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Summary

El apellido puede maldecirte antes de que aprendas a caminar. Alexe铆 Morozov mat贸 a su propio padre para dejar de ser su v铆ctima. Desde entonces construy贸 un imperio de sangre bajo un solo nombre: el asesino m谩s temido de Rusia, un hombre sin ataduras, sin errores, sin nadie que se le acerque lo suficiente como para importarle. Hasta que aparece 茅l. Un esp铆a que se infiltra en su mundo por una misi贸n, no por 茅l - pero que despierta algo que ning煤n otro cuerpo logr贸 antes: obsesi贸n de verdad. Cuando Alexe铆 descubre qui茅n es realmente, la traici贸n se paga cara, y lo que empieza como castigo se convierte en algo mucho m谩s retorcido entre los dos. Pero el pasado nunca se queda enterrado. Cuando el secreto que Alexe铆 guarda desde ni帽o sale a la luz, la venganza de su propia familia va a poner todo lo que construy贸 -y a todos los que se atrevieron a acercarse a 茅l- en la mira. Nadie va a salir de esto con las manos limpias. Ni con el coraz贸n intacto. +18 - Contiene violencia gr谩fica y escenas expl铆citas entre adultos.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

饾搾饾摢饾摴铆饾摻饾摼饾摰饾摳 饾煆

Un golpe seco hizo que el sonido viajara por las paredes, amplific谩ndose por el lugar.

Un soplo caliente ba帽贸 su rostro, manchando hasta su cabello platino.

Sus ojos se clavaron en el cuerpo atado a la silla, de pies y manos. Se ve铆a muy peque帽o en comparaci贸n con su altura.

Bueno... dos metros es comprensible, 驴no?

Ajust贸 sus guantes negros, que ahora ten铆an un brillo rojizo que contrastaba. Sus zapatos de cuero estaban completamente te帽idos de sangre y odiaba ensuciarse as铆, pero las circunstancias los hab铆an vuelto necesarios.

Dio un paso atr谩s para volver a golpearlo, pero la voz quebrada del hombre retumb贸 en el lugar, como si las paredes amplificaran el terror de su voz para que 茅l lo oyera, como una peque帽a melod铆a que lo endulzaba.

-Por... por favor, no siga.

-驴Por qu茅 no habr铆a de hacerlo?

Su voz gruesa retumb贸 en el lugar, y pareci贸 escucharla dentro de su cabeza, ya que el cuerpo ba帽ado en sangre y d茅bil del hombre se estremeci贸.

Se acerc贸 y su mano se cerr贸 en el cabello del hombre, tirando de su cabeza hacia atr谩s para ver su rostro, mientras su otra mano apretaba su cuello.

Que, por cierto, su mano era lo suficientemente grande para cerrarse alrededor de todo su cuello.

-Por favor... tengo una esposa...

Su expresi贸n, que en lo habitual era imperturbable, se transform贸 en una peque帽a sonrisa que se asom贸 en la comisura de sus labios.

S铆... era t铆pico. Hombres que solo usaban esas cosas para salvar su pat茅tico pellejo.

Su cara se tens贸, mir谩ndolo con un solo ojo, porque el otro se lo hab铆a reventado de un solo golpe de su mano.

-驴Quieres reunirte con ella? Puedo hacerlo.

Pudo captar c贸mo, debajo de su rostro destrozado, hab铆a una expresi贸n tensa.

-隆驴De qu茅 mierda... hablas?! 驴Le hiciste algo?

-No me respondiste.

Se cruz贸 de brazos, mir谩ndolo desde arriba, con una expresi贸n relajada, como si lo que pasaba fuera normal para 茅l.

Su labio inferior comenz贸 a temblar. El miedo y la desesperaci贸n se apoderaron de 茅l, provocando una satisfacci贸n silenciosa en Alexei.

-Tengo cosas mejores que hacer, as铆 que decide r谩pido. O decidir茅 yo por ti.

-Y-yo... 隆驴qu茅 quieres que te diga?! -grit贸 en su desesperaci贸n.

-Si quieres reunirte con tu esposa o no.

El hombre trag贸 grueso y su ojo se desvi贸 al suelo, considerando la pregunta, que no estaba del todo clara.

-Vamos... conf铆o en que vas a tomar una buena decisi贸n -murmur贸 Alexei en un tono alentador, pero con un matiz que insinuaba oscuridad.

Se cruz贸 de brazos sobre su pecho, dando un paso atr谩s. D谩ndole la oportunidad de elegir su destino. Aunque ya estaba sentenciado.

-Y-yo... no.

Los ojos grises de Alexei, como la neblina que inunda la madrugada del invierno m谩s fr铆o, se clavaron en 茅l. Solt贸 un suspiro, negando con la cabeza mientras chasqueaba la lengua.

Estaba claro que la pat茅tica criatura que ten铆a enfrente crey贸 que hab铆a matado a su esposa. Y su miserable cerebro crey贸 que reunirse con ella ser铆a en donde sea que van los muertos, pero fall贸.

-驴Qu茅... qu茅 sucede?

Comenz贸 a temblar hist茅ricamente. Y Alexei estaba completamente seguro de que, si el hombre tuviera las manos libres, ya se habr铆a arrancado los cabellos uno por uno.

