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Alasthor, el Aventurero de la Armadura de Lobo

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Summary

Un joven con un gran propósito decide embarcarse en una búsqueda de poder y autodescubrimiento en el que encontrará todo tipo de aventuras hasta que una profecía le indica lo que realmente deberá hacer. En su camino a la grandeza, encontrará enemigos, amigos y amores , los cuales deberá proteger por el bien de todo el mundo y de los reinos.

Status
2yrs ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Acto I, Capitulo I: El Secreto es el Dolor


Todas las mañanas sin excepción el joven Alasthor salía de su casa solo para entrar al Gran Bosque Oscuro que rodeaba al Pueblo Verde, el cual, no solo era pequeño, también era bastante unido y con una amabilidad que pocos podían conocer, sin embargo, hubo ocasiones en las que, los visitantes se aprovechaban de su amabilidad.

El pueblo contaba con dieciséis casas comunes, donde familias de tres a cuatro personas habitaban, y en el centro del pueblo, había una casa comunal, en la que los pobladores se juntaban para pasar el invierno, ya que, en esas épocas, el frio arremetía con gran furia sobre todos. El Gran Bosque Oscuro se teñía de blanco, sin embargo, jamás se le veía sin hojas, puesto que, este bosque, creció después de la Primera Guerra Draconica, en la que, hombres y dragones, se aliaron, para derrotar al Gran Pesar; un enorme dragón de cuatrocientos metros de largo y con un poder inimaginable, capaz de diezmar a todo el mundo si así lo quisiera.

Alasthor entraba al bosque con una linterna de aceite en la mano y una espada con dientes que él había forjado como un proyecto especial que su maestro le encargó, sin embargo, el dueño de esa espada, jamás la reclamó, por lo que pasó a ser el joven herrero.

Buscaba bayas azules, las mismas con las que elaboraría un pastel, por el aniversario de vida de su maestro, pues este, estaba cumpliendo doscientos cuatro aniversarios de edad, algo que, para muchos, es algo sorprendente, pero, para Alasthor, quien conoce el secreto de su maestro, es algo más normal que caminar bajo la lluvia.

Regresó al pueblo, sin embargo, algo no estaba bien, la noche lo había alcanzado, sin embargo, el juraba que solo habían sido minutos, pues ya conocía el arbusto en el que podía recolectar las bayas. Corrió, pues no vio la luz nocturna que siempre se enciende, para evitar a los lobos y criaturas que hubiese cerca. La encendió.

— ¿Qué está pasando? —se preguntó al mirar hacia atrás y ver la gran oscuridad que lo acechaba.

Regresó a su casa, pues su maestro podría estar necesitando de su ayuda, pues a pesar de la magia que lo que mantiene con vida, el hombre ya es muy débil, apenas con la fuerza suficiente de trabajar y hacer sus cosas diarias, pero con un limite de ocho horas al día, pues sus fuerzas se agotan.

Al entrar a la casa notó que todo era diferente; viejo, dañado, irreconocible, sin embargo, notó marcas en las paredes y los pisos que, le hizo saber casi de inmediato que había sucedido.

—Hombres Lobo —dijo en voz baja.

—Alasthor, ¿eres tú? —preguntó su maestro—. ¿Dónde habías estado?

—Sí, señor, ¿Dónde está?

—En mi habitación.

Alasthor corrió hasta la habitación de su maestro, solo para verlo, acostado, sin sus brazos y sin una pierna, la mitad de su rostro había sido arrancado por unas zarpas que, lo dejaron medio muerto. El joven lloró al solo verlo, y sintió un inmenso dolor, lo que provocó una furia, y una poderosa proyección de poder.

—No tienes porque ponerte triste —dijo el maestro sentándose con ayuda de la poca magia que aún le quedaba—. El Bosque te protegió. Te retuvo para que no sufrieras los ataques de esos monstruos. Hijo, necesito que vayas al Pueblo Dormido, en ese lugar, hay una armadura de lobo, junto con una espada, esta tiene un mango a dos manos, y el guarda manos, es de oro y este se fusiona con la mitad de la hoja, la cual es negra y tiene cuatro runas de vinculación, actívalas y todo el equipo será tuyo.

