𝒟𝑒𝓈𝑒𝑜𝓈 𝑀á𝑔𝒾𝒸𝑜𝓈🧚🏻‍♂️

Sinopsis

Luhan estaba encima del duodécimo duque de Heathcourte, que se quedó sin habla al ser despedido de su caballo y atrapado por un duende de ojos violetas. Él no podía decirle que era un príncipe hada, elegido para concebir a su hijo, ya que después, para no morir, tendría que abandonar junto a su bebé el mundo de los humanos. A menos que...

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CAPÍTULO 1

Oh Sehun, duodécimo duque de Heathcourte, había llegado a la conclusión de que no había en el mundo ninguna mujer o doncel que reuniera los requisitos que debía tener la que había de convertirse en su duquesa.

—Maldita sea—Murmuró. —Bebiéndose de un trago su segundo vaso de coñac, extendió el brazo y acarició a su gato, Faraón, un lustroso siamés que no aguantaba a nadie a excepción de su amo.

—¿Qué pasa? —Preguntó Park Chanyeol, su primo, confundido por la repentina maldición de Sehun. Habían estado discutiendo sobre la reciente adquisición de una mina que Sehun había hecho en Egipto, pero resultaba obvio que los pensamientos del duque estaban en algún otro sitio ahora. Chanyeol volvió a pensar en la mina un momento más. Sehun la había comprado simplemente porque se sospechaba que la cantera podía encerrar un tesoro, y la adquirió ante las mismas narices de un segundo comprador interesado. No sólo habían descubierto los mineros esmeraldas dentro de esas oscuras y húmedas cavernas egipcias, sino que las autoridades decían que la mina era una de las más ricas que jamás se habían encontrado. Prácticamente en el transcurso de la noche, la abrumadora fortuna de los Oh se había triplicado. Sí, y en muchos aspectos Sehun llevaba una vida de cuento, incluso de niño. Una vez, cuando él y Chanyeol corrían por un campo de florecillas silvestres, Sehun había descubierto el resplandor de unos diamantes diminutos en medio de la masa de brotes pisoteados. Sólo Oh Sehun podía haber encontrado joyas esparcidas entre un montón de plantas aplastadas. Desde entonces, todo lo que tocaba se había convertido en mayores riquezas.

Saboreando su propio coñac, Chanyeol sintió cómo la chispa tan conocida de la envidia le quemaba, pero como no sentía malos deseos contra su primo, no experimentó ninguna sensación de culpa por sus celos. Había tomado la decisión hacía mucho tiempo de que sólo un santo de la más alta orden celestial podría resistirse a desear el título, las riquezas y el poder del ilustre duque de Heathcourte.

Se inclinó hacia el diván de raso que había junto al fuego.

—Muchas veces me he dicho que naciste bajo una estrella de la suerte, Sehun. NI siquiera te ha picado una avispa una sola vez, ¿te acuerdas? Siempre que nos acercábamos a esas criaturas inmundas, parecía como si por arte de magia se alejaran de ti. ¡Eh, incluso las serpientes que nos encontramos ese día cerca del palacete se fueron huyendo de ti!

Sehun dirigió una mirada de soslayo hacia su primo, un tipo despreocupado que siempre llevaba su pelo espeso de color rojizo despeinado, y cuyos ojos de un brillo dorado estaban casi siempre llenos de una mezcla de malicia y alegría. Al ser pariente de Sehun por parte de su madre, Chanyeol no poseía ni una gota de sangre Oh ni ningún otro derecho legal que le pudiera situar entre los nobles de Inglaterra, pero el fuerte lazo existente entre ellos era algo que ningún miembro de la nobleza se atrevería a pasar por alto.

Chanyeol era el único pariente que Sehun tenía.

—¿Sehun, te acuerdas de las serpientes?

—¿Las serpientes? —Dijo Sehun frunciendo el ceño. —¿De qué demonios estás hablando?

—Yo podría preguntarte lo mismo. —Contestó Chanyeol, dejando entrever una sonrisa malévola. —En realidad, creo que lo he hecho.

