Prólogo: El día que el mundo se rindió ante Messi
18 de diciembre de 2022 — Estadio Lusail, Qatar.
El reloj avanzaba hacia el final de uno de los partidos más extraordinarios en la historia del fútbol.
Más de 88.000 espectadores llenaban el estadio Lusail, mientras millones de personas alrededor del mundo observaban con el corazón acelerado.
Argentina y Francia disputaban la final de la Copa Mundial de la FIFA 2022.
El marcador estaba empatado 3-3 después de 120 minutos de fútbol.
Lionel Andrés Messi, de 35 años, se encontraba frente a la oportunidad que había perseguido durante prácticamente toda su vida.
Había ganado numerosos títulos con el Barcelona. Había conquistado siete Balones de Oro hasta ese momento. Había roto récords que parecían imposibles.
Pero todavía le faltaba algo.
Algo que había deseado desde que era un niño en Rosario.
Ser campeón del mundo con Argentina.
Durante años había soportado críticas, derrotas dolorosas y comparaciones con Diego Armando Maradona.
Había perdido la final del Mundial de 2014 contra Alemania. También había sufrido las derrotas ante Chile en las finales de la Copa América de 2015 y 2016.
En 2016, después de otra final perdida, incluso había anunciado su decisión de abandonar la selección argentina, aunque posteriormente regresó.
Y ahora, seis años después, estaba allí.
En Qatar.
A unos cuantos penales de alcanzar la gloria.
Messi fue el encargado de ejecutar el primer penal de Argentina.
Caminó hacia el punto de penalti y colocó el balón.
Frente a él estaba Hugo Lloris, el experimentado portero francés.
Messi tomó carrera y definió con tranquilidad.
Gol.
Argentina había dado el primer paso.
Después llegaron los lanzamientos de sus compañeros y las intervenciones decisivas del arquero Emiliano Martínez.
Finalmente, Gonzalo Montiel tuvo en sus pies el penal que podía decidir el campeonato.
Montiel ejecutó.
La pelota entró.
Argentina era campeona del mundo.
Los jugadores argentinos comenzaron a correr, abrazarse y llorar.
Después de 36 años, Argentina volvía a conquistar una Copa del Mundo.
Para Messi, aquel momento representaba mucho más que un título.
Era la culminación de una vida dedicada al fútbol.
Había recorrido un camino lleno de sacrificios desde las canchas infantiles de Rosario hasta los estadios más importantes del planeta.
Había dejado su país siendo apenas un niño.
Había enfrentado problemas médicos, lesiones, derrotas y momentos de enorme presión.
Y, finalmente, había conseguido aquello que durante tantos años parecía escapársele.
Cuando llegó el momento de levantar el trofeo, Messi caminó hacia sus compañeros con una sonrisa que millones de aficionados recordarían para siempre.
Sostuvo la Copa del Mundo entre sus manos.
La levantó hacia el cielo.
Y Argentina celebró.
Pero para comprender realmente la importancia de aquel instante, debemos retroceder más de treinta años.
Mucho antes de Qatar.
Mucho antes del Barcelona.
Mucho antes de los Balones de Oro.
Hasta una casa familiar en Rosario, Argentina, donde nació un niño que todavía no sabía que su nombre terminaría formando parte de la historia del deporte.
Esta es la historia de Lionel Andrés Messi




![Fated to My Ex- Best Friend [Moving to Galatea]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_49edb1dbf9a28b50b9c4d68d8598359b.jpg)



