Chapter 1
Narra Braylen
Todo comenzó en los continentes del Norte, donde la guerra parecía una tradición de los imperios. Había seis reinos:
El Reino Celeste
El Reino Diliandia
El Reino Japokds
El Reino Diamante
El Reino Esmeralda
El Reino de Goilans
De esos seis reinos, dos estaban en una guerra mortal: Goilans y Japokds. Eran como el agua y el fuego; se odiaban mutuamente. Cada territorio tenía sus tradiciones, y parece que la de estos dos era matarse entre sí.
Yo soy Braylen, espadachín del Imperio de Japokds. El Emperador nos ordena luchar contra los Goilans, esos tristes extranjeros. Sin embargo, yo pertenezco a un equipo de espionaje profesional compuesto únicamente por cuatro personas: éramos el grupo más poderoso de Japokds, y yo soy su líder. Cabe mencionar que cada reino tiene su propio equipo de espionaje, cazadores o asesinos para realizar sabotajes en dominios enemigos.
Todo esto es complicado, pero como líder, solo puedo decir algo: es fabuloso. Me encanta esta vibra de sangre.
Tengo dos hermanas a las cuales no veo desde hace mucho tiempo. Nos separamos y no nos volvimos a ver; ya pasaron 20 años y todavía no las encuentro. Espero que estén bien, porque si me doy cuenta de que alguien las lastima, lo mataré con mis propias manos.
En ese momento, llegó un soldado del Imperio.
—Comandante, el Emperador pide su presencia —dijo.
—De acuerdo. Dile que estaré ahí en unos segundos —respondí.
—Muy bien —asintió antes de retirarse.
—Bueno, chicos, el viejo necesita que juguemos a las muñecas de nuevo. Vamos —les dije a mis camaradas.
Por cierto, mis compañeros y discípulos se llamaban Lyra, Rose, Gojan y Yeremy.
Narra Braylen
Llegamos al palacio. Tengo la costumbre de no arrodillarme ante nadie, y eso el Emperador ya lo sabía; pero como era su secuaz más fiel y poderoso, no le quedaba más remedio que ignorar las reglas.
—Muy bien, los llamaba para avisarles que el Reino de Goilans está reuniendo tropas. Quiero que se infiltren en su academia y estudien ahí como alumnos normales, pero cuando llegue el momento, me traerán información desde allá —nos ordenó.
—¿Estás diciendo que vayamos a espiar y robar los documentos e información de Goilans? —pregunté.
—Así es. Necesito ver ese reino caer, así que confío en vosotros —dijo él.
—Está bien, nos colaremos allá, pero como es una orden suya, soportará todas las consecuencias que esto traiga —advertí.
—Sí, lo sé. Les pagaré todo lo que quieran, dos o tres millones, pero háganlo sin fallar —respondió.
Narra el Narrador
Mientras ellos planeaban el sabotaje, en Goilans había un grupo de estudiantes descansando bajo la sombra de un árbol.
Narra Sakura
Estábamos ahí reunidos Kanoe, Yhoani, Edgar, Axel y yo. Éramos compañeros de clase en la academia y vivíamos en el Reino de Goilans.
—Hey, chicos, el trabajo de este lunes quedó horrible. Creo que no le dimos el toque de amor y paciencia —comentó Yhoani.
—¡Cállate! Quedó así de feo porque te movías mucho —repliqué.
—Ya, ya, calma —intervino Kanoe.
—¿Cómo quieres que me calme, Kanoe? ¿No ves que en estos momentos no siento nada de eso? —protesté.
—Tranquilos, se podrá arreglar —dijo Edgar.
—No creo, se fue todo a la basura —añadió Kanoe.
—Vaya negatividad —suspiró Edgar.
—Bueno, ni modo, a volverlo a hacer —dijo Axel.
—Jajaja, pero ¿qué es esto? ¿Una piedra convertida en mármol? —se burló Kanoe.
—Ya basta, Kanoe, es un mural informativo —aclaró Axel—. Solo que nos desviamos un poco.
—Vaya, pero qué trabajadores —siguió molestando Kanoe.
—¡Cierra el pico y ayuda, mocosa! —le dije.
—Vaya, Sakura, no seas aburrida —respondió Kanoe entre risas.
—Ya, concéntrense en el trabajo para mañana —pidió Edgar.
—¿Se acuerdan de que el maestro dijo que podremos elegir nuestras armas malditas? —recordó Yhoani.
—Así es, eso escuché —afirmó Axel.
—Estoy listo para agarrar la mejor arma posible —dijo Edgar entusiasmado.
—Verán que mi arma será la mejor de todas —presumí.
—Ya, chicos, tranquilícense —concluyó Kanoe.
Narra el Narrador
Al día siguiente, todos los chicos estaban en la academia sumamente entusiasmados. El grupo de Kanoe esperaba con ansias el llamado mientras revisaban las listas para ver en qué sección había quedado cada uno.
Sección CSección ASección E
KanoeSakuraYeremy
HikaniaEdgarRose
SaloméAxelCintia
NagumoYhoaniCarmen
LyraBraylenShisami
TitianaGojanKioto
LilaFloraRen
RositaElisabethYamato
YosmaniXiomaraAnia
KaytoMoanaSuleyman
Yuli
Narra Kanoe
¡Maldita sea! ¿Por qué a mí? Todos terminaron juntos menos yo: Axel, Edgar, Yhoani y Sakura quedaron en el mismo grupo, y yo me quedé completamente sola. ¿Es en serio?
—Esto no puede ser verdad... ¿Por qué yo sola? —protesté.
—Vaya, es cierto, Kanoe quedó en el grupo C —comentó Edgar al ver la lista.
—Así es —asintió Sakura.
—Ni modo —dijo Axel—. Toca echarle ganas.
—¡Ay, no! Se nos desunió el equipo —se lamentó Yhoani.
—Ash... qué más da, ya qué —resoplé resignada.
—Muy bien, a darlo todo —dijo Sakura intentando animar el ambiente.
En ese momento, se escuchó una voz que resonó en toda la plaza principal.
—¡Atención a todos! —anunció el Presidente del Instituto—. Hoy es un nuevo comienzo, otro año más en medio de una guerra que aún no muere. Primero que nada, los entrenaremos; si demuestran ser capaces, recibirán un arma maldita... claro, siempre y cuando ella los acepte como sus dueños. Al mediodía tendremos la prueba de habilidades para determinar sus capacidades.
Narra Edgar
Nos fuimos Sakura, Yhoani, Axel y yo hacia nuestro salón. Entramos y nos sentamos cada uno en su respectivo escritorio. En ese momento, llegó la profesora.
—Buenos días, jóvenes. Soy Kamila y seré su maestra a cargo para esta sección —dijo ella—. Con todo respeto a todos, quiero que cada uno se vaya presentando.
—Soy Flora, tengo 17 años y vivo en el barrio Kiyusaki —dijo una chica.
—Soy Elisabeth, tengo 19 años y vivo igual en el barrio Kiyusaki —siguió otra.
Y así se fueron presentando uno por uno hasta que llegó nuestro turno.
—Soy Sakura, tengo 18 años y vivo en Suleazul —dijo Sakura.
—Soy Yhoani, tengo 18 años. Vivía en Flora del Norte, pero ahora resido en Suleazul.
—Soy Axel, tengo 17 años y también vivo en Suleazul.
—Yo soy Edgar, tengo 18 años y vivo en Suleazul —concluí.
—Vaya, hay cuatro personas de Suleazul aquí —comentó la profesora Kamila sorprendida—. Bueno, chicos, ¡comencemos!
Narra Kanoe
Estaba afuera de mi salón cuando una chica algo tímida se me acercó a preguntar.
—Oye, ¿no sabes dónde queda la Sección C?
—Así es, es aquí mismo —le dije.
—¡Ah, muchas gracias! Andaba medio perdida —respondió aliviada.
—No hay de qué. ¿Cómo te llamas?
—Yo soy Lyra, mucho gusto —dijo esbozando una sonrisa.
—Igualmente —contesté mientras entrábamos juntas al aula.
Horas después
Narra Axel
Salimos a receso y nos reencontramos con Kanoe en el patio.
—Y bien, ¿cómo les fue? —pregunté al verla.
—Nos aceptaron el mural que hicimos. Dijeron que estaba bien y que se notaba el esfuerzo —contestó Edgar.
—Sí. Mencionaron que el entrenamiento será a las tres de la tarde, así que falta un poco. Por eso te llamamos para almorzar juntos —explicó Sakura.
—¡Sí! —añadió Yhoani.
—Bueno, está bien —aceptó Kanoe.
Nos sentamos en una banca y comenzamos a comer.
—Oigan, ¿qué tipo de armas creen que nos darán? —preguntó Kanoe con curiosidad.
—Escuché decir por ahí que son katanas —comenté.
—Ah, entiendo.
—Bueno, espero que no nos den solo katanas. A mí me encantaría tener unas tijeras enormes —confesó Yhoani.
—¿En serio? —se sorprendió Kanoe.
—Yo aceptaría lo que me dieran, la verdad —agregó Edgar.
De reojo miré a Sakura, quien estaba comiendo tranquilamente. No pude evitar pensar... No, no. Me sacudí la cabeza rápidamente para espantar esa idea.
—Oigan, ¿por qué no nos cuentan un poco sobre su pasado? —solté de repente.
En ese instante, noté cómo Yhoani se tensó un poco. Edgar mantuvo la calma y siguió comiendo como si nada, Sakura disimuló la mirada y Kanoe empezó a rascarse la nuca de forma nerviosa.
—Oigan, ¡no me ignoren! —reclamé al notar el silencio tenso.
Narra Yhoani
Me puse de pie de inmediato.
—Chicos, me disculpan un rato, iré a caminar... Nos vemos en el santuario —dije alejándome a paso rápido.
Caminé sin rumbo fijo mientras miraba hacia arriba, sintiendo el viento acariciarme la cara.
—No puedo... No puedo permitir que ellos lo sepan —murmuré para mí mismo.
La historia venía de mucho tiempo atrás. Hace unos doscientos años, la raza demoníaca entró en guerra con la raza de los mortales, un conflicto que aún no terminaba.
Recuerdos
Mi madre, Yakuna, era una humana que se enamoró de Naukimi, mi padre. Él era un demonio de sangre real, descendiente de la raza del conejo, alguien sumamente poderoso a pesar de su origen. Mi madre se casó con él y vivieron juntos hasta que la vida nos lo arrebató, dejándola a ella completamente sola.
Poco después me tuvo a mí: un niño híbrido, mitad humano y mitad demonio conejo. Llevaba la esencia de los demonios en mi interior. Mis orejas, las cuales hoy en día oculto diciendo que son una vincha, eran mi mayor terror.
Cuando iba a la escuela infantil, los otros niños me despreciaban; nunca tuve amigos. Un día, un niño me lanzó una piedra. Fui a dar la queja al profesor, pero él solo se limitó a decirme que esa era la forma en que ellos se comunicaban conmigo por ser un monstruo, y que si no fuera por mi madre, ya me habrían eliminado hace tiempo.
En respuesta, le devolví la piedra al niño, sacándole un ojo de un certero lanzamiento. Una hora después llamaron a mi madre. Ella me preguntó por qué le había hecho eso a mi compañero, a lo que le expliqué que simplemente había sido mi forma de comunicarme con ellos también.
Mi madre me sacó del colegio y nos fuimos a vivir a Suleazul. Fue allí donde conocí a mis verdaderos amigos, aunque siempre les mantuve mi identidad oculta.