Sehun alcanzó la botella de coñac.

—Mujeres y donceles. —Adivinó Chanyeol de repente. —El hecho de no tener duquesa o duque consorte siempre te lleva a beber. Sólo pensar en la esquiva dama o doncel te convierte en un vulgar caballero entregado a la cerveza.

—Chanyeol, no estoy de humor para aguantar ninguno de tus chistes. Lo que, es más, el asunto de mi vida sentimental no está abierto a discusiones.

—Pero ¡Qué dices! —Se echó a reír Chanyeol. —Sehun, tu vida sentimental es el tema, el asunto del que más se habla en toda Inglaterra. Eh, incluso he oído decir que el Rey consorte en persona una vez se llegó a preguntar por qué no podías encontrar pareja entre la multitud de bellezas que produce la estación año tras año.

—Tiene razón.

—Leo Wu no puede esperar más para verte casado.

—Leo Wu. —Dijo Sehun, pensando en el desvergonzado mujeriego. —¿Es que está esperando la oportunidad de seducir a mi esposo?

—Es su deporte preferido, como bien sabes. El mes pasado se las arregló para seducir a la nueva esposa de lord Kang, convenciéndola de que se reuniera con él en el jardín durante una pequeña reunión que organizaron los Dunmores. Kang Daniel todavía no se ha enterado. Ni tampoco Jung Pil Kyo. Las malas lenguas dicen que Shin Hye Sung sigue todavía viendo a Leo siempre que le es posible.

—Si Leo Wu se atreve a mirar a mi esposo...

—Seducir a una persona que no existe sería toda una hazaña.

Sehun se sirvió más coñac. El alcohol no haría que consiguiera una esposa o esposo, pero sin duda alguna le ayudaría a olvidar que no tenía uno.

Acostumbrado como estaba a tener todo lo que deseaba en el mismo instante en que se le ocurría pensar que quería algo, sencillamente no podía concebir por qué la tarea tan trivial de elegir duquesa o duque consorte le resultaba tan desquiciante. Llevaba observando en secreto desde que cumplió los veintiocho años las ofertas de matrimonio que le ofrecía la sociedad, ya que fue entonces cuando decidió que le había llegado la hora de casarse y tener herederos. Ahora tenía treinta y dos años y todavía tenía que encontrar a una mujer o doncel adecuado para él. Maldita sea, encontrar a la esposa o esposo perfecto debería haber sido un objetivo tan fácil de lograr como cualquiera de los que se había propuesto y conseguido.

Y sin embargo...

Hizo un gesto negativo con la cabeza.

—Encontrar la cesta de los deseos sería con diferencia mucho más sencillo. —Murmuró.

Pasándose los dedos por su pelo ondulado echó un vistazo a su alrededor. El salón de color verde era una sala noble, con el techo esculpido de forma elaborada sostenido por columnas de mármol rosáceo. Cuatro exquisitas arañas de cristal colgaban del techo, produciendo unos destellos luminosos que parecían bailar sobre las cortinas de seda y las magníficas sillas doradas, todas de un suave tono verde musgo.

Esta habitación había sido la preferida de sus padres. Una pena que sus excelencias no hubieran pasado en casa el tiempo suficiente como para haber disfrutado de ella, pensó Sehun.

—Sabes, Sehun. —Dijo Chanyeol. —Que estás adquiriendo la fama de que eres un hombre totalmente imposible de agradar. Hay muchas personas que dicen que, si la misma diosa del amor y la belleza se presentara ante ti en persona, la desdeñarías.

Se levantó del diván y se acercó a su primo, que estaba delante de la enorme ventana. Con cuidado de no acercarse demasiado a Faraón, que le miraba con sus ojos de un azul glacial que prometían toda la violencia imaginable, se sirvió otro vaso del coñac de Sehun.

—La gente se está intentando imaginar a la mujer o doncel que por fin aparecerá en tu vida y que te conquistará. Y no son sólo los nobles los que se lo preguntan, sino tus inquilinos y tus criados también.

