[ChanBaek] TINDER

Sinopsis

BaekHyun creía que alguien allá arriba lo odiaba, y es que no podía ser cierto que el tipo del cual había estado colgado desde hace ya mucho tiempo, tuviera la osadía de tener un perfil en Tinder y pasar de su culo. (Publicación Original 2018)

Genero:
Romance
Autor/a:
Flower Lady
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Tenía que ser una joda.

Abrió sus ojos perfectamente maquillados de negro y su boca tomó forma de “o”, soltando un suspiro de incredulidad. ¡Tanta fue la impresión que casi se levanta del sillón en el que estaba enterrado!

Una broma de muy mal gusto.

De hecho, arregló su cabello castaño y miró hacia ambos lados, buscando la puñetera cámara oculta. No había otra explicación razonable que le aclarase por qué carajo estaba viendo aquello en la pantalla del móvil de su amigo.

Kim JongDae, un chico de cabellos rubios, ojos oscuros y labios finos, cuya comisura estaba curvada hacia arriba como la linda boca de un gato, lo miraba impaciente esperando una respuesta.

—No es él.- Se negó rotundamente. Frunció el ceño y se quejó de brazos.— ¿Ahora podemos terminar el informe de una vez? Se supone que por eso nos vinimos a tu casa.

Siempre era lo mismo, la verdad estaba más que acostumbrado a llegar a la casa de su compañero a hacer tareas para terminar hablando sobre cualquier cosa irrelevante y absurda que les pasara por la mente. De hecho, la última vez acabaron viendo videos de gatos botando cosas en YouTube, evadiendo olímpicamente sus responsabilidades. Pero ahora simplemente quería pasar del tema, a pesar de sentir ese sabor amargo en la boca que le dejaba el tener dudas e inseguridades. Necesitaba terminar el informe y correr a su departamento.

— Si lo es, es cierto que pueden coincidir los nombres pero, joder, mira la condenada foto. Es él.

El chico de la foto era guapísimo. Cabello negro, ojos grandes, oscuros y profundos y esos labios preciosos, rellenos, estirados en una sonrisa de lado. Era una selfie, por lo que podía ver su largo cuello y el delgado pero musculoso brazo con el que sujetaba el teléfono.

—Alguien tiene que haber buscado en Internet y encontrado su Instagram. Está lleno de enfermos de la cabeza haciéndose pasar por chicos guapos para conseguir un ligue.

Byun BaekHyun, deja de ser irrazonable.

—Tu estas siendo irrazonable. ¿Cómo se te puede llegar a cruzar por la mente si quiera qu—?

—“Solum omnium lumen”.- Lo interrumpió el rubio.- ¿No es eso lo que tiene tatuado en su brazo izquierdo?

El castaño no quiso asentir, a pesar de que lo que decía era correcto.

—Está escrito en su descripción. Acéptalo, Baek.

—Me voy a casa.

Anunció enojado, guardado todas sus pertenencias sin cuidado en su mochila negra, apurado. No iba a pasar un segundo más en ese apartamento con JongDae insistiéndole con esa gilipollez. El dueño de casa intentó detenerlo, le dijo mil y un cosas pero simplemente se resistió y salió por la puerta principal lo más rápido que pudo.

Tomó la locomoción colectiva. Hacía un frío de puta madre y él había salido con unos vaqueros rasgados en las rodillas, una polera básica blanca y una camisa a cuadros negra amarrada a la cintura. Parecía un maldito modelo; un maldito modelo con un trasero espectacular.

Un maldito modelo que iba a llegar mojado hasta los huesos porque se había largado a llover. Mierda, siempre dejaba que su vanidad le hiciera olvidar ver el informe del tiempo.


Ya eran pasadas las siete de la tarde, hace una media hora se había largado a llover a cántaros y la verdad es que moría de hambre, pero no estaba dispuesto a cenar sin terminar de ver el capítulo de Boruto que acababan de estrenar, aunque llevaran ya cuarenta y nueve episodios emitidos de un gran y ridículo relleno que parecía ser la idea de la serie.