Fin del recuerdo
Me senté en el suelo y me abracé las rodillas. Mire hacia la nada, con un nudo en la garganta. ¿Qué pasaría con ellos si descubrieran la verdad sobre lo que soy?
Narra Axel
Miré a los tres buscando una explicación sobre la repentina reacción de Yhoani.
—Tal vez se sintió incómodo —dijo Kanoe.
—¿Por qué se sentiría así? —pregunté.
—No sé, tal vez por tu pregunta —respondió Edgar.
—¿Qué tiene de malo querer conocernos mejor? —insistí.
—Hay personas cuyo pasado es algo difícil de contar —explicó Edgar de forma pausada.
—Mmm... Viéndolo así, tienes razón —admití.
—Solo evita hacer ese tipo de preguntas; algún día él mismo nos lo contará —sugirió Sakura.
—No lo creo —soltó Kanoe sin filtro.
—¡Kanoe! —gritamos los tres al mismo tiempo.
—¡Qué! ¡Es la verdad! —se defendió Kanoe encogiéndose de hombros.
Horas después...
Narra Yhoani
Estaba esperando en el santuario cuando vi llegar al resto del grupo.
—Okey, ya estamos todos —dijo Kanoe al verme.
—Ajá —asintió Edgar.
—Bueno, sigamos —les dije para dejar atrás lo ocurrido.
Caminamos juntos hacia el punto de encuentro, donde ya se habían reunido todos los estudiantes de las diferentes secciones.
—Buenas tardes, jóvenes —anunció el Presidente del Instituto levantando la voz—. Hoy serán las competencias para ganar sus armas malditas. Solo cinco personas podrán obtener una y ser reconocidas como Cazadores Élite de Nivel Alto. Unanse a sus respectivos grupos y entren cada uno a su portal.
Narra Kanoe
Había llegado el momento de enfrentarnos a otros equipos, pero por desgracia no iba a estar con mis amigos. Y no es porque no pudiera, sino porque yo misma así lo quise; siempre he tenido la costumbre de trabajar y luchar completamente sola.
Por esa razón decidí no unirme a su grupo. Conseguiré mi victoria por mi propia cuenta y sé que los volveré a ver al final de esto.
—Bueno, chicos, nos vemos en las rondas finales —les dije antes de partir.
—¿Estás segura de esto, Kanoe? —preguntó Edgar preocupado.
—Está bien. Si quieres que sea así, será un honor competir contra ti —dijo Sakura sonriéndome.
—Así será. Y si por alguna razón no logro llegar a las finales, los apoyaré a ustedes —prometí.
—Gracias —respondió Sakura.
Sin decir más, me di la vuelta y me marché.
Narra Sakura
La vi alejarse. Me resultaba difícil la idea de competir contra una amiga tan apreciada como ella, pero como bien dijo, sin importar lo que pase, siempre seremos amigos.
—Muy bien, chicos. Kanoe siempre ha sido solitaria y requiere su propio espacio cuando se trata de competencias —les expliqué al resto.
—Es rara —comentó Edgar suspirando—, pero al final es su decisión.
—Así es —coincidió Yhoani.
—Bueno, ¡vamos! —animó Axel.
Entramos al área de las clasificatorias. Había muchísimos grupos formados, pero solo una casilla de la lista destacaba por tener un solo nombre sin ningún compañero registrado a su lado: el de Kanoe.
narra Kanoe
Estaba ahí, mirando mi perfil en la pantalla entre grupos enormes mientras yo aparecía completamente sola. Pero la verdad es que siempre he buscado la calma; no me gusta el ruido, porque cuando me pongo seria, me convierto en alguien realmente aterrador.
De pronto, los portales se abrieron frente a todos. Cada equipo debía elegir uno; en mi caso, la decisión recaía únicamente en mí. Elegí el portal que estaba a un lado, mientras los demás hacían lo propio con los suyos.
Sé que al cruzar este portal no solo me enfrentaré a mis amigos, sino también a demonios de alto rango; calculo que de Rango S máximo. Sin embargo, he estado practicando toda mi vida. He vuelto a ser yo: Kanoe, espía élite.
Narra Sakura
Tomamos un portal. Siempre me he preguntado cómo hace Kanoe para estar alegre en un momento y, al segundo siguiente, volverse tan fría como el hielo. ¿Será que no le he puesto la atención suficiente? Creo que a partir de ahora tendré que observar más de cerca sus actitudes.
—Bueno, chicos, entremos —dijo llamando al grupo.
—¡Sí! —respondieron todos al unísono.
Cruzamos el portal y aparecimos en un bosque antiguo, un lugar que parecía sacado de la época feudal de hace dos mil años.
De repente, una voz resonó en el ambiente:
—Muy bien, jóvenes, aquí comienza su batalla. Tendrán que eliminar a miembros de otros equipos para obtener sus tesoros. ¡Así que mucho ánimo!
Narra Edgar
Estábamos observando el lugar cuando, de repente, sentimos el silbido de una bala que por poco nos da.
—¡Maldita sea! ¡Ya comenzó! —exclamé mientras todos nos cubríamos.
Al mirar a nuestro lado, notamos que había varias armas esparcidas.
—Objetivo 1: Toma un arma y contraataca al enemigo —anunció la voz del sistema guía.
Sin dudarlo, cada uno tomó un arma y salimos a la marcha para entrar en combate.
Narra Kanoe
En cuanto aparecí en la zona, ya me estaban atacando. Era un grupo de cuatro personas contra una sola... esto será divertido.
En el suelo encontré unas cuchillas unidas por una cadena. Tendré que acortar la distancia con el enemigo para ganar. Me impulsé hacia adelante esquivando las ráfagas de balas.
—¡Es muy rápida y tiene buenos reflejos, me cuesta trabajo apuntarle! —gritó uno de ellos.
Aproveché un obstáculo, me abalancé hacia arriba en una roca y me impulsé por el aire para quedar a sus espaldas con un salto acrobático. Levanté mi cadena con cuchillos y eliminé a uno de ellos con absoluta precisión. Tras el primer golpe, me dejé caer rodando hacia un costado.
—¡Ahorita, ahí está! ¡Ataquen! —ordenó el líder del grupo enemigo.
Apenas aterricé en la rama de un árbol, volví a tomar impulso para caer sobre ellos.
Narra Braylen
A mi equipo de cuatro y a mí nos tocó un campo de batalla desértico. Tan pronto como llegamos, comenzaron a emerger monstruos de arena del suelo, mientras que al frente ya se divisaban nuestros contrincantes.
Narra Sakura
Eran cinco contra cuatro; esto iba a ser interesante.
—¡Bueno, chicos, denlo todo! —exclamó Edgar ajustando su postura de combate.
—Te aseguro que estos caen más rápido que mi ex —bromeó Axel mientras desenfundaba su arma.
—Muy bien, con tal de que no sean tan arrastrados, todo estará perfecto —añadió Yhoani con una leve sonrisa.
—¡Muy bien, vamos! —ordené dando el primer paso al frente.
Narra Sakura
Avancé a toda velocidad canalizando mi energía en la katana que había recogido del suelo. La hoja comenzó a emitir un destello carmesí mientras encaraba al líder del grupo enemigo, quien intentó bloquear mi primer tajo con una pesada hacha de combate. La colisión metálica resonó por todo el bosque feudal, levantando una ráfaga de viento que apartó las hojas secas a nuestro alrededor. Con una maniobra ágil, deslicé mi filo por el mango de su arma, obligándolo a dar un paso atrás para no perder la mano.
Narra Edgar
Mientras Sakura mantenía ocupado al líder, yo me abalancé sobre el tirador del grupo enemigo que intentaba cubrise tras las ruinas de un viejo muro de piedra. Cargué mi lanza de energía y la arrojé con una precisión demoledora, obligando al francotirador a rodar por el suelo y soltar su rifle. Sin darle tiempo a recuperarse, acorté la distancia con una zancada explosiva, conectando una patada certera en su tórax que lo mandó a volar directamente contra el tronco de un árbol ancestral.
Narra Axel
Por mi parte, me tocó enfrentar a un espadachín doble que intentó tomarme por sorpresa desde las alturas. Flexioné las rodillas y esquivé su estocada por milímetros, sintiendo el aire frío rozar mi mejilla antes de contraatacar con una barrida baja. El sujeto saltó para evitar el impacto, pero anticipé su movimiento en el aire y le propiné un codazo en la espalda que lo estrelló contra el barro.
Narra Yhoani
Los dos enemigos restantes intentaron flanquearnos usando la vegetación densa como cobertura, confiando en que su velocidad nos sobrepasaría. Sin embargo, mis sentidos agudizados percibían cada uno de sus pasos sobre la tierra húmeda antes de que pudieran dar la estocada. Desenfundé un par de dagas cortas, bloqueé las dagas del primer asaltante con un movimiento seco y giré sobre mi propio eje para conectar un rodillazo directo al abdomen del segundo.
Narra Sakura
El líder enemigo intentó recuperar el control de la pelea ejecutando una técnica de corte descendente con todo el peso de su cuerpo. Anticipe la trayectoria de su ataque, incliné mi torso hacia la derecha y dejé que su hacha se clavara profundamente en la tierra. Aprovechando que su guardia quedó completamente abierta, le propiné una patada giratoria en el rostro que lo hizo soltar el arma y quedar desorientado.
Narra Edgar
El francotirador enemigo intentó levantarse y desenvainar un puñal secundario para un último ataque desesperado. Me adelanté a su intención, pisé con fuerza su muñeca contra el suelo para desarmarlo y apoyé la punta de mi lanza sobre su cuello. Con un movimiento rápido de mi palma, activé el sello de eliminación del sistema del portal, convirtiendo su cuerpo en un destello de luz que confirmó su baja del torneo.
Narra Axel
El espadachín de las dos katanas se puso de pie rabiando de frustración y lanzó una serie de estocadas desordenadas hacia mi pecho. Mantuve la calma, esquivando cada filo con mínimos movimientos de cabeza y torso hasta encontrar el hueco perfecto en su postura. Con un golpe seco en su muñeca derecha le hice perder la primera katana, y con un barrido de pie lo dejé fuera de combate antes de aplicarle el sello de eliminación.
Narra Yhoani
Los dos combatientes que me rodeaban retrocedieron un par de metros al ver que sus ataques frontales eran inútiles contra mí. Intentaron coordinar una maniobra en tenaza atacando a dos alturas distintas, pero aceleré mi paso cortando el aire entre ambos. Aparecí a sus espaldas en un parpadeo, rozando sus chalecos con mis dagas activadas para enviarlos directamente fuera del portal de competencia.
Narra Sakura
El líder del equipo contrario, al verse completamente solo frente a los cuatro, apretó los dientes con desesperación y levantó las manos en señal de rendición. Toqué su hombro con el filo de mi katana activando la descalificación automática de su grupo, haciendo que el último integrante desapareciera envuelto en el brillo del sistema.
Narra Edgar
Respiramos aliviados al ver que habíamos despejado la zona sin sufrir bajas en nuestro equipo. Guardé mi lanza y sacudí el polvo de mis hombros, mirando a mis compañeros con una sonrisa de victoria.
Narra Axel
—Se los dije, cayeron más rápido de lo esperado —presumí cruzando los brazos detrás de la cabeza, ajustando mi postura relajada.
Narra Sakura
De repente, el cielo sobre el bosque feudal se tiñó de un rojo púrpura nauseabundo y el aire se volvió tan pesado que nos costaba respirar. Un crujido desgarrador retumbó en la atmósfera cuando una grieta dimensional se abrió a pocos metros de nosotros, expulsando una humareda negra. Del portal no salieron estudiantes, sino tres bestias grotescas con cuernos retorcidos, colmillos expuestos y auras oscuras que congelaban la sangre.