Sehun jugueteó con la base de su copa, observando cómo el coñac subía y bajaba por los bordes de tan delicado recipiente.

—Me alegro de saber que le estoy dando a todo el mundo tanto entretenimiento.

—¿Entretenimiento? —Sonrió Chanyeol con ironía. —No conoces el significado de esa palabra. No pareces tener ningún interés aparte de lo que está relacionado con las propiedades de Ambervllle.

—A excepción de la necesidad que tengo de encontrar heredero, estoy satisfecho con mi vida exactamente tal y como es.

—No tienes vida. Y si no te importa que te lo diga...

—¿Que si me importa? —Sehun dejó su copa en una bandeja de plata. —¿Desde cuándo te ha importado si me importan o no tus desagradables intromisiones? Se ha hecho cada vez más obvio que te metes en todo y no tienes nada mejor que hacer. Si yo no estuviera tan chiflado como para considerarte mi amigo, haría que no te dejaran entrar en esta casa para poder lograr un poco de paz.

Alegremente, Chanyeol continuó con el rapapolvo, una sarta de consejos que le daba a su primo por lo menos una vez al mes.

Por todo el bien que le pudiera hacer.

—Sehun, este sitio ya se parece a un mausoleo. Si tuvieras que conseguir más paz de la que ya tienes aquí, serías un cadáver. Y eso es el principio y el final de todo cuanto tenía que decirte.

—Pero no tengo dudas de que pronto llegarás a la mitad.

—Acertaste. —Dijo Chanyeol apretando el hombro de su primo. —Un primo tan dedicado como yo ha estado haciendo algunas averiguaciones en tu nombre. En vista del resultado de mis pesquisas, por decirlo de algún modo, he decidido que Chae Hae Rang y Han Hyo Joo te vendrían como anillo al dedo. Hyo Joo va a heredar la fortuna de su abuela materna, ya sabes. No se trata de una cantidad insignificante si hemos de creer las habladurías.

Sehun fingió una expresión de entusiasmo.

—¡No! Bueno, como soy tan pobre, imagino que debería pedir la mano de la dama ya mismo.

—¿Qué? Oh. Sí, la herencia de Hyo Joo no te daría más que dinero para comprar mermelada. Pero quizás alcanzara tu corazón para casarte con ella, y ¿Me podrías dar el dinero de su abuela a mí? Es terriblemente difícil vivir con la miseria que gano como inversor.

Sehun volvió a recuperar su coñac, dio un sorbo, y miró a Chanyeol por encima del borde de la copa. La mayoría de las personas podrían vivir de forma bastante cómoda con el dinero que Chanyeol hacía con sus diversas inversiones, que el mismo Sehun le había aconsejado que hiciera. Por supuesto, la mayoría de las personas no poseían la misma pasión por llevar una forma de vida tan extravagante.

Pero Sehun comprendía que no era la codicia lo que causaba la implacable fascinación que su primo sentía por el dinero y las lujosas posesiones. Más bien se trataba de los inolvidables recuerdos de una niñez desamparada.

—¿Necesitas fondos, Chanyeol?

Chanyeol sintió cómo una emoción conmovedora se apoderaba de él. Si no hubiera sido por Sehun, todavía estaría en Mallencroft arando los mismos campos que su padre y viviendo el mismo chozo medio derrumbado en que había nacido, y preguntándose día tras día si habría suficiente comida en la mesa corno para calmar su hambre.

Pero Sehun había intervenido, y Chanyeol quería a su primo corno si fuera su propio hermano. De hecho, no había nada que no hiciera o a lo que no se atreviera para ayudarle a encontrar la felicidad, una emoción que a Sehun le parecía más extraña cada año que pasaba.

—Lo que necesito. —Empezó a decir Chanyeol con tranquilidad. —Es que encuentres la verdadera alegría que tanto mereces pero que parece no poder llegarte.

Moviéndose con incomodidad, Sehun hizo un gesto con la cabeza y se quedó mirando la alfombra de color frambuesa. Nunca sabía cómo responder al afecto de Chanyeol. Ni tampoco sabía cómo expresar el suyo propio.

