HUELLAS DE UN BESO #1.5

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

A veces un beso lo puede cambiar todo. Fiore Evans aprendió a corta edad que es mejor que nada la tome con la guardia baja, ir siempre por lo seguro y no llamarA veces un beso lo puede cambiar todo. Fiore Evans aprendió a corta edad que es mejor que nada la tome con la guardia baja, ir siempre por lo seguro y no llamar la atención de mala manera. Hacer lo que se espera de ella conlleva tener una vida muy limitada con sus deseos. Eso está bien, después de todo se sabe desenvolver mucho mejor en lo que ya conoce dándole muy buenos resultados. A la vuelta de la esquina están sonando las campanas de boda, nada más y nada menos que con quien ella considera el “hombre perfecto”. Sin embargo, nunca contó con que el destino la llevaría a tropezar con una persona del pasado. Una persona a quien en su momento apenas notó. Edward Hemsley es una persona que vive el momento, le gusta sentir la adrenalina corriendo por sus venas. Mientras se toma una pausa de la F1 por problemas personales, es invitado por una mujer casada a la habitación de un hotel donde tendrá que ser realmente creativo para no ser atrapado. Por fortuna, ve su salvación en una chica que resulta ser una vieja conocida. Las sensaciones que despiertan el uno del otro los conducirá a una aventura no buscada que cambiará la forma en que ven la vida. Se darán cuenta de que no todo debe ser planeado y no todo debe ser efímero.

Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

1

Londres, Inglaterra.

Mayo.

Pasar toda la noche haciendo el amor con mi novio era una de mis cosas favoritas del mundo entero. Era maravilloso que haciendo algo tan primitivo él aún me tratara con delicadeza, como si yo fuera una princesa a la que tiene que proteger y mimar. Una sonrisa se dibujó en mis labios al recordar cómo ayer, que regresamos de cenar, ni siquiera pudo esperar a que llegáramos a la habitación para besarme, despojarme de la ropa, como un adolescente con cierta urgencia. En los casi tres años que llevábamos juntos nunca lo habíamos hecho en el sofá, pero él rozaba mis curvas con la yema de sus dedos lentamente mientras susurraba en mi oído lo afortunado que se sentía y lo mucho que me amaba. Me lo hizo lento y dulce. Porque teníamos todo el tiempo del mundo y con la promesa de una vida juntos.

Unos brazos fuertes me rodearon por la cintura y me sobresalté antes de relajarme. Giré sobre mis talones para encontrarme con Henry, mi prometido. Cuando nos convertimos en una pareja, juré que mi relación siempre encabezaría mi lista de prioridades y que el trabajo jamás interferiría en mi vida personal. He visto a muchas personas arruinar sus relaciones sentimentales, familiares o de amistad solo por no dedicarles el tiempo, por no brindarles importancia relegándolas a un segundo plano con la falsa creencia de que esas personas siempre estarían ahí. Como si por arte de magia y sin esfuerzo la relación se mantendría en perfecto estado. Por mucho que deseara que las cosas fueran fáciles, nunca lo eran. Menos una relación de pareja. Hay malentendidos, discusiones, celos y podía seguir con una larga lista de cosas que interfieren afectando considerablemente la confianza mutua. Dejando una pequeña grieta donde se cuelan los rencores de malentendidos. Sin embargo, muchas de ellas son excusas que ocasionan problemas por falta de comunicación.

Personas desconocidas y otras muy cercanas a mí habían tenido ese tipo de dificultades, yo no quería pertenecer a ese grupo. Sería fracasar. Me esforzaba mucho para no tener que llegar a ese extremo. Existe un abanico de opciones para tomar las decisiones correctas antes de renunciar a algo o a alguien. Por ejemplo, mi filosofía de vida era: terminar siempre lo que empiezo, sin importar qué.

No es fácil. Algunos días me despierto y me cuestiono cada una de mis decisiones, me pregunto si valen todas las cosas que me he perdido por seguir un plan ya establecido, me pregunto si son realmente las cosas que quiero y cuando no encuentro una respuesta me dan ganas de hacerme una pequeña bolita en la cama, cerrar los ojos y seguir durmiendo. Esperando que con el sueño lleguen las respuestas. Pero no lo hacen, nunca lo hacen. Probablemente, tenga mucho que ver que yo nunca me permito sucumbir a mis placeres secretos. Decido levantarme de la cama para empezar un nuevo día, realizar a rajatabla todo lo que tenía planeado para que los resultados sean perfectos. No me permito menos que eso.

Casi siempre funcionaba.