—Pero, ¿Qué hay de usted? —preguntó Alasthor irradiando calor desde su cuerpo.

—Al fin, descansaré. Ahora vete, que esos monstruos siguen merodeando. De seguro ya te olieron —dijo el hombre—. Vive, y no nos olvides jamás.

El joven salió con el corazón destrozado, pues todos sus amigos y personas a las que apreciaba por completo, ahora ya no estaban, los monstruos se las habían arrebatado, y ahora tenia que andar solo por el mundo, nuevamente. Pensó en acabar con la manada que ataco al pueblo, pero no sabía dónde estaban, o si sus habilidades con la espada podrían ser suficientemente buenas como para derrotar, aunque fuese a uno.

Tomó una mochila y entro de esta, puso comida y agua, algunas pociones de curación, y salió de la casa. Con espada en mano, volvió a ver su casa por última vez, antes de dejar el pueblo que fu su hogar por tanto tiempo y que ahora, por culpa de unos Hombres Lobo había perdido, pues ya nada había en este lugar, que le diera ánimos de continuar habitando.

Intentó salir del pueblo en silencio, pues notó la presencia de varios Hombres Lobo que aun merodeaban por el lugar, pero, aunque lo intentó, no pudo salir. Ellos se dieron cuenta y Alasthor no tuvo mas remedio que correr lo más rápido que sus piernas le permitieran, sin embargo, los Hombre Lobo lo alcanzaron y el alfa, lo acorraló.

— ¿A dónde vas? —preguntó el alfa mirando directamente a los ojos al joven.

—No sé. Lejos —respondió tratando de averiguar el cómo escapar.

—Supongo que los que habitaban este pueblo eran tus amigos —dijo el Alfa mirando hacia atrás. Su forma de hombre lobo era enorme, de unos tres metros de alto, de pelaje negro cenizo, sus ojos eran rojos como la sangre y sus colmillos mas grandes eran de mas o menos treinta centímetros de largo, sus piernas eran sumamente musculosas y el resto de él también lo era. Se mantenía erguido sobre sus patas traseras mientras hablaba con Alasthor.

— ¿Me mataras como a ellos? —preguntó el joven con un nudo en la garganta.

El Hombre Lobo negó con la cabeza y le mordió el cuello.

—Sobrevive a eso y después nos buscas. Creo que serás un excelente sucesor —comentó el alfa y se retiró del lugar junto a su manada.

Alasthor se quedó en el suelo, tendido, mientras la sangre brotaba de su herida, tomó rápidamente la poción y la bebió, y esta comenzó a trabajar, sin embargo, el joven perdió el conocimiento.

Los Hombres Lobo se dirigían a su guarida en una cueva gigante al sur de lo que quedaba del Pueblo Verde y un soldado beta cuestionó a su líder.

— ¿Por qué? —preguntó el beta.

—Aunque haya querido matarlo, mi poder no se igualaba al de él —dijo saboreando aun su sangre—. Él tiene una sangre muy fuerte, muy poderosa, capaz de acabar con todos nosotros, sin embargo, aún no lo domina.

—Pero…, cuando lo haga será nuestro fin —comentó el beta.

—Es posible, pero, el tendrá un poder tan abrumador, que quizás se convierta en el Hombre Lobo Prime, quizás sea nuestro próximo líder. Solo el tiempo nos dirá que pasará.

Al amanecer, Alasthor estaba curado, sin embargo, él sintió que el veneno del hombre lobo corría por sus venas, pues ahora se sentía mucho mas fuerte y al recordar lo que su maestro le había dicho, decidió emprender su viaje a través del Gran Bosque Oscuro, rumbo al pueblo dormido, para conseguir esa armadura. Tenia miedo de su viaje, pues no sabia que cosas o personas podría encontrarse en este viaje. Tenia miedo de no saber que hacer en lo momentos en los que las decisiones eran de suma importancia y el mayor miedo que tenía, era el de no poder proteger a aquellos que pudiesen necesitar su fuerza.

