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Te amo idiota Nerd

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Sinopsis

Galaxy logan creyó que lo tenía todo, incluso cuando le hacía falta el amor, en todos los sentidos. Pensó poder vivir bien así, hasta que comienza a hablar con el nerd de la clase y se da cuenta de que ese hecho lo cambia todo. Queda completamente prohibida la copia y/o adaptaciones de esta novela. Todos los derechos están reservados a sus autores. REGISTRADA EN SAFE CREATIVE© bajo el código: 2212292987855

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
booksmania
Estado:
Completado
Capítulos:
20
Rating
4.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

1. Un nerd muy mojado

1. Un nerd muy mojado

—¡No puede ser! ¡Eres virgen! —dije mirándolo con burla y emoción.

—¿Qué? Yo...yo —dijo con nerviosismo como si hubiera descubierto su secreto más preciado.

Aquello era muy extraño, pues era el primer chico de dieciocho años que conocía que aún era virgen, aunque también se trataba de Samuel, él era el chico más tímido y tonto de toda la clase, aunque era el nerd y todos lo buscaban solo cuando necesitaban sus apuntes, a la hora de hablar con chicas era sumamente torpe, pero aun así eso me dejo totalmente sorprendida.

¡El pobre se sonrojaba de todo! Su cabello negro desalborotado, sus ojos grises y su sonrisa sumamente impecable le daba un aspecto bastante decente.

Siempre con esos pantalones justos en la cintura, los botones de la camisa bien abrochados, cualquiera creería que el muy idiota nerd era gay, pero por supuesto que no lo era.

Siempre con esos pantalones justos en la cintura, los botones de la camisa bien abrochados, cualquiera creería que el muy idiota nerd era gay, pero por supuesto que no lo era, puesto que él siempre me miraba en la escuela y de alguna forma u otra se las arreglaba para verme.

Pero ya he hablado mucho de él, y aquí la que importa soy yo, Galaxy Logan, envidiada por todas las chicas y deseada por todos los chicos, por eso ni Samuel ha podido resistirse a mis encantos ¡rayos! He vuelto a hablar de él.

Hoy era un día muy especial, el día más importante del planeta diría yo, hoy era mi cumpleaños, al fin dieciocho, podré hacer lo que me la gana ¿pero qué cosas digo? Ya yo hago lo que me da la gana. Mis padres nunca están en casa, siempre de viaje atendiendo negocios, toda mi niñez me la había pasado con una niñera, pero cuando cumplí diecisiete años, mis padres decidieron que ya podía cuidarme sola, y así es.

Vivo el sueño de toda adolescente, hago fiestas siempre que quiero y ya que mi casa es grande y con una hermosa piscina, todos aman venir, todos, incluyendo a los chicos guapos...todos caen rendidos a mis pies.

No los culpo, tengo el cabello rojo y largo, antes lo llevaba rubio, mi color natural, pero decidí que en el mundo ya había muchas rubias idiotas, y ya no quería que me compararan con ellas. Mis ojos azules gracias a mi padre, mis grandes senos y curvas gracias a mi madre ¿qué más podía pedir? Tenía dinero y belleza ¡lo tenía todo!

Retomando el tema hoy era mi cumpleaños, tenía una decisión muy importante que tomar ¿cómo iría vestida al instituto? No me decidía entre un vestido verde olivo que mostraba mi escote, mis hombros, mis piernas largas y se ceñía a mi cintura o uno morado que tenía escote de corazón, mangas largas, y mucho más corto que el verde olivo, opte por la segunda opción ya que el morado era mi color favorito. Después un poco de maquillaje y elegir unos tacones color plateado, esa era yo, siempre iba con zapatos de tacón a todos lados, era alta, pero me hacía ver más alta dándome un grado de superioridad que me encantaba.

Ya lista, busque las llaves de mi hermoso auto rojo y llegue a la escuela. Tan solo bajar y ya tenía todas las miradas puestas en mí.

—¡Feliz Cumpleaños! —dijo Letty llegando hacia dónde yo estaba con una caja roja más grande que su cabeza en sus manos.

Letticia era mi única amiga si se podría decir, yo no era como la típica perra de la escuela que tenía sus seguidoras hipócrita detrás de ella, no, yo prefería no tener amigos a tener gente falsa a mi lado, por eso ni hablaba con mis padres cuando volvían de sus largos viajes.

