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Chrysanthemums Among Swords

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Summary

Tras un estratégico golpe de estado, Lu Jinghe se convierte en emperador. Al empezar con su reinado comienza centrarse y darse cuenta de que ha desarrollado sentimientos por Shen Yunzhou, un duque ascendido. Lu Jinghe descubre que hay un libro con la ubicación exacta de una flor capaz de entregar vida eterna e incluso revivir a los que ya no se encuentran en el mismo plano. Al principio no significa nada para él, su único propósito es hacer que no caiga en manos equivocadas. Pero sucederá algo que hará que ponga a todo su ejército, cargos importantes e incluso a él mismo a buscar la flor del eterno vivir. ¿Liu Jinghe logrará encontrarla? ¿El encontrarla servirá de algo?

Genre
Lgbtq
Author
Yuu
Status
Ongoing
Chapters
35
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

—¡¿Qué?! Cómo que me voy a casar.

—Mi querida hija, mañana en la noche se realizará una ceremonia para que tú y el joven Lu Jinghe al fin puedan conocerse. Está siendo organizada por la misma madrastra de Jinghe. Sin duda, ella se encuentra muy interesada, al igual que nosotros. Tu padre y yo estaríamos muy felices de que este encuentro sea una oportunidad para que ambos puedan hablar y conocerse.

Ante esta inesperada noticia, Liu Qingzhi quedó impactada. Con una bola de emociones estancada en la garganta, se dirigió cordialmente a su madre

—Madre, esta hija tuya no tiene palabras para lo que se le acaba de informar. Tal vez mi inmadurez es tanta que no puedo sentirme feliz por esta noticia. Mis intenciones con el joven Lu Jinghe no son en lo más mínimo amorosas; ¿cómo podrían serlo, cuando he escuchado que es una persona frívola con una reputación dudosa?

A pesar de que su infelicidad era evidente, en ningún momento se dirigió irrespetuosamente hacia su madre. Su educación era una de las cosas que más destacaban en su persona, sin importar cuán enojada se sintiera, jamás se había atrevido a levantarle la voz o a usar una mala palabra con sus padres. No lo hacía por miedo ni por temor a perder su herencia, sino porque tenía un concepto muy claro de lo que significaba la familia, cuidando siempre de no sobrepasar esa línea.

Fue precisamente este motivo el que la llevó a aceptar la decisión con gran pesar.

A su modo de ver, no había nada que pudiera hacer; o bueno, nada que quisiera hacer, ya que las únicas salidas de esa situación habrían sido extremistas, como huir de su casa y perderse en el bosque hasta que algún animal salvaje la devorara.

Tampoco era como si algo así fuera a destruir a su familia más allá del plano emocional. Poseían suficientes influencias, y sus dos hermanos mayores ya se habían casado con hijas de importantes familias, por lo tanto, tras su supuesta pérdida o desaparición, la casa principal no se habría ido a la quiebra.

Fue así como, al día siguiente, la joven comenzó a prepararse. Lució un vestido de color rosa que comenzaba a tomar vuelo desde el pecho, con un largo que acariciaba el piso y dejaba una estela elegante a su paso. Usaba bellos jades que harían que cualquier mortal dudara si su claridad competía con la de un lago cristalino.

Era joven, pero poseía una silueta esbelta y delicada para la época. Su rostro era de una belleza tal que no permitía que nadie la mirara por más de dos segundos sin antes arriesgarse a quedar cautivado. Su cabello era oscuro y sus ojos de un negro profundo que conservaba una chispa viva de esperanza.

Con el cabello recogido, se podía apreciar aún más su bello rostro y un maquillaje sutil que solo realzaba sus rasgos naturales. Liu Qingzhi era una muchacha que no carecía de pretendientes; a pesar de ello, jamás le había dado una oportunidad a ninguno. Era comprensible, pues a su edad prefería escaparse con sus amigos a charlar y reír, al mismo tiempo que devoraba los documentos sobre los negocios de minería de su padre para entender mejor los tratos en los que se involucraba su familia.