—¿Te importa que te recuerde que tú también tienes que encontrar una bendita esposa o esposo?

Chanyeol se encogió de hombros.

—Yo no estoy en tu misma posición. No tengo ningún título importante que legar a un heredero.

—Te presto el mío durante un tiempo.

—Ojalá se pudiera.

Sehun sonrió. Chanyeol siempre había deseado poseer un título. Desgraciadamente, un título era lo único que Sehun sería incapaz de conseguirle.

—Nos hemos alejado del tema, Sehun. ¿Qué estaba diciendo?

Sehun suspiró.

—La herencia de Hyo Joo.

—Ah, sí. Muy bien, primo, no necesitas la herencia de Hyo Joo. Pero, ¿Qué piensas de ella como persona?

—Tiene una serpiente pitón. La mascota más estrafalaria que jamás he visto.

Chanyeol dirigió su mirada a faraón.

—Una pitón es una mascota mucho más segura que esa endiablada bola peluda que tú tienes. Nunca olvidaré aquella vez en que saltó de la repisa de tu oficina, aterrizó sobre mi pecho e intentó pegar un mordisco de mi nuez. Me habría abierto la garganta si no le hubiera lanzado la jarra de agua encima. A la orgullosa bestia le preocupaba más su pelo mojado que comerme el cuello, gracias a Dios.

—Sin embargo, un gato es una mascota normal.

—Hubo un tiempo en que tenías una lagartija...

—No tenía la lagartija de mascota, cargaba con ella porque mi maestro me obligaba a estudiar los hábitos alimenticios de la criatura y...

—Estabas enamorado de la lagartija.

—No se puede estar enamorado de un reptil.

—¿Por qué no?

—Y no sólo Hyo Joo tiene una mascota absurda. —Sehun añadió, negándose a discutir la posibilidad de que hubiera lazos afectivos con una lagartija. —Sino que además le encanta montar a caballo.

Chanyeol se echó la mano al pecho, como si el susto casi le hubiera paralizado el corazón.

—¿Montar a caballo? Dios mío, ¡le deberían cortar la cabeza por cometer un crimen tan atroz!

—No me opongo a que monte a caballo, pero una vez le oí decir que llevaba tiempo queriendo saber qué se siente realizando acrobacias en un circo. Un deseo tal es realmente poco ortodoxo.

—Algo que estoy seguro ella también comprende. Simplemente le llama la atención la forma de montar a caballo en los circos, ¿no puedes entenderlo? Siempre he querido luchar con un cocodrilo, pero eso no quiere decir que me vaya a tirar a un pantano para satisfacer mis deseos.

—¿Luchar con un cocodrilo, Chanyeol? Por amor de Dios, ¿por qué...?

—Para ver si son lo bastante fuertes como para ganar el combate, por supuesto.

—Por supuesto—Dijo Sehun con ojos de sorpresa.

—Quizá deberías volver a retomar tus relaciones con Bae Joohyun. —Sugirió Chanyeol, dándose unos golpecitos en la barbilla. —Es una mujer muy bella, y por lo que sé, no tiene mascota y nunca ha dicho nada sobre el circo. Siempre que la veo me pregunta por ti. Está bastante claro que ella cree que hubo algo más en tu relación con ella que lo que tú pretendes. ¿Sabes que su padre admitió que la joven ha rechazado a otros pretendientes, incluido lord Shin Seun Ho?

—Seun Ho. —Dijo Sehun frunciendo el ceño ya fruncido de tal manera que casi se le unieron las cejas al pensar en su único rival, el duque de Bramwell, un hombre avaricioso y sin escrúpulos que había hecho todo lo posible para acabar con la hacienda de los Oh, que el padre de Sehun había comenzado.

No había tenido éxito.

Y Sehun juró que Seun Ho nunca lo conseguiría.

—Dime, Chanyeol, ¿Sigue ese peludo pisaverde molesto por lo de la mina de esmeraldas?

Chanyeol sonrió también.