En cambio Letticia era la persona más dulce que había conocido, ella tenía el cabello castaño por encima de los hombros y los ojos color miel, ella era un poco más bajita que yo, pero como odiaba usar zapatos de tacón y ya no me valía convencerla se veía aún más bajita. Ella siempre había sido una amiga bastante fiel, amaba los animales en especial a su conejo Cojo, si ese era su nombre, pues era cojo de un pie, yo fui la de la idea del nombre, a Letty le gusto y se quedó, aunque no estoy segura que ella se diera cuenta de la verdadera razón de ese nombre, pues ella era así, algo despistada.

—¿Qué es? —pregunté ansiosa.

—Solo ábrelo —dijo al pasarme la gran caja roja. No esperé más y empecé a abrirla. Frente a mí se encontraba un cuaderno y unas crayolas de última edición, así es, amaba pintar en mi tiempo libre y Letty era la única consciente de mi secreto. No se lo había dicho a nadie porque eso me hacía una persona creativa y tierna, y lo último que quería era dar esa impresión. Prefería que la gente me viera como la mala y así no se aprovecharan de mí, a que se dieran cuenta de mi vulnerabilidad y quisieran hacerme daño. Letty era la única que lo sabía porque ella era la única que no tenía esas intenciones.

—Gracias —dije sonriendo y volviendo a tapar la caja para que nadie viera lo que había dentro. Letty se limitó a sonreír.

Antes de poder hacer otro movimiento hacia la entrada, vino Jonathan hasta nosotros a entregarme un regalo y un beso en la mejilla, luego vino Kevin, o así creo que se llamaba a hacer lo mismo dejando a Jonathan desconcertado, después siguieron viniendo más y más chicos, ya a lo hora de almuerzo estaba muy agotada.

Después de decirle a Letty que me ayudara a llevar los regalos a mi auto, fuimos a almorzar a un restaurante que quedaba cerca del instituto. Siempre almorzábamos allí, odiaba la comida de la escuela y como Letty y yo veníamos de familias ricas podíamos darnos ese lujo.

—¿Ya está todo listo para la fiesta de esta noche? —le pregunté expectante después de ordenar.

—Creo que si, ya encargue la máquina de burbujas para la piscina y los globos, todo llegara a las cinco —dijo ella dándole un sorbo a su jugo de fresa, siempre pedía fresa, en cambio yo, siempre pedía jugo de limón, amaba todo lo que tuviera que ver con el limón.

—Perfecto, ya yo me encargue de la comida, también llegarán a las cinco, si todo sale bien, hoy tendremos una gran noche —dije mirándola fijamente y enarcando una ceja, ella ya conocía mi mirada y sabía a qué me refería.

—Tú tendrás una gran noche —dijo remarcando el tú.

—¡Oh vamos Letty! Ya han pasado dos meses desde que ese bastardo te dejo, dime ¿no te hace falta el sexo? —le pregunté sin quitar mi cara, aquella que amaba y que a ella le disgustaba. Letty era algo tímida cuando se trataba de sexo en cuanto a mí, me encantaba ¡éramos tan diferentes!

—Quizás un poco...—en eso llegó nuestra orden y nos dispusimos a comer.

Luego de una jornada de clase y muchos más regalos y felicitaciones nos fuimos a mi casa a preparar todo para esta noche. Mientras los decoradores que contraté se encargaban de hacer su trabajo, a Letty y a mí, nos arreglaba un maquillador profesional.

Habíamos encargado los vestidos un mes antes, el de ella era celeste con un escote v y bajaba ceñido al cuerpo con su tela de ceda, el mío era un poco más atrevido, encajando perfectamente con mi personalidad, tenía un hermoso escote de corazón, rojo, corto delante y lardo detrás, se ceñía a mi cintura y marcaba mis senos.

La decoración era hermosa, las cortinas moradas y los globos rojos y negros hacían un perfecto contraste, el pastel era rojo y blanco, habían pequeñas luces que hacían brillar la escalera a su alrededor y de los candelabros caían cintas de todos los colores en cascadas.

Las siete había llegado, ya teníamos todo listo, habíamos dado las invitaciones una semana atrás, dando el horario de las siete, por supuesto, nadie llegaba puntual cuando de una fiesta se trataba. Por eso tuvimos que esperar hasta casi las ocho...pronto toda mi casa se empezó a llenar de personas, la mayoría conocidos.