Al terminar de arreglarse, ya entrada la tarde, llegó a su recámara un joven vestido con un traje que desbordaba elegancia.

Llevaba un conjunto negro complementado con una túnica interior roja, el cabello cuidadosamente peinado en un moño alto y una cálida sonrisa en los labios. Era Jiang Jinghang.

Por su lealtad y su arduo esfuerzo trabajando para la familia Liu, se le había asignado un nombre de cortesía. Se encargaba de dirigir áreas complejas como la organización de eventos, guiar a los empleados y, en ocasiones, custodiar a la señorita allá a donde fuera; en este caso, a la imponente mansión de los Lu.

Aquella residencia se encontraba en los límites del sur de la ciudad y era tan gigantesca que fácilmente se la podía confundir con un palacio imperial.

Jiang Jinghang, que por cierto lucía bastante apuesto, era de una edad muy similar a la de la señorita. Debido a esa corta diferencia de edad y a su personalidad agradable, no habían tardado en volverse inseparables desde la infancia.

Jiang Jinghang había sido encontrado por una sirvienta anciana de la residencia durante un lluvioso y helado día de invierno. El pobre niño se encontraba acurrucado en un rincón, lamentándose en silencio. La anciana se había preguntado cómo logró entrar, considerando que los muros estaban resguardados las veinticuatro horas del día.

Como su bondad era inmensa y su corazón aún más, lo tomó en brazos y lo introdujo a la mansión. Al ser una empleada veterana que había visto crecer al padre de Liu Qingzhi desde la cuna, se permitió hacer una petición especial a su jefe: le suplicó que permitiera que el niño se quedara a vivir allí, ofreciéndose personalmente a cuidarlo. Sin replicar demasiado, aquella figura imponente aceptó, sintiendo compasión por un huérfano que le recordaba a su propia hija.

Años atrás, mientras la pequeña Liu jugaba en el jardín trasero, vio a pocos metros de distancia a aquel niño que había sido acogido recientemente. Se acercó con curiosidad y preguntó sin rodeos:

—¿Cómo te llamas? Mi nombre es Liu Qingzhi.

El niño no respondió, lo que por un momento asustó a la pequeña, cuyo único propósito era iniciar una amistad.

—Perdón por hablarte de la nada. Es solo que mis padres me enseñaron que saludar es parte de los buenos modales, y estos son muy importantes —añadió ella con inocencia.

Hubo un silencio breve hasta que él habló con voz baja.

—Me llamo Jiang Sheng. Pido disculpas a la joven señorita Liu por mi falta de modales.

—No te preocupes, en realidad solo quería hablar contigo y te estaba molestando un poco —respondió ella con una sonrisa.

Tras unos segundos de silencio, la niña volvió a preguntar con genuina intriga:

—¿Dónde están tus padres?

Ante la pregunta, el pequeño bajó la cabeza mientras intentaba contener las lágrimas que amenazaban con desbordar sus ojos. Con un hilo de voz apenas audible, confesó:

—Sobre mi madre no sé mucho, pero con respecto a mi padre... Él estaba muy enfermo, tosía a cada rato y al parecer padecía de los pulmones. La última vez que lo vi, me dijo que huyera muy lejos y que buscara a una familia que pudiera acogerme. Corrí durante mucho tiempo hasta que llegué aquí.

Aquellas palabras fueron desgarradoras, pronunciadas con lágrimas que él luchaba por retener. Sin pensarlo dos veces, aquella niña que aún no comprendía la crudeza del mundo le tomó la mano con suavidad y le aseguró:

—No estés triste. De ahora en adelante seré tu amiga. Seremos muy cercanos y nos mantendremos juntos.

Sin saberlo, había logrado que un alma desamparada encontrara por fin un hogar al que pertenecer.