Bueno, no es como que tuviera muchas habilidades culinarias tampoco como para siquiera tener ganas de ir a por algo que meterse a la boca. No le quedaba comida porque tuvo la brillante idea de repetirse el almuerzo sin pensar en las consecuencias. Generalmente era su compañero de piso quien le preparaba la comida a cambio de que él hiciera el aseo de los baños y lavase los trastes. Lástima que hoy fuese a llegar tarde por estar haciendo un trabajo para la universidad.

El moreno se estiró en la silla, sin despegar los ojos de la pantalla del ordenador. Vestía un pantalón de buzo negro y una sudadera sin mangas negra también. Su cabello oscuro estaba revuelto y unos anticuados lentes de marco redondo colgaban de su nariz. Para ser honestos, era un Otaku. Su habitación tenía tan sólo una puerta que daba al baño, empapelada en posters de series de animación japonesa muy antiguas (clásicos de ayer y hoy, como Evangelion) y otra que daba al pasillo, donde figuraba su preciado poster de Star Guardian Lux de League of Legends. Su cama era grande, porque sus largos ciento ochenta y cuatro centímetros de cuerpo requerían espacio, pero con simples sábanas grises y sobre ella, colgaba la bandera pirata de One Piece.

Su escritorio, en el que se encontraba ahora, estaba frente a la ventana que tenía la mayor parte del tiempo las cortinas cerradas, y al lado de este estaba el mueble donde habían tanto mangas como figuras coleccionables. Oh, también tenía una guitarra con la firma de los integrantes de la boyband TVXQ, porque ellos habían hecho un remake del mejor opening de anime de la historia: We Are!

Era su cosa favorita, no sólo por lo especial que era la firma y lo mucho que amaba la música, sino porque se lo había regalado el hombre del que estaba enamorado: su compañero de piso y mejor amigo, Byun BaekHyun. Lástima que tenía que conformarse con soñar que se besaba con el castaño noche por medio, porque no había opciones reales de algún romance entre ellos.

Byun BaekHyun era el hombre más caliente de la maldita universidad. Estudiante de Música y Artes, ídolo de la mitad del Campus. Su rostro de rasgos finos, su cabello siempre perfecto, su trasero bien formado y ese puñetero buen gusto para vestirse lo hacían sin lugar a dudas ser a quien todos querían invitar al Baile de Primavera. Aún le costaba trabajo comprender como es que se hicieron amigos, años atrás durante la secundaria. Porque un friki, alto y un tanto torpe y el chico más deseado de todo el maldito colegio (porque esto de parecer una superestrella y que todos quisieran meterse dentro de sus pantalones venía desde sus primeros años de adolescencia) siendo mejores amigos no era una asociación que alguien haría a la primera. Pero la cosa es que lo eran, y desde hace años. La misma cantidad de años que llevaba suspirando como tonto enamorado por él.

Porque el chico era especial. No era engreído, a pesar de que se sabía jodidamente perfecto, aunque si vanidoso y caprichoso. Era infantil a su manera, amaba los perros gordos y odiaba el animé. Siempre lo defendió (a pesar de apodarle “gigante” y “Dumbo”) de los matones de la escuela, sin importarle medir un metro setenta y tres y ser literalmente el más bajito de la generación. Siempre lo ayudó con las tareas de Biología, y él le devolvía la mano enseñándole inglés y japonés.

Además, cantaba como los dioses. Le gustaba mucho cuando, de la nada, le pedía tomar la guitarra que le había regalado y lo hacía tocar alguna canción pop de moda para pasar el rato. Podían compartir casi todo, menos sus sentimientos por él, claramente. Lo conocía desde el pelo hasta la punta de sus pies: sabía cuándo tenía miedo, cuando estaba enojado, cuando estaba triste, cuando tenía ganas de comer chatarra y cuando era prudente comprarle un chocolate porque había tenido un día de mierda.

A veces deseaba ser un poco más osado, salir de fiesta con él a una discoteca, beberse un par de tragos coquetos en la barra, invitarlo a la pista de baile, moverse muy pegados y después acorralarlo contra la pared más cercana y follárselo con una sucia canción latina de fondo.

Una vez lo intentó, quiso invitarle a algo, pero ese mismo día el desgraciado llegó con Oh Sehun de la mano, presentándolo como su jodido novio. Ese maldito crío era hermoso también. No había forma de negarlo (además era popular y el delantero estrella del equipo de fútbol). Recordó haberse puesto los audífonos esa noche, tratando de no llorar viendo una maldita serie de comedia, pero le fue imposible. Lloró como una magdalena imaginándose lo que podrían estar haciendo los dos en la habitación de al lado. Lloró hasta que le dio hipo, con el puñetero Shin Chan mostrado sus nalgas de fondo.