La verdad no me importaba que hubiera desconocidos, entre más personas mejor, cuando lo consideré oportuno di mi gran entrada bajando por las escaleras de mi casa. Aquella en la que había aprendido a caminar y en la me había caído tantas veces, los recuerdos de mi niñez empezaron a pesar por mi mente como destellos, siempre cuando me caía mi madre me preparaba un ungüento y mi padre me cantaba una canción hasta que un día todo eso desapareció.

Rápidamente me sacudí la cabeza para borrar de mi memoria todo lo que me hacía daño, esta noche importaba yo y solo yo, siempre había sido yo. Yo era la única persona que había estado conmigo misma todo el tiempo y creo que siempre sería así.

Los aplausos y risas de todos me hicieron volver a la realidad, ya para cuando terminé de bajar, todos querían abrazarme, detestaba que me abrazaran tanto, pero creo que por hoy no le haría daño a nadie.

La música empezó a sonar y pronto la gente empezaron a dispersarse, unos bailando, otros comiendo, y aquellos bebiendo.

—Letty, el chico de allá no para de mirarte, creo que deberías ir a hablarle, se ve que esta loco por hacerlo pero créeme no lo hará —dije con completa seguridad.

—Detesto que siempre tengas la razón respecto a los chicos, es lindo pero no quiero dar el primer paso yo —dijo ella mirándolo. Así es, tenía algo así como un poder, podía distinguir la intención de un chico al instante, por eso los tenía en la palma de mi mano y por eso siempre sabía con quién acostarme y con quien no.

«Si ellos querían algo serio conmigo adiós» odiaba que un chico me quisiera tomar como su posesión.

—¡Vamos Letty! No quiero divertirme y que tú no lo hagas —dije poniendo cara de perrito, aquella que siempre convencía a mi amiga.

—Esta bien, ya voy —dijo y se encaminó hasta él. Pronto la vi muy sonriente y cómoda al lado de él. Sonreí al haber hecho un buen trabajo.

—Tal parece que tu amiga compagina bien con mi amigo ¿crees que a ti y a mí nos pase lo mismo? —dijo una voz detrás de mí, al voltearme vi a un chico con cabello negro y ojos del mismo color, creo que lo recordaba de esta mañana, creo que se llamaba Kevin.

—No lo sé, tú dime —inmediatamente lo supe, sus intenciones no eran hacerme suya, solo quería un poco de diversión al igual que yo. Por eso le seguí el juego.

—Eres muy graciosa, además de eso muy segura de ti misma, me agrada eso —dijo sonriendo, su sonrisa no era la más hermosa del mundo pero era pasable.

Él fue por unas bebidas y nos dispusimos a beber y hablar ¡qué fastidio! Solo hablaba de él y de lo mucho que le gustaban sus dos preciados tesoros “sus Ferraris”.

Un ruido proveniente del patio de atrás se escuchó, pronto la gente empezó a agruparse para ver qué pasaba, deje a Kevin con la palabra en la boca para investigar.

Me abrí paso entre toda la gente, y justo cuando llegue, vi lo que pasaba, ahí estaba frente a mí, todo mojado y con las mejillas rojas como un tomate, el chico nerd, Samuel. Todos empezaron a reír y pronto me uní a ellos, la escena era muy graciosa.

—Si no tenías traje de baño y querías bañarte debiste decirme que te prestará unos, tengo unos bikinis que te quedarían de maravilla —dije haciendo reír a todos a mi alrededor.

Samuel empezó a tantear el piso ¿qué buscaba? Tenía sus lentes puestos, secó los anteojos y luego agarro una cámara en sus manos y empezó a secarla con su camisa mojada ¡qué tonto era!

—¿Qué haces aquí? —pregunté al ver que ignoró mi comentarios.

—Vine a tirar algunas fotos y a desearte feliz cumpleaños —dijo poniéndose de pie y sin mirarme.

—Si claro ¿por qué no te vas a tu casa y te secas? Estás más mojado que una toalla —dije dando media vuelta y regresando a lo que estaba haciendo. Busqué a Kevin con la mirada estaba hablando por teléfono, cuando me vio lo colgó y me dio una sonrisa.

—¿Qué pasó por allí nena? —preguntó. Odiaba que me pusieran ese tipo de apodos.

