Historias cortas [ChanBaek]

Sinopsis

Compilación de mis historias ChanBaek cortas. Lectura fácil, rápida, para pasar el rato.

Estado:
En proceso
Capítulos:
7
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Taxi Drive

Eran las 21:00 horas en un día cualquiera de otoño, había visitado a mi querida amiga a las afueras de la ciudad así que decidí encender la aplicación de Uber, quién sabe, con suerte me tocaría regresar con pasaje a la ciudad y ganaría unos pesos extras.

Buena suerte, a no más de cien metros solicitaron un carro, revisé la dirección a la que se dirigía, muy cerca de mi destino, cobraría $180 hasta ahí, acepté sin duda y me dirigí a recoger el pasaje. Parecía un rancho, portón grande con grabados de animales. Desde mi posición se notaba que era una casa grande.

— Que buena suerte hermano! Siempre es un problema conseguí carro aquí

Sonreí

— Buenas noches, porque es un problema?

— No sabes, cómo vivo hasta el demonio los carros no vienen.

Mire por el retrovisor, vestido con camiseta deportiva sin mangas, short holgados, tenis y la bolsa deportiva era evidente que haría un poco de ejercicio. Por costumbre, supuse, por qué ese cuerpo de Dios no ocupaba nada más.

Era amable, platicador, divertido. No le paró la boca en todo en trayecto y hasta propina me dió.

— ¿Me pasas tu número? Ya sabes, por si no consigo carro de regreso.

Cómo negarme? Mis viajes usuales oscilaban entre los 35 y 100 pesos, si lo tomaba como cliente regular eran $360 libres de los impuestos de Uber, además el taco de ojo era un plus.

— Claro!

Mi sorpresa fue grande cuando el mensaje llegó a las 00:15, reproducía una serie en mi teléfono en lo que el sueño llegaba, así que la notificación eclipso la imagen.


*Estás disponible mañana? Sobre las 10pm.*

*Claro, paso por usted mañana*

* 💔 No soy un señor para que me hables de usted*


Era gay, el emoji lo confirmaba, mis instintos no estaban obsoletos pero siempre era bueno tener confirmación antes de decir o hacer cualquier tontería que afectará a mi bolsillo.

Y ahí estaba yo esperando de nueva cuenta a mi cliente del gimnasio tardío. Sin novedades, el viaje de nuevo no fue en silencio.

— Pasas por mí 11:30?

— Claro!

Mis $360 ganados el día de hoy. Pocos clientes como esos, el camino a su casa de nuevo fue agradable, ahora sentado a mi lado, de copiloto con la noche fresca que auguraba lluvia.

— Gracias bro, ahorita te pago.

Rodeo el auto hasta quedar junto a mi puerta, colocó la bolsa de gimnasio en el capó y comenzó a buscar su cartera. No podía quejarme de la vista, su entrepierna justo en mi cara tapando la ventana evidenciaba el tamaño de su miembro. Un acto irrisorio, una indirecta demasiado directa la cual ignoraría, no me hago el difícil pero si eso quiere, que lo diga.

— Aquí tienes Bro, mañana a la misma hora?

— Claro

Segundos después de que mi cliente entrara el agua comenzó a caer. Una lluvia fuerte, el parabrisas a velocidad máxima no sería suficiente para dejarme ver el camino, eso y mi mala visión. Decidí esperar a que escampara un poco, apagué el motor y recline el asiento. Quizá me vió por alguna ventana pues el mensaje no tardó mucho.

— Está fuerte la lluvia, verdad?

— Si, un poco

— Quieres pasar en lo que baja? Podemos tomarnos una cerveza

*Porqué no? Pensé*

Por suerte siempre cargo una sombrilla en tiempo de lluvia, salió a abrir el portón y entramos juntos a la casa. Nada espectacular, la típica casa campestre con cuadros con motivos populares en las paredes de piedra, equipales y techos de madera.

