∘◦❁ARGUMENTO❁◦∘
Diana salió de la ducha envuelta en una toalla, pero al ver su reflejo en el espejo la dejó caer. No podía creerlo, era asombroso saber que aún tenía un cuerpo perfecto.
Sus pechos estaban firmes, pero ahora más grandes que antes, su cintura aún se veía estrecha, sus piernas estaban ahora más torneadas que antes, y su trasero, que siempre había sido su mayor atributo después de su rostro, podría decirse que ahora estaba envidiable.
«Al menos no todo está perdido», se dijo encogiéndose de hombros.
Frotó su cuerpo con una bodymilk de melocotones, se puso un cachetero de blonda color azul y su pijama de algodón de badtz-maru. Quería sentirse fresca y cómoda, en los últimos días se estaba sintiendo un poco calurosa.
Estaba desenredando su cabello cuando escuchó un fuerte golpe en la puerta, al mismo tiempo el timbre sonó con insistencia.
—Un momento —gritó y exclamó:— ¡Ya voy!
Caminó hasta la puerta un poco distraída, pero cuando abrió la puerta su rostro palideció.
—¡Vaya! Hasta que doy contigo —la voz gutural, profunda y deliciosamente sexy de Ian hizo que tragara grueso.
—¿Qué haces aquí? —Diana cuestionó, al mismo tiempo que negaba con la cabeza por el asombro.
Él la miró de arriba hacia abajo, detallando minuciosamente su cuerpo.
—No me invitas a pasar —Ian no le preguntó si podía hacerlo. Simplemente, empujó la puerta de un tirón y pasó. Miró todo alrededor y pudo notar que aún había cajas por abrir. La casa estaba muy limpia, se veía muy cálido. Pero él la quería en otro lugar. Uno en donde ella estuviera cerca, y dónde él pudiera echarle un ojo. —Tengo más de dos meses buscándote —manifestó.
—¿Por qué motivos harías algo así? —cerró la puerta y lo miró—. No tenías por qué hacerlo. Como puedes ver estoy muy bien, Ian.
Ian la miró con impaciencia, le molestaba enormemente cuando Diana se hacía la desentendida.
—Hace ya varios días que debía de estar en Italia. He retrasado todo por ti, así que no me hagas perder más tiempo.
Diana sabía que él no era un hombre con el cual se podía jugar. Pero debía ser en ese momento fuerte, y no hacer caso al hecho de que sus rodillas se volvieron gelatina, solo porque estaba cerca de él, y el perfume a hombre la envolvía.
—No es mi culpa. Si es eso lo que estás tratando de insinuar. Yo no te pedí que me buscaras —replicó, para ella lo mejor en ese momento era despistar sus sentimientos causados por las hormonas.
—Te fuiste de Miami y viniste aquí, a esta ciudad —le espetó.
—Eso fue por una oportunidad laboral —Diana se defendió.
Ian la miró furioso y entrecerró los ojos.
—¿Oportunidad laboral? ¿Mejor que en la empresa que te contrató recién salida de la universidad?
—Sabes bien que ya no trabajo ahí. A veces los cambios son buenos, Ian —le contestó un tanto nerviosa.
—¿Cuándo me ibas a decir? —Cambió de golpe de tema, y su voz contenía cierto toque de reproche.
Diana colocó las manos en su boca, para contener el grito de terror al darse cuenta de que ya él había descubierto el motivo por el cual había dejado todo.
—No sé de qué me estás hablando —se hizo la desentendida.
—No juegues conmigo — se acercó a ella invadiendo su espacio personal.
—Nunca lo he hecho —nerviosamente se colocó el cabello húmedo por la ducha detrás de la oreja.
Ian respiró profundamente. Para controlar la ira que tenía en ese momento. Por fin la había encontrado, tenía que pensar con claridad y no dejarse llevar por las ganas de tomarla por la cintura y llevarla en su hombro de regreso a casa, como si fuera un hombre de la prehistoria.
—Te haré la pregunta una sola vez, Diana. —la señaló con el dedo índice. —¿Cuándo pensabas decirme que estás embarazada de mí?
Su rostro palideció más aún y su cuerpo se tambaleó un poco.
—¿Quién te lo ha dicho? —contestó con una pregunta, dando tiempo a pensar un poco la respuesta.
Cruzó sus fuertes brazos sobre el amplio pecho, y negó con la cabeza. Alzó una ceja dorada oscura.
—Hablé con Andrew y él me lo comentó —le dio una sonrisa ladeada, chasqueó los dientes antes de agregar:— Sé sacar cuentas, sabías eso. ¿No?
—¿Estás muy seguro de que es tuyo? —Diana le retó con la pregunta, muchas veces le había molestado su arrogancia.
Ian caminó hacia ella y se inclinó un poco hasta quedar nariz con nariz. No quería intimidarla, pero lo haría si era necesario.
—¿Cómo no voy a estarlo? Sé perfectamente que antes de terminar con Andrew tenían más de dos meses que no tenían sexo, y cuando tú y yo nos encontramos en aquel club habían pasado dos desde que habías roto el compromiso.
Ahora era ella quien estaba furiosa, cruzó sus brazos sobre su pecho. Haciendo que estos se elevaran un poco, ella pensaba decirle un par de cosas. Pero Ian se le adelantó.
—Tú y yo sabemos muy bien que no hubo otro antes de mí, y después de esa noche tampoco.
—¿Quién demonios te crees?, para estar al tanto de mi vida sexual. Eres tan arrogante —ella estaba muy furiosa.
—Esa no es la respuesta a la pregunta que te hice, Diana —exigió Ian.
—¿Qué te hace pensar que es tuyo? —ella le dio una sonrisa de autosuficiencia femenina
—¡NO JUEGUES CONMIGO! —gritó Ian—. Tú y yo sabemos muy bien que no hubo otro antes de mí y después de esa noche tampoco.