Capítulo 1: El Choque
La ciudad estaba demasiado ruidosa.
Dylan caminaba con los audífonos puestos, intentando que la música ahogara el ruido de los autos, las conversaciones y el constante movimiento de la gente. No tenía ganas de hablar con nadie. Mucho menos de llamar la atención.
Mantenía la mirada baja mientras sostenía un vaso frío entre los dedos.
Solo quería llegar a casa.
Por eso no vio al hombre que venía en dirección contraria.
El choque fue repentino.
-¡Maldición! -soltó Dylan.
El vaso se inclinó y el líquido terminó sobre la camisa blanca de un desconocido.
Dylan se quedó inmóvil durante un segundo.
-Lo siento. No fue intencional.
Levantó la mirada.
Y entonces entendió que aquello no iba a terminar con una simple disculpa.
El chico frente a él era alto. Demasiado alto. Vestía impecablemente y, a pesar de la mancha que ahora arruinaba su camisa, parecía más molesto por haber sido interrumpido que por la ropa.
Sus ojos se clavaron en Dylan.
-¿Eso es todo?
Dylan frunció ligeramente el ceño.
-¿Qué más quieres que diga?
El desconocido bajó la mirada hacia su camisa y luego volvió a mirarlo.
-Podrías empezar explicándo cómo vas a arreglarla.
Dylan respiró hondo.
-Puedo pagar la limpieza.
-¿Tú?
La forma en que lo dijo hizo que Dylan levantara una ceja.
-Sí. Yo.
El otro soltó una pequeña risa, sin el menor rastro de humor.
-No creo que tengas idea de cuánto cuesta esta camisa.
Dylan miró la prenda manchada y después al chico.
-Entonces dime el precio.
La expresión del desconocido cambió ligeramente.
Parecía no estar acostumbrado a que alguien le respondiera así.
-Qué valiente.
Dylan no contestó.
Solo quería irse.
Pero cuando intentó pasar a su lado, el otro le sujetó el brazo.
-¿A dónde crees que vas?
Dylan bajó la mirada hacia la mano que lo retenía.
-Suéltame.
-Primero vas a disculparte como corresponde.
-Ya me disculpé.
-No fue suficiente.
Dylan levantó lentamente la mirada.
El desconocido se acercó un poco más y sonrió de una manera que hizo que algo dentro de Dylan se tensara.
-Si quieres que lo deje pasar... -murmuró- podrías empezar por limpiar mis zapatos.
Dylan permaneció en silencio.
Por un instante, pareció que simplemente iba a soportarlo.
Pero entonces soltó una pequeña risa.
El desconocido frunció el ceño.
-¿Qué?
Dylan dejó el vaso vacío a un lado.
-Estaba pensando en algo.
-¿En qué?
-En que probablemente nadie te ha dicho que no en mucho tiempo.
La sonrisa del otro desapareció.
-¿Qué dijiste?
Dylan se soltó de su mano.
-Que no.
El desconocido lo miró, incrédulo.
-¿Sabes quién soy?
Dylan lo observó durante unos segundos.
No parecía impresionado.
-No.
-Deberías.
-¿Por qué?
El otro guardó silencio.
Dylan ladeó ligeramente la cabeza.
-¿Por qué tienes dinero?
La expresión del desconocido se endureció.
-Cuida tus palabras.
Dylan suspiró.
-Mira, ya me disculpé. Te ofrecí pagar la limpieza y tú decidiste convertir esto en un espectáculo.
Se giró para marcharse.
Entonces escuchó:
-¿Y vas a irte así nada más?
Dylan se detuvo.
Miró por encima del hombro.
-Sí.
-¿Sin siquiera saber con quién estás hablando?
Dylan lo recorrió con la mirada una última vez.
-Una escoria sin educación.
El silencio cayó entre ambos.
Incluso algunas personas que caminaban cerca voltearon a mirar.
Dylan no esperó una respuesta.
Se puso nuevamente los audífonos y comenzó a alejarse entre la multitud.
El desconocido permaneció inmóvil.
No estaba acostumbrado a aquello.
La mayoría de las personas bajaban la mirada cuando él hablaba. Algunos intentaban agradarle. Otros simplemente obedecían.
Pero aquel chico... no solo acababa de insultarlo. Se había marchado como si él no significara absolutamente nada.
-¿Quién demonios era...? -murmuró.
Uno de los hombres que lo acompañaba se acercó con cautela.
-Señor.
El desconocido no respondió.
Seguía mirando hacia la multitud, intentando encontrar nuevamente aquella figura que desaparecía entre la gente.
No sabía su nombre.
No sabía de dónde venía.
Ni siquiera sabía por qué le había llamado tanto la atención.
Pero había algo que sí tenía claro.
Quería volver a verlo.








