La zozobra
Y un día, el péndulo entró en paro
cardiorrespiratorio.
Del cielo bajaron de un hondazo
las aves peregrinas,
y el mundo creyó que fue por
semillas de oro.
Nadie cuestionó la gravedad
de esta nueva encrucijada:
¿a qué precio pusimos la vida,
al yugo de cuántas horas?
En el horizonte, mis montañas,
otrora el rubor
bajo un velo de novia,
las ví ser cortinas de hierro.
Mi cuarto, un reloj de arena horizontal,
colmábase en silencio la lluvia matinal,
y el crepúsculo, un susurro agonizante
de las almas solitarias en encierro.
Mi lágrima es una camelia rosa
bajo el manto negro que acontece;
la vida es una viuda hermosa
que danza sobre el dolor que padece.
Y reímos entonces para tapar los miedos,
y llenamos de voces el comedor
para sentirnos tranquilos...
hasta que empiezan a flaquear horneros
por sellarles las puertas del nido.