Ahora, ambos se dirigían hacia la residencia de aquel joven de quien no habían escuchado precisamente buenos comentarios, especialmente por los rumores de que era un mujeriego que coleccionaba aventuras de una noche. Ciertos o no, al tratarse de la alta nobleza, la mayor parte de su vida privada se mantenía bajo estricta confidencialidad.

—¿Crees que los rumores sean ciertos? —preguntó Jiang Jinghang en el camino.

—Realmente no estoy segura, pero es muy poco probable que sean mentira. Tú mismo lo escuchaste cuando viniste la otra vez —respondió ella.

—No es por presumir, pero soy una fuente bastante confiable. Si llegara a ser mentira, no es como si el peso de esa información falsa cayera sobre mí; yo solo te estaba informando sobre tu futuro esposo.

—Ah... futuro esposo —suspiró Liu Qingzhi poniendo los ojos en blanco.

Tras esa corta pero punzante conversación, llegaron a su destino. El jardín exterior estaba cubierto de luces tenues, delicadas flores blancas y rosas que desprendían un aura romántica, dejando claras las intenciones del evento desde el primer paso.

Al subir las escaleras, los dos jóvenes caminaban separados por apenas unos centímetros cuando, por el rabillo del ojo, vieron una alta figura vestida de impecable blanco, con una rosa cuidadosamente colocada en la túnica exterior, que se había detenido para observarlos a unos metros de distancia. Ambos giraron y comprendieron que el anfitrión de la noche acababa de hacer acto de presencia.

Con un dejo de asombro, Jiang Jinghang se retiró un paso hacia atrás en completo silencio.

Con pasos firmes y pausados, el heredero de la familia Lu se acercó a la delicada y elegante figura de la joven.

—Es un gusto tenerla aquí. Me presento; como ya sabrá, soy Lu Jinghe —dijo con una ligera inclinación.

Liu Qingzhi pensó para sus adentros: "¿Por qué actúa como si estuviera obligada a saber quién es?", aunque agradeció en silencio que su madre le hubiera mencionado el nombre con anterioridad. Con un aparente pero apenas perceptible disgusto, respondió:

—Es un gusto conocerlo —en realidad no lo era—. Estaba muy curiosa por saber qué clase de persona sería el conde. He escuchado algunas cosas sobre usted.

Lu Jinghe la observó con una sonrisa sutil.

—Esta es una excelente oportunidad para conocernos, pero ¿por qué siento que no le agrado? Su reacción se siente extraña. ¿Podría ser que no le parezco atractivo? Si no es eso, no imagino qué otra cosa podría ser.

Para ser honestos, el joven no era para nada poco agraciado, sus facciones eran finas y marcadas, sin llegar a parecer afeminadas, coronadas por unos profundos ojos azules que parecían absorber la atención de cualquiera que se cruzara en su camino. Sin embargo, haber escuchado todos aquellos escandalosos rumores sobre él fue lo que provocó que Liu Qingzhi respondiera de inmediato con un tono cargado de sarcasmo.

—En realidad, estoy algo intimidada por su excelencia, ya que esta humilde dama teme no estar a su altura.

Al decir esto, esperaba generar un ambiente incómodo apelando a una supuesta inferioridad; sin embargo, sucedió exactamente lo contrario.

Con el pecho ligeramente inflado y una sonrisa de suficiencia, Lu Jinghe replicó.

—Señorita, en ese caso entiendo perfectamente lo que dice. Debe ser muy difícil para usted estar de pie frente a mí.

Tras escuchar semejante respuesta, Liu Qingzhi solo pudo pensar una cosa: este hombre es un completo arrogante.

A esas alturas, sentía que le iba a estallar la cabeza de la rabia. Simplemente no lo soportaba y se negaba a seguir escuchando sus palabras llenas de ego. Sin decir más, le dedicó una reverencia fría y se dio la vuelta para retirarse.

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