—Buen día, mi amor —dijo Henry.

Pegó sus labios contra los míos, me dio el beso más casto del mundo. Dejándome con ganas de algo más profundo. Se dirigió hasta la mesa donde se encontraba mi desayuno servido. Más bien, mi intento de desayuno que consistía en una tostada con avocado, rodajas de tomate y una taza de té, Lady Grey. Tenía antojo de algo más sustancioso, pero me encontraba haciendo una dieta para perder los últimos kilos de más antes del gran día. Era de esas mujeres desafortunadas con tendencia a subir de peso con solo respirar y cuando lo hacía, mis curvas pasaban de ser sensuales a regordetas. Con lo que más lidiaba era con mis brazos. Era un tema para mí. No importaba cuánto peso perdiera, siempre se mantenían gruesos. Muy poco femeninos. Los odiaba. Me sacudí ese pensamiento porque no tenía importancia, lo estaba solucionando.

—Buen día —contesté. Caminé hasta sentarme frente a él—. Creí que te levantarías más tarde. ¿Acaso te desperté? Intenté no hacer demasiado ruido.

Arqueó sus cejas.

—¿De verdad lo intentaste? Porque parecía que hacías todo el ruido a propósito.

Henry me conocía y lo que conocía le gustaba junto con todas mis imperfecciones, me aceptaba como era y me amaba por completo. Yo era su talón de Aquiles. Su debilidad. La mayor parte de mí, ama eso; a la otra parte le parece un poco excéntrico que una persona se entregue sin medidas como él, pero ¿existía algo mejor que sentirse completamente segura con tu pareja? ¿Saber que eres todo para esa persona especial? A mi parecer, no lo hay. Sin mencionar que estabilidad es todo lo que necesito para ser feliz.

Sonreí un poco apenada.

—No me gusta desayunar sola.

Mi prometido empezó a negar con la cabeza. Sin embargo, terminó soltando un sonoro suspiro, me regaló una dulce sonrisa. Henry quizás sea una de las pocas personas que existen en el mundo que poseen una paciencia infinita. Él nunca se enoja, nunca pierde el control y menos conmigo.

—No hay problema, de todos modos, me tenían que despertar de algún modo —como dije, su debilidad—. ¿No es muy temprano?

Me encogí de hombros.

—Son las seis y treinta de la mañana.

—Es temprano.

Lo era, pero como estoy lidiando con hostiles compañeros de trabajo que se proponen consumir mi tiempo entregándome reportes tardíos, tengo que llegar un poco antes al trabajo, hacer un par de horas extra y poder terminar lo que tengo pendiente. También tengo que dejar todo en orden para la persona que me va a reemplazar mientras estoy en mi licencia de matrimonio. Me encantaría decirles un par de cosas a mis compañeros por dejarme realizar más trabajo del que me corresponde solo porque soy la más joven y recién llegada. Me gustaba mi trabajo, así que no me importaría poder ayudarles si se atrasaban en entregarme los inventarios, pero su poca simpatía hacia mí era evidente, se esforzaban por demostrarlo. Si ellos pudieran ver que su mala actitud solo demostraba su carencia de educación, las cosas serían diferentes. Lo peor de todo son quienes llevan más tiempo trabajando en el hotel decían que tenía que pagar «derecho de piso». ¿A quién se le ocurrió esa tontería abusiva? Por algo hacen las entrevistas, te toman pruebas para saber si estas capacitada para desempeñar el trabajo.

Pero en el fondo creo que los entendía. Muy en el fondo.

Todas sus inseguridades venían de cuando estaba haciendo mis prácticas. Mi jefe y gerente del hotel se interesaba mucho por mí, que me habituara, que todo el ambiente fuera ameno y agradable; se notaba la preferencia y no era un secreto que me estaba entrenando para un cargo gerencial. La verdad es que no tuve que empezar desde abajo. Aun así, eso no le daba ningún derecho a ninguno de ellos a tratarme de forma despectiva. Varias veces me he topado con otras trabajadoras hablando mal de mí, diciendo que soy presumida y demás tonterías. Todo empeoró cuando hace tres meses Henry en una cena me propuso matrimonio, no fue la propuesta más romántica del mundo, ni la más original, menos la que yo esperaba, pero era agradable saber que seguíamos en la misma página y queríamos lo mismo. No sé cómo llego a sus oídos lo de mi compromiso, pero los murmullos pasaron de ser presumida a interesada. Henry era el sobrino de unos de los socios del hotel. Ahí fue cuando asumieron, erróneamente, que la preferencia del gerente venia de ese detalle y el por qué no me trataba como una empleada más.