El bosque le dio calidez, pues lo conocía muy bien, y notó que este le daba el valor suficiente para llegar al Pueblo Dormido, y cuando menos pensó, su camino se había acortado tanto, que llegó al letrero que indicaba el camino de dos días hacia el pueblo.

Se quedó en un árbol hueco durante la noche, pues el cansancio ya lo había hecho rendirse por el momento. Se sentó en el interior del árbol y encendió su lampara de aceite para poder ver y así disfrutar de un poco de la fruta que había guardado para luego recostarse un poco e intentar dormir, sin embargo, sus pesadillas, acerca del ataque de los Hombres Lobo, no lo dejaron descansar bien.

Se veía a si mismo rondando por el pueblo mientras las criaturas nocturnas devoraban a cada habitante, escuchaba los gritos de sus amigos y escuchó los pedidos de ayuda de ella, de Layla, quien era la chica de la cual se enamoró perdidamente, pero se lamentaba el no haber estado con ella en ese momento. Cuando despertó, las lágrimas recorrían su rostro y la luz del sol había comenzado a salir.

—Te vengaré —pronunció por lo bajo y continuó su camino sin mirar hacia atrás, pues sabia que el pasado dolía demasiado, y en lo único que tenia que pensar en ese momento, era en cumplir el objetivo de su maestro.

El camino que recorría era tranquilo, a pesar de ser bastante frondoso en cuestión de arboles y pasto, el lugar era muy silencioso. El sendero era de tierra y parecía que alguien pasaba por el lugar con bastante frecuencia, sin embargo, en todo el rato que llevaba caminando, jamás notó la presencia de alguien, excepto, del pueblo completo, el cual ya alcanzaba a verse en la lejanía. Notó humo salir de las chimeneas de las casas, lo que lo sorprendió bastante, dada la circunstancia del pueblo y su maldición la que los mantenía en un letargo indefinido y lastimosamente, nadie podía hacer nada, o, mejor dicho, nadie sabia que hacer para liberar a ese pueblo de la maldición.

Siguió avanzo, aunque cuestionando por qué había humo emanando de las casas, pero el solo quería seguir para tomar esa armadura y esa espada que su maestro le encargó. También tenia la duda de porque había elegido este pueblo o la razón por la que se encuentre en un lugar tan tétrico como este.

Cuando puso un pie dentro del pueblo, sintió una pesadez enorme que abrazaba cada parte de su cuerpo, escuchó el fuego que ardía en las chimeneas de las casas y gracias a sus poderes aun crecientes de Hombre Lobo, pudo olfatear que se cocinaba comida en algunos de ellos. Comenzó lentamente y con cautela a avanzar entre las casa del Pueblo Dormido para buscar el lugar exacto en el que se encuentra la armadura, además de que no quería llamas demasiado la atención, haciendo ruidos innecesarios.

Pensó rápidamente en la herrería del lugar y la buscó desde lo alto, subiéndose a un techo de un solo salto, y esto lo dejó perplejo, pues lo hizo sin saber realmente si esto funcionaría, pero aun así lo hizo, ya que algo en su interior le decía que si iba a poder hacerlo. Miró la herrería al final del pueblo y sin pensar en que no quería hacer ruido, avanzó por los techos de las casas hasta llegar al lugar. En su letrero tenia escrito la palabra herrería, sin embargo, Alasthor notó que la caligrafía era la de su maestro y supo entonces, que, en ese lugar, se encontraría la armadura.

Buscó en todas partes, pero no la encontraba, por lo que supuso que el maestro la había ocultado en alguna otra parte, sin embargo, cuando estaba a punto de marcharse, sintió que una de las tablas del piso estaba un poco suelta y que esta, parecía no tener soporte debajo de ella.

