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🌑HIJAS DE NYX✨ One-shot ✨

Summary

Antes de que el tiempo tuviera nombre, la diosa Nyx creó a dos: Freen, la Noche que protege y da refugio. Becky, las Estrellas que brillan y dan vida. No son diosas de poder antiguo ni destino escrito. Son algo más hermoso: dos mitades de un mismo corazón, hechas para encontrarse, para elegirse, para amarse a través de cada eternidad. Y cuando su amor se hizo uno, el milagro sucedió: la vida nació de su unión, sin necesidad de nada más que su entrega mutua. Una leyenda sobre el amor que crea, que sostiene, que hace hogar. 💕

Genre
Fantasy
Author
Queen
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

✨

Antes de que existiera el "siempre", antes de que el primer suspiro cruzara el vacío, estaba Nyx.

Nacida directamente del Caos -no hija, no descendiente, sino la primera forma que tomó lo sin forma-, ella era la noche.

No una noche que llega y se va, sino la Noche Eterna: el telón de fondo donde todo lo demás aparecería. Su reino no tenía fronteras, porque las fronteras aún no habían sido inventadas.

Su hogar estaba en el corazón de la oscuridad, y la oscuridad no era ausencia de luz, sino presencia pura: su respiración, su abrazo, su ser.

Los dioses que vendrían después la mirarían con respeto y temor. Incluso Zeus, que hacía temblar la tierra con su rayo, nunca se atrevió a contrariarla. Sabían lo que ella era: más antigua que el Olimpo, más profunda que el Tártaro, más vasta que el mar.

Durante eras incontables, Nyx había recorrido los caminos de sombra en su carro tirado por corceles negros como la obsidiana.

Había tejido estrellas con sus propias manos y las había colgado en el cielo como luces solitarias. Había dado a luz -sola, sin compañero- a fuerzas que gobernarían el mundo: Tánatos, el fin de todo; Hipnos, el olvido dulce; las Moiras, que cortarían el hilo de cada vida; Némesis, que restauraría el equilibrio; Eris, que sembraría la discordia.

Pero mientras creaba y creaba, algo permanecía intacto en su interior: el vacío de lo que aún no existía.

Una tarde -si es que puede llamarse así en un lugar donde el sol no nacía-, Nyx detuvo su carro en el centro del firmamento. Las estrellas giraban a su alrededor, obedientes, bellas... pero solas.

-Todo lo que he dado -susurró, y su voz hizo temblar los cimientos del universo- nace de mí y vuelve a mí. Pero nada nace de dos. Nada nace porque dos almas se han mirado y han dicho: tú eres mi origen.

Extendió sus manos, y de la esencia más pura de su propia noche, comenzó a tejer. No con la firmeza con la que había creado el destino, sino con ternura, un sentimiento que apenas conocía.

Tomó de su propia sustancia: la calma, la protección, la raíz que sostiene lo que no se ve. De eso formó a Freen.

La hizo alta, de movimientos lentos y seguros, como el fluir del tiempo cuando nadie lo apresura. Le dio ojos del color de las sombras más profundas, donde uno podría perderse y encontrar refugio al mismo tiempo.

Le puso sobre los hombros un manto tejido de su propio velo: tan negro que parecía absorber todo el dolor y devolver paz.

-Tú serás el refugio -le dijo Nyx-. Tú serás la tierra donde la vida echa raíces y no se marchita.

Luego tomó de su otra parte: el brillo que parpadea, la chispa que despierta, la alegría que hace que la inmensidad se sienta pequeña y acogedora. De eso formó a Becky.

La hizo ligera, como si siempre estuviera a punto de elevarse. Le dio cabello que brillaba con reflejos de luz estelar y ojos que guardaban mil constelaciones aún por descubrir.

Le bordó el vestido con estrellas vivas, que parpadeaban al compás de su respiración.

-Tú serás el soplo -dijo Nyx-. Tú serás la llama que hace que la vida quiera despertar y sonreír.

Las colocó una frente a otra, en el espacio más suave de su reino.

-No os he hecho para ser fuerzas separadas -les dijo la Diosa, y el cielo se calló para escuchar-. Os he hecho para ser un solo latido. En el mundo que viene, muchos pensarán que la vida necesita de dos que son distintos. Yo os digo: la vida necesita de dos que se elijan. Y vosotras os elegiréis a través de cada noche, cada estrella, cada suspiro.

Freen miró a Becky, y en esa mirada reconoció algo que no tenía nombre: el hogar.

