¿Puedo tocarme?

Sinopsis

Minho comió una galleta sin el permiso de Felix. Hyunjin decide ayudar a castigarlo.

Genero:
Erotica
Autor/a:
Moon
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

I

Exhibicionismo, sexo oral, boypussy.


Felix arrugó la nariz e hizo una mueca en cuanto se giró para ver la bandeja de galletas recién salidas del horno; faltaba una, y, por el rastro de migas que llegaban hasta la boca de Minho, pudo suponer cómo había terminado.

Apretó los labios y frunció el entrecejo, molesto. Minho sonrió de lado y lamió sutilmente la yema de sus dedos, como si desconociera lo mucho que Felix odiaba que tomaran de sus galletas antes de que las entregara.

Tomó una gran bocanada de aire y se cruzó de brazos en la espera de una justificación. Minho se estiró en la silla y luego se apoyó en sus antebrazos sobre la encimera. Si Felix hubiera dado unos pasos más al frente, estarían lo suficientemente cerca como para rozar sus narices.

—Lo siento, cariño —dijo de una manera lenta en un tono tan bajo que a Felix le tomó un par de segundos entender las palabras de su novio—. No podía soportar el hambre.

—Pudiste buscar algo más en el refrigerador, ¿sabes? —se quejó. Minho pidió otra disculpa a través de su mirada suplicante y juntó sus palmas que apuntaban hacia arriba. Felix rodó los ojos—. Busca otra cosa que me convenza de no prohibirte de mis galletas por el resto de la tarde.

—Mmh, ¿por qué harías eso? —Hyunjin preguntó en cuanto puso un pie en la cocina. Se colocó al lado de Minho y se apoyó en la encimera con ayuda de sus manos.

—Me robó una galleta —reprochó con una mueca disgustada. Hyunjin curvó sus labios hacia abajo en una fingida expresión de preocupación.

—No pude resistirlo, olía tan bien —se intentó defender.

Hyunjin negó con la cabeza un par de veces y clavó sus ojos en el horno detrás de Felix.

—¿Terminaste de hornear, bebé?

—No aún, metí otra bandeja hace poco menos de cinco minutos. ¿Por qué?

—Mmh, ¿cuánto tardarán en estar?

—Dentro de veinte minutos más o menos —respondió y enarcó una ceja. Hyunjin le sonrió de lado, y Felix creyó que comenzaba a entender a dónde se dirigían.

—¿No crees que es tiempo suficiente para castigar a Minho por lo que hizo? —tentó. Hyunjin no le dio tiempo de reaccionar: tomó una de sus manos y besó el torso con suavidad. El chasquido que se hizo cuando separó sus labios obligó a Felix a cerrar las piernas—. Algo tan grave como robar una de tus galletas debería ser penado, ¿no es así?

Felix asintió con rapidez, sin pensarlo. Entonces, Hyunjin ensanchó su sonrisa y miró al chico con la boca semiabierta que tenía sentado a su lado. Con brusquedad, lo tomó del cabello e hizo que su cabeza se inclinara hacia atrás. Lamió sus labios y los acercó al oído de Minho. Pasó su lengua por el hélix tortuosamente, lo que provocó un fuerte estremecimiento en Minho.

—Hyunjin... —balbuceó en un suspiro. Hyunjin soltó una risita y volvió a meter la lengua en su boca. Minho se quejó e intentó removerse, pero el tirón en su cabello lo inmovilizó de inmediato.

—Quizás, si te portas bien, puedas hacer que Felix te permita tocarte, MinMin —se burló y soltó el cabello casi con la misma violencia con la que lo tomó. Minho exhaló con brusquedad y asintió repetidas veces, ansioso.

Hyunjin curvó sus labios en una sonrisa satisfecha y decidió rodear la encimera para tomar los hombros de Felix entre sus manos y aprisionar su cuerpo con el suyo. La mezcla del aroma a vainilla, chocolate y al dulce perfume que Felix solía usar solo hizo que su pene comenzara a despertar.