La sala compuesta de sillones de madera con cojines mullidos eras cómoda y caliente, me invitó a sentarme y sacó un par de latas de la cocina. Se veía nervioso, esperando que el alcohol surtiera efecto para hablar de otras cosas. Me enteré que estaba de vacaciones *Tiene sentido* pensé*Una aventura simple con su taxista al que no sé atrevía a proponérselo.

Los shorts holgados enmarcaron su verga despierta al sentarse y ya que eso quería, se la pondría fácil, mis ojos viajaban de su boca a su verga todo el tiempo, con una que otra mirada a los ojos cuando hablaba.

— Hace un poco de frío, ¿no crees?

— Sí, un poco…

— ¿Quieres entrar en calor?

La voz era caliente cuando lo dijo, me recline sobre el respaldo, miré su verga marcada y después a él.

— ¿Qué propones?

Dejó la lata de cerveza en la mesa baja y se dirigió hacia mí. Me demostró entonces que no solo era buen hablador. Se inclino sobre mí, su rodilla en el sofá a mi lado y su mano sosteniendo mi mentón, me besó con su aliento caliente y profundice el beso, lo tomé de la cintura y lo senté sobre mí. Él era más grande, más fuerte y musculoso, nada comparado con mi complexión delgada, así que supongo que se sorprendió cuando lo hice pues el jadeo de sorpresa no lo ocultó.

Mis jeans no me permitían sentirlo pero mis manos eran hábiles y rápidamente fueron a sus nalgas, suaves y duras evidenciando el músculo trabajado. Al sentir mi toque su excitación creció a la par de su verga. Se separó un instante para desabrochar mis jeans y liberarme. Me acariciaba con firmeza mientras gemía sobre mis labios, se sentía como el cielo así que le devolví el favor, me separé de sus deliciosos labios para comerme su entrepierna. Salado, el sudor del gimnasio había dejado su sabor en la piel, no me importó, esa salinidad me encantaba y sujeté sus nalgas para tragarmelo completo, el sonido que emitió cuando lo hice encendió la punta de mi pene pidiéndome a gritos el toque de sus manos, me complacía a mi mismo con mi mano mientras lo degustaba hasta la garganta. Supe que estaba cerca de terminar cuando la mano que sostenía mi nuca fue ruda, evitando separarme un milímetro de él y empujandome para hundirse más en mí. Sentí la leche caliente, salada, ácida ahogarme por completo, cómo pude la tragué y mame fuerte para exprimirle hasta la última gota. Los gemidos roncos, fuertes, profundos que emitía mi cliente ayudaron a qué yo mismo terminara sobre mi mano.

Cuando nuestras respiraciones se regularon fue mi turno de ser complacido, la única advertencia fue esa sonrisa ladina. Sin miramientos, descuidado, sin apariencias, me giró en el sofá. Mis rodillas descansaban en el asiento y mis brazos en el respaldo, mientras de pie tras de mí me desnudaba por completo. Sus dedos bruscos explorando mi ano, su polla dura segundos después hundiéndose hasta el fondo. El dolor atravesó mi columna y no pude evitar arquear mi espalda en un intento de alejarme de él, dolía, no estaba preparado para semejante intromisión y el jadeo no fue por placer. Mordió mi nuca con delicadeza para besarme después, su mano dando suaves masajes circulares en mi lumbar mientras ejercía presión me obligó a bajar la espalda, dándole un mejor acceso a mi culo mientras emitía sonidos calmantes. No se movió, no hasta que le di aprobación de continuar y no tuvo piedad, me hizo pagar por los segundos en que le impedi moverse, pues la embestidas rudas, fuertes, profundas con las que comenzó solo subieron de intensidad, mis piernas temblorosas no me sostenían, el placer invadiendome no ayudaba. Me desconocí, desconocí mi voz gimiendo alto y suplicando por más, desconocí mi cuerpo empujándose hacia él cuando se retira a un segundo para embestirme de nuevo, me desconocí aún más cuando de la nada lo aventé al sillón y lo monté. Las embestidas ya no eran lo suficientemente profundas y yo quería más. Así que me senté sobre él teniendo toda su polla en mí y comencé a marcar el ritmo, lento, rápido, como yo quisiera hacerlo mío. Le gustaba, lo vi en sus ojos llenos de lujuria, en sus labios sonrientes, jadeantes, entre abiertos pidiendo en silencio un beso que no le daba, lo vi en sus manos que me recorrían por completo, que me atraían para ser besado con descuido y humedad y en su fuerza que me sostenía para embestir desde abajo.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que por fin, sin ayuda de su mano o la mía solté mi orgasmo en su abdomen. Segundos después lo sentí llenar mi ano y solo entonces me dí cuenta de que no usamos protección. Tonto, tonto y mil veces tonto que deja de lado la seguridad eclipsado por la lujuria.