Terminaron al rato. Pero sólo dos meses del noviazgo de BaekHyun y el otro chico bonito bastaron para destruir su frágil corazón, y los ligues de una noche que traía el castaño (y que creía no notaba) de vez en cuando terminaron de enterrar su autoconfianza y sus esperanzas.

A BaekHyun no le interesaba en lo más mínimo.

Por eso se tenía que conformar con vivir con él y observarlo en silencio. Salir de compras y dejar que le eligiera la ropa, disfrutar de su deliciosa comida, ver películas de terror y dejarlo acurrucarse en el sillón tomándolo del brazo. Tenía que contentarse haciéndolo reir (una risa estruendosa) con videos absurdos que encontraba en la red o grabando las gilipolleces que decía cuando llegaba pasado de copas.

Por eso siguió el consejo de su gran amigo KyungSoo y se propuso a si mismo intentar de buscar consuelo en otro, y tratar de al menos perder su virginidad; cosa que le estaba saliendo pésimo porque salió una única vez la semana pasada y terminó por huir corriendo del baño de un Pub en el que había estado besándose apasionadamente con un lindo joven bajito al que accidentalmente llamó “BaekHyun”.

Fantástico. Se fue de ese lugar con dos shots de Tequila en la sangre, veinte dólares menos en la billetera, un golpe en la cara y una erección que tuvo que llegar a atender a su casa por estar pensando el desgraciado que no lo miraba en vez de en el lindo chico del local. Tenía veintidós puñeteros años y aún su entrepierna no había conocido más que su mano derecha.

Necesitaba hacer algo con sus estúpidos sentimientos. Tanto así que terminó por descargarse una aplicación.

Paff.

El ruido de la puerta sonar indicó que el dueño de sus pensamientos había llegado a casa. No se percató que aún era temprano. Subió el volumen, tratando de sumergirse en sus audífonos y disfrutar de la magnífica banda sonora de la serie.

No escuchó las fuertes pisadas del chico que acababa de llegar caminando en dirección a su habitación. Tampoco lo escuchó abrir la puerta. Sólo se dio cuenta de su presencia cuando lo llamó por segunda vez, dándolo vuelta con la silla y sacándole los audífonos. Vio como apoyó sus manos una a cada lado de su silla, acorralándolo.

—Park ChanYeol.- Su rostro dolorosamente cerca del suyo.

Carajo, estaba enojado. Y no sabía por qué. Encima estaba estilando.

—Llegaste temprano, Baek. Pensé que tendría que ordenar pizza o algo. ¿Cómo te fue con tu infor—?

—Cállate.- Lo cortó.- Quiero que me expliques qué mierda está pasando por esa maldita cabeza tuya.

—¿Qué? Estoy viendo Boruto, joder ¿qué explicaciones quieres que te de? ¡Y estas mojado!

—Obvio que estoy mojado, gigante estúpido.- El moreno frunció el ceño ante el insulto.— No me refiero a tu tonta serie.- Lo miró a los ojos tan serio que pensó moriría.

—BaekHyun, estás siendo un bastardo y no entiendo por qué.

—¿Ah, no?.-Eso fue sarcástico, estaba siendo un desagradable.—Entonces explícame: ¿por qué carajo estás en Tinder, ChanYeol?

Pudo ver como los ojos del idiota de su mejor amigo, sentado en la silla giratoria de su escritorio, se abrían como platos con obvia sorpresa.

BaekHyun se había acercado muchísimo a su rostro, porque lo conocía, y sabía perfectamente que a esa distancia sería capaz de reconocer una mentira. ChanYeol era de por sí un mal mentiroso, porque se ponía nervioso al sentirse juzgado, y siempre desviaba la mirada o evitaba mirarle a los ojos cuando le estaba ocultando algo, omitía información o simplemente no quería responderle.

—¿Cómo demonios sabes tú eso?.- BaekHyun frunció el ceño aún más. ¿El maldito orejón ni siquiera intentaría negarlo?