Felix jadeó en cuanto la lengua de Hyunjin se deslizó por su cuello, despacio, como si quisiera castigarlo de la misma forma en la que lo hizo con Minho. Sus manos no se quedaron atrás y acariciaron sus muslos un poco más rápido de lo que iba su lengua. Si de algo Felix estaba seguro, era que Hyunjin amaba sus muslos. Habría una palabra mucho mejor que amor, y, en definitiva, Hyunjin la usaría para describir sus sentimientos hacia esa parte de su cuerpo.

Como si hubiese recordado que solo tenían pocos minutos, Hyunjin se encargó de separar las piernas de Felix con ambas manos sin hacer el mínimo intento de ser cuidadoso para después arrancarle la gabacha en un segundo —Felix agradeció no haberle hecho un nudo complicado—, y luego imitar la acción con la camisa negra.

A Felix no le sorprendió que Hyunjin haya decidido dejarle la falda y las medias puestas. Conocía a su chico —a sus chicos— lo suficiente como para no haber notado la extraña fijación que tenían por follarlo con alguna prenda puesta. Generalmente eran las medias. «No estorban», era lo que decían cuando preguntaba por la razón.

Felix apoyó la cabeza en el hombro de Hyunjin y llevó sus manos a los antebrazos que se movían por su cuerpo para acariciarlos con la misma necesidad con la que ellos lo hacían. Cuando menos lo esperó, Hyunjin ya tenía un par de dedos acariciando los pliegues de su vulva. Una maldición por no tener lubricante cerca fue lo que llegó a sus oídos segundos después, aunque, luego de apenas tres segundos, el problema se vio solucionado.

—Recuéstate, bebé —ordenó mientras le daba palmadas a la encimera—, te lameré hasta que te corras.

Felix no pudo evitar soltar una especie de gemido-jadeo por culpa de la imagen que se instaló en su mente. Sin realmente querer separarse de Hyunjin, le obedeció: se sentó sobre la encimera y recostó la espalda mientras intentaba acomodarse con las piernas en el aire. Hyunjin las tomó y le quitó los zapatos con torpeza, entonces Felix pudo poner sus pies cubiertos por las medias en la encimera.

Las manos de Hyunjin vagaron de sus rodillas hasta su pelvis mientras se lamía los labios. Alzó la mirada y se encontró con la mirada anhelante de Minho. Soltó una corta risa en burla y se acercó al rostro de Felix, quien se removió, desesperado por no perder el tiempo.

—Tócame, Jinnie, por favor. Haz que me corra antes de que las galletas estén listas —pidió entre suspiros. Hyunjin rozó su nariz con la suya e hizo que Felix abriera la boca para poder morder su labio inferior y adentrar la lengua en su cavidad bucal. Felix ladeó la cabeza y atrapó el cuello de Hyunjin para evitar que escapara, aunque no le resultó; el hilo de saliva que dejó fue lo suficientemente hechizante como para que Felix y Minho se perdieran el rápido movimiento de Hyunjin hasta la entrepierna de Felix; fue el gemido de este al sentir su ropa interior ser estirada lo que los hizo reaccionar—. Hyunjin...

Hyunjin lo chitó con suavidad, e hizo a un lado el pantie blanco para apreciar mejor el coño húmedo de Felix. No pudo evitar esbozar una sonrisa ante la vista. Dios unos toques suaves y luego acarició de arriba hacia abajo con la mano izquierda, mientras que la derecha se ocupaba de estimular el clítoris de Felix, lo que lo tenía soltando gemidos apenas audibles.

—¿Quieres que te lama, bebé? —Ya sabía la respuesta, pero tentar a su novio de esa manera hacía las cosas más divertidas.

—Sí, sí quiero, Jinnie —exhaló—. Por favor, lámeme.

Para muestra de sus deseos, abrió más las piernas; sus rodillas casi tocaron la madera de la encimera. Entonces, el olor a vainilla y chocolate comenzó a hacerse un poco más fuerte: las galletas estarían pronto, por lo que debía apurarse si quería complacer al chico ansioso que tenía enfrente.