—Nada importante —dije dándole una sonrisa falsa —¿quieres subir a mi habitación y hablar un rato?

—¡Claro! —dijo él muy sonriente. Subimos agarrados de la mano. Cerré la puerta tras de mí, cuando me volteé a encararlo el fijó sus labio sobre los míos en un beso desenfrenado.

Entonces...su teléfono empezó a sonar, al principio lo ignoró pero la persona que llamaba era muy insistente.

—Disculpa —dijo y tomó el teléfono —dime...si...no...no lo sé...¡ay rayos!...está bien, voy para allá —colgó —lo siento nena, debo irme, es urgente, si no lo fuera no te dejará así ¿nos vemos luego?

—Está bien —dije cortante, él salió de la habitación disculpándose.

Me retoqué el pinta labios y baje, pero ya cuando lo hice, no había casi nadie, la gente ya se estaba yendo, no visualizaba a Letty por ningún lado, parece que ese chico resultó ser mejor de lo que esperaba. Cuando me acerqué al pastel ya se encontraba la mitad devorada ¡qué maleducados! Ni siquiera me habían esperado para partir mi pastel.

Media hora después todo el mundo se había ido, me encontraba completamente sola y con un desastre en mi casa, estaba cansada, decidí que era mejor descansar, había sido un día agotador y ni siquiera tenía un chico para esta noche, me había pasado toda la noche con Kevin y no había hablado con nadie más ¡rayos!

Apagué las luces de abajo y subí a mi habitación, decepcionada de mí misma, todas las noches era así, siempre me las pasaba sola en esta enorme casa, Margarita quien limpiaba, solo venía en las mañanas y se iba en las tardes.

Empecé a quitarme el maquillaje, luego el vestido ¡esa sensación! Sentía que alguien me miraba, y creía saber de quién se trataba, camine hasta mi ventana y miré a la ventana del frente, unos lentes salieron a la luz, y unos sorprendidos ojos se taparon contra la cortina, así era Samuel era mi vecino desde hace siete años, y desde que tengo memoria siempre me ha espiado, siempre cierro las cortinas por eso, pero hoy estaba tan triste que lo olvidé.

Instintivamente algo se prendió en mí, busqué en el armario y me puse un vestido sencillo de pijama que tenía, transparente y cómodo, me encaminé hasta mi ventana, tras quitar el cerrojo y con ayuda del árbol me empujé hacia su ventana, toqué con fuerza.

Las cortinas de removieron y un sorprendido nerd sacó la cara.

—¡Ábreme idiota! —dije agarrando con fuerza la rama. Con manos temblorosas quitó el cerrojo. Un segundo después estaba en su habitación.

Mire a mi alrededor sorprendida, su habitación era un poco más pequeña que la mía, estaba su cama y un escritorio a mi derecha con una computadora a mi izquierda estaba un estante lleno de libros y alrededor todo lleno de pósters de superhéroes o que se yo, solo sé que tenían capas, pese a todo esto, todo se encontraba completamente impecable.

—¿Qu..e haces aquí? —preguntó detrás de mí.

—La pregunta sería ¿qué haces espiándome? O mejor dicho ¿qué rayos te pasa idiota? —le pregunté, “idiota” era mi palabra favorita y por lo visto, me salía mucho cuando se trataba de él.

—Yo...yo lo siento Galaxy —dijo bajando la cabeza totalmente sonrojado.

—Por supuesto que lo sientes nerd ¿es qué acaso no tienes otra cosa que hacer? No se ¿ver porno quizás? —pregunté.

—Eso va en contra de mis morales y además a la única chica que quiero es a ti —dijo por primera vez mirándome, me sorprendió mucho su sinceridad pero trate de hacerme la desentendida, nunca le mostraba al mundo mis verdaderas emociones.

—Claro, es lógico, soy la única chica que vive al lado de tu casa y siempre me ves en el instituto, es lógico que gustes de mí, pero sin embargo deberías probar hablándole a alguien que verdaderamente sea para ti, por ejemplo una nerd —dije orgullosa de mi consejo.

—¿Yo hablarle a una chica? —preguntó sonrojado.

—¡Oh vamos! Hablas como si nunca hubieras tenido novia o besado a alguien —se sonrojó aún más y puso su mano sobre su cabeza —¿nunca has tenido Novoa?

—Nunca he besado a alguien —dijo en un susurro.

