las lenguas se movían y buscaban otra y otra vez.


Hasta que llegó y bajo el pantalón junto al bóxer del menor su pene menos grande también ya estaba erecto... sin mucho pensarlo Max lo tomó en su boca, metiendolo hasta donde alcanzaba...


Los sonidos eran obscenos, Max comiéndose la verga de su amado esposo mientras este gemia por más con las manos en su cabello...


-¡Oh Maxie por favor no pares! Me harás venir.- decía Checo con la cabeza hechada para atrás.


Max saco el pene de su boca y subiendo se acercó al oído de su esposo mordiéndole el lóbulo de la oreja le susurró:


-No, te vendrás cuando yo te diga ¿entendiste? No querías que te la pusiera tan pero tan adentro, que para cuando te la saque sientas que has perdido un ser querido, eso decía tu mensaje y te lo voy a cumplir... pero primero ven y chupame la verga... enséñame amado esposo para que sirven esos labios que me incitan a pecar.


Max se acomodó en la cama con la espalda en la cabecera abierto de piernas, mientras se Checo se deslizaba como si fuera un animal en busca de su presa.


Entonces con una mano tomó la erección de su esposo haciendo movimientos de arriba a abajo mientras su agujero estaba mojado.


Comenzó a chuparlo como una paleta, de arriba a abajo mirando a los ojos de Max mientras este se deleitaba con el espectáculo que su pecoso estaba haciendo.


Así jugó con el quería ver las expresiones, escuchar los pequeños gemidos de su Max hasta que... se lo metió a la boca de sopetón, chupaba de arriba a abajo mientras el mayor se mordía los labios, en sus pensamientos agradecía a Dios, a la vida... a quien fuera por tener un esposo así...


Los gemidos de Max empezaron a escucharse por toda la habitación, el pecoso era bueno con su boca hasta que el clímax llegó, llenando de semen la cara y boca de Checo.


-Te ves jodidamente bien, me encanta como se ve mi leche en toda tu cara.


Checo se acercó besándolo con pasión, se acomodó sobre Max sentándose sobre su pene, lo cual hizo que ambos gimieran y comenzó a brincar sobre el.


Max no podía apartar la vista pues la imagen de su esposo con la cabeza para atrás y diciendo entre palabras entrecortadas y gemidos era jodidamente espectacular.


- Maxie dame más no pares ¡Ah ah ah!


El mayor lo tomó por la cintura y empezó a hacer embestidas más fuertes que llegaban hasta su punto dulce y lo hacían ver las estrellas, Checo no podía parar de gemir pues las olas de placer llegaban una a una sin tener fin hasta que Max lo agarró con posesividad y empezó a chuparle los pezones... no tardó mucho tiempo para que Sergio se viniera sobre el abdomen de Max.


Que ni tarde ni perezoso, paso uno de sus dedos sobre los restos que habían quedado, mientras le seguía dando.


-Qué rico, Pequitas amo el sabor de tu leche y como sale por mí...


Poco tiempo después Max hizo que se parara y se colocará boca abajo sobre el escritorio, le levantó el trasero y poco después lo empaló, las embestidas comenzaron tranquilas pero poco después se intensificaron haciendo que Checo gimiera y pidiera por más...


-Así me gusta que ladres como si fueras una perra en celo, que pidas por más de mi verga...


Checo al oír esas palabras se volvió a venir, amaba cuando su esposo le hablaba sucio, eso lo calentaba más.


Al lado del escritorio había un espejo, mientras Max seguía penetrandolo, lo tomó por la mandíbula e hizo que lo mirara...


Checo podía ver como Max lo embestia cada vez más rápido, así como sus cuerpos y caras empapadas de sudor... el mayor sonrió verse así dentro de su esposo lo excitaba...


-Mírate deseoso por mí y por mi verga, te voy a dejar llenó de leche... mira como mi verga se amolda a tu agujero, te ves tan lascivo, tan sensual pero también tan mío.


Checo entre palabras entrecortadas y gemidos dijo:


- Soy todo tuyo, güero.-Entonces se besaron mientras las lenguas hacían lo suyo, Max embestia más fuerte.- Así Emilian... así sí.


Ambos se vinieron al mismo tiempo, Max sacó su pene e hilos de semen y líquido empezaron a bajar por la entrepierna del pecoso.


Cuando todo terminó se acostaron y taparon con las sábanas.


-Te amo Max.- dándole un beso casto en los labios.- Eres el mejor esposo del mundo.


- Y yo a ti Pecas.


El cansancio los venció y quedaron profundamente dormidos.


A la mañana siguiente, Checo había llegado al circuito y se encontró con Charles... afortunadamente no tenía cruda así que se acercó para darle suerte para posteriormente ir al motorhome de su esposo y posteriormente al suyo.


La carrera terminó con Kimi Antonelli como ganador.