Narra Edgar
—¡Eso no son alumnos ni un evento del sistema del instituto! —gritó Edgar retrocediendo un paso mientras empuñaba su lanza con fuerza.
Las criaturas emitieron un rugido ensordecedor que hizo temblar la tierra y fracturó las rocas a nuestro alrededor. La presencia de la energía demoníaca era sofocante, confirmando que eran demonios reales que se habían infiltrado en la simulación del portal.
Narra Axel
—¡Rango S! ¡Son demonios de Rango S! —advirtió Axel con la voz alterada por primera vez desde que entramos.
El demonio central se impulsó hacia nosotros a una velocidad sobrehumana, chocando sus garras contra el terreno y levantando una explosión de ráfagas oscuras que nos proyectó hacia atrás. La onda de choque fue tan violenta que chocamos contra los árboles, sintiendo el impacto retumbar en nuestras costillas.
Narra Yhoani
Al caer al suelo, sentí cómo la energía demoníaca de las bestias comenzaba a resonar directamente con mi propia sangre. Mis orejas humanas ocultas bajo la vincha empezaron a latir con fuerza y mi respiración se volvió pesada y acelerada. El olor de la sangre real demoníaca en el aire estaba despertando el lado de mi linaje que tanto me había esforzado por mantener dormido durante años.
Narra Sakura
Intenté ponerme de pie para reorganizar la formación, pero una de las bestias apareció frente a mí en un parpadeo y conectó un zarpazo brutal. Bloqueé como pude con mi katana, pero la fuerza del golpe agrietó el metal de mi arma y me estampó contra las rocas, dejándome casi sin aliento. Edgar y Axel corrieron a cubrirme, pero el segundo demonio los interceptó con una llamarada de fuego negro que los obligó a dispersarse entre las llamas.
Narra Edgar
La batalla se volvió un caos absoluto; las bestias no estaban jugando a descalificarnos, estaban atacando a matar. Axel intentó crear una distracción con sus movimientos, pero el demonio lo atrapó del hombro con sus garras y lo lanzó salvajemente contra un acantilado cercano. Sakura apenas podía ponerse en pie y yo estaba atrapado contra un muro de fuego mientras los tres demonios acorralaban a nuestro grupo.
Narra Sakura
Estábamos a punto de ser masacrados; mi espada estaba al borde de romperse, Axel yacía herido cerca de las rocas y la lanza de Edgar había sido destrozada por una de las bestias. Los tres demonios se juntaron para lanzar una ráfaga combinada de energía oscura que borraría lo que quedaba de nosotros en un segundo. Cerré los ojos esperando el impacto inminente, sabiendo que no teníamos forma de detener semejante poder.
Narra Axel
En el último milisegundo, una figura se interpuso entre el ataque fulminante y nosotros. Una onda de choque violenta detuvo el impacto por completo, levantando una cortina de polvo denso. Cuando la tierra se asentó, vi la espalda de Yhoani tendida frente a los monstruos, pero su postura ya no era la de un estudiante común. Su silueta emitía una presión sofocante que hacía temblar incluso a los demonios de Rango S.
Narra Yhoani
El dolor, la rabia y la desesperación por ver a mis amigos al borde de la muerte terminaron por romper el sello de mi sangre. Sentí cómo mis venas ardían en un fuego consumidor mientras mis colmillos crecían y la vincha que cubría mi cabeza caía al suelo, dejando al descubierto mis verdaderas orejas de demonio conejo de sangre real. Miré a los demonios con unos ojos rojos sedientos de sangre, perdiendo por completo el control de mi conciencia mientras la masa de energía oscura comenzaba a cubrir todo mi cuerpo.
Narra Braylen
Estábamos ahí, en medio de aquel sofocante desierto.
—Oye, Braylen, estos son demonios de arena y son poderosos —dijo Lyra ajustando el agarre de sus armas.
—¿Tienes miedo? —pregunté arqueando una ceja.
—No, pero son demonios —respondió ella seriamente.
—¿Qué tiene si son demonios? Da igual. Solo hay que eliminar a los mocosos contrincantes y a estos monstruos también.
—Sí, sí, como digas, Capitán —comentó Gojan en tono de burla.
—Ajá, sigue burlándote, Gojan —dije sin perder la sonrisa.
—Cálmate, corazón, solo era un decir —respondió Gojan soltando una pequeña carcajada.
—Ah, pues chúpamela —dije riéndome con él.
—No es tiempo para risas ni rosas —nos reprendió Yeremy secamente mientras observaba el perímetro.
—Maduren —añadió Lyra rodando los ojos.
—Ash... qué aburridas —dijimos Gojan y yo al mismo tiempo.
Narra Braylen
El terreno tembló con violencia cuando tres escorpiones gigantescos de arena emergieron de las dunas, rugiendo con un sonido rasposo que levantó una tormenta de polvo. Al mismo tiempo, el equipo de cuatro estudiantes contrincantes aprovechó la distracción para abrir fuego contra nosotros con ballestas pesadas. Esquivé las primeras flechas dando un salto mortal hacia atrás mientras desenvainaba mi doble hoja, escuchando cómo las saetas se clavaban profundamente en la arena ardiente.
Narra Braylen
Gojan se desplazó hacia la izquierda ejecutando un corte horizontal que decapitó a uno de los engendros de arena, haciendo que su cuerpo se desmoronara en polvo inerte. Sin embargo, dos de los rivales se le abalanzaron por la espalda intentando flanquearlo con lanzas largas. Reaccioné en una fracción de segundo, arrojando una de mis dagas de espía para desviar la punta de la lanza enemiga antes de que rozara el cuello de mi compañero.
Narra Braylen
Yeremy canalizó su energía táctica para erigir una barrera translúcida que bloqueó la descarga de proyectiles del francotirador enemigo. A través de la protección de la barrera, vi cómo el segundo monstruo de arena barría el suelo con su cola venenosa, obligando a Lyra a saltar hacia un costado. En el aire, ella lanzó una ráfaga de agujas arrojadizas que paralizaron los brazos del tirador rival, dejándolo completamente desarmado.
Narra Braylen
Los tres estudiantes enemigos restantes se reorganizaron apresuradamente, intentando empujarnos hacia las fauces del demonio de arena más grande. Mantuve la calma, coordinando con Gojan una maniobra en pinza: él distrajera la atención del líder rival con ataques frontales mientras yo rodeaba la duna a velocidad sobrehumana. En menos de tres segundos aparecí a espaldas del líder enemigo, propinándole una patada certera en la nuca que lo desorientó por completo.
Narra Braylen
Un segundo demonio de arena emergió justo debajo de los pies de los dos estudiantes restantes, tragándoselos parcialmente y provocando que el sistema del portal activara sus sellos de descalificación en un resplandor de luz. Aproveché la confusión para rematar al monstruo con una estocada vertical que dividió su núcleo de energía elemental en dos. La arena explotó a nuestro alrededor en una densa nube dorada que nubló la vista de todos durante unos segundos.
Narra Braylen
Gojan y Yeremy acorralaron al último integrante del equipo enemigo, desarmándolo con una secuencia rápida de bloqueos y golpes secos en las articulaciones. Tocando su hombro con el filo de mi espada, activé la última baja del grupo rival, dejando nuestro frente limpio de contrincantes. Sin embargo, la tormenta de arena sopló con más fuerza cuando la última bestia demoníaca, una salamandra de fuego y arena de diez metros, emergió furiosa del suelo.
Narra Braylen
La bestia rugió y lanzó una llamarada de magma combinado con arena ardiente que cubrió un radio enorme en el campo de batalla. Todos nos dispersamos para cubrirnos tras las formaciones rocosas más cercanas, pero el monstruo fijó su objetivo en la posición de Lyra, embatiendo la roca tras la que se resguardaba con un impacto demoledor.
Narra Braylen
La estructura de piedra colapsó por completo y vi cómo una de las garras del monstruo rozó a Lyra, lanzándola violentamente contra el suelo y dejándole un corte profundo en el costado. Ver su sangre manchar la arena hizo que el tiempo se detuviera para mí; una punzada de pánico recorrió mi pecho antes de convertirse en pura rabia. En un parpadeo me crucé en la trayectoria del siguiente golpe de la bestia, interceptando su garra masiva con el filo plano de mi katana.
Narra Braylen
—¡Lyra! —grité mientras sostenía el peso descomunal del monstruo con los dientes apretados—. ¡Gojan, saca a Lyra de aquí y llévala a un lugar seguro tras esa colina!
Sin perder un segundo, me incliné para cargar a Lyra en brazos, apartándola del área de peligro directo. La acomodé con cuidado bajo la sombra de un risco elevado donde la arena no la alcanzara, comprobando rápidamente que su respiración fuera estable a pesar de la herida.
Narra Braylen
—Quédate aquí, no te muevas —le dije en voz baja, ajustando con delicadeza mi pañuelo sobre su corte para detener el sangrado—. Te mantendré a salvo, te lo prometo.
Al levantarme y mirar de nuevo hacia el desierto, mi mirada ya no era la de antes; una sed de sangre hirviente nubló mis pensamientos al ver que alguien de mi equipo había sido lastimado.
Narra Braylen
Me di la vuelta caminando despacio hacia la bestia gigante, sintiendo cómo una presión oscura y pesada emanaba de mi cuerpo y hacía vibrar los granos de arena a mi alrededor. El monstruo y las tres nuevas salamandras de arena que emergieron a su lado parecieron dudar por un instante ante la abrumadora presencia que estaba liberando.
Narra Braylen
En una fracción de segundo desaparecí de la vista de todos. Aparecí por encima del primer engendro demoníaco y, con un único movimiento transversal de mi hoja, cercené su cabeza antes de que el cuerpo siquiera tocara el suelo.
Narra Braylen
Sin detenerme a aterrizar, usé el aire comprimido de mi propia velocidad para impulsarme hacia la segunda bestia. Mi espada trazó tres líneas de luz carmesí que desmembraron al monstruo en pedazos de piedra y arena inerte en menos de un parpadeo.
Narra Braylen
La tercera salamandra intentó expulsar una ráfaga de fuego ardiente para frenarme, pero atravesé las llamas sin dudarlo, cortando la ráfaga a la mitad y atravesando el cráneo de la criatura con una estocada limpia y mortal.
Narra Braylen
El monstruo principal, el más grande de todos, lanzó un zarpazo desesperado al ver que sus crías habían sido aniquiladas en segundos. Anticipe su trayectoria, me deslicé por debajo de su vientre y ejecuté un corte ascendente que dividió su torso por completo.
Narra Braylen
Salté a una altura descomunal sobre los restos en caída de la criatura y descargué un golpe directo contra la tierra, provocando una onda de choque expansiva que pulverizó hasta el último fragmento de los demonios de arena.
Narra Braylen
El silencio cayó de golpe sobre el desierto mientras el polvo comenzaba a asentarse bajo un cielo despejado. Limpié la sangre del filo de mi espada con un movimiento seco de muñeca y la guardé en su funda sin emitir el más mínimo ruido.
Narra Braylen
Gojan y Yeremy me miraban completamente en silencio, impactados por la masacre que acababa de ejecutar en cuestión de segundos. Ignorando el desastre a mi alrededor, me di la vuelta a paso firme para regresar a la colina donde mantenía a Lyra resguardada.
Narra Braylen
—La zona está limpia —dije con voz fría pero tranquila al llegar junto a ella—. Vámonos, la prueba en este portal ha terminado.