—Dicen las malas lenguas que cuando supo que te le habías adelantado, se encerró en sus habitaciones y no salió durante una semana. No puede soportar la idea de que tú seas el noble más rico de Inglaterra y que él sea el segundo.

—He echado el ojo a unos vastos huertos frutales en Gloucester—Dijo Sehun, todavía con la sonrisa en los labios. —Dicen que el dinero no crece en los árboles, pero el dicho no es aplicable a estas arboledas. Conociendo a Seun Ho, seguro que está interesado por los mismos huertos.

—Muy probablemente. Lo que, es más, me imagino que también se plantea si Joohyun le mirará alguna vez de la misma manera en que te mira a ti. Cuando salías con ella, él no era sino de una masa de ira sangrante y de celos vengadores.

Sehun se sentó en la silla del respaldo de tablitas que había cerca de la ventana. Mirando al techo moldeado, trajo la imagen de Joohyun a su cabeza.

—He estado jugando con la idea de casarme con ella. —Se permitió admitir. —Pero es que... Hay algo en ella. Algo... Aunque intenta ocultarlo con mucho cuidado, tiene una naturaleza un tanto avarienta.

—¿Naturaleza avarienta? ¿Quieres decir que se interesa por tu nombre y tu hacienda? Yo también envidio tu título y tu fortuna. ¿Por qué no me echas de tu lado también?

Sehun tardó un rato en contestar. No porque no supiera qué decir, sino porque le resultaba muy difícil expresar sus sentimientos con palabras.

—Puede que tú envidies mi título y mi fortuna, Chanyeol, pero no tengo dudas de que, si lo perdiera todo, el día de mañana no cambiarías de idea con respecto a mí.

Chanyeol asintió.

—Es cierto, pero sólo porque sé que podrías de alguna manera hacerte con otro título y otra fortuna.

Incapaz de reprimirse, Sehun se echó a reír entre dientes.

—Pero, ¿qué oigo? —Preguntó Chanyeol, poniendo una mano junto a la oreja. —¿Se trata en realidad de que se me está honrando con el extraño sonido de la alegría de Oh? Es una pena no poder embotellar el sonido, porque estoy seguro de que podría hacerme con mi propia fortuna vendiéndoselo a la multitud de personas que no creen que exista.

—¡Qué gracioso! He oído decir que el rey consorte está desesperado por encontrar un bufón para la corte. Quizá deberías solicitar el cargo.

—¿Y descuidar mi obligación de ayudarte a encontrar una duquesa o duque consorte? Piénsate lo de volver a ver a Joohyun.

Sehun se tocó el hombro.

—Lo pensaré, pero...

—Y piensa también en Chae Hae Rang. Es callada y dócil. Nunca le he visto hacer nada extraño. Además, es muy sencilla. Aunque su padre podría permitirse lo mejor para ella, sus vestidos son muy modestos, y casi no lleva joyas. En mi opinión eso indica que no le preocupan mucho las posesiones materiales.

—Se deja llevar por las tonterías de la superstición. El año pasado en la fiesta de cumpleaños de Lord Tremayne, la vi mirando por la ventana con una expresión tan intensa en el rostro que estaba seguro de que había visto algún ser horrible.

Me dijo que simplemente estaba pidiendo un deseo a las estrellas.

Chanyeol se acercó a la silla de Sehun.

—Venga ya, Sehun; no hay nada raro en formular deseos a las estrellas. Cuando nosotros éramos niños te enseñé cómo hacerlo, y pedíamos cientos de cosas. Coleccionábamos tréboles de cuatro hojas, poníamos peniques en los zapatos y buscábamos el final del arcoíris para encontrar la olla de...

—Cosas de niños, y ninguno de los deseos que yo formulé se hizo realidad. Y si mi memoria no me engaña, dejé de creer en ese tipo de absurdos mucho antes de que tú lo hicieras.

Chanyeol se restregó la barba que le crecía en el rostro.

—Bueno, en realidad no he dejado de creer en los deseos que se formulan a las estrellas. De hecho, anoche esperé a que apareciera la primera estrella en el cielo y pedí una montaña de oro.