Becky miró a Freen, y supo que nunca más tendría miedo de la oscuridad.

-Os doy un don que no he dado a nadie -continuó Nyx, acercándolas hasta que sus frentes se tocaron-. Mis hijos anteriores nacieron de mi voluntad solitaria. Vuestra hija nacerá de vuestro amor. No necesitaréis nada más. Ni semilla externa, ni intervención extraña. Cuando vuestra unión sea completa, cuando deseeis con toda el alma compartir la vida... la vida florecerá. De Freen tomará el refugio. De Becky tomará el alma. Y de ambas tomará el amor.

Freen entrelazó sus dedos con los de Becky, y sus manos encajaron como si hubieran sido creadas precisamente para eso.

-¿Será posible? -preguntó Becky, casi sin voz-. ¿Algo tan hermoso puede nacer de nosotras?

-Nada más hermoso -respondió Nyx-. Porque será vuestro.

El tiempo en el reino de Nyx no se medía en horas ni en días, sino en estrellas que nacían. Cada vez que Freen y Becky descubrían algo nuevo la una de la otra, una estrella aparecía en el cielo. Y como se descubrían sin cesar, el firmamento se llenó de luces nuevas, brillantes y tibias.

Aprendieron el ritmo de sus silencios. Descubrieron que Freen pensaba despacio, que necesitaba mirar antes de hablar, que su calma no era frialdad sino profundidad.

Aprendieron que Becky reía con todo el cuerpo, que su energía no era inquietud sino vida desbordante, que cuando abrazaba lo hacía con tanta fuerza como si quisiera fundirse con la otra persona.

Caminaban juntas por los senderos de sombra suave. Freen siempre un paso detrás, protegiéndola sin tocarla, vigilando que nada perturbara su alegría.

Becky siempre tomándola de la mano, tirando de ella hacia lugares nuevos, diciéndole mira, Freen, qué hermoso, enseñándole a la noche misma a sonreír.

Una tarde, llegaron a un valle donde la oscuridad era tan suave que parecía terciopelo. Se sentaron en la hierba que brillaba tenuemente, y Becky recostó la cabeza en el regazo de Freen. Ella le acarició el cabello, despacio, en un gesto que ya se había vuelto sagrado entre ellas.

-¿Alguna vez te sientes sola? -preguntó Becky en voz baja-. Aunque estemos juntas... ¿sientes que falta algo?

Freen detuvo la caricia un instante, luego continuó.

-Sola nunca -respondió con sinceridad-. Pero a veces... siento un espacio aquí -puso la mano sobre su pecho- que espera. Como si respirara hondo, conteniendo el aliento, esperando el momento exacto para soltarlo.

Becky tomó esa mano y la besó por la palma.

-Yo también -susurró-. A veces pongo la mano sobre mi vientre y siento... calor. Como si algo estuviera allí, esperando a que lo llamemos.

-¿Lo llamamos? -propuso Freen, mirándola con ojos que brillaban suavemente.

Becky se incorporó y se arrodilló frente a ella. Sus estrellas giraban suavemente alrededor de sus cuerpos.

-¿Estás segura? -preguntó, buscando cualquier rastro de duda en la mirada de la otra-. Una vez que empecemos... nada será igual.

-Lo sé -Freen tomó su rostro entre las manos-. Y lo quiero. Lo quiero más que a la eternidad que hemos vivido hasta ahora. Lo quiero contigo.

Se besaron entonces, no con prisa, sino con la certeza de quienes saben que han encontrado lo que buscaban toda la vida.

Fue un beso que no pedía nada, que daba todo. Y mientras sus labios se tocaban, algo comenzó a moverse en el aire entre ellas: la noche de Freen y las estrellas de Becky se entrelazaban, formando remolinos de luz oscura y brillo plateado, girando, fundiéndose, creando.

Becky apartó los labios, con la respiración entrecortada y los ojos llenos de lágrimas luminosas.

-Freen... -susurró, llevando la mano al vientre de la otra-. Siente.

Freen posó su propia mano sobre la suya. Y allí, bajo la piel cálida, bajo el tejido de su túnica, algo latió. Diminuto, suave, pero inconfundible: un segundo corazón que empezaba a compartir el mundo con ellas.

-Está aquí -dijo Freen, y su voz tembló-Nuestra hija.

Becky se echó a llorar de felicidad, abrazándola con fuerza, escondiendo el rostro en su cuello.

