Capitulo -8
Valeria permaneció de pie frente a Mateo, sin poder apartar la mirada de él.
—¿Dónde está mi padre?
Mateo tragó saliva.
—No lo sé.
Valeria soltó una risa amarga.
—Mientes.
—No estoy mintiendo.
—Entonces mírame a los ojos y repítelo.
Mateo levantó la mirada.
—No sé dónde está tu padre.
Pero esta vez fue Valeria quien negó con la cabeza.
—Tu voz tiembla.
Mateo cerró los ojos.
—Valeria, hay cosas que no puedo contarte.
—¡Ya no tienes derecho a decidir qué puedo saber!
Ella tomó las fotografías que Gabriel había dejado sobre la mesa.
—¿Cuánto tiempo conociste a mi padre?
—Antes de conocerte.
—Eso ya lo sé.
Valeria levantó una de las fotografías.
—Lo que quiero saber es por qué estabas en mi casa antes de que nosotros siquiera nos conociéramos.
Mateo respiró profundamente.
—Tu padre me contrató.
—¿Para qué?
—Para hacer algunos trabajos.
—¿Qué clase de trabajos?
Mateo dudó.
—Transportaba dinero.
Valeria lo miró horrorizada.
—¿Dinero de quién?
—De personas con las que tu padre hacía negocios.
—¿Negocios legales?
Mateo permaneció callado.
Valeria entendió la respuesta.
—Dios mío...
Se llevó una mano a la frente.
—Toda mi vida pensé que mi padre era un hombre diferente.
—Él quería que pensaras eso.
—¿Por qué?
—Porque intentaba protegerte.
Valeria soltó una lágrima.
—¿Protegerme de qué?
Mateo se acercó.
—De su propia vida.
—No entiendo.
—Tu padre estaba metido con gente peligrosa.
—¿Y tú también?
—Sí.
Aquella respuesta le dolió más que todas las anteriores.
—Entonces tú tampoco apareciste en mi vida por casualidad.
Mateo guardó silencio.
—Contéstame.
—No.
—¿No qué?
—No fue casualidad.
Valeria sintió que el mundo se le venía encima.
—¿Cuándo supiste quién era yo?
—La primera noche que estuvimos juntos.
—¿Y aun así decidiste quedarte conmigo?
—Sí.
—¿Porque me amabas?
—Al principio no sabía qué sentía.
Valeria cerró los ojos.
—¿Y después?
—Después te amé.
—¿Cuándo?
Mateo sonrió tristemente.
—La primera vez que te vi llorar.
Valeria no esperaba aquella respuesta.
—¿Por qué?
—Porque descubrí que ya no podía verte sufrir.
Ella apartó la mirada.
—No sé qué pensar.
—No tienes que decidir nada ahora.
—Sí tengo que decidir.
Valeria tomó su bolso.
—Tengo que descubrir quién eres realmente.
Mateo intentó acercarse.
—Valeria, espera.
Ella retrocedió.
—No me sigas.
Cuando estaba a punto de abrir la puerta, su teléfono comenzó a sonar.
Número desconocido.
Valeria dudó.
Finalmente contestó.
—¿Hola?
Al principio solo escuchó silencio.
Después, una respiración débil.
—¿Valeria?
Ella se quedó inmóvil.
Conocía aquella voz.
La conocía demasiado bien.
—¿Papá?
Mateo levantó la cabeza.
Valeria apretó el teléfono contra su oído.
—¿Eres tú?
—Sí.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
—¿Dónde estás?
—No puedo decírtelo.
—¡Llevo años pensando que estabas muerto!
—Nunca estuve muerto.
Valeria miró a Mateo.
Él parecía aterrorizado.
—¿Por qué desapareciste?
Hubo un largo silencio.
—Porque alguien quería matarme.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Quién?
—No preguntes eso.
—¡Necesito saberlo!
—Escúchame. No confíes en nadie.
—¿Ni siquiera en Mateo?
Su padre guardó silencio.
Ese silencio fue suficiente.
—Papá...
—Mateo no te contó toda la verdad.
Valeria miró nuevamente al hombre que tenía delante.
—¿Qué me está ocultando?
—Él sabe por qué desaparecí.
Mateo dio un paso hacia ella.
—Valeria, cuelga.
La voz de su padre se volvió urgente.
—¡No dejes que Mateo te encuentre!
La llamada se cortó.
Valeria se quedó paralizada.
Mateo intentó acercarse.
—Déjame explicarte.
Ella levantó una mano.
—No te acerques.
—Valeria...
—Mi padre acaba de decirme que tú sabes por qué desapareció.
Mateo cerró los ojos.
—Sí.
Ella sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—Entonces dime la verdad.
Mateo la miró.
—Tu padre no desapareció aquella noche.
—¿Entonces qué pasó?
Mateo bajó la voz.
—Lo ayudé a desaparecer.
Valeria abrió los ojos.
—¿Por qué?
Mateo tardó unos segundos en responder.
—Porque esa noche descubrimos quién quería matarlo.
—¿Quién?
Mateo la miró fijamente.
—Camila.