Claro, si tuviera todos sus dedos y no estuvieran adornando el suelo.

-Me decepcionaste, 驴lo sab铆as?

Al darse cuenta del error de su decisi贸n, comenz贸 a suplicar.

-隆Por favor! 隆Ten piedad... te lo suplico por lo que m谩s quieras! Le voy a pagar al Sr. Liposky... 隆Lo juro!

-Perd贸n, 驴qu茅 dijiste? Es que mi mente vagaba por qu茅 m茅todo era m谩s eficaz para no seguir ensuci谩ndome las manos. Tal vez un balazo sea suficiente. 驴T煤 qu茅 crees?

Su rostro qued贸 completamente en shock, con los ojos abiertos todo lo que pudo.

-Cre铆 que ibas a decidir bien, pero no lo hiciste. Tu mujer estaba esper谩ndote, pero tomaste la decisi贸n de no ir con ella.

Se acerc贸 y desenfund贸 una pistola del bolsillo interior de su chaleco de seda, que, por cierto, estaba ba帽ado en un color escarlata.

Apunt贸.

Gatill贸.

La bala sali贸 disparada y se enterr贸 en medio de sus dos ojos. Su poco cerebro se expuls贸 hacia atr谩s, haciendo posible mirar para el otro lado.

Haberlo matado no le provoc贸 nada. Solo una leve satisfacci贸n por haber cumplido otro de sus encargos sin ninguna interrupci贸n.

-Listo. Qu茅 gran trabajo... debo halagarme un poco.

Apart贸 un mech贸n de su cabello que ca铆a rebeldemente sobre su frente y sac贸 un peque帽o tel茅fono encriptado.

-Aunque admito que he hecho mejores.

Chasque贸 la lengua con frustraci贸n y marc贸 el 煤nico n煤mero agendado. El tel茅fono no tuvo que sonar dos veces antes de que le contestaran. Dedujo que estaba ansioso por descubrir el resultado final.

-Dame buenas noticias.

Dej贸 el celular sobre una mesa y sac贸 de su bolsillo un cigarro proveniente de Venecia, encendi茅ndolo con tranquilidad.

-驴Alexei... est谩s ah铆?

El p谩nico en la voz del hombre se pod铆a escuchar para alguien como 茅l, aunque se esforzara en mantenerla a raya.

驴Cu谩ntas voces llenas de p谩nico hab铆a escuchado? Perdi贸 la cuenta. 驴Qui茅n lleva la cuenta de eso?

Inhal贸 el humo, llenando sus pulmones, para luego largarlo por la nariz.

-Una disculpa. Ya est谩 hecho.

Una risa ronca sali贸 del otro lado, casi dej谩ndolo sordo.

-隆Puta madre! Sab铆a que eras el candidato indicado para esto. Nunca me decepcionas.

Su expresi贸n era neutral. Solo esperaba que terminara de halagarlo y decirle un poco m谩s que lo amaba.

-De acuerdo, mi querido Alexei. Me avisaron que el dinero se transfiri贸 con 茅xito. No te pierdas, tal vez te necesite para alguna otra ocasi贸n... 驴no crees?

Una sonrisa socarrona se dibuj贸 en su rostro. Esa 煤ltima frase son贸 algo provocativa.

Ese viejo pervertido era capaz de mandarle encargos para matar a cualquiera, solo con tal de verlo.

-No se preocupe, Sr. Liposky. Estar茅 encantado.

Colg贸 la llamada y exhal贸 pesadamente. Su atenci贸n se desvi贸 hacia el cuerpo y, tan r谩pido como lo hizo, ya ten铆a en mente una forma de deshacerse de 茅l.

Se deshizo de las ataduras que lo aferraban a la silla y luego lo sujet贸 del cabello, arrastr谩ndolo hacia el horno industrial. Era un gran lugar el que hab铆a elegido: una f谩brica abandonada.

Lo tumb贸 sobre una mesa, arrancando su ropa para luego tirarla dentro del horno, para quemarla primero.

El silencio en el lugar era casi disfrutable, solo interrumpido por el ruido que provocaba la peque帽a sierra al cortar la carne. Una vez desmembrado, tir贸 todos los pedazos al horno, cerr贸 la peque帽a compuerta y lo encendi贸. El reflejo del fuego consumiendo su alimento se reflej贸 en sus ojos. Era como si las llamas no provinieran del horno, sino de sus propios ojos.

Una vez afuera, dio una 煤ltima inhalaci贸n al cigarro entre sus largos dedos y una 煤ltima mirada a la f谩brica.

Se hab铆a deshecho de toda evidencia, de la limpieza y se hab铆a lavado la sangre que pr谩cticamente lo hab铆a cubierto por completo.

Hab铆a sido un arduo trabajo, pero estaba hecho. Ten铆a m谩s billones en el banco y m谩s en su casa. 驴De qu茅 carajos se iba a preocupar? Con todo su maldito dinero pod铆a levantar su propia organizaci贸n desde cero.

Sonri贸 de lo poderoso que se sent铆a en ese momento, de no seguir los pasos de su maldito padre. Se puso sus lentes oscuros, dio media vuelta y entr贸 a su coche, saliendo de la propiedad sin mirar atr谩s.