LA HIJA DEL FUEGO

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Summary

El reino de Ferandor ha caído bajo el yugo de un golpe de estado orquestado por generales ambiciosos, veteranos de guerras perdidas en los ecos de la historia, que reclaman la corona como un derecho divino prometido por Kareth, el dios de la guerra. Mas, sin que los traidores lo sospechen, un guardia leal a la Corona se escabulle entre las sombras del palacio en llamas, arrebatando a la hija recién nacida del rey Alaric IV. Juntos se pierden en los bosques septentrionales, donde antiguos secretos de magia simbiótica aguardan a despertar en la sangre real... y en las venas de un protector marcado por el destino. Portada Realizada por: @Elizadarkfang

Status
8mo ago
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Veinte años atrás, durante una de las tormentas más brutales jamás vistas en las tierras de Ferandor, los generales de más alto rango -héroes de guerras olvidadas en los ecos de la historia- llevaron a cabo un golpe de estado contra el rey Alaric IV. Irrumpieron por la fuerza en el palacio, asesinando a todo aquel que osara detener su avance con espadas envueltas en llamas, el fuego bendecido por el dios de la guerra.

Mientras un grupo de guardias leales a la Corona escoltaba al rey y a sus hijos mayores hacia los aposentos de la reina Emeline -quien acababa de dar a luz a la princesa Alyndra-, un trueno impactó contra las torres del palacio. Fue como si Kareth en persona desatara su furia, sacudiendo los cimientos de piedra y haciendo temblar las antorchas en sus soportes.

En la penumbra de la habitación, perfumada por el sudor del parto y el miedo, el rey Alaric tomó a su hija de los brazos debilitados de la reina. Sus ojos, empañados por la traición, se clavaron en Sir Alen Varros, su guardia y amigo más leal.

-Llévala contigo, amigo mío, y protégela con tu vida -susurró, depositando un último beso en la frente de la recién nacida, cuyo llanto se ahogaba en el rugido de la tormenta.

Alen envolvió a la pequeña Alyndra en su capa bordada con el emblema de la familia real, y se escabulló por un pasaje secreto justo cuando la puerta voló en pedazos. Los traidores irrumpieron, invocando un torbellino de magia incendiaria -el aliento abrasador de Kareth- que devoró la habitación en un infierno de llamas danzantes. Los gritos de la familia real se confundieron con los truenos que azotaban el suelo, dejando solo cenizas y un silencio profano.

Afuera, bajo la lluvia torrencial, Alen Varros corrió hacia los bosques septentrionales, perdiendoce en la oscuridad del bosque.