Sacó la lengua y la pasó desde el perineo hasta el clítoris con lentitud. Felix se estremeció y, por el sonido de algo caer al suelo, Hyunjin supuso que Felix no encontraba dónde poner sus manos. La imagen mental hizo que una risa nasal saliera de Hyunjin, y, pronto, volvió a su trabajo. Tomó los muslos de Felix y los apretó con la intención de marcar sus dedos en ellos a través de la tela mientras lamía la entrada de su chico con rápidos movimientos.

—Felix... —Minho habló en suspiro—. ¿Puedo... tocarte?

Un jadeó escapó de los labios de Felix, quien negó con la cabeza.

—No lo mereces —balbuceó. Minho soltó un quejido y apretó la base de la silla. Entonces, Hyunjin decidió meter la lengua en su entrada, lo que no resultó tan difícil como esperó. Ante el descubrimiento, liberó el muslo izquierdo y acarició la zona alrededor de su lengua con sus yemas—. Hyun... ¡Hyunjin!

Hyunjin se separó solo para relamer sus labios y volvió a clavar su lengua en la entrada de Felix, quien lloriqueó por una liberación. Hyunjin sabía que se debía al terror que tenía de que sus galletas se quemaran, por lo que liberó el otro muslo y usó su mano para hacer círculos en el clítoris de Felix, mientras metía un dedo de su mano izquierda junto a su lengua.

Felix arqueó la espalda y gimió sin importarle si alguien aparte de sus novios lo oía. Exhaló con brusquedad y decidió usar una de sus manos para acariciar su pecho mientras que la otra apretaba su cuello sin ejercer la fuerza que las manos de Hyunjin o Minho usaban. Lloriqueó ante el pensamiento: ellos sabían usarlo mejor de lo que él mismo podía, pero pedirle a Minho que lo tocara cuando estaba siendo castigado le haría creer que podía tomar sus galletas sin permiso más veces y no habría consecuencias.

Algo así era inaceptable, por lo que, como pudo, se tragó las ganas de gritar por las manos de Minho en su cuello, y pretendió que las propias le pertenecían mientras se perdía en la sensación de ser llenado por la húmeda lengua de Hyunjin y sus dedos.

«¿En qué momento metiste otro?», quiso preguntar, pero no encontró su voz. Probablemente estaba divirtiéndose más gimoteando el nombre de Hyunjin. No lo admitiría, pero él también lo hacía.

Movió las caderas al frente para obtener más de lo que Hyunjin le daba mientras ejercía un poco más de presión en su cuello en lo que su otra mano exploraba sus pezones.

«Minho estaría chupándolos ahora», se lamentó.

Un cosquilleo en su vientre le avisó de un orgasmo cercano, por lo que suplicó por su liberación en jadeos, gemidos, y ruidos extraños.

Arqueó la espalda de nuevo y consiguió mirar a Minho, quien tenía una expresión suplicante. Felix notó la erección en sus shorts y pensó en lo maravilloso que sería tenerla en la boca, pero, aunque quisiera pedirla, no tenía la voz para ello, por lo que se resignó a quedarse sin nada en la boca.

Al menos por ese momento.

Volvió a su postura anterior y se removió, perdido en la habilidad que Hyunjin tenía para hacerlo sentir en el calor del cielo.

—Jinnie —consiguió murmurar al mismo tiempo en el que ponía la cabeza a un lado, y poco bastó para que el orgasmo acabara con él. Se movió con brusquedad y gritó todo lo que pudo—. ¡Hyunjin! ¡Hyunjin! ¡Jinnie! ¡Por favor...!

Hyunjin no se detuvo, sin embargo. Decidió que era buena idea sobre estimular a su novio por unos segundos más hasta que el olor de las galletas se intensificó. Felix quiso levantarse e ir por ellas, pero Hyunjin se lo impidió al poner una mano sobre su abdomen.

—Lo haré yo, cariño —avisó. Felix suspiró y decidió relajarse un poco, en especial cuando el horno fue abierto y no sintió ningún olor que no debería—. Mmh, se ven espectaculares, Felix.

—Ni se te ocurra comerte una —advirtió con una mueca. Hyunjin alzó las cejas y asintió mientras llevaba las galletas a la rejilla; no quería sufrir lo mismo que Minho, quien se veía a punto de explotar.

—Felix..., ¿puedo tocarme?