Narra Kanoe
Ya había eliminado al resto de aquel grupo. Sus sellos de descalificación brillaron antes de desaparecer, dejándome sola de nuevo en medio del espeso bosque. Sacudí mis cadenas con un movimiento seco para limpiar la suciedad de las cuchillas y solté un largo respiro.
—Demasiado fácil —murmuré para mí misma con tono aburrido.
Avancé a través de la densa vegetación manteniendo mis sentidos alerta. La tranquilidad del entorno era engañosa, y el aire comenzó a volverse extrañamente pesado, adquiriendo una densidad casi sofocante.
De repente, los árboles a mi alrededor crujieron. La temperatura descendió y un aroma dulzón, casi empalagoso, inundó el ambiente, haciendo que mi cabeza diera una ligera puntada de mareo.
Me detuve en seco y sujeté las cadenas con firmeza. Frente a mí, entre la penumbra de los follajes, emergió una figura alta y esbelta con orejas puntiagudas y la piel pálida como la luna: un elfo demonio.
El sujeto vestía túnicas oscuras y tenía una sonrisa ladina impregnada de malicia. No traía espadas ni arcos, pero la aterradora cantidad de energía demoníaca que emanaba de su cuerpo revelaba que era un enemigo de Rango S.
—Vaya, vaya... Una cazadora solitaria —dijo el elfo con una voz suave y rasposa que resonó en mi cabeza—. Qué deliciosa presa me ha tocado.
—Cierra la boca y defiéndete —respondí sin perder el tiempo, lanzando una de mis cuchillas directamente a su rostro.
El elfo ni siquiera se inmóvilizó. De su espalda brotaron seis extremidades oscuras y maleables, similares a tentáculos hechos de sombra pura, que desviaron mi ataque con suma facilidad.
—Espera un poco, mocosa. Mi magia no causa heridas sangrientas... causa algo mucho peor —susurró elevando la mano.
En ese instante, una onda invisible se expandió desde el cuerpo del demonio, golpeándome de lleno en el pecho. No sentí dolor físico, pero de inmediato mi corazón empezó a latir a mil por hora.
Una sensación abrasadora recorrió mi torrente sanguíneo. Era una técnica extraña y perturbadora: su poder alteraba mis hormonas de golpe, elevando una ola de calor incontenible y una intensidad de deseo que amenazaba con nublarme el juicio.
—¿Qué... qué es esto? —jadeé apretando los dientes mientras sentía cómo mis piernas flaqueaban por la repentina debilidad.
—Es mi sello de estimulación demoníaca —explicó el elfo disfrutando de mi reacción—. Altera tus emociones y tus hormonas hasta que tu mente pierda el control por completo.
Los tentáculos de sombra se extendieron rápidamente por el suelo, moviéndose con una agilidad pasmosa y rodeando mis tobillos antes de que pudiera reaccionar.
Intenté cortar los tentáculos con mi cuchilla restante, pero al contacto con mi piel, las extremidades de sombra comenzaron a absorber mi energía espiritual, debilitando aún más mi fuerza muscular.
Para colmo, los tentáculos no solo sujetaban; se enroscaban de forma atrevida y morbosamente lenta alrededor de mis piernas y cintura, buscando desestabilizar mi postura y distraer mi mente con esa sensación sofocante.
—¡Apártate de mí, maldito asqueroso! —grité furiosa, luchando contra la bruma de calor que intentaba apoderarse de mis pensamientos.
El elfo dio un paso al frente riendo con ligereza, mientras los tentáculos ajustaban el agarre en mis brazos y muslos, succionando mi vitalidad poco a poco.
—No te resistas. Cuanto más te mueves, más rápido absorbo tu energía y más intenso se vuelve el efecto —se burló el demonio acercándose a mi rostro.
Mantuve la mirada fija en él a pesar del sudor frío que corría por mi frente. Aunque mi cuerpo se sentía pesado y aturdido por esa técnica perversa, mi voluntad de espía élite no se quebraba tan fácilmente.
—Cometiste un gran error... al pensar que este truco barato me detendría —dije con una sonrisa fría mientras apretaba el gatillo oculto en el mango de mis cadenas.
Las cuchillas clavadas en los árboles aledaños liberaron una descarga de energía elemental congelante que viajó por los eslabones, congelando los tentáculos de sombra al instante y rompiéndolos en mil pedazos.
Libre del agarre, di un salto acrobático hacia atrás, recuperando la respiración y fijando mis ojos en el elfo demonio con pura sed de venganza.
Narra Kanoe
El elfo demonio borró su sonrisa engreída al ver sus tentáculos destruidos, pero rápidamente volvió a canalizar su poder oscuro.
—Veo que tienes buen aguante, pero no podrás resistir una segunda descarga de mi técnica —advirtió mientras los tentáculos volvían a regenerarse de su espalda, amenazando con abalanzarse sobre mí nuevamente.
Narra Yhoani
La furia consumió hasta el último rincón de mi mente. La vista se me tiñó por completo de un color rojo carmesí mientras la sangre demoníaca corría por mis venas como fuego líquido, ahogando cualquier pensamiento humano o rastro de cordura que me quedara.
Los tres demonios de Rango S sintieron la abrumadora masa de energía oscura que emanaba de mí y retrocedieron un paso, pero ya era demasiado tarde para ellos. En un parpadeo desaparecí del suelo, dejando una grieta profunda en la tierra bajo el impacto de mi pisada.
Aparecí sobre el primer demonio y le clavé mis garras directamente en el tórax. Con una fuerza desmedida y salvaje, descuarticé su cuerpo de un solo tirón, esparciendo su masa oscura por el bosque antes de que pudiera emitir un solo rugido.
El segundo monstruo intentó atacarme por el costado con sus fauces abiertas, pero giré sobre mi propio eje a una velocidad inhumana y le arranqué la mandíbula inferior con un golpe seco de mi palma, destruyendo su núcleo vital en el acto.
La última bestia intentó huir hacia la vegetación presa del pánico, pero me abalancé sobre ella como un cazador implacable. La tomé del cuello, la estampé contra el suelo con una violencia brutal y reduje su cráneo a cenizas con una descarga de energía pura.
El silencio volvió al bosque, pero la masacre no calmó la sed de sangre que ardía dentro de mí. Mis orejas de demonio conejo se agitaron con violencia y mis ojos rojos se fijaron en las únicas presencias vivas que quedaban a mi alrededor.
Giré la cabeza despacio hacia donde estaban mis amigos. Ya no los reconocía; para mi instinto salvaje y fuera de control, Sakura, Axel y Edgar no eran más que presas que debía exterminar.
Narra Edgar
La escena era de pesadilla. Yhoani había pulverizado a los monstruos de Rango S en segundos, pero su mirada carecía de toda humanidad. Cuando vi que se giraba hacia nosotros con las garras cubiertas de energía destructiva, supe que habíamos cruzado el punto de no retorno.
—¡Yhoani, detente! ¡Somos nosotros! —gritó Axel intentando levantarse, pero apenas podía sostenerse en pie.
Yhoani no escuchó. Se lanzó a matar directamente hacia Sakura, quien yacía en el suelo gravemente herida, inconsciente y al borde de la muerte tras el ataque previo de los demonios. Sus garras descendieron en un corte mortal hacia el cuello de nuestra amiga.
No podía permitirlo. Si tenía que revelar mi secreto para salvarle la vida a Sakura, lo haría sin dudarlo.
En una fracción de segundo, la tierra tembló cuando liberé la energía que había mantenido sellada durante años. El aire a nuestro alrededor se congeló y una intensa bruma plateada brotó de mi cuerpo, revelando mi verdadera naturaleza: yo tampoco era un humano común, sino un demonio lobo de linaje puro.
A diferencia de Yhoani, mi dilatada experiencia entrenando y dominando mi energía demoníaca me permitía mantener el control absoluto de mi conciencia. Mis orejas de lobo y mis garras plateadas emergieron mientras me interponía exactamente entre la estocada de Yhoani y el cuerpo de Sakura.
El impacto de sus garras contra mi barrera de energía espiritual generó una onda de choque estruendosa que barrió los árboles cercanos. Sostuve su ataque con una sola mano, sintiendo la tremenda presión de su poder.
—Hasta aquí llegas, Yhoani —dije con voz grave y resonante mientras mis ojos brillaban en un tono azul gélido.
Yhoani rugió fuera de sí y lanzó una ráfaga de zarpazos desordenados hacia mi pecho. Esquivé los primeros tres golpes inclinando el torso con movimientos fluidos y precisos, producto de mis años de riguroso entrenamiento.
Bloqueé su cuarta estocada con el filo de mi brazo reforzado y le propiné un golpe directo al estómago que lo hizo salir despedido varias decenas de metros hacia atrás, estrellándose contra una pared de roca.
Él se puso de pie al instante, sin sentir el dolor físico debido al estado de frenesí en el que se encontraba. La masa de energía de demonio conejo que lo rodeaba se volvió aún más densa y agresiva.
Se arrojó de nuevo contra mí formando ráfagas de cortes invisibles que rasgaban la tierra a nuestro paso. Ambos teníamos un nivel de poder destructivo similar, pero mi disciplina y mi dominio técnico me daban la ventaja sobre su fuerza bruta sin control.
Anticipé su avance, me deslicé por debajo de su guardia y conecté una barrida de pierna que le hizo perder el equilibrio. Sin embargo, en pleno aire, Yhoani utilizó sus garras para engancharse de mi hombro, arrastrándome con él en la caída.
Rodamos por el barro mientras intercambiábamos golpes a corta distancia. Cada impacto de nuestras energías demoníacas provocaba pequeñas explosiones que agrietaban el suelo bajo nuestros pies.
Me zafé de su agarre con un impulso de mi energía de lobo, creando una distancia de diez metros entre ambos para no poner en peligro a Axel ni a la moribunda Sakura que descansaba detrás de mí.
Yhoani acumuló una enorme esfera de energía roja entre sus manos y la arrojó directamente hacia mi posición. Extendí mis palmas e invoqué un escudo de aura plateada en forma de cabeza de lobo que absorbió el impacto de lleno, conteniendo la explosión.
A través del humo de la detonación, aceleré mi paso a velocidad máxima, apareciendo instantáneamente a la izquierda de Yhoani para conectar un codazo firme en su costado.
Él respondió con un manotazo salvaje que logró rozar mi mejilla, dejándome un leve corte, pero mantuve la compostura y contratacé con una combinación de tres estocadas rápidas a sus puntos de presión.
A pesar de recibir los impactos, la furia de su linaje de conejo le permitía seguir moviéndose sin descanso, impulsándose en saltos acrobáticos desde los árboles para atacarme desde ángulos impredecibles.
Bloqueé cada uno de sus descensos con la precisión de un veterano de combate, desviando sus garras con la parte plana de mis antebrazos reforzados.
—¡Sé que sigues ahí dentro, reacciona! —le exigí mientras contenía otro de sus feroces embates.
Yhoani solo respondió con un rugido ensordecedor, concentrando todo el poder de su sangre real en un último y desesperado ataque frontal cargado de letalidad.
Mantuve la posición con firmeza, acumulando mi propia aura de lobo en la palma de mi mano derecha para preparar la técnica que rompería su frenesí de una vez por todas.
Narra Edgar
Cuando Yhoani se abalancó en su estocada final, me deslicé hacia adelante acortando la distancia en un milisegundo, pasando por debajo de su garra levantada.
Coloqué mi palma directamente sobre su pecho, justo en el centro de su circulación de energía demoníaca.