— Dime por favor que estás limpio.

Maldita sea, si conseguía SIDA, Hepatitis o alguna mierda de ETS me arrepentiría de por vida, la mejor cogida y la muerte este día.

— Eso creo.. y tú?

— Eso crees? — cuestione de nuevo, aún jadeante.

Al levantarme, de nuevo lo llené de semen pero ahora de su corrida, ya habría tiempo de lamentos. Levanté mi ropa interior del suelo y me la puse. Gracias a Dios vivía solo así no tenía que llegar a casa y explicarle mi olor a sexo a nadie.

— Dejó de llover, me iré.

Recogí mis llaves y las guardé en una de las bolsas del pantalón cuando lo escuché

— Me iré mañana.

Bueno por él, consiguió su cometido; sexo con un desconocido al cual no volvería a ver jamás. Asentí, no había nada que decir, no nos debíamos nada, a fin de cuentas solo había sido un ganar-ganar.

— Te volveré a ver?

Quizá esperaba que fuera yo quien lo dijera, que le pidiera mantener el contacto o diera muestras de que me importaba. Pero no era lo mío. No soy un gilipollas que dice 'gracias' después de coger, pero no me me interesa llevar cuenta de cada hombre con el que me he acostado.

— Quizá. Si algún día vuelves tienes mi número.

— De acuerdo, te mandaré muchos mensajes BaekHyun, asegúrate de contestarme esta vez.

No le había dicho mi nombre, pero no era raro que lo conociera, a fin de cuentas la aplicación da datos de tu chófer. No contesté y abrí la puerta.

No pude dormir esa noche, miente se negaba a descansar pues el sentimiento de olvidar algo era muy fuerte ¿Que era? Comprobé las llaves, cartera, teléfono, mi auto estaba bien. No dejé prendida la estufa, apagué el televisor de la sala… Todo estaba bien y aún así la opresión en mi pecho no cedía. Estaba mal interpretando mi cuerpo y era el presentimiento de algo pasando?

Llamé a mi madre por la mañana después de ignorar los mensajes del tipo de anoche, tenía tiempo sin visitar nuestro pueblo desde que prácticamente salí de ese miserable lugar sin oportunidades para intentar tener una vida decente, por lo tanto tenía mucho sin verla, mi conciencia no estaba tranquila por dejarla, no era tan joven como antes. Pero fue un alivio escuchar que estaba bien.

— ¿Cuándo vienes cariño?

— Espero ir pronto madre, intentaré hacer tiempo en…

La exclamación de su madre recibiendo un invitado cortó su conversación.

— Cielo, te hablo luego, Chanyeol acaba de llegar.

— Chanyeol?

— ¿No recuerdas a Chanyeol cariño? Nuestro vecino cuando ibas a la primaria

Escuchó ligeramente la voz de alguien más, seguido del claro sonido del teléfono pasando de manos.

— Hey BaekHyun, soñaste conmigo? No contestaste mis mensajes. Te dije que está vez no me ignoraras.

— Dile a mi madre que la llamo después.

Colgó. Era eso, el sentimiento de olvidar algo era eso. Maldito imbécil, jugó por completo teniendo la ventaja.