No me quejaba de la evidente preferencia porque con anterioridad yo había escogido precisamente el Lauthan Hotel para hacer mis prácticas laborales con la intención de dejar una buena imagen, que me ofrecieran el empleo fue un gran golpe de suerte. Conocer a Henry, otro. Para aceptar ese empleo tuve que sacrificar a mis antiguos compañeros de la agencia de viaje en la que trabajaba. ¡Los extrañaba mucho! Eran cálidos y educados.

—Sí, pero ayer me entregaron los inventarios justo cuando ya estaba de salida, entonces tengo que llegar temprano para terminar los pendientes y tener todo listo. —El enojo que había sentido estaba empezando a burbujear en ese momento—. Estoy segura de que lo hicieron a propósito —me quejé—. Además, no entiendo cómo pueden recibir un sueldo si no hacen nada. ¡Absolutamente nada!

Ese era mi rencor hablando, las pobres asistentes pasaban sentadas tecleando todo el día y cumpliendo algunos caprichos de los jefes, pero en este momento quejarme me pareció válido.

—Es porque se sienten intimidadas por ti, mi amor. —Frunció el ceño—. Pero si te molestan demasiado, puedo intentar hacer algo, tú solo dime, ¿está bien?

Me desahogaba con él porque tenía que hacerlo con alguien o podría explotar, pero no me gustaba que interfiera en mi trabajo. Ni que pensara que necesito ayuda para manejar a mis compañeras. Se lo había mencionado antes.

Negué lentamente con mi cabeza.

—Se aprovechan un poco porque soy nueva, pero voy a estar bien —traté de tranquilizarlo.

Me sondeó con la mirada, pero en vez de insistir con el tema se sirvió una taza de té. Estaba completamente segura de que una idea comenzó a dar vueltas por su cabeza. Siempre que quiere decir algo importante o proponerme algo se enmudece y piensa. Piensa mucho antes para después decirlo con las palabras correctas y seductoras para que aceptes cualquier cosa. A veces, muy raras veces, simplemente me dejaba con la duda. Nunca sabe cómo voy a reaccionar.

Al parecer, esta sería una de esas raras veces.

Me mantuve en silencio para dejarlo decidir y me concentré en comer mi desayuno. Al final, si era importante, lo terminaría diciendo. Si no, simplemente me obligaría a dejarlo pasar. No pensaba preguntarle. Entre nosotros el silencio es mejor.

—Tu mamá llamó tres veces a la oficina y cinco veces a mi celular haciéndome la misma pregunta.

Hice una mueca mientras dejaba mi taza sobre la mesa.

La planeadora de mi boda había estado sobre mi cuello los últimos tres meses, así que le pedí a mamá que se coordinara con ella para que me diera un respiro, después de todo, ya había tomado todas las decisiones necesarias. Solo necesitaba que supervisara que todo estuviera como yo quería, tal vez arreglar algún que otro detalle que hubiera pasado por alto. Fue un error pedírselo a ella. Yo quería que la boda se celebrará a finales de mayo, no existía otra fecha para mí. Pero solo faltaban trece días. ¡Trece! Y mi mamá en vez de ser de ayuda, estaba tomándose el atrevimiento de cambiar muchas de las cosas que ya había elegido por las que ella cree que van más acorde. En pocas palabras, estaba viviendo a través de mí y retrasando mis planes. Lo que le había pedido era muy sencillo, pero lo estaba complicando todo. Quería que fuera perfecto, en eso estamos de acuerdo, pero me agobia con nimiedades.

Al parecer, no soy a la única que agobiaba. Me sorprende mucho que se atreviera a llamar a Henry. Desde que anuncié que me casaría con él, todos los miembros de mi familia casi que lo veneraban y procuran no entrometerse. Mamá estaba por las nubes presumiendo del novio de su única hija.

—¿Qué es lo que quería? —pregunté.

—Si prefería rosas rosadas o blancas.

Su cara de desconcierto fue muy cómica, me hubiera divertido más si mi mamá no se estuviera tomando demasiadas atribuciones que no eran su asunto. Haberle pedido ayuda la convertían en mi problema. Fui yo quien decidió involucrarla en vez de delegarle esto a una de mis damas de honor. Pero la tradición dictaba que la madre tenía que estar involucrada en todas estas cosas, ¿no?

Ridícula tradición y tonta de mí por seguirla.

—¿Y cuáles prefieres?

Henry me miró como si estuviera perdiendo la cabeza.

Sonreí dulce. Él odiaba esto de los preparativos.