—Sello de purificación gélida —susurré activando el poder del demonio lobo.
Una marea de energía plateada y fría como el hielo penetró en el cuerpo de Yhoani, congelando la energía descontrolada que quemaba sus venas y deteniendo su avance de golpe.
Los ojos rojos de Yhoani parpadearon violentamente mientras la densa bruma carmesí que lo rodeaba comenzaba a disiparse lentamente en el aire.
Su respiración, agitada y salvaje, empezó a volverse más pausada a medida que la calidez de su conciencia regresaba a su mente.
Las orejas de demonio conejo se suavizaron y sus garras retractaron su tamaño original hasta volver a ser manos normales.
Sus piernas flaquearon al perder repentinamente todo el impulso del frenesí, cayendo rendido hacia adelante.
Narra Kanoe
El elfo demonio volvió a cruzar los brazos con superioridad, dejando que sus tentáculos oscuros flotaran a su alrededor como serpientes listas para atacar.
—Debes entender tu posición, mocosa —comenzó a decir con una risa burlona y chillona—. Una simple mortal como tú no tiene oportunidad contra la elegancia y el poder de mi raza. Estás atrapada en mi simulación, agotada y sin escapatoria.
—Hablas demasiado —respondí secamente, manteniendo la mirada fija en él sin parpadear.
—Solo te digo la verdad. ¿Crees que un par de cadenas y cuchillas van a salvarte? Mi magia está diseñada para someter a las mentes más débiles. Tarde o temprano caerás de rodillas suplicando por mi piedad, como todos los idiotas que han intentado enfrentarme antes.
—Sigue soñando —murmuré apretando los dientes.
—No es un sueño, es una realidad inevitable. Mírate, apenas puedes sostenerte en pie. Tu respiración es pesada, tu cuerpo arde y tus fuerzas se desvanecen. Eres patética queriendo jugar a la heroína en este torneo.
—¿Patética? —repetí en voz baja.
—¡Sí, patética! Tu resistencia es inútil. Deberías agradecer que alguien de mi linaje se tome el tiempo de absorber tu energía antes de eliminarte del mapa. No eres más que un estorbo en este bosque.
—Te dije... que cerraras la boca —dije con una voz que perdió todo rasgo de calidez, volviéndose helada y aterradora.
—¿Oh? ¿Aún tienes agallas para amenazarme? Qué tierna. Pero las palabras no te servirán de nada cuando mis tentáculos vuelvan a envolverte por completo. Eres débil, niña. Simplemente débil.
Las palabras del elfo colmaron mi paciencia. Si algo no toleraba en esta vida, era que un engreído hablara de más y subestimara mis capacidades. En mi interior, la calidez de la burla desapareció para dar paso a lo que en mi antiguo rango llamaban La Furia Pura.
Narra Kanoe
Un aura dorada y densa brotó de mi cuerpo con tal violencia que el suelo a mi alrededor se fracturó en decenas de grietas. El viento sopló en sentido contrario, expulsando las sombras del elfo y limpiando el ambiente del rastro de su magia.
Llevé la mano a la parte posterior de mi cinturón y desenvainé mi verdadera arma, la cual había mantenido oculta todo este tiempo: una katana pesada de hoja ancha con grabados dorados y un mango revestido en seda ceremonial.
En cuanto el filo quedó expuesto a la luz, el elfo demonio se congeló por completo. Su Sonrisa desapareció al sentir la vibración y el linaje de la espada, reconociendo al instante la energía legendaria que emanaba de aquel metal.
En ese preciso momento, mi apariencia comenzó a cambiar. Dos orejas redondas y afelpadas brotaron en la parte superior de mi cabeza, mis ojos cambiaron a un tono gris profundo y brillante como el acero, y mi uniforme escolar fue reemplazado por un hermoso traje de combate tradicional con bordados de alta cuna.
No era humana del todo. La transformación reveló una forma demoníaca majestuosa y única que dejó al elfo completamente desconcertado, dando pasos hacia atrás preso de un repentino pavor.
Narra Kanoe
—¿Q-qué demonios es esto...? —balbuceó el elfo mirando mis orejas redondas y la abrumadora presión de mi aura—. Esa espada... esa presencia... ¡Tú no eres una simple estudiante!
—Te lo dije antes, pero estabas demasiado ocupado escuchándote hablar —respondí ajustando el agarre en el mango de mi katana.
El elfo demonio retrocedió dos pasos más, mirando con incredulidad la transformación de mi rostro y la pureza de mi traje de combate. La energía que emanaba de mi cuerpo eclipsaba por completo su poder de Rango S.
—Es imposible... Esa forma... Esas orejas redondas... —murmuró intentando procesar la escena—. Ningún demonio común posee una fisonomía como esa. ¿Qué clase de criatura eres?
—Mi nombre es Kanoe —declaré con firmeza, alzando mi espada hacia él—. Y provengo del Pilar del Koala.
El demonio abrió los ojos de par en par al escuchar ese título, sintiendo cómo un escalofrío recorría toda su columna vertebral.
—¿El... el Pilar del Koala? —tartamudeó temblando.
—Así es. Soy la espadachín Kung-Fu del mundo, única en mi origen y linaje —expliqué con voz pausada y severa—. Existen muchos Pilares de diferentes razas a lo largo de los reinos, y yo soy la guerrera demonio que custodia esa fuerza.
El elfo se quedó sin habla ante la revelación. La combinación de mi herencia de demonio Koala, mis artes marciales y la espada ceremonial significaba que había provocado a uno de los seres más temibles de la cúspide guerrera.
—Ahora que sabes la verdad —concluí dando un paso al frente que hizo retumbar todo el bosque—, prepárate para probar la verdadera furia.
Narra Kanoe
—¡Imposible! Los Pilares desaparecieron hace 2,000 años de la raza demoníaca... ¿¡Cómo es posible que tú seas el Pilar del Koala!? —gritó el elfo demonio dando pasos hacia atrás, aterrorizado por la abrumadora presión de mi aura.
—¿Estás ciego o te haces el imbécil? —le respondí levantando una ceja con frialdad mientras ajustaba el agarre en mi katana pesada—. ¿Acaso no lo estás viendo?
El sujeto temblaba de pies a cabeza. Los tentáculos de sombra que lo rodeaban comenzaron a desintegrarse al no poder sostenerse frente a mi poder espiritual.
—Pero te he revelado mi secreto... Es algo que no puedo perdonarte, y por lo tanto, tendrás que morir —declaré con una voz seca, avanzando un paso que hizo retumbar la tierra.
—¡No, por favor, nooo! —suplicó desesperado el elfo, levantando los brazos para intentar cubrirse.
Sin darle tiempo a pestañear, me deslicé a una velocidad sobrehumana aplicando mi técnica Kung-Fu. Trace un único corte limpio y transversal con mi katana que atravesó el aire y a la bestia. El elfo demonio se congeló por un segundo antes de convertirse en cenizas y desaparecer por completo de la simulación del portal.
Narra Sakura
Desperté en la enfermería de la escuela, recostada en una de las camillas. A mi lado estaban Axel y una chica que nos cuidaba. Al poco rato, vi que Axel también abrió los ojos, parpadeando despacio mientras intentaba reconocer el lugar.
—¿En dónde estamos? —preguntó sobándose la cabeza.
—Estamos en la sala médica —le respondí sentándome lentamente.
—Wow... no me acuerdo de nada —dijo mirando a su alrededor.
—Yo tampoco. Solo recuerdo que había un demonio antes de caer inconsciente —dije bajando la mirada.
—Ese era Yhoani —comentó Axel con tono reflexivo.
—Yo creo que sí... pero ¿por qué nos ocultaría algo así? —dije confundida.
—No lo sé. Creo que por eso se puso algo extraño cuando les pregunté sobre su pasado —respondió Axel.
Baje la cabeza y suspiré profundamente.
—¿Y qué pasaría si yo...? —no terminé la frase, abrumada por la duda.
En ese momento, Axel me tomó suavemente de la mano. Miré directamente a sus ojos.
—Pase lo que pase, ustedes siempre serán mis amigos —dijo él con una sonrisa firme y sincera.
—Muchas gracias, Axel —sonreí aliviada.
Salimos de la sala médica y caminamos por el pasillo. A lo lejos vimos a Edgar, Yhoani y Kanoe esperándonos.
—¡Hola! —saludé al acercarme.
—Hola —respondieron los tres al unísono.
—¿Cómo te fue en tu misión, Kanoe? —le pregunté.
—Pues muy bien —dijo Kanoe con tranquilidad—. ¿Y a ustedes?
—A pues bien —respondió Edgar—. Solo que Sakura y Axel salieron heridos por un demonio de Rango S.
—Vaya... Es que han estado apareciendo muchos demonios últimamente —comentó ella cruzándose de brazos.
—La verdad no me acuerdo mucho —dije mirando de reojo a Yhoani, quien se notaba bastante nervioso y evitaba el contacto visual.
—Sí, tienes razón —añadió Axel apoyándome.
Kanoe nos observó detenidamente a todos, entornando los ojos.
—Qué extraño... Siento que me ocultan algo —dijo de pronto.
Todos nos pusimos nerviosos e incómodos al instante, intercambiando miradas en silencio.
—Saben, es mejor que hablemos sobre esto —intervino Edgar con voz seria.
—Tienes razón —dijo Yhoani soltando un largo suspiro de resignación.
Caminamos juntos hacia el jardín botánico que estaba detrás del colegio, un lugar tranquilo y apartado donde nadie podía escucharnos.
—Muy bien, ya estamos aquí —dijo Kanoe cruzándose de brazos y mirando a Yhoani.
—Bueno, chicos... Necesito contarles mi pasado —comencé a decir, tomando aire.
—Sí, cuéntanoslo con confianza —dije para darle ánimos.
—Solo mantén la calma —añadieron Edgar y Axel al mismo tiempo.
—Muy bien... Es que hace 2,000 años... —empezó Yhoani con la voz entrecortada—. Mi madre era humana y mi padre era demonio. Mi madre se enamoró de mi padre, y mi padre igual. Mi padre era un Pilar, el único de la raza demoníaca del Conejo. Al tener su cría con mi madre, el bebé salió mestizo... Esa cría fui yo. Soy un mestizo de la raza del Conejo, pero cada vez que libero mi poder, pierdo el control de mi cuerpo. En mi niñez no tenía amigos, todos me odiaban... Y tenía miedo de que ustedes también lo hicieran.
Kanoe se acercó despacio a él y le puso una mano sobre el hombro.
—Yhoani, todo el mundo tiene secretos y nadie es perfecto. Pero como amigos, hay que tener confianza en ti y en nosotros —dijo ella con una calidez imprevista.
—Kanoe tiene razón —asintió Edgar dando un paso al frente—. Y yo también tengo que contarles algo.
Narra Edgar
Los miré fijamente a los ojos, sintiendo un leve nudo de nerviosismo en la garganta. Sin embargo, sabía que debía ser completamente honesto con ellos.
—Yo tampoco soy humano —dije rompiendo el silencio.
—¿¡Qué!? —exclamaron Sakura, Axel y Kanoe al mismo tiempo, abriendo los ojos de par en par.
—Soy un miembro de la raza demoníaca del Lobo, de sangre pura... Y pues, cuando me transformo, puedo controlar completamente mi ser —expliqué mostrando mis garras por un breve segundo antes de retractarlas.
—Vaya... Es el primer Pilar que he visto que puede controlarse —comentó Kanoe distraídamente.