-La vamos a tener -repetía entre suspiros-La vamos a tener. Es real.

Freen la abrazaba en silencio, besando su cabello, sintiendo ese latido nuevo, maravilloso, creciendo dentro de sí. Era real. No un sueño, no una promesa lejana. Una vida que ellas dos habían tejido con amor.

El reino de Nyx se transformó con la noticia. Las sombras se volvieron más suaves, las estrellas más brillantes, el aire mismo parecía cantar.

Freen fue cambiando poco a poco, con una belleza serena y poderosa. Su vientre se redondeó con gracia, sosteniendo el milagro con la dignidad de una reina y la ternura de una madre. No perdió su firmeza; al contrario, pareció crecer en ella, como si cada día comprendiera mejor la responsabilidad y la dicha que llevaba dentro.

Becky, por su parte, se convirtió en su sombra más devota. No la dejaba cargar nada pesado, no la dejaba caminar sola, no dejaba pasar un instante sin decirle algo hermoso.

Le preparaba infusiones de flores que solo crecen en la penumbra, le trenzaba el cabello con hilos de luz estelar, le cantaba canciones que nadie más conocía, melodías que inventaba al momento, hablando de lunas y de cielos y de un amor que no tiene fin.

-¿Crees que le gustará mi voz? -preguntó Becky una noche, recostada sobre el vientre de Freen, hablando bajito-A veces me da miedo cantar muy fuerte, por si la asusto.

Freen le acariciaba el cabello, mirándola con un amor tan grande que le dolía en el pecho.

-Ella te reconoce -respondió con seguridad-Eres la primera voz que escucha. Antes que el mundo, antes que la luz, antes que el nombre. Eres tú.

Y como si la pequeña hubiera escuchado, dio un suave empujón desde adentro. Becky soltó una risita emocionada.

-¡Lo sentí! -dijo, mirando a Freen con ojos brillantes-¡Me respondió!

-Claro que sí -Freen sonrió-. Ya te ama.

A veces llegaban los momentos de silencio donde las dudas se colaban suavemente.

-¿Y si no soy buena madre? -susurró Becky una noche, abrazando la cintura de Freen desde atrás, recostando la mejilla en su espalda-. ¿Y si no sé cómo cuidarla? ¿Y si le fallo?

Freen giró entre sus brazos y la sostuvo por la cintura, mirándola a los ojos con esa calma que solo ella tenía.

-Yo también pienso eso a veces -admitió-. Pienso: ¿seré capaz de darle suficiente? ¿Seré lo bastante fuerte para sostener su mundo? Pero luego recuerdo de dónde viene. Viene de nosotras. De todo lo que hemos sido la una para la otra. Si nos hemos cuidado tan bien... ¿cómo no vamos a cuidarla a ella?

Besó su frente, despacio.

-Lo haremos juntas. Si tropiezo, tú me ayudas. Si tú te asustas, yo te sostengo. No necesitamos saberlo todo desde el principio. Solo necesitamos amarla. Y eso... eso ya lo tenemos.

Becky asintió, con los ojos brillantes, y se abrazó a ella.

-Juntas -repitió-. Siempre.

Nyx las visitaba a menudo. No con su forma inmensa, sino como una presencia suave, un frescor que las envolvía, una voz que resonaba en el corazón sin necesidad de oídos.

Una noche, cuando Freen descansaba y Becky la abrazaba con ternura, la voz de la Diosa llenó el espacio:

-Mis hijas... mi mayor obra.

Ambas se enderezaron, mirando hacia la inmensidad donde la noche tomaba forma.

-Nadie ha hecho esto antes -continuó Nyx-. He dado nacimiento a la muerte y al sueño, al destino y a la venganza. Pero nunca he dado nacimiento a alguien que es amada antes de existir. Vuestra hija no vendrá al mundo para cumplir una función ni para representar una fuerza. Vendrá para ser ella misma.

Y será poderosa, no porque lo diga una profecía, sino porque sabrá que tiene dos madres dispuestas a darlo todo por ella.

Freen acarició su vientre con infinita suavidad.

-¿Será fuerte? -preguntó-. ¿Será capaz de enfrentar lo que venga?

-Será invencible -respondió Nyx-. Porque el amor que le dais es más antiguo que cualquier hechizo, más fuerte que cualquier arma. Eso, Freen, es lo único que necesita.