—¡No puede ser! ¡Eres virgen! —dije mirándolo con burla y emoción.

—¿Qué? Yo...yo —dijo con nerviosismo como si hubiera descubierto su secreto más preciado.

Aquello era muy extraño, pues ere el primer chico de dieciocho años que conocía que aún era virgen, aunque también se trataba de Samuel, él era el chico más tímido y tonto de toda la clase, aunque era el nerd y todos lo buscaban solo cuando necesitaban sus apuntes, a la hora de hablar con chicas era sumamente torpe, pero aun así eso me dejo totalmente sorprendida.

—Bien, ya entiendo todo, creo que puedo ayudarte con tu problema con las chicas —le dije mirándolo fijamente.

—¿A sí? ¿Cómo? —preguntó tímidamente.

—Tengo mis métodos, pero será a cambio de algo, primero, que me dejes de espiar y segundo que siempre me prestes tus apuntes —lo sé, lo sé, era una mala persona, y estudiar no era lo mío así que no podía desaprovechar una oportunidad así.

—Todos siempre quieren mis apuntes —dijo algo triste ¡rayos! Piensa en algo, me dije a mí misma.

—Si pero...pero es la primera vez que alguien te da algo a cambio —le dije y le ofrecí mi mano victoriosa —¿trato?

—Bi...en, supongo —dijo algo dudoso y estrechó mi mano.

—Bien, empecemos, bájate los pantalones.

—¿Qué? —preguntó y abrió los ojos como platos.

—Te dije que te enseñaría, haz lo que digo —pero no se movió, así que tomé la iniciativa, desabroché y baje sus pantalones con agilidad, era una experta en esto, había perdido mi virginidad a los catorce con un chico muy guapo del instituto, el cual se había ido hace como dos años a Londres.

—¿Calzonsillos de Ben 10? —pregunté con burla, pero eso solo parecía ponerlo aún más incomodo, no me importó, me agradaba la sensación que causaba en él. Deslice mi vestido hasta sacarlo de mi cuerpo quedando en sujetador y pantaletas rojas de encaje, todo esto sin quitarle la mirada de encima, amaba esa sensación, sentía que el cuerpo me ardía y con esto mi hambre crecía.

—¡Wa...o! Este...e —alcanzó a articular, pero no pudo decir nada más.

—Ahora nerd, te voy a enseñar lo que es placer —le dije poniendo una sonrisa traviesa. Quité sus calzoncillos dejándolo totalmente expuesto, para mi sorpresa, lo tenía grande, trate de hacer como que eso no me excitaba y seguí con lo mío —acuéstate en la cama.

No se lo tuve que pedir dos veces, inmediatamente se acostó, sin dudarlo me subí encima de él, agarre sus manos y las puse encima de mis pechos.

—Bueno lo que tienes que saber es que a las chicas nos gusta los hombres con experiencia, nos gusta que manden y que tengan destreza, quítame el sujetador —le dije firmemente, él con sus manos sudadas y temblorosas los quitó dejándome expuesta.

—¿Es...tas bien? —preguntó, fruncí el ceño de inmediato ¿quién preguntaba eso en estos tiempos?

—Si idiota, date rápido y apriétalos —dije, él sonrojado y sin perder esa timidez que tanto lo caracterizaba se apresuró a hacer lo que le mandaba, me arqueé hacia atrás involuntariamente.

Sin esperar el movimiento y sin que nadie me avisara, Samuel me agarro de la cintura moviéndome abajo de él, fue tan rápido que solo me di cuenta cuando unió sus labios con los míos, pero no se movía.

—Debes ser muy idiota para hacer un movimiento así y no saber cómo actuar después —dije empujándolo un poco.

—Yo...lo siento —dijo en un susurro.

—Regla número uno, nunca te disculpes por ser atrevido, a las chicas nos gusta, aunque algunas fingen que no, pero como dije debes aprender a tener control de la situación —le dije, luego lo agarre del cabello y lo atraje hacia mi atrapando su boca —solo sígueme idiota —metí mi lengua en su boca como nunca antes lo había hecho y la empecé a mover, cuando vi que él no podía casi respirar pare —no tienes casi resistencia.

Antes de que se pusiera más rojo de la cuenta volví a besarlo, le enseñé varios besos, hasta que me quedé dormida es su cama, en la cama del idiota nerd.

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