—Mi amor —dijo con voz apaciguadora—, te comprometiste a hacerte cargo de esto, por eso pusimos la fecha tan próxima y eres tú quien quiere cien invitados.

—Tu familia es numerosa y si no invitamos a todos podrían enojarse con nosotros. —Por un momento pensé que todo este alboroto se debe a que yo quiero que salga todo perfecto en tan poco tiempo—. Sin embargo, tienes razón. Dije que me haría cargo de toda la planificación de nuestra boda y quiero hacerlo, de verdad. Pero prácticamente no he tenido tiempo. Creo que quizás deberíamos cambiar la fecha y casarnos en septiembre, como propusiste desde el inicio.

Las invitaciones ya estaban enviadas, la iglesia y el salón ya estaban reservados, el catering, la decoración y entretenimiento también estaban contratado, solo pensar en volver a pasar por todo eso me erizaba la piel.

No, definitivamente no me hacía ilusión tener que esperar hasta septiembre. Con la mirada, Henry me dijo que él tampoco aguantaría a mamá sobre nosotros. ¿Cómo iba a hacer para arreglar todos los cambios que se produjeron con ella a cargo? ¿Y qué haría para que todo estuviera listo en menos de dos semanas? Podía simplemente dejarlo así, después de todo trece días no son nada. Como si me hubiera leído la mente, mi prometido dijo:

—¿Por qué no te tomas estos días adelantados para asegurarte de que todo salga a tu gusto? Solo son algunos detalles que debes supervisar, ¿verdad?

Asentí, pero no era así. Tenía que hacerme la prueba final del vestido, ver que el menú del catering estuviera perfecto, asegurarme de la decoración de la iglesia y que el salón no llevara rosas, estar segura de cuántos de los invitados confirmaban la asistencia y muchas cosas más que podrían salir en el camino.

Suspiré, Henry tenía razón. Me vendría muy bien tomarme estos días, también podría buscar un tiempo para relajarme. Lo necesitaba. Sin embargo, no es la mejor carta de presentación para un trabajo en el que sigo siendo la nueva y en el que tus compañeras te odian.

—No creo que me den permiso, Henry —exhalé.

Henry se encogió de hombros restándole cualquier importancia a mi preocupación.

—Puedo hablar con mi tío antes de mi viaje.

Me quedé helada. ¿Viaje?

—¿Qué viaje?

En trece días íbamos a casarnos y quería que yo adelantara mi licencia de matrimonio un par de días más de los que ya me aprobaron para nuestra luna de miel, pero, él iba a irse de viaje y dejarme todo este embrollo a mí sola.

Yo estaba organizando esto. Yo quería que sea pronto. Yo quería que todo salga perfecto, pero era nuestra boda. De los dos.

Él no podía simplemente irse.

Él tendría que estar poniendo un poco más de interés en nuestra boda.

Presintiendo que mi exasperación estaba creciendo, intenta apaciguarme.

—Tengo que ir a supervisar una obra fuera de la ciudad, es cuestión de unos días, cariño. Cuando regrese, prometo que me tendrás a tu disposición para ayudarte en todo lo que necesites. Lo único que puedo hacer es conseguirte más tiempo libre.

Eso no sirvió para tranquilizarme, por alguna razón me molestó muchísimo.

—No puedo tener más tiempo libre, solo llevo unos meses en mi puesto de trabajo.

—Mi tío es unos de los inversionistas y él no va a tener problema en concederte más tiempo libre.

¡Ya lo sé! Mordí mi lengua para no gritarle. Después de todo, mientras hacía mis prácticas en el hotel como asistente del gerente fue cuando nos conocimos. Ese hecho era solo otra cosa por las que mis compañeras de trabajo me odiaban. Creían que por eso me habían contratado y evitó que una de ellas fuera ascendida. No quería darles más motivos para que su hostilidad hacia mí aumentase.

Si era sincera conmigo, se notaba que los altos mandos me trataban diferente desde que Henry y yo formalizamos nuestra relación, pero me negaba a pensar que mis compañeros pudieran tener razón y solo me dieron el trabajo por quien es mi prometido. Eso sería rastrero. Yo me había quemado las pestañas estudiando, siguiendo un sistema para ser la mejor de mi clase, así obtener excelentes calificaciones y ser eficiente en mis prácticas. Yo era la más indicada para el puesto, punto. Me lo había ganado.

Nadie me regaló nada.

Odiaba que la duda me invadiera haciéndome sentir insegura. Era buena en lo que hacía. Sin embargo, la actitud de Henry respecto a esto me exasperaba y no ayudaba.