Sehun se quedó mirando a su primo.

—No me lo creo.

Chanyeol dirigió el vaso hacia sus labios, vio cómo la última gota de coñac le caía en el labio inferior, y después se lo lamió.

—Pues lo hice.

—¿Y te crees que tal tipo de sueños se hacen realidad simplemente porque se lo pidas a una bola caliente de gas?

Chanyeol sintió tanta pena por Sehun en ese momento que no resistió el deseo de abrazar a su primo.

—Lo que creo es que cuando uno deja de creer en los deseos...

—Se muere. Me sé tus discursos de memoria, Chanyeol.

—Puede que te sepas mis discursos de memoria, pero está claro que no te los has tomado en serio.

Sehun se resignó aún a otra de las charlas incesantes de Chanyeol, pero no pudo ahogar un bostezo.

—¿Aburrido, primo? Bueno, verdaderamente puedo entender el porqué. He estado en Heathcourte el tiempo suficiente como para memorizar tu monótona rutina. Te despiertas a las siete, y te bañas a las siete y cuarto. Te vistes exactamente a las ocho menos diez, y desayunas a las ocho y media. Estás en tu oficina a las nueve en punto, y...

—Te...

—Los lunes por la noche tu cocinero sabe que el plato principal ha de ser pierna de cordero con ostras. Los martes tu cena consiste siempre en solomillo de buey, servido inmediatamente después de acabar tu sopa de perdiz, por supuesto. Los miércoles por la noche toca langosta, los jueves...

—¿Qué hay de malo, por Dios, en cenar ciertas comidas ciertas noches? Los platos están todos bien hechos, y no veo motivo alguno por el que...

—Y tú quieres una mujer o doncel que se parezca a ti en tu calendario semanal de comidas. Has puesto pegas a todas las mujeres y donceles que te he nombrado porque todas quieren, hacen o tienen algo que consideras poco o nada convencional. En una palabra, una duquesa o duque consorte tiene que ser aburrido.

A Sehun se le pusieron los pelos de punta.

—Yo no creo que porque una esposa o esposo tenga una personalidad sencilla haya de ser aburrido.

—Quieres una mujer o doncel que sea tan indiferente a la pasión de vivir como tú. —Siguió Chanyeol sin hacerle el menor caso. —Que no sólo siga tu tediosa rutina, sino que además se acoja al ritmo imperturbable de la mansión de los Oh. Y que además dé poca importancia a tu nombre y a tus riquezas. Más bien, que dedique todo su tiempo desde que se levanta a ti y a tus hijos, sin que tenga ningún otro tipo de intereses en el mundo. Esa mujer o doncel será...

—Basta ya, Chanyeol...

—Ya sé por qué quieres ese tipo de esposo.

—¿Y cómo no ibas a saberlo? —Sehun contestó. —Sabes todo sobre mí, ¿no es cierto?

Chanyeol se dirigió hacia la chimenea. Cogió entonces el marco ovoide de oro que contenía una miniatura pintada de los difuntos duques de Heathcourte.

—Oh Joongki y Song Hye Kyo. —Dijo, manteniendo el marco en alto. —El amor de Hye Kyo por las aventuras exóticas todavía se menciona de vez en cuando entre los habitantes más ancianos de la ciudad. Dicen que Joongki permitía a Hye Kyo todos sus caprichos y que la llevó a escalar los picos de las montañas nevadas de medio mundo. Le concedió el deseo de montar en elefante por selvas infestadas de serpientes, la llevó a la búsqueda de tesoros enterrados desde tiempos inmemorables en fantasmagóricas islas desiertas, y le mostró termitas vivas subidas a un palo, y salvajes que llevaban cabezas reducidas colgadas del cuello y astillas de hueso atravesándoles la nariz.

—Conozco bastante bien los detalles que conciernen a los viajes de mis padres.

