1. SEGUI GOLPEANDO
6:47 AM - Gimnasio "Shiko"
PAM.
El sonido del golpe resonó por todo el gimnasio.
Afuera, la lluvia golpeaba los ventanales del Shiko mientras el olor a cuero, vendas y esfuerzo temprano llenaba el aire.
Dentro, solo se escuchaban golpes secos, sogas chocando contra el piso y respiraciones pesadas.
Un horario reservado para pocos.
Para los que empezaban antes que el resto del mundo.
PAM.
PAM.
Y UNA DERECHA LIMPIA.
En un rincón del gimnasio, Cryo seguía castigando la bolsa pesada.
Ya iba por su sexto round.
La respiración le pesaba, pero sus puños seguían moviéndose con precisión mecánica, como si cada combinación intentara sacar algo que nunca decía en voz alta.
JAB.
CROSS.
GANCHO AL HÍGADO.
Los impactos resonaron por el gimnasio.
Incluso más fuerte de lo normal.
RING!
La campana marcó el final del round.
Las pocas personas que estaban entrenando se sentaron agotadas para descansar un momento.
Cryo no.
Los hombros le ardían, las piernas le pesaban y el cansancio ya empezaba a pasar factura.
Aun así, volvió a levantar la guardia.
Entonces sintió una mirada encima suyo.
Era "Matsuda".
El entrenador del gimnasio Shiko.
Cuarenta años.
Ex boxeador profesional.
Alguien que había visto pasar demasiados peleadores como para impresionarse fácil.
Matsuda caminó hacia él sin apuro, con esa tranquilidad que solo tienen las personas acostumbradas a pelear durante toda su vida.
Cryo lo miró apenas de reojo mientras ajustaba mínimamente su guardia.
Incluso cansado, seguía corrigiendo errores.
PIIIP!
La campana anunció el inicio del siguiente round.
-Hace cuánto nos conocemos, Cryo.
Dijo Matsuda.
PUM.
El jab golpeó seco la bolsa.
-Hace cuatro años.
Respondió El.
Matsuda observó unos segundos más.
-No bajaste el ritmo hace semanas. Casi no descansás.
Cryo respondió golpeando otra vez.
PUM.
PUM.
PUM.
Gancho al hígado.
Más fuerte.
Más pesado.
Matsuda cruzó los brazos.
-Es por el torneo... ¿verdad?
Cryo frenó apenas.
Solo un segundo.
Pero Matsuda lo notó.
Odiaba eso.
Odiaba que algunas personas pudieran leerlo tan fácil.
Bajó la mirada un instante antes de volver a incorporarse.
-Es una oportunidad.
La voz le salió baja, pero firme.
-Supongo que usted lo entiende mejor que nadie.
Matsuda sostuvo su mirada unos segundos más.
Luego habló.
-Seguí golpeando.
Nada más.
Pero Cryo sabía algo:
Matsuda nunca desperdiciaba palabras.
-
Un último sonido de campana marcó el final de su entrenamiento.
Cryo bajó lentamente la guardia mientras el sudor recorría su mentón hasta caer al suelo del gimnasio.
Sin decir demasiado, agarró el bolso que había dejado cerca del ring y caminó directo hacia las duchas.
El agua fría cayó sobre su espalda apenas abrió la canilla.
Cerró los ojos.
Apoyó una mano contra la pared mientras regulaba la temperatura.
El cuerpo le pesaba.
Las muñecas le dolían.
Y los nudillos seguían sensibles.
Pero el dolor físico nunca había sido un problema.
Era algo con lo que sabía cargar.
Su cabeza era peor.
El torneo.
Esa oportunidad llevaba años apareciendo y desapareciendo frente a él.
Cuatro años intentando mejorar su récord.
Escalar posiciones.
Llamar la atención correcta.
Y aun así...
A veces sentía que el ranking ya estaba decidido antes de subir al ring.
Pero esta vez era distinto.
Algo había cambiado.
Matsuda también lo había notado.
Tal vez experiencia.
Tal vez instinto.
O tal vez solo el presentimiento de alguien que había vivido demasiado tiempo dentro del boxeo.
Cryo soltó aire lentamente antes de cerrar el agua.
8:20 AM.
Todavía llegaba a tiempo a la universidad.
Se vistió rápido.
Remera negra.
Buzo gris.
Auriculares alrededor del cuello.
Una costumbre.
El ruido de la gente a veces le cansaba más que entrenar.
Guardó las vendas usadas y la ropa húmeda dentro del bolso junto a apuntes, un cargador portátil y algunos libros arrugados de la universidad.
El cierre apenas logró aguantar todo.
Cuando volvió al gimnasio, el ambiente ya empezaba a llenarse un poco más.
Sonido de sogas.
Guantes golpeando bolsas.
Conversaciones cortas.
Respiraciones agitadas.
Cryo acomodó el bolso sobre su hombro mientras avanzaba hacia la salida.
Entonces la vio.
Una chica salió desde la zona femenina del gimnasio ajustándose las vendas negras de las manos.
Pelo oscuro atado.
Buzo deportivo gris.
Mirada tranquila.
Demasiado tranquila para alguien que peleaba.
Pero había algo en su postura que dejaba claro que no era una principiante.
Incluso caminando parecía lista para subir al ring.
Cryo cruzó mirada con ella apenas un segundo.
Directa.
Fría.
Como dos personas demasiado acostumbradas a observar antes de hablar.
La chica sostuvo la mirada un instante más antes de seguir caminando hacia Matsuda.
-Buen día, entrenador Matsuda.
Su voz era calmada, pero firme.
Matsuda levantó apenas la vista.
-Llegaste temprano, Rei.
Ella asintió mientras dejaba su bolso cerca del ring.
Aunque tenía entrenadora propia y varios años compitiendo en amateur, todavía seguía viniendo al Shiko para pedirle consejos a Matsuda antes de competir.
Cryo pasó cerca de ellos sin decir demasiado.
Luego acomodó nuevamente el bolso sobre su hombro.
-Nos vemos.
Dijo Cryo.
Matsuda respondió levantando apenas una mano.
Antes de salir, Cryo miró de reojo el viejo televisor colgado cerca de la recepción.
Una noticia interrumpía la programación matutina.
"...hospitales reportan múltiples casos de fiebre alta y episodios neurológicos agresivos en pocos casos especiales, aún sin explicación oficial..."
La pantalla mostró imágenes rápidas de ambulancias y personas siendo contenidas por personal médico.
Uno de los chicos del gimnasio soltó una risa desde el fondo.
-Tokio cada día está más enfermo.
Nadie pareció darle demasiada importancia.
Cryo tampoco.
O al menos eso creyó.
-
La lluvia seguía cayendo cuando salió del gimnasio.
No era torrencial.
Solo constante.
Cryo levantó la capucha y comenzó a caminar hacia la universidad mientras las luces de Tokio seguían encendidas como cualquier otra mañana.
Trenes.
Pantallas.
Personas hablando.
Todo parecía normal.
Pero algo...
lentamente empezaba a romperse...