—No, Henry, no quiero que muevas tus influencias para que me permitan tener más tiempo libre. Si tú no puedes tomártelo, entonces yo tampoco —dije pronunciando despacio cada palabra.

Quería dejar muy claro que entre nosotros no existían las diferencias. Henry es un tanto tradicional y a veces un poco machista, nunca pierde oportunidad para decir quién es su familia y sacar provecho de ello. Respiré profundo. Nunca antes tuve la sensación de que estaba menospreciando mi trabajo y que lo conseguí es debido a él. Nunca antes sentí que está pidiendo más de lo que yo estoy dispuesta a entregar.

Pensándolo mejor, si cedía en esto con él, estaría dándole la impresión equivocada de que en un futuro podría persuadirme en otras cosas y no. Yo sé a la perfección lo que quiero y cuáles son mis prioridades. Un hombre que me mantuviera no entraba en ninguna de mis listas.

Henry colocó su mano sobre la mía, cubriéndola.

—Solo fue una sugerencia, tú mandas.

Nos miramos por varios segundos, contemplándonos. Esas eran las palabras que quería escuchar. Sus ojos tenían una chispa de rebeldía y de algo más que no logré descifrar, pero era suficiente para instalar un mal sabor en mi boca.

Mi estómago dio una voltereta.

Esa mirada no era nueva. En el transcurso de nuestra relación apareció un par de veces y él siempre lograba ocultarla antes de que yo la descifrarla, haciéndome pensar que solo era mi imaginación. Esa vez no fue tan rápido, estaba ahí. Aun no sé con certeza lo que significa. Lo que sí sé es que no gusta nada.

—¿Cuándo piensas regresar? —pregunté.

—Como ya dije, son solo un par de días. Probablemente regrese el sábado.

Él está actuando todo conciliador y amable, pero lo único que logré escuchar con claridad fue el «probablemente». Eso no me servía. Necesitaba certezas no probabilidades.

La familia de Henry era la fundadora de la Faron Corporation y él trabajaba como arquitecto en ella, y los viajes por su trabajo ocurrían frecuentemente. La empresa de construcción era una de las más exitosa en la región y Henry es muy bueno en lo que hace, así que tiene que supervisar varias obras en persona. Algunas fuera de la ciudad, otras del país, lo que provocaba que estos viajes terminaran durando más de lo que me aseguraba en un principio. Siempre ocurrían imprevistos.

Ignorando la advertencia de que no lo presione, le informé:

—Necesito exactitud, no una posibilidad.

Él suspiró fuertemente, un indicio de que estaba perdiendo la paciencia.

—Sábado, regreso el sábado sin falta —dijo con un tono fuerte que me tomó por sorpresa, después sonrió soñador—. No me perdería por nada mi boda con la mujer más hermosa en este mundo.

Parpadeé, sorprendida por la facilidad que tiene de cambiar de humor.

Esa actitud va mucho más con Henry. Galante y diciendo cosas cariñosas. Era una de las cosas que más me gustaban de él. Nunca ha habido un solo día en que no me haga algún cumplido, un mimo, una sonrisa. Era todo un caballero.

Me relajé.

—Cada vez que dices eso, te creo menos.

—¿Por qué? Si eres la más hermosa.

Puse mis ojos en blanco mientras mis mejillas se calentaron de placer. No tenía nada de lo que preocuparme, si yo estaba nerviosa por nuestra boda, él lo estaba aún más. Si decía que estaría de vuelta el sábado, así sería. Él no sabía mentir y hace cualquier cosa por mí. Regresaría a tiempo. Regresaría conmigo. No cabía ni un atisbo de duda de que Henry está perdidamente enamorado de mí.

Esta vez lo he hecho bien. Esta vez todo estaba saliendo como quería.

El desayuno prosiguió de un humor más agradable. Como siempre pasaba entre nosotros. Mi prometido y yo no peleábamos casi nunca, y si por casualidad llegábamos a discutir se nos pasaba rapidísimo y a los minutos ya estaba todo como si nada. El truco era que él terminaba cediendo en casi todo. A veces me gustaría que me diera un poco más de pelea, que se impusiera un poco más, deseaba que no me cuidara tanto y que solo permitiera que su crudo instinto hablara, que me hiciera las cosas un poco difíciles solo para no caer en la rutina y hacerlo monótono.

¿Qué estaba pensado?

No quería ningún drama entre nosotros. Me gustaba cómo todo nos salía fácil, cómo las preocupaciones no logran alcanzarnos. Por eso lo escogí.