—No, Sehun, no es así. Ni nadie más lo sabe. Tu madre y tu padre viajaban con tanta frecuencia que no tenían mucho tiempo para describir sus grandes aventuras a nadie, incluyéndote a ti. Pasaban fuera muchos meses seguidos, y cuando volvían se quedaban en casa muy poco tiempo antes de partir en la búsqueda de otra extraña aventura.

—¿Por qué me haces esto, Chanyeol? —Preguntó Sehun. —Estoy convencido de que te pasas las noches metido en la cama con lápiz y papel, anotando todas las formas posibles que puedes buscar para ponerme de mal humor.

Chanyeol se encogió de hombros.

—Es una tarea que me da miedo, pero alguien ha de llevarla a cabo. —Colocó el marco de nuevo sobre la repisa y, con las manos entrelazadas por detrás, comenzó a caminar por la habitación. —El deseo incesante de Hye Kyo de ver el mundo hizo que tu propio mundo resultara muy solitario. Su obsesión por las cosas extrañas, que fue lo que la llevó a realizar esas salvajes excursiones, te dio a ti una terrible necesidad de las cosas más convencionales. Y su adoración por las riquezas de tu padre ha hecho que sospeches de cualquiera que se sienta mínimamente interesado por tu propia riqueza.

Chanyeol se detuvo junto al sofá, cogió un almohadón, y pasó su dedo gordo por el retorcido encaje.

—Un sentimiento de rebeldía es lo que te ha llevado a convertirte en el hombre que eres ahora. Tu vida en este momento se parece mucho más a una rebelión en contra de los recuerdos incómodos. Después de todo, un niño al que le obligan a comer guisantes cuando no le gustan los guisantes se convertirá en un hombre que nunca permitirá que un guisante entre en su casa.

—¿Guisantes? Ésa es la cosa más absurda...

—Quizá, pero describe lo que ha pasado contigo. —Con un golpecito con el puño, Chanyeol arrojó el almohadón de encaje en el diván. —¿No lo ves, Sehun? Todo lo que haces va en contra de algo que te obligaron a soportar cuando eras pequeño.

—Ya te he oído demasiadas tonterías, Chanyeol. —Dijo Sehun levantándose de la silla.

Viendo la expresión de la cara de Sehun, Chanyeol se dio cuenta de que no era su primo al que tenía delante, sino al duque severo, a un hombre cuya fría conducta revelaba un genio muy volátil.

Y con un corazón seriamente herido.

—Sehun...

—¡Basta ya!

—¿Otra vez el duque amargado, eh? ¿Qué tomas para desayunar por las mañanas? ¿Una jarra de vinagre?

—Keroseno. —Respondió Sehun sin pensarlo.

—Te sugeriría que probaras el zumo de limón de vez en cuando, pero un cambio tan radical podría sacarte de la rutina culinaria en que estás metido. —Tirando de los puños de la camisa, Chanyeol se dirigió hacia la puerta. —Sé lo afligido que te dejará la pérdida de mi cautivadora compañía, pero he de marcharme. Parece que el tiempo no va a empeorar, así que me voy a merendar con los Min. Lord y lady Min disfrutan muchísimo celebrando fiestas al aire libre durante el otoño. Oh, y si no me equivoco, hay un cementerio no muy lejos de la hacienda de los Min. Quizá sea una buena oportunidad para encontrarte una esposa o esposo.

Sehun sonrió.

—Hablaré con el rey consorte. Estoy seguro de que si te recomiendo te empleará como el bufón de su corte.

Echándose a reír, Chanyeol realizó una reverencia baja y muy dramática.

—Buenos días, Su Excelencia. Le dejo con sus amigos, Monotonía, Tedio y Aburrimiento. y buenos días a ti también, Faraón. —Dijo al gato. —Te dejo con tus amigos, Vil, Odioso y Malévolo.

Cuando su primo se marchó, Sehun se quedó mirando hacia el umbral vacío durante un instante, y después dirigió con lentitud la mirada hacia el marco dorado de la repisa de la chimenea.