—Aquí estas —dijo el joven al asomarse por entre las separaciones de la madera. Metió un par de dedos y levanto la madera, para revelar una habitación subterránea, en la que se encontraban todo tipo de armas y artilugios que el maestro había forjado durante años.

De entre todas las cosas que había, le llamó la atención la armadura del lobo que le había dicho, además de la espada que se encontraba entre las manos de la armadura. El joven dejó su mochila y comenzó a buscar suministros de todo tipo, encontrando botellas con elixires y posiciones, además de hallar una mochila de piel de dragón que contenía un hechizo para hacerla mas liviana y perder cargar muchas cosas importar el peso de estos objetos.

Se acercó a la armadura y pudo sentir todos los hechizos mágicos que esta poseía, sin embargo, había uno que le llampo la atención, pues era un hechizo de ligamiento, el cual te permite por usar la armadura o arma que lo tenga, además de que si el hechizo esta activo la armadura no puede quitarla nadie mas que su propio portador. Notó una carta en uno de los guantes de la armadura. La abrió y comenzó a leer.

—Querido muchacho, si estas leyendo esto puede que hayan sucedido dos cosas; me desobedeciste de no entrar en este pueblo o he muerto. Como sea, quiero que sepas lo mucho que significas para mi y lo que quiero para ti, sin embargo, no existen las palabras suficientes para ello, por lo que te lo quiero hacer sentir y demostrar con esa armadura, ya que, dentro de ella, deposité todos mis sueños y esperanzas, todo mi amor, así como mi dolor, aquel que me hizo vivir tantos años y me permitió conocerte. Hijo jamás olvides el dolor que llevas dentro, jamás olvides el amor y l amistad que has forjado conmigo todos estos años, este, es el secreto para vivir tantos años, pues mientras haya quien te recuerde, vivirás. Ahora, debes usar el traje de cuero que se encuentra dentro del cofre a la derecha de la armadura, pues este te dará una protección en contra del frio y te mantendrá caliente y fresco según lo necesites, la máscara de cuero también tendrás usarla, pues el casco de la armadura está hecho a tu medida y siempre, deveras usarlo —se detuvo para limpiar sus lágrimas, pues estas ya le habían dificultado la visión—. Después de que te pongas todo, solo debes ordenarle vincularse a ti y con eso, jamás nadie te podrá robar alguno de los objetos que cargues contigo, pues esta armadura y espada, te protegerán incluso cuando estes dormido.

Miró la armadura la cual era de del acero mas resistente de todos los que se habían encontrado; el pecho estaba cubierto por completo con su pechera con un diseño triangular hacia el frente, las hombreras sostenían una capa de piel de lobo gris que caía hasta el piso y tenía también una capucha, sus brazos tenia varias secciones, pero muy poco espacio entre cada sección y en el codo tenia pequeños picos de la misma armadura, lo que ayudaba a protegerse un poco mejor. Los guantes eran completos por la parte posterior de lamino y acababan en dedos con garras, dándole un poco mas de ferocidad a la mano. Sus botas eran comunes, con una protección hasta la rodilla y luego otra hasta los muslos y cintura. El casco era en forma de cabeza de lobo, con tres rendijas para ver y respirar, además de dos ojeras de acero en la parte superior de la cabeza.

La espada era de un metro sesenta, bastante larga para ser una espada. Su mango era a dos manos, recubierta de piel de dragón de color negro, con un diseño cilíndrico. El guardamanos era sencillo, sin embargo, estaba bañado en oro y había varios diseños mas hacia la hoja que también eran de oro, en esta parte, se encontraban las runas que el maestro le había dicho y el filo de esta, era inmenso y jamás se acabaría.

—Esta vez te luciste —dijo el joven al ponerse el traje de cuero, el que de inmediato, le quito el frio que hacia en el pueblo. Tomó parte por parte la armadura, y comenzó a sentir como el poder lo invadía, como el amor que el maestro había dicho, se hacia presente y lloró mientras se equipaba—. Ordeno que te vincules a mí.