Los días siguieron fluyendo, dulces y sagrados. Becky le leía historias que inventaba sobre niñas que viajaban entre estrellas. Freen le hablaba en silencio, prometiéndole protección, refugio, un hogar donde siempre sería bienvenida. Ambas dormían abrazadas, una mano de cada una sobre el vientre, como sellando el pacto: estamos aquí, no estás sola.


Llegó el momento. No con dolor ni temblor, sino con una luz que empezó a crecer en el centro de su refugio.

Freen estaba recostada sobre un lecho de seda negra y flores que brillaban con luz propia. Su respiración era lenta, serena. Becky estaba a su lado, sin soltarle la mano ni un instante, limpiándole el sudor de la frente, besándola, diciéndole que podía hacerlo, que estaba con ella, que jamás la soltaría.

-Aquí estoy -repetía, entrelazando sus dedos con los de ella-. No te suelto. Mi mano está aquí. Mi voz está aquí. Te amo.

Freen apretaba esa mano con fuerza, mirándola como si fuera la única luz en un mundo entero de sombras.

-La quiero ver -susurró-Necesito verla.

-La verás -prometió Becky, con lágrimas que no dejaban de caer-Ya casi está. Aguanta, mi amor. Aguanta conmigo.

Las estrellas del cielo entero dejaron de moverse. Se detuvieron, inmóviles, guardando silencio. La voz de Nyx resonó suavemente, no como un trueno, sino como un susurro compartido:

Llegó el momento, hijas mías. El mundo espera.

Y entonces, entre la noche más profunda y la luz más tierna, nació.

Un llanto. No de dolor, sino de vida. Claro, fuerte, lleno de promesa. Llenó cada rincón del reino, y al escucharlo, Freen soltó un sollozo de pura dicha.

Becky la recibió entre sus brazos, temblando de emoción, y cuando la colocaron sobre el pecho de Freen, ambas se quedaron sin palabras.

Era pequeña, perfecta, envuelta en una capa de luz suave que era a la vez oscura y brillante. Tenía el cabello oscuro y sedoso como el de Freen, y cuando abrió los ojos... eran del color de las estrellas de Becky.

-Nuestra niña -susurró Freen, acariciando su manita diminuta que se cerró con fuerza alrededor de su dedo-. Nuestra Elara.

Becky se recostó a su lado, abrazándolas a ambas, y lloró de felicidad, besando la frente de la pequeña, la mejilla de Freen, todo lo que podía alcanzar.

-Es tan hermosa... -decía una y otra vez-. Es perfecta. Es nuestra.

Elara las miró con esos ojos grandes y luminosos, y sonrió. No era un movimiento casual; era como si las reconociera, como si supiera exactamente quiénes eran las dos personas que la habían traído al mundo.

Nyx descendió entonces, una luz suave que las envolvió a las tres.

Mi regalo al mundo -dijo la Diosa-. Que todos sepan: la vida puede nacer de la noche y de las estrellas. Puede nacer de dos que se eligen. No necesitáis más que eso. El amor es el origen. El amor es el milagro.

Elara creció rodeada de ternura infinita. Tenía la calma de Freen y la vivacidad de Becky. Corría por los senderos de sombra, trepaba las colinas estelares, hablaba con las estrellas como si fueran sus amigas.

Freen le enseñó a escuchar el silencio, a encontrar refugio en sí misma, a saber que la oscuridad no da miedo: abraza.

Becky le enseñó a reír fuerte, a soñar despierto, a ver luz donde otros solo ven sombra.

-¿De quién soy? -preguntó un día, sentada entre ellas, mirando de una a otra-. Tú eres la noche... y tú las estrellas. ¿Yo qué soy?

Freen le acarició el cabello.

-Eres ambas -respondió-. Eres la noche que brilla.

Becky le dio un beso en la mejilla.

-Eres lo que pasa cuando nos amamos. Eres nuestra obra más hermosa.

Y así, la historia se extendió por siempre. Freen y Becky reinaron juntas, eternas, inseparables, demostrando que el amor más puro crea vida, crea hogar, crea un mundo donde todos tienen lugar.

Y cada vez que miras el cielo de noche y ves una estrella que brilla con especial dulzura... esa es Elara. Recordándote que el amor no necesita de nadie más para ser completo. Solo necesita de dos que se digan: tú y yo, siempre.

Naciste del abrazo de la noche y las estrellas.

Naciste de nosotras, sin miedo y sin fin.

Y mientras el cielo guarde un solo destello,

Nuestra familia jamás dejará de brillar.

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Strong Dialog

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