Pero, casi de inmediato, pareció darse cuenta de lo que acababa de decir; se quedó helada en su sitio y comenzó a sudar frío.
—¿Dijiste Pilar? —repitió Sakura arqueando una ceja, captando la palabra al instante.
—¡Ah! ¡No, no, no! En... mmm... pues... este... —titubeó Kanoe dando un paso atrás y jugando nerviosamente con sus dedos.
La miré fijo a los ojos buscando una explicación. Esa cara que ponía me decía claramente que ocultaba algo gordo. Tengo cuatro años siendo su mejor amigo, así que la conozco a la perfección y sé cuándo me está escondiendo la verdad.
—Ash... Contigo no se puede, Mapache —suspiró ella rodando los ojos al ver que no podía engañarme.
—Así es, Koala, dinos de una vez qué traes —le exigí cruzándome de brazos con una sonrisa de victoria.
—Agh, está bien —resopló Kanoe resignada—. Verán, los Pilares no son una simple leyenda o un rango cualquiera. Hace más de dos mil años, en el antiguo reino de la raza demoníaca, existían guerreros elegidos por la esencia pura de diferentes linajes animales. No cualquier demonio puede ser un Pilar; se requiere poseer una afinidad elemental perfecta, un dominio marcial supremo y una cantidad de energía espiritual capaz de rivalizar con la de un ejército entero.
Kanoe hizo una pausa, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie nos escuchaba en el jardín antes de continuar.
—Cada Pilar representa la cúspide de su respectivo linaje: el Lobo, el Conejo, el Koala y otros cuantos más. Son los protectores originales del equilibrio entre los mundos. Cuando la gran guerra ocurrió, la mayoría de los Pilares desaparecieron o mantuvieron sus linajes ocultos entre los descendientes para evitar que su poder fuera robado. Por eso, que Yhoani lleve la sangre del Pilar del Conejo y que Edgar sea un demonio lobo con el control absoluto de un Pilar es algo extraordinariamente raro en estos tiempos.
Todos guardaron silencio procesando la revelación sobre la historia ancestral de los Pilares. Sakura y Axel escuchaban impresionados, mientras Yhoani me miraba con un nuevo brillo de comprensión en los ojos.
Yo mantuve la vista fija en Kanoe; aunque nos dio una explicación perfecta y detallada sobre lo que eran los Pilares, mi instinto me decía que ella aún no nos había dicho toda la verdad sobre su propia identidad... pero por ahora, decidí dejarlo pasar.
Narra Edgar
Mientras todos caminábamos de regreso hacia los pasillos del instituto, me mantuve un par de pasos por detrás observando a Kanoe. La miré fijamente y, justo en ese instante, ella giró la cabeza y cruzó su mirada con la mía. Al notar mi atención sobre ella, entrecerré los ojos en gesto de desconfianza. De inmediato vi cómo Kanoe tragó saliva y comenzó a ponerse visiblemente nerviosa.
Esa reacción me dio todas las pistas que necesitaba: ella definitivamente me estaba ocultando algo importante.
Antes de que cruzáramos la puerta principal para entrar al edificio, me adelanté un paso y la tomé firmemente del brazo.
—Hey, chicos, caminen adelantándose. Kanoe y yo tenemos algo que hacer —dije en voz alta, deteniendo su paso y arrastrándola conmigo antes de que pudiera protestar.
La llevé a paso firme hacia un rincón completamente apartado del área de entrenamiento, un callejón sin salida entre los muros del edificio donde únicamente nosotros dos estuviéramos libres de miradas chismosas. La acorralé amablemente colocándola frente a mí, de modo que ella quedó recostada contra la pared de piedra.
—¿Qué... qué pasa, Edgar? —preguntó Kanoe tratando de sonar desinteresada, pero la ligera vibración en su voz la delataba.
—Dime la verdad —exigí mirándola directamente a los ojos, sin darle espacio para evasivas.
—¿Qué quieres que te diga? —respondió ella apartando la mirada hacia el suelo mientras cruzaba los brazos.
—Qué me ocultas. Somos mejores amigos, hemos peleado juntos durante cuatro años y no tienes por qué ocultarme las cosas a mí —le dije suavizando un poco el tono, pero manteniendo la firmeza en mis palabras.
Narra Kanoe
Lo miré por un instante, pero me fue imposible sostenerle la vista. No sé por qué, pero me sentí completamente debilitada ante su presencia; simplemente bajé la mirada hacia el suelo. Edgar dio un paso más hacia mí, acortando la distancia, y sentí un fuerte escalofrío recorrer todo mi cuerpo.
—¿Me dirás o... esta amistad se termina? —dijo con la voz helada.
Mis ojos se abrieron de par en par al escuchar esas palabras. Lo miré fijamente a los ojos, pero mi garganta se congeló; mis labios no emitían ningún sonido. Incapaz de aguantar la presión, aparte de nuevo la mirada.
Él dio unos pasos hacia atrás y me observó con una profunda cara de decepción.
—Kanoe, llevamos cuatro años siendo mejores amigos... y ¿no me tienes confianza? —comenzó a decir, alzando la voz poco a poco—. Si no quieres decirme, ¡solo dilo! Y si te estorbo o te incomodo, ¡solo dilo también! Pero que me ocultes cosas es el colmo, Kanoe... ¡Se supone que soy tu mejor amigo! ¿Para qué... para qué me estás ocultando cosas a mí? ¡Solo dilo! —gritó frustrado.
Pero no respondí. Mantuve el silencio mientras sentía un nudo opresivo en el pecho. Edgar dejó ir una sonrisa amarga, apartó la vista de mí y comenzó a darse la vuelta para marcharse.
—Hasta aquí terminó, Kanoe —dijo dándome la espalda.
Al oír eso, el pánico se apoderó de mí. Mis ojos se abrieron con horror al ver cómo se alejaba. Mis pies se movieron solos antes de que pudiera pensarlo y me abalancé hacia él por la espalda, apretándolo con todas mis fuerzas.
—¡No, por favor! —grité mientras las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas sin control—. ¡Por favor, Edgar, eres alguien muy importante en mi vida! ¡No te vayas! —supliqué abrazándolo con desesperación, negándome a soltarlo porque sentía que, si lo dejaba ir en ese instante, lo perdería para siempre.
—Te lo contaré, Edgar... pero no me dejes —susurré entre sollozos, pegando mi rostro a su espalda.
Narra Kanoe
Edgar se dio la vuelta lentamente, pero yo no me atrevía a soltarlo. Mantuve mi agarre firme contra su espalda, temiendo que si me alejaba un solo centímetro se marcharía para siempre. Él agachó un poco la cabeza y me miró de reojo.
—Muy bien, mi niña... dímelo todo —dijo con una sonrisa de triunfo dibujada en los labios.
Tomé una bocada de aire intentando calmar el nudo en mi garganta y apreté los puños contra su ropa.
—Yo... yo soy el Pilar de las Artes Marciales Kung-Fu de Japón... Soy la descendiente de la raza demoníaca del Koala —confesé al fin en un susurro, dejando salir toda la verdad.
—¿Ves? Tan fácil que era y tan difícil que lo hacías para contarlo —respondió Edgar soltando un leve respiro.
—¿No me dejarás? —pregunté mirándolo hacia arriba con los ojos aún cristalinos.
Él levantó despacio una de sus manos y, con la yema de sus dedos, me limpió con delicadeza las lágrimas que rodaban por mi mejilla.
—Era broma, tontita. Tú también eres alguien muy importante para mí —dijo suavemente.
Escuchar eso me hizo reaccionar. Me separé un poco para mirarlo mejor, pero Edgar me tomó con firmeza por la cintura y me atrajo de nuevo hacia él, envolviéndome en un abrazo cálido e intenso... un abrazo de esos que ambos nos debíamos desde hacía tiempo.
Narra Sakura
Los minutos pasaban en el patio y la ausencia de los chicos comenzaba a impacientarme. Me crucé de brazos y miré hacia el pasillo por donde se habían ido.
—Oigan, los chicos ya se tardaron mucho, ¿no creen? —dije mostrando mi preocupación.
—Esos dos seguro andan haciendo alguna locura por ahí —respondió Axel recostándose contra una columna con los brazos tras la cabeza.
—Ellos están bien, no te preocupes —nos tranquilizó Yhoani con una sonrisa serena.
—No, iré a buscarlos —declaré dando un paso al frente para seguir su rastro.
Narra Kanoe
En ese mismo instante, envuelta en los brazos de Edgar, recordé todo el drama que me había hecho pasar hace solo un par de minutos. Sintiéndome de pronto indignada, apreté el abrazo con tanta fuerza que casi lo dejo sin aliento.
—Ka... Kanoe... —alcanzó a balbucear él mientras sentía cómo sus costillas crujían por la presión de mi fuerza demoníaca.
—¿Por qué? —le cuestioné frunciendo el ceño—. ¿Por qué me dijiste todo eso si tú también me habías mentido? —dije enojada—. ¡Solo estás jugando conmigo! Tú también me ocultaste tu origen.
—Vaya que... sí... pero ¿podrías... aflojarme un poco? —pidió Edgar intentando tomar aire.
Lo aflojé solo un poco, manteniendo la mirada fija en sus ojos.
—Pues igual que tú, tenía miedo de que no me aceptaras —admitió él con una sonrisa culpable.
—Está bien, estamos a mano —dije suspirando y aflojando el agarre por completo.
Entonces, Edgar levantó su mano y tomó suavemente mi mejilla. El contacto de su palma sobre mi piel me tomó por sorpresa y sentí cómo el corazón me daba un vuelco en el pecho. Me miró fijamente y abrió la boca para decirme algo importante, pero justo en ese segundo la voz de Sakura resonó a lo lejos cortando el aire.
—¡Hey! ¿Edgar? ¿Kanoe? ¿Están ahí? —gritó ella buscándonos entre las sombras del pasillo.
Nos alejamos suavemente el uno del otro, disimulando la repentina incomodidad que nos envolvió, y caminamos a paso tranquilo hacia la dirección desde donde Sakura nos estaba llamando.
Narra Edgar
Entramos a la escuela junto con Sakura. Al llegar al patio central, el resto del grupo ya nos estaba esperando en las bancas de siempre. Nos sentamos todos juntos para hablar sobre lo que vendría en los próximos días.
—Muy bien, dentro de tres días nos dirán quién ganó —comentó Yhoani cruzándose de brazos, refiriéndose a las clasificaciones del torneo.
—¡Ya estoy emocionada de que comiencen las elecciones! —dijo Sakura con una enorme sonrisa de entusiasmo.
—Sí, ya falta muy poco —respondí recostándome en el respaldo de la banca.
—¡Edgar! —resonó de pronto una voz femenina a nuestras espaldas.
—¿Sofía? —dije girándome para mirarla.
—Te andaba buscando —dijo Sofía acercándose a nosotros con paso firme y una sonrisa confiada.
—Ah, ya veo —respondí levantándome de la banca.
—Muy bien, Edgar, ¿nos vas a contar quién es ella? —preguntó Axel mirando a la chica de arriba abajo con curiosidad.
—Ah, sí... Ella es mi prometida —dije con naturalidad, revelando el compromiso que mi familia había pactado desde hacía tiempo.
—¿Tú... tú qué? —tartamudeó Kanoe, poniéndose completamente pálida mientras sus ojos se abrían de par en par.
—Así es, mi prometida —reiteré mirando a Kanoe, sin medir el impacto de mis palabras.
—Edgar, vamos, tengo algo que enseñarte —interrumpió Sofía, sujetándome con fuerza del brazo y arrastrándome hacia el edificio principal.