—¡Tienes una cuenta en una jodida aplicación para ligar, Yeol!- Explotó empujando la silla y separándose del chico para cruzarse de brazos, ignorando deliberadamente la pregunta porque no le parecía para nada relevante.- Tienes Tinder, joder.

—Bien ¿Y cuál es el maldito problema?- El más alto se levantó, imponiendo su metro ochenta y cuatro. El castaño odiaba cuando su amigo hacía eso, lo hacía sentir pequeño, y a decir verdad lo intimidaba un tanto.- Que yo recuerde no es ilegal querer ligar, BaekHyun. Estarías jodidamente preso a estas alturas.

El aludido se ofendió, chasqueó su lengua con evidente desagrado pero no se molestó en contestarle, le urgían otras cosas. Como por ejemplo, descubrir que pretendía el chico haciendo semejante estupidez. (Aunque la verdad de las cosas, es bastante obvio para qué te descargas ese tipo de aplicaciones de todos modos)

—¿Con gente que no conoces?

—Oh vamos, seguro conocías de antemano al idiota que metiste hace dos semanas aeste mismo departamento y te follaste hasta que la vecina del 714 decidió golpear con la escoba para pedirte que lo hicieras en silencio.

El moreno estaba molesto. Sus orejas, que a BaekHyun le encantaba criticar cuando se cabreaba con él (pero que en realidad, le parecían adorables), estaban rojas de ira. No entendía como carajos se habría enterado su amigo que se había creado un perfil en Tinder, si el maldito ni siquiera tenía una cuenta en la estúpida aplicación. Estaba absolutamente convencido que esta vez, el castaño estaba siendo injusto. Le había roto el corazón en pedazos cada vez más pequeños desde el día en que había decidido traer al departamento a ese gilipollas de SeHun, su ex novio, y no contento con ello, esporádicamente salía de fiesta con JongDae y volvía con algún ligue. ¿Por qué tenía que hacer semejante escándalo ahora que había decidido dejar de sufrir inútilmente por él (aunque claro, no se daba ni por enterado) y buscar consuelo en alguien más?

—No es lo mismo conocer a una persona de carne y hueso que hablar con alguien a quien no le ves la puta cara.- Le respondió el castaño.—No sabes quién es realmente el que está detrás de la pantalla. Podría ser un maldito psicópata, o tener una personalidad de mierda. No puedes ir por la vida buscando sexo casual con una persona de la que sólo conoces la foto de perfil, ChanYeol.

—Seguro tú le ves la personalidad a los tipos que te follas cuando los examinas desde la barra con un shot en la mano, BaekHyun.- Bufó.- Y además ¿por qué asumes que quiero tener sexo? Quizás sólo busco salir de mi apartamento.

—Nuestro apartamento ChanYeol, y mierda, Tinder no se usa para conocer gente para jugar a la casita. Puedes conocer gente de otra forma si eso es lo que necesitas. A MinSeok lo conociste jugando League of Legends,

Joder, que molesto se sentía el bajito. ¿Estaba de broma? ¿Conocer gente? ¿No le bastaba con él acaso? Claramente no. Nunca lo iba a mirar cómo él quería de todos modos: Era el hombre más deseado en el campus y el estúpido friki con el que vivía pasaba de él.

—Baek, no a todos se les hace fácil como a ti ¿entiendes? ¿O tengo que recordarte que la última vez que salimos me quedé solo en la barra cuando tú te fuiste a regalarle una mamada al chico guapo de la clase de Literatura?

Oh Dios, ChanYeol estaba más que cabreado. Este maldito teatro no era justo, ni era bueno para su corazón. Visto desde fuera parecía un común y corriente ataque de celos, pero él sabía (o creía saber) muy bien que su mejor amigo no tenía ningún interés romántico ni carnal por él. Sabía que no le atraía en lo más mínimo, por mucho que disfrutaran de una bella relación, por mucho que se tomaran de las manos en la calle para no separarse cuando había mucha gente, por mucho que se pegaran mucho al ver películas de terror sin querer admitir en voz alta que morían de miedo, por mucho que el pequeño usara todas sus malditas sudaderas (que le quedaban tan grandes y lo hacían ver tan bonito, maldición), o que salieran a cenar solos y tuvieran esa ridícula idea de probar todos los locales de hamburguesas de la ciudad para puntuarlos luego. Su relación no era más que una perfecta amistad desde sus días de secundaria. Una que agradecía enormemente.

