Capítulo 1 Las Armas del Juicio Final
La espada que cayó entre mundos
Gabriel siempre había pensado que las noches más extrañas eran aquellas en las que nada ocurría.
El silencio de su hogar parecía eterno. Afuera, la oscuridad cubría cada rincón del mundo, y el único sonido era el leve movimiento del viento golpeando las ventanas.
Era una noche común.
Hasta que el cielo rugió.
Un estruendo brutal atravesó la tranquilidad, como si algo gigantesco hubiera caído desde las estrellas. Las paredes temblaron y Gabriel se levantó sobresaltado, intentando comprender qué había ocurrido.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Algo dentro de él le decía que no era un accidente cualquiera.
Se acercó a la ventana, pero la oscuridad era absoluta. La noche parecía haber tragado todo a su alrededor. No había luces, no había señales, no había respuestas.
Solo silencio.
Gabriel intentó convencerse de que seguramente había sido algún fenómeno extraño, pero una inquietud permaneció en su mente hasta el amanecer.
Cuando salió al jardín, descubrió que la realidad era mucho más imposible de lo que había imaginado.
Clavada profundamente en la tierra había una espada.
No era una espada común.
Su hoja parecía creada con un metal que Gabriel jamás había visto. Una energía azulada recorría su superficie como si estuviera viva, y un extraño zumbido escapaba de ella, como un susurro proveniente de otro lugar.
De otro mundo.
Gabriel se acercó lentamente.
Sabía que debía alejarse.
Sabía que tocar algo así podía ser peligroso.
Pero la curiosidad fue más fuerte.
Extendió su mano y tomó la empuñadura.
En ese instante, el mundo dejó de existir.
El aire desapareció de sus pulmones. El espacio alrededor de su cuerpo comenzó a deformarse y una fuerza invisible lo arrancó de la tierra, de su hogar y de todo lo que conocía.
Por un momento sintió que estaba cayendo entre infinitos universos.
Luego, todo quedó en silencio.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba en su mundo.
El cielo era de un rojo intenso. La tierra era árida y desconocida. El aire pesaba como si aquella dimensión misma rechazara su presencia.
Gabriel no sabía dónde estaba.
Pero pronto descubrió que no estaba solo.
Una figura apareció frente a él.
Un guerrero con una mirada fría y una espada cubierta de energía oscura.
—Así que tú eres el nuevo portador... —dijo el extraño.
Gabriel retrocedió.
No entendía sus palabras.
Entonces escuchó un nombre que cambiaría su destino.
—Blade.
El traidor de los Guerreros Dragón.
El hombre que había robado una de las armas más peligrosas jamás creadas.
La Espada del Juicio Final.
Blade levantó su arma y una sonrisa apareció en su rostro.
—Entrégame esa espada. No tienes idea de lo que tienes en tus manos.
Gabriel apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Antes de que Blade pudiera atacar, una figura apareció entre ambos.
Un guerrero con una espada en mano bloqueó el golpe.
—Aléjate de él.
Era Ninja.
El combate comenzó.
La fuerza de Blade era aterradora. Cada golpe hacía vibrar la tierra y cada movimiento demostraba que aquel enemigo estaba a otro nivel. Ninja resistía como podía, pero poco a poco empezó a quedar superado.
Entonces una nueva presencia llegó al campo de batalla.
Un hombre mayor caminó entre ellos.
Su mirada era tranquila, pero su energía hacía sentir que había sobrevivido a incontables guerras.
Era Razim.
El maestro de los Guerreros Dragón.
—Ya basta.
Una sola palabra fue suficiente.
Blade retrocedió.
Pero antes de desaparecer entre las sombras, observó a Gabriel.
Como si hubiera encontrado algo que no esperaba.
Hasta aquí sería la primera parte del capítulo reescrito.
Continuaría con: Parte 2: El secreto de las diez armas y la llegada de Obeliskar, donde aparece el verdadero enemigo y la historia empieza a escalar
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