—Está bien, ya voy —dije dejándome llevar por ella sin mirar atrás.
Narra Kanoe
—Pe... pero... —murmuré apretando los puños con fuerza mientras los veía alejarse juntos por el pasillo.
Senti un nudo amargo en la garganta y una punzada helada en el pecho.
—¿Qué pasa, Kanoe? —preguntó Sakura notando mi cambio de actitud.
—Nada —dije fingiendo una sonrisa totalmente forzada para disimular la tormenta que llevaba por dentro.
—No sabías que Edgar tenía novia, ¿verdad? —comentó Axel rascándose la nuca.
—No... él no me dijo nada —respondí apretando los dientes. ¡Qué falta de confianza!, pensé con ira y tristeza mezcladas.
—Vaya... y eso que son mejores amigos y no te pudo contar algo tan simple —añadió Yhoani soltando un suspiro—. ¿En dónde queda la confianza entonces?
Esas palabras me destruyeron por completo. Sintiendo cómo la garganta se me cerraba y los ojos se me llenaban de lágrimas, aparté la vista de todos, buscando desesperadamente un lugar donde esconderme para que nadie me viera romper en llanto.
—Em... bueno, chicos, yo me retiro. Debo de ir a ver a Vaquita —dije inventando una excusa rápida mientras me daba la vuelta y me retiraba a toda prisa hacia el área de los establos.
¡Menudo impacto! La aparición de Sofía como la prometida de Edgar cambia por completo todo entre ellos. Que Yhoani haya mencionado lo de la falta de confianza terminó de romperle el corazón a Kanoe justo cuando estaba por confesarle sus sentimientos.
Narra Kanoe
Caminé a paso rápido hacia los establos, que es el lugar donde a Vaquita le gusta estar casi siempre porque hay muchas gallinas corriendo de un lado a otro. Necesitaba estar lejos de los demás, lejos de las miradas de lástima y de la imagen de Edgar marchándose con esa chica.
—¡Vaquita! —grité tratando de estabilizar mi voz—. ¿Vaquita? ¿Dónde estás?
En ese mismo milisegundo, una bola de pelo blanco y negro apareció corriendo desde detrás de los fardos de heno, moviendo la cola de un lado a otro.
—Agh... Niño, ¿en dónde estabas? —le dije agachándome frente a él para ocultar mi rostro aún humedecido por las lágrimas.
—¡Wouff! —respondió él dándome un leve topetón con la nariz en la mano.
Acaricié sus suaves orejas mientras intentaba calmar el nudo desgarrador en mi pecho.
—Lindo cachorro... —murmuré apretándolo un poco contra mí.
En ese momento, la sombra de un joven se proyectó sobre el suelo y una voz tranquila me hizo reaccionar.
—Ah, hola. ¿Él es tu cachorro? —preguntó acercándose a paso lento.
—Así es —respondí limpiándome disimuladamente la mejilla antes de levantar la mirada.
—Lo encontré en el establo de los caballos, casi lo patean —dijo el joven observando a la pequeña mascota.
—Muchas gracias —dije poniéndome de pie y ajustando mi postura.
—Me llamo Brayden... ¿Y cómo se llama tu cachorro? —preguntó mirándolo con cierta curiosidad en los ojos.
—Se llama Vaquita —respondí sin darle mucha importancia.
—¿Va... Vaquita? —repitió él.
Al mirarlo fijamente a los ojos, noté cómo su expresión cambiaba por completo. ¿Estaba sorprendido? Sus pupilas se contrajeron por un instante y un brillo extraño cruzó su mirada.
—¿Y tú cómo te llamas? —me preguntó con un tono de voz repentinamente más bajo, casi tenso.
—Kanoe —dije mirándolo con cierta desconfianza.
—Ah... Comprendo —dijo él bajando lentamente la mirada hacia el suelo—. Bueno, Kanoe, me retiro.
—Esta bien... y gracias por cuidar a Vaquita —respondí mientras lo veía darse la vuelta.
Narra Brayden
Caminé a paso firme alejándome de los establos hasta quedar completamente aislado en uno de los pasillos desiertos de la academia.
Por un momento... por un solo segundo pensé que era Anyel, mi hermana menor. Ella tenía un perrito que exactamente se llamaba Vaquita... pero esta chica me dijo que su nombre era Kanoe.
—Parece que solo estoy alucinando —dije apretando los puños y llevándome una mano a la cabeza mientras apretaba los dientes con frustración.
Un dolor punzante y antiguo me oprimió el pecho. No pude evitarlo más y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, cayendo sin control por mis mejillas. La imagen de mi familia perdida hace más de dos mil años volvió a azotarme con fuerza.
—¿¡Cuándo!? ¿¡Cuándo las voy a encontrar!? —susurré en un sollozo ahogado, sintiendo cómo el aura del Pilar más poderoso temblaba a mi alrededor—. Estoy... estoy completamente solo.
Narra Kanoe
Estaba ahí sentada en el suelo, mirando a Vaquita mientras él me movía la cola alegremente. De repente, una avalancha de recuerdos dolorosos atravesó mi mente. Sentí un vacío atroz en el pecho, me abracé a Vaquita con todas mis fuerzas y un llanto desgarrador se me salió sin que pudiera contenerlo.
—¡Braulio, ¿dónde estás?! ¡Te necesito! —grité ahogando el rostro en el pelo del cachorro—. ¡Aún no encuentro a Anabel! ¿En dónde están?... ¡Ah!... ¡Ja!... ¡Aaaah!
Los sollozos me ahogaban la garganta. Después de casi una hora de estar llorando a mares, poco a poco me fui tranquilizando. Vaquita se mantenía pegado a mí, lamiendo suavemente mis manos y tratando de calmarme.
Narra Yhoani
Estaba caminando por los pasillos exteriores de la escuela. Andaba buscando a Kanoe porque se nos había perdido de vista y de verdad necesito que me ayude con unas cosas.
—¿Kanoe? —grité mirando hacia los establos—. Kanoe, oye, ¿dónde estás?
Esperé un momento, pero no hubo ninguna respuesta.
Narra Sakura
—Ya se tardó mucho Kanoe, ¿qué estará haciendo? —comentó Axel cruzándose de brazos mientras miraba el reloj.
—No sé... —dije algo preocupada, recordando la mirada triste con la que se fue.
—Hey, chicos —intervino Edgar acercándose a nosotros con paso tranquilo.
—¿Dónde estabas? —preguntó Axel frunciendo el ceño y con un tono bastante pesado.
—A pues... andaba con mi novia —respondió Edgar, extrañado de que el ambiente estuviera tan tenso de pronto—. ¿Y Kanoe?
—No ha venido. Salió a buscar a Vaquita y no ha regresado —dije suspirando.
—Mmm... ¿Y Yhoani? —preguntó Edgar mirando a su alrededor.
—Salió a buscar a Kanoe —respondió Axel secamente.
—Iré yo también —dijo Edgar dando media vuelta para salir de ahí—. Ah, espera... ¿En dónde dijiste que estaba Kanoe?
—En los establos —le respondí.
—Ah, okey —dijo él antes de alejarse a prisa hacia allá.
Narra Kanoe
Escuché la voz de Yhoani llamándome a lo lejos. Vi cómo pasó de largo frente al establo donde estaba, pero al cabo de unos segundos se devolvió sobre sus pasos.
—¿Kanoe? —dijo al verme tirada en el heno—. ¡Ay, me tenías asustado!
—¡Yhoani! —exclamé sobresaltada, tratando de ocultar mi rostro rápidamente entre mis brazos.
Él no me dio espacio para esconder me; se acercó a paso rápido, se agachó frente a mí y me levantó el rostro suavemente. Al mirarme a los ojos, su expresión cambió a una de profunda sorpresa y preocupación.
—¿Estabas llorando? —dijo él consternado—. Tienes los ojos súper hinchados.
—¡Ah, no! Es que... bueno, sí, pero es que no encontraba a Vaquita y pues... me asusté —mientí descaradamente bajando la mirada.
—Ah, comprendo... Quieres tanto a ese perro —dijo Yhoani sonriendo con ternura mientras se sentaba a mi lado en el heno y comenzaba a acariciar las orejas de Vaquita.
Narra Edgar
En unos pocos segundos divisé la espalda de Yhoani a lo lejos y me apresuré a llegar hasta el establo.
—Hey, Conejo, ¿encontraste a...? —me interrumpí a mí mismo al ver a Kanoe sentada en el suelo. Tenía los ojos hinchados y completamente rojos—. Oye, Kanoe, ¿qué pasa? —pregunté dando un paso hacia ella.
Kanoe me vio llegar, frunció levemente los labios y de inmediato me apartó la cara, negándose a mirarme. Me quedé desconcertado... ¿Qué demonios le sucede?
—Estaba buscando a Vaquita y no lo encontraba, así que esta tonta se puso a llorar —intervino Yhoani para romper la tensión, dándole un golpecito en el hombro a Kanoe.
—Ah, sí... Kanoe ama a ese perro —respondí tratando de restar importancia al asunto, aunque la fría actitud de mi mejor amiga me dejó una extraña sensación amarga en el pecho.
—Vamos, Kanoe, regresemos con los demás —dijo Yhoani extendiéndole la mano con amabilidad.
Ella aceptó su ayuda, levantándose del suelo sin dirigirme una sola palabra. Salimos caminando a paso tranquilo de regreso al patio principal.
Narra Sakura
Mientras esperábamos en la banca, la preocupación me carcomía por dentro. Sé perfectamente lo desgarrador que debió ser para Kanoe escuchar a Edgar hablar de su prometida... Sé lo que ella siente por él porque ella misma me lo confesó en privado hace un tiempo.
Recuerdos
—Oye, Sakura... Creo que he encontrado a una persona a la que me dan ganas de proteger toda la vida, de nunca dejarla sola e ir a donde sea con ella —me dijo Kanoe un día mientras mirábamos el atardecer desde la azotea.
—¡Vaya, Kanoe! Dime quién es esa persona tan afortunada —le pregunté emocionada.
—Por desgracia... es Edgar —confesó ella agachando la cabeza con las mejillas sonrojadas—. He estado sintiendo algo especial por él. Cada vez que miro sus ojos, siento que voy a otro universo... Aunque a veces pueda actuar agresiva, agradezco y aprecio mucho su compañía. Pero mi corazón no puede arruinar esta amistad, así que por eso no le he dicho nada...
Presente
—Eso fue lo que me dijo ella... —le susurré a Axel, contándole la verdad en voz muy baja.
—¿O sea que Kanoe está enamorada de Edgar? —preguntó Axel abriendo los ojos de par en par.
—Así es, pero no le digas a nadie, ¡por favor! —le advertí seriamente.
—Está bien, no diré nada —prometió él cruzando los dedos.
—¡Ey, chicos, ya regresamos! —anunció la voz de Yhoani acercándose a nosotros.
—¡Vaya, Kanoe y Vaquita! —exclamé tratando de disimular la tensión y dándoles la bienvenida.
—¡Wauff! —respondió alegremente el cachorrito moviendo la cola.
Giré la vista hacia Edgar y noté la frustración reflejada en su rostro. Sus ojos tenían una expresión confusa que gritaba: «¿Qué pasa aquí? ¿Por qué Kanoe me está ignorando de esta manera?».
Narra Edgar
Pasó un día entero. Todos estábamos juntos en la sala del cuarto asignado para los cinco. Kanoe estaba sentada tranquilamente en un sillón, mientras que los demás se acomodaron en el suelo. Yhoani y Axel jugaban a las cartas riendo de vez en cuando, y Sakura se encontraba concentrada dibujando sobre una pequeña mesa muy cerca de nosotros.
