Capítulo 1
Nací siendo la primogénita de un gran banquero y una gran mujer, pues como era común en la época, las mujeres no tenían ningún oficio más que ser la mejor esposa y madre que la sociedad podría esperar, y al darse cuenta mi madre que había dado a luz a una niña en lugar de un varón las mucamas casi podría jurar con el corazón en la mano que se llevó una gran decepción, pues casi se desmayaba de la impresión.
En cambio, para mi padre, fui una bendición y como su heredera volcó todos sus esperanzas en enseñarme todo lo que debía saber para en un futuro quedarme con el ducado de Clue es por eso por lo que a la edad de 10 años ya hablaba 4 idiomas y también dominaba ciertos temas de matemáticas, y mis maestros no podrían estar más orgullosos de mí.
Al cumplir 16 debuté junto a las otras chicas, todas íbamos de vestidos relucientes que captaban atención, no por nada llevamos años preparándonos para esto, la emperatriz quien se encontraba en el centro nos miraba y juzgaba a todas.
Había sido un mal día para empeñarme en llevar un vestido color crema, que no solamente no llamaba la atención, parecía verme como una novia, lo cual fácilmente podría verse como un acto desesperado de llamar la atención.
—Sofía, querida, pasa a saludar a la emperatriz — Dice mi padre mientras las chicas que acaban de ser juzgadas lloran apartadas. Respiro hondo mientras camino hacia ella.
—Dios salve a la emperatriz — Me arrodillo ante ella, mientras el silencio me comienza a incomodar.
—¿Por qué no hablas? — Dice en un tono grosero.
—Su gracia no me ha permitido hablar, no quisiera ser descortés — Digo sin verla aún.
—Buenos modales, adelante — Me dice mientras levanto mi rostro.
—Su majestad, me presento, soy Sofía de Clue, primogénita del ducado de Clue, le presento mis respetos — Digo mientras me acerco a besar su mano y ponerla en mi cabeza, recibiendo una caricia de ella.
—Una chica bella, de un carácter y una elegancia digna de una princesa ¿Dijiste ducado de Clue? — Pregunta a lo que asiento.
—Sí, su gracia. Mi padre se encuentra a mis espaldas — Menciono, mientras este se acerca poniendo su mano en mi espalda.
—Duque, felicidades por su hija, ojalá fuera mía — Dice en un cumplido provocando murmullos a lo que asiento con una sonrisa, dejando ver que en realidad estaba aceptando dichas palabras —. No necesito mirar a otra chica más para mencionar que su hija es el verdadero diamante del año.
—Su gracia me honra con tales cumplidos — Dice mi padre, mientras la emperatriz manda a pedir otra silla y me sienta a su lado, toda la velada paso entre pequeñas conversaciones sobre cultura general y otras cuantas sobre el vestido de las otras damas.
Ella misma me compartía los errores en los cuales las otras damas se equivocaban, eran cosas tan sencillas como “El collar no combina con el cabello” “No me gusta su nombre” Que me dejaba mucho pensar.
Al final de la velada, y como todos esperaban, no solo fui nombrada el diamante del año, sino también como la favorita de la emperatriz, siendo la primera en ser nombrada por la misma con 2 títulos.
Mi madre no pudo estar más orgullosa de mí, quien ahora se hizo presencia en mi educación y en siendo la cual me acompañé en cada fiesta de té al palacio real. Estaba en clases de economía, cuando mi madre entra corriendo, lo cual era bastante raro, mi maestro estaba particularmente extrañado.
—¿Madre? — Pregunto mientras me aliso el vestido, esta se calma un poco mientras el profesor salió —. ¿Qué ocurre?
—El primer príncipe pidió una audiencia contigo — Me dice, mientras el miedo me recorre, el primer príncipe —. ¿Me escuchaste?
—Sí, la escuché ¿Cuándo? — Pregunto mientras mi madre me entrega la carta —. Madre, es mañana.
—Sí, tenemos que ir a comprarte un vestido, accesorios y más maquillaje — Comienza mi madre a vociferar mientras mi padre entra.
—¡Qué descortés! — Digo ofendida dándole la carta a mi padre —. Padre, considero prudente rechazar la invitación.
—¿De qué hablas? — Pregunta mi madre enojada —. Tienes que ir, podrías ser la siguiente monarca.