La armadura y la espada comenzaron a brillar de un color morado, iluminando todo el lugar, provocando una pequeña ventisca de aire y quedando así, vinculada al cuerpo de Alasthor. Salió del sótano de la herrería y comenzó a caminar rumbo a la salida del pueblo para poder seguir su camino a un lugar incierto. Pensó en viajar a la capital, en Ciudad Esmeralda. Cada paso que el joven daba hacia vibrar la armadura y su sonido fue tan característico que Alasthor se sintió realizado, aguardando poder usarla en algún combate, pero, siempre hay que tener cuidado con lo que se desea, pues un fuerte golpe, lo arrojó a través de una casa, destruyéndola en el proceso. La espada cayó clavada en el suelo y de ahí no se pudo mover.

— ¿Que mierda paso? —se preguntó mientras se reincorporaba.

Una figura en forma de humano, con un aspecto demoniaco, se acercaba, este ser, era de color rojo, con ropas negras que de alguna forma parecían ser parte de él, sus cuernos eran largos y retorcidos hacia su nuca y el rostro tenia una sonrisa larga con colmillos hasta sus orejas, sus ojos eran solo un vacío oscuro y cada paso dejaba marcado en el suelo una huella de fuego.

—Quiero tu cuerpo —dijo el demonio antes de lanzarse hacia Alasthor quien llamó a su espada con la mano derecha y cuando esta al fin llegó a él, bloqueó el ataque del demonio.

—Jamás —dijo Alasthor rechazando al demonio, haciéndolo retroceder un par de metros—. Tu eres quien tiene a este pueblo bajo la maldición, ¿cierto?

—Tienes una percepción muy aguda con respecto a la magia y el aura de los seres vivos. Tu cuerpo es sumamente especial —dijo el demonio con una voz cada vez mas grave y aterradora, pues en algunas ocasiones se podían escuchar múltiples voces de diferentes tonos y personas.

Ambos se tiraban golpes y se bloqueaban, acertando uno cada ciertos golpes, causando dolor en el otro, pero al mismo tiempo emoción y fue entonces, que se dieron cuenta de que eran iguales, capaces de sentir la magia, el aura y sentir emoción al pelear con un buen enemigo.

—Hagamos algo —dijo el demonio—. Tengo tanto tiempo atrapado aquí que ya no se como es afuera. Quiero ser parte de ti, es decir, estar dentro de ti. Te daré mi poder y tu me dejaras vivir en tu mente, para experimentar todo lo que hay en el mundo exterior.

— ¿Por qué confiaría en un demonio como tú? —preguntó Alasthor.

—Tu y yo, somos iguales, casi como uno mismo. Tú también sentiste eso mientras peleamos —dijo el demonio acercándose un poco—. Vamos, siente mi aura, es igual a la tuya, somos iguales, quizás los dos lados de una misma moneda. No sé porque estoy aquí o como acabé aquí, pero cuando llegaste, pude sentirte, pude saber que estabas aquí, pues tu poder es casi tan grande como el mío, aunque tu no sabes como controlarlo, pero yo sí. Vamos, ya no tienes nada que perder. Seamos uno…, una…, ultima…, vez…

Ambos tocaron sus palmas y un enorme fulgor alumbro todo el pueblo, despertándolos por fin de ese letargo que no tenía fin, dándoles una oportunidad mas de vivir sus vidas y darles una nueva esperanza.

 Cuando la luz cesó Alasthor estaba en el suelo donde el estaba, la tierra se hallaba quemada, como si un gran rayo hubiera caído en el lugar. La gente del pueblo lo miró e intuyeron de inmediato que los había salvado de la entidad que los tenia presos en ese letargo.

Una chica notó que el poder que Alasthor emanaba ya no era el mismo que el que sentía cuando recién llegó al pueblo, pues ella era una forastera que visitaba con frecuencia el pueblo y lo subió con dificultad a su carreta para llevarlo a la Ciudad Esmeralda, para que lo examinaran o algo.

—No sé quién seas, pero presiento que eres muy especial. Por ahora, descansa que tendremos un largo viaje a la capital.


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