Decidí romper el hielo y la distancia que Kanoe había puesto entre los dos desde ayer. Me acerqué con cuidado hacia su sillón y me senté en el suelo, justamente entre sus pies.
—¿Eh? —exclamó ella desconcertada, dándose cuenta de mi cercanía.
Me recosté contra la base del sillón, apoyando la espalda en sus piernas, y la miré de reojo mientras sacaba un par de ligas para el cabello de mi bolsillo y se las entregaba en la mano.
—Peíname —le pedí con tono relajado.
Note cómo la tensión en su rostro se suavizaba por un instante y los ánimos de Kanoe parecían volver poco a poco. Sin embargo, lo que yo no me imaginaba en ese momento era que, tan pronto como sus dedos agarraron mi cabello, quien terminaría sufriendo más que nadie por el nuevo peinado que iba a hacerme... iba a ser yo.Narra Edgar
—¡Ay! —grité al sentir un fuerte tirón en el cuero cabelludo.
—No seas llorón —respondió Kanoe sin detenerse.
—¡Me estás jalando el cabello demasiado! —dije retorciéndome en el suelo para intentar huir de sus garras.
—Aguanta, que ya casi termino —insistió ella apretando la ligita.
—¡Listo! —anunció finalmente dándome una palmadita en la cabeza.
Me pasé la mano por la nuca para revisar su trabajo. Pues no quedó nada mal, pensé al sentir una coleta idéntica a las que lucen los samuráis en las series. Toda la escenita fue más el dolor que otra cosa, jajaja.
—Okey, mi turno —dije poniéndome de pie de un salto.
—¿Tú qué? —preguntó ella extrañada.
Sin darle tiempo a reaccionar, la empujé suavemente hacia el suelo hasta dejarla sentada y le solté el cabello de un solo tirón. Tenía bastante tiempo de no ver a Kanoe con el pelo completamente suelto; se miraba realmente tierna así. Sin pensarlo dos veces, tomé el peine y comencé a peinarla.
Narra Sakura
Dejé mi lápiz sobre la mesa por un segundo y levanté la vista. Me dio risa ver a Edgar concentradísimo peinando a Kanoe, mientras él mismo llevaba una coleta alta de esas que solo salen en el anime, jajaja. La verdad, Kanoe puede ser demasiado otaku a veces con sus estilos... A ver qué desastre de peinado le hace Edgar a ella.
Pero, más allá de las burlas, lo que más me alegra es que ellos están bien y ya no están peleados.
Narra Edgar
En fin, el ambiente por fin se había calmado en la habitación. Kanoe ya no me ignoraba ni me apartaba la mirada. Incluso la trenza que traté de hacerle quedó completamente chueca y doblada hacia un lado, lo que provocó que todos en la sala soltáramos una carcajada.
El tiempo pasó volando y llegó el tercer día. Estábamos listos para lo que viniera, pues hoy era el gran día de la entrega de las armas.
—¿Están listos, chicos? —preguntó Yhoani ajustándose los guantes.
—Así es. Hoy es el día en que elegirán a los ganadores del combate pasado —respondió Axel con una sonrisa llena de confianza.
—Bueno, ojalá ganemos nosotros. He escuchado que las armas demoníacas también son reliquias antiguas muy valiosas. Al menos espero que sean resistentes, porque la última vez que peleamos la mía se partió en dos —comentó Sakura suspirando.
—La mía también se rompió —agregué recordando la fuerza del impacto. De pronto miré a mi alrededor y noté una ausencia—. Hey, ¿y Kanoe? Como que ya se tardó, ¿no?
—Lo siento por la espera —dijo Kanoe apareciendo por el pasillo.
Aún traía puesta la trenza chueca que le hice ayer, solo que un poco más alisada para disimular el desastre. Por mi parte, yo aún traía la coleta que ella me hizo; no puedo evitar decir que me encantó el peinado.
Narra el Narrador
En el Reino de Japokds, la sombra de una invasión silenciosa comenzaba a proyectarse sobre el continente. Frente al trono, una de las espías más letales del imperio ajustaba las correas de su equipo.
—Su Majestad, estoy lista para ir a Goilans —dijo Rose inclinándose levemente con frialdad.
—Muy bien, Rose. Ya sabes qué hacer —respondió el Rey con una sonrisa siniestra.
Sin perder un segundo, Rose partió hacia el Reino de Goilans. Mientras tanto, en los dominios enemigos, el Rey de Goilans se preparaba para dirigirse al Santuario sagrado y entregarles las armas malditas a los jóvenes elegidos.
Narra Brayden
Hoy era el día. Todo nuestro plan de infiltración estaba listo para ejecutarse. Hoy llegaba Rose para robar la información confidencial guardada en el palacio real, mientras nosotros... nos deshacemos de los elegidos en el Santuario.
Narra el Rey Claude
Mientras salía del palacio real con dirección a la academia, una pesada opresión en el pecho me advertía que algo andaba mal. Tenía un mal presentimiento.
—¿Padre? —preguntó mi hija Avelinda, quien iría conmigo en el carruaje.
—Súbete, Avelinda, acomódate —le dije acariciando con ternura la cabeza de mi pequeña niña—. Ya sabes, quiero que seas cortés, nada de locuras.
Aunque por años busqué pacíficamente una alianza con el Reino de Japokds, ellos nunca quisieron unirse a nosotros. Y aunque no quiero pelear, si no me defiendo, el Rey de Japokds no dudará en lastimar a mi gente y a las personas más importantes de mi vida.
—Cariño, estoy segura de que todo irá bien en el concurso —me animó Mía, mi esposa, sujetándome la mano con firmeza.
—Eso espero... —dije dejando salir un largo suspiro.
Narra Kanoe
Ya estábamos reunidos en la gran plaza del Santuario, esperando la llegada de Su Majestad para recibir las noticias sobre los movimientos del Reino de Japokds. El Rey Claude no es una mala persona; al contrario, es un líder maravilloso que siempre le ha dado a su reino una vida próspera y llena de paz
Narra Axel
Estábamos ahí parados entre la multitud cuando, de pronto, el carruaje real hizo su entrada triunfal en la plaza del Santuario. Todos los estudiantes de la academia nos manteníamos en nuestros lugares. El Rey descendió del carruaje acompañado por la Emperatriz Mía y la joven princesa Avelinda.
De inmediato, todos los presentes hicimos una reverencia en señal de respeto. Sin embargo, de reojo noté algo extraño: un joven de cabello azul y su grupo no se habían inclinado ni un solo centímetro. Decidí guardar silencio y no armar un problema en ese momento, pero la duda me quedó rondando en la cabeza. Esos chicos definitivamente parecían de otras raíces; estoy seguro de que no son originarios de Goilans.
Narra Yhoani
De la nada, sentí cómo el ambiente se volvía increíblemente pesado, como si una guerra mortal estuviera a punto de caernos encima de un momento a otro. Traté de respirar hondo y calmarme, pero el instinto no me engañaba.
—Muy bien —habló el Rey Claude con voz firme y resonante—. Hoy estoy aquí porque los ganadores que pudieron derrotar a sus contrincantes en la liga recibirán su premio inicial. Ya no serán simples estudiantes. Aquí no solo hay personas nobles, también se le permite a las personas de bajos recursos estudiar como uno más de ellos, porque todos somos seres humanos y todos debemos recibir lo mismo. En este caso, sean plebeyos o nobles, aquellos que lograron derrotar a los demonios que aparecieron sin previo aviso y a sus contrincantes recibirán un Arma Maldita... la cual posee un poder fabuloso y solo puede ser blandida por aquel que sea elegido por ella.
El Rey hizo una breve pausa y miró a la multitud antes de continuar:
—Mientras tanto, se les asignará el rango de Héroes y tendrán que ir a la guerra, luchando para proteger a nuestra nación y a nuestra amada gente hasta la muerte.
—¡Sííí! —gritaron miles de estudiantes al unísono, haciendo retumbar el Santuario con una fuerza y un orgullo que solo nuestro reino puede sentir.
—Muy bien, entonces procederemos a la ceremonia. Por favor, bajen sus rostros y rezémosle al Dios todopoderoso y único —pidió Claude.
Tras unos minutos de silencio solemne donde todos elevamos nuestras plegarias, el Rey volvió a tomar la palabra.
—Hoy yo los honraré en sus nuevos puestos. Por favor, señorita, présteme la lista de elegidos —dijo dirigiéndose a una de las autoridades.
La profesora caminó hacia él y le entregó el pergamino oficial.
—Muy bien... Los elegidos son...
El silencio en la plaza se volvió absoluto. Muchos estudiantes se mordían las uñas de la ansiedad, otros rezaban entre dientes y nosotros estábamos con los nervios a flor de piel.
—Una espadachín solitaria... —anunció el Rey recorriendo la multitud con la mirada hasta buscar su nombre—: ¡Kanoe!
Miré a mi lado a Kanoe, quien se quedó completamente petrificada por la emoción, con los ojos abiertos de par en par.
—Los siguientes son Sakura y sus amigos: ¡Edgar, Yhoani y Axel! Por favor, suban los elegidos —ordenó el Rey señalando el escenario principal.
Al escuchar nuestros nombres, la emoción nos invadió a tal punto que casi se nos salen las lágrimas ahí mismo frente a todos.
Narra Sakura
Mientras subíamos al escenario principal frente a toda la multitud, el Rey dirigió su mirada hacia Kanoe y sus ojos se abrieron de par en par, llenos de una profunda sorpresa.
—A-Anye... Kanoe, ¿qué haces aquí? —preguntó él titubeando por un segundo.
—Su Majestad, he estado estudiando en esta academia desde el día en que me fui del palacio —respondió Kanoe inclinando la cabeza con respeto.
—¡Kanoe! —exclamó la Emperatriz Mía abalanzándose hacia ella para darle un abrazo sincero—. ¡Te extrañaba tanto! Te estuve buscando algunos pretendientes...
En ese preciso instante, miré de reojo el rostro de Edgar. Su expresión cambió por completo y sus ojos se tensaron al escuchar la palabra «pretendientes». Un destello de molestia y turbación cruzó por su mirada.
—No, gracias, Su Majestad... Estoy bien así —dijo Kanoe tratando de salir amablemente de la situación.
—Mmm... Ya tienes edad para casarte pronto —insistió Mía sonriéndole de lado.
—¡Apenas tengo 15 años! —respondió Kanoe con una gotita de sudor en la sien.
—Ya basta, Mía, deja a Kanoe en paz —intervino el Rey Claude con tono sereno.
—¡Ash! Tú cállate, Claude —respondió Mía haciéndole un pequeño berrinche frente a todos.
—Mía, por favor, tenemos que avanzar con la ceremonia —pidió Claude suspirando con paciencia.
Después de ese curioso momento, el Rey Claude se giró hacia los pedestales de oro y nos presentó oficialmente las cinco Armas Malditas. Cada una era una katana de belleza impresionante, forjada con un diseño legendario y un aura espiritual única:
Moon Saber: De un resplandeciente y elegante color plateado.
Good and Evil: De un tono oscuro, profundo y misterioso.
Uncontrolled Fury: De un azul intenso que parecía emitir destellos.
Phantom Saber: De un color amarillo brillante como el rayo.
The Heart of an Emerald: De un imponente color rojo con negro.
Las cinco katanas relucían ante los ojos de todo el reino. Eran reliquias vivas esperando a ser reclamadas por sus verdaderos dueños.

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