Donde las Rosas Aprendieron a Sangrar
No te amé para salvarte
Te amé como la noche ama al incendio: dejándolo crecer hasta que ninguna estrella recordara su propio nombre.
Llegaste con las manos llenas de espinas, y yo, insensato corazón, las confundí con flores.
Desde entonces, cada caricia tuvo el peso de una despedida, cada beso escondió un juramento, y cada silencio fue un cementerio donde enterramos todo lo que nunca nos atrevimos a decir.
Dicen que el amor florece.
El nuestro no.
El nuestro aprendió a sangrar antes incluso de aprender a respirar.
Fuimos dos almas escribiendo promesas sobre un cielo condenado a derrumbarse, dos pecadores rezando a un dios que jamás escuchó a quienes amaban demasiado.
Aun así, volvería a elegir tus sombras antes que la luz de cualquier otro amanecer.
Porque hay abrazos que condenan.
Miradas que encadenan.
Y nombres que permanecen latiendo mucho después de que el corazón ha dejado de hacerlo.
Si algún día preguntas dónde terminó nuestro amor,no busques entre los vivos.
Búscalo en el lugar donde las rosas aprendieron a sangrar.