—Madre, dios, perdone sus pecados al hablar con tanta ambición — Digo molesta cruzando las manos —. He rechazado a cada chico que ha solicitado una audiencia conmigo que no me dé un plazo mínimo de una semana, me temo que el príncipe no será la excepción.
—Señor Clue, ¿Ya escuchaste a tu hija? Tantas matemáticas le han destruido la razón — Dice mi madre mortificada, entendía por qué lo decía, ella solo buscaba lo mejor en la clase social, pero al convertirme yo en la emperatriz, temía que el ducado terminara disuelto y el ducado de mis ancestros quería disuelto.
—Considero que Sofía tiene razón, rechazaras esa invitación — Me dice mi padre a lo que me acerco a besar su mano, agradecía el hecho que él siempre me apoyara.
En esa misma tarde escribí con mi puño como lo hice con los otros la razón por la que no asistiría, dejando ver el hecho que en realidad me encontraba molesta por su decisión tan apresurada, y al día siguiente por la mañana en la primera hoja del periódico de mi padre aparecía el hecho de que había rechazado al primer príncipe.
Detestaba estar rodeada de chismes, pues conocía realmente lo malicioso que podía ser.
—Padre — Lo llamo antes de entrar a su cubículo, este estaba con Lord White, un hombre de blanca como la nieve, lentes redondos, y un bigote pronunciando, al verlo me arrodillo, mi padre me había mandado a llamar lo cual era bastante peculiar que él estuviera.
—Sofía, el Lord, pidió una audiencia contigo. Se la he concedido — Dice mi padre levantándose.
—Si es así, adelante lo escucho — Mi padre entrecierra la puerta, mientras mi dama entra haciéndose notar como mi chaperón.
—Me gustaría tener su consentimiento para hacerle una propuesta formal de matrimonio señorita, considero que como Lord tengo mucho que aportar al ducado y — No termina de decir, pues lo interrumpo.
—Discúlpeme, pero sería prudente que hablara de un intercambio con mi padre y se abstuviera de usarme como moneda de cambio, pues supongo que lo que intenta decir es que nuestro ducado lo único que tiene que aportar es mi mano ¿No es así?
Este cambia su gesto varias veces mientras escucho la risa burlona de mi padre desde atrás.
—No quise ofender la señorita, me disculpo — Dice mientras veo que se muerde los labios, mostrándose realmente molesto. Mi padre para calmar un poco el ambiente.
—Lord White, declino su propuesta de matrimonio.
—Padre, me retiro — Digo mostrando una reverencia para irme, a quien se le ocurrió que una chica de 16 años sería una buena esposa para alguien de 39 años, este tenía la edad de mi padre, y dudaba realmente que él viera a otra chica de mi edad como un prospecto a esposa, camino por el pasillo mientras que un joven se tropieza conmigo.
—Lo siento, no me di cuenta de que estaba usted — Me dice mientras lo ayudo a rejuntar unos cuantos papeles —. He estado un poco distraído.
—No se preocupe, tenga cuidado — Le digo antes de entregarle la última hoja, y darme cuenta de que era la gestión que mi padre quería mostrarme, era un chico de cabello negro, ojos grises que quedaban un poco ocultos por sus lentes redondos, la única persona que tenía ese color en todo el imperio era el segundo príncipe, la riqueza de una persona se podrían ver principalmente en los zapatos los veo para darme cuenta de que era cuero sin duda era él —. Dios proteja al segundo príncipe. Permita que me presente.
—Yo ya la conozco a usted. El diamante más bello de la temporada y la señorita preciada de la primera emperatriz, Sofía Anahí de Clue heredera del ducado de Clue ¿No es así? — Me pregunta a lo que asiento, toma mi mano mientras la besa con gentileza —. ¿Usted sabe mi nombre?
—Claro que si su alteza, usted es el segundo príncipe Alessandro Sebastián, protector de todo lo que mis ojos me permitan ver — Este sonríe.
—La emperatriz tenía razón, tiene una educación excelente — Ambos nos reímos, mientras miramos a Lord White salir más que furioso, mientras murmuraba sobre lo grosero que fue mi padre —. Me gustaría hablar, pero su padre me requiere.
—Siento quitarle su tiempo alteza — Este sonríe, y no me atrevo a darle la espalda.
—¿Una audiencia con usted se solicita por carta? — Pregunta ocasionando que mi padre salga. Asiento con la cabeza, sin saber qué intenciones tenía el primer príncipe que esa misma tarde llegaría a mi casa con un ramo de flores como disculpa.