Un mes después, Checo comenzó a sentirse extraño. El cansancio lo envolvía incluso en los momentos más simples, un dolor punzante le oprimía el pecho y las náuseas lo obligaban a ir y venir del baño constantemente. Max, que conocía cada gesto suyo como si fuera un mapa aprendido de memoria, no tardó en preocuparse y decidió llevarlo al hospital.


Tras varios estudios y horas que parecían no avanzar, llegó una respuesta que ninguno de los dos esperaba. Sergio tenía una condición intersexual: poseía tanto pene como matriz, algo poco común... pero no imposible. En su caso, significaba algo extraordinario: podía albergar vida.


El silencio que siguió al diagnóstico fue breve, pero intenso.


-Estás embarazado -dijo el médico con suavidad.


Max y Sergio se miraron, sorprendidos... pero no asustados. Fue como si la noticia, en lugar de romper algo, encajara en un lugar que no sabían que existía. Lo tomaron con calma, con esa complicidad que siempre los había definido.


Con el paso de las semanas, entre visitas médicas, cuidados y decisiones importantes -como que Sergio dejara temporalmente las carreras-, la noticia quedó resguardada solo entre su familia y amigos más cercanos, como un pequeño tesoro que aún no estaban listos para mostrar al mundo.


Era 6 de mayo, una fecha que se quedaría tatuada en la historia de ambos.


Sergio estaba recostado, el cabello ligeramente húmedo pegado a la frente, respirando con ese cansancio profundo se encontraba en la sala de maternidad. Max no se había separado ni un segundo. Ni uno. Como si temiera que al soltar su mano, todo se volviera irreal.


-Lo estás haciendo increíble -susurró Max, inclinándose para rozar su frente con la de él, en un gesto suave, casi reverente.


Sergio soltó una pequeña risa entre respiraciones.


-Más te vale... después de esto vas a tener que usar condon.


-No, Pecas -corrigió Max, con una media sonrisa nerviosa que no lograba ocultar el brillo en sus ojos.


Afuera, en la sala de espera, los abuelos caminaban de un lado a otro como leones enjaulados, mientras los amigos cercanos intentaban distraerse sin lograrlo del todo. Cada minuto era una eternidad con reloj.


Y entonces...


Un llanto.


Pequeño, pero firme. Como una chispa que anuncia un incendio de amor.


El tiempo se detuvo.


Dentro de la habitación, Sergio dejó caer la cabeza hacia atrás, exhausto, mientras una lágrima rodaba por su sien. Max simplemente se quedó congelado un segundo... dos... hasta que el sonido volvió a atravesarlo y reaccionó.


-¿Está...? -intentó preguntar, pero la voz no le salía completa.


El médico sonrió.


-Está perfecto.


Y ahí estaba.


Envuelto en una mantita, con el rostro rojito y los ojitos apenas entreabiertos de piel clara y ojos cafés.


Max lo sostuvo con manos que, por primera vez, no sabían exactamente qué hacer. No por falta de control... sino por exceso de emoción.


-Hola... -susurró, como si temiera romper algo-. Hola, campeón...


Sergio giró el rostro, aún débil pero con una sonrisa que lo decía todo.


-Déjame verlo....


Max se acercó con cuidado, como si cargara la cosa más fragil del mundo. Se sentó al borde de la cama y bajó un poco la mantita.


Sergio lo miró... y el mundo desapareció.


-Patricio... -dijo en voz baja, probando el nombre como si fuera magia.


El bebé hizo un pequeño sonido, moviendo sus manitas diminutas.


-Tiene mis ojos... y tu piel -murmuró Sergio.


Max asintio suavemente.


-Sí, es perfecto.- Max lloraba de la emoción.- Lo mejor que hemos hecho, Pecas.


Unos minutos después, dejaron entrar a la familia.


La puerta se abrió lentamente, como si todos temieran interrumpir algo sagrado.


Las miradas se suavizaron al instante. Sonrisas, lágrimas, manos llevadas a la boca.


-¿Podemos...? -preguntó una voz temblorosa.


Sergio asintió.


Y así, uno por uno, se acercaron. Mirando al pequeño Patricio como si fuera un milagro... porque, en muchos sentidos, lo era.


Max, aún sentado junto a Sergio, entrelazó sus dedos con los de él.


-Lo hicimos... cariño -murmuró.


Sergio giró apenas el rostro, cansado pero pleno.


-Lo hicimos güero, nos amo.


Y en esa habitación, entre susurros, lágrimas y sonrisas, nació algo más que un bebé.


Nació una familia.❤️

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¡Ay! No se molesten siempre me gusta ver a mis pilotos bottom embarazados... siento que les agrega magia.


Agradezco a los miembros del grupo de Facebook:


RPF Trash: Fútbol & F1 🏁💕


Por alentarme a escribir este one shot, que espero y les guste...


Saludos.


Abril 💜



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