Las semejanzas de sus padres parecieron devolverle la mirada. Los dos estaban vestidos con el atuendo típico de México, Joongki con sombrero, e Hye Kyo con una alegre blusa de campesina hecha con encaje blanco. Los dos estaban sonriendo, debido sin duda alguna a que estaban disfrutando inmensamente. Sehun recordó el viaje de sus padres a México. Él tenía siete años entonces.

Quizá ocho. A su madre le habían dado permiso para enfrentarse a un toro en Ciudad de México, un favor concedido después de que su padre sobornara a las autoridades con una auténtica fortuna. Sehun se interesó por todo lo concerniente a corridas de toros cuando sus padres regresaron del viaje. Pero Hye Kyo estaba demasiado ocupada intentando convencer a Joongki sobre su próximo viaje: una excursión a alguna isla tropical cuyo nombre Sehun ya no podía recordar. Allí, su madre había caminado sobre carbón ardiendo con los nativos y 1e habían perforado la nariz. Desde entonces siempre había llevado un rubí en la aleta izquierda de la nariz.

Sehun no había vuelto a saber nada más sobre las corridas de toros. Reprimió un suspiro dentro de su pecho. Salió de la habitación, pidió que le ensillaran a Magnus, su semental, y se preparó para salir a montar antes de que los muchachos del establo le trajeran el caballo a la mansión.

Pasados diez minutos se sintió demasiado impaciente para esperar más tiempo y se dirigió airado desde su hogar palaciego hacia las cuadras. Soplaba un frío viento de noviembre que le despeinó y que agitaba también los coloridos macizos de pensamientos que florecían a lo largo del sendero de guijarros que llevaba a los establos. Las botas rozaban las relucientes piedras blanquecinas, produciendo un sonido que le resultaba terriblemente molesto.

Apartando con violencia las hojas rojizas y amarillentas que le llegaban al rostro y que se le quedaban en los hombros, no se dio cuenta de la pequeña carreta de madera que, cargada de calabazas, bloqueaba su camino, y se chocó contra ella. Los frutos de color naranja luminoso rodaron por el suelo, creando una carrera de obstáculos que pusieron, si cabía más, a prueba su paciencia. Cuando por fin llegó a la cuadra, vio que el mozo todavía tenía que preparar al semental del color del carbón.

—Lo siento, Su Ex-Excelencia. —Dijo Hopkins, tartamudeando aún más debido a la intimidante postura del Duque. —Está-Está un po-poco ra-raro ho-hoy. Es el soplido del viento, imagino. —Enseguida acabó de apretar la cincha de la silla, para entregar después las relucientes riendas al duque.

Mientras Sehun poco a poco fue llevando a Magnus a un galope terrible por el campo, reflexionó sobre la descripción que su primo había hecho de la futura duquesa o duque consorte de Heathcourte. Chanyeol no se había alejado demasiado.

Pero había otro voto más que Sehun había realizado en lo que concernía a su esposa o esposo, uno que Chanyeol no había logrado discernir.

Los labios de Sehun se estrecharon en una fina línea según se recreaba en los recuerdos de su padre. Antes de que Oh Joongki se casara con Hye Kyo, había sido uno de los hombres más poderosos de toda Europa, concentrándose intensamente en las posesiones y la fortuna de Oh. Pero el matrimonio había cambiado todo. Tanto se había enamorado Joongki de Hye Kyo que había dejado de lado todas sus responsabilidades con respecto a su nombre.

Y después Hye Kyo murió.

Pero incluso después de que los viajes exóticos y el despilfarro de dinero hubieran cesado, Joongki había seguido ignorando su hacienda y a su heredero. Hundido en el dolor, se había aislado de todo el mundo y siguió a Hye Kyo a la tumba siete años más tarde.

Sehun agarró las riendas con tanta fuerza que los nudillos se le volvieron de color blanco. La pena había acabado por fin con su señoría, primero en alma, y luego en cuerpo. Y el amor había sido el motivo de una angustia tan profunda y fatal. Sehun estaba seguro de todas estas cosas. Y, por tanto, quienquiera que fuese su muy corriente y modesta esposa o esposo, Sehun había jurado no amarlo.