Byun BaekHyun era la persona que más quería, y también quien más lo dañaba. A estas alturas del juego ya no le estaba bastando con ser su amigo, no podía simplemente pasar de su hermosa sonrisa sin sentir esas cosquillas extrañas en su estómago, no podía evitar hacer idioteces en su presencia para sacarle una carcajada sólo porque su risa era linda, o aprenderse esas terriblemente aburridas canciones pop de moda sólo para poder pasar la tarde tocando guitarra y cantando con él. Le dolía tener esos mini-infartos cada vez que al más bajito se le ocurría pasearse con una minúscula toalla a la cintura después de la ducha, buscando alguna prenda que dejó olvidada en cualquier lugar menos su cuarto, le dolía verlo salir con sus mejores pintas a buscar a alguien más con quien pasar la noche (y aun así le regalaba delineador negro de vez en cuando, porque Dios, que bien se veía con los ojos maquillados. Mierda.) cuando él se moría por tenerlo entre sus brazos y hacerlo gritar su jodido nombre la noche entera.

Por eso es que siguió el absurdo consejo de KyungSoo, porque tenía que de alguna forma olvidarse de lo enamorado que estaba.

Pero todo se había ido a la mierda. Ahora sólo estaba enojado, enrabiado, triste, descompensado. Tanto así que estaba soltando detalles de la vida sexual de su amigo que le molestaban, y que jamás le había echado en cara. Porque estaba celoso, obviamente estaba celoso. Quería ser el mundo de BaekHyun y él no lo dejaba, ni siquiera se daba por enterado a pesar de que todos sus amigos le decían que a kilómetros cualquiera podía decir que babeaba por el castaño. Deseaba a veces no ser tan raro, no ser un friki del animé, tener más coraje. Quizás así el chico bonito lo miraría con otros ojos, lo llevaría a un club, bailaría muy sucio con él hasta la madrugada, sólo para volver al departamento y besarlo montado en la mesa de la cocina.

— ¡Ya basta de hablar de mi vida sexual! – Le gritó ofendido, pudo ver un leve sonrojo en sus mejillas, y sentir su voz temblar.

—No estaríamos hablando de ella si no te quisieras inmiscuir en la mía, carajo.– Le gritó devuelta.

—¡Yo no uso Tinder, ChanYeol!

—No estás en posición de criticar mis elecciones si tú te pasas buscando a quien montarte, como un maldito animal en celo. Joder.

—¡No soy una maldita prostituta!- Se puso de puntillas y lo agarró del cuello de su polera, ofendido.

—Claro que no, cariño.- Respondió empujándolo para que lo soltara. No quería sentir su tacto, lo quemaba.- No te pagan por abrir las piernas, lo haces gratis.

Mierda. La había cagado.

Oh si, Park ChanYeol la había cagado. Vio como los deliciosos labios de su amigo se abrían y cerraban, tratando de responderle algo pero no podía, estaban temblando. Sus ojos se llenaron de lágrimas en un segundo y retrocedió. Creyó que iba a golpearlo, pero no pasó. Sólo tembló, y claro, su cabello estaba goteando aún, su polera blanca pegada a su cuerpo y sus pantalones se veían medio tono más oscuros. Había olvidado ese detalle: Afuera estaba lloviendo y BaekHyun había salido sin chaqueta y sin paraguas. Quería decirle algo, porque el silencio incómodo que había lo estaba sofocando, pero su mejor amigo le dedicó una dolida mirada, se dio media vuelta, y salió de su habitación dando un sonoro portazo.

BaekHyun quería llorar. Tanto así que una vez estando fuera de la habitación del moreno dejó caer todas lágrimas que había acumulado en sus ojos, no queriendo verse débil delante del estúpido gigante. Maldijo el minuto en que a JongDae se lo ocurrió que era una buena idea mostrarle el perfil de su amigo en Tinder.

Mierda.

No era capaz de controlar sus celos. Park ChanYeol era su mejor amigo desde la secundaria. Por algún extraño motivo le pareció que era un chico genial, por eso no dudó en acercarse e incluso defenderlo de los matones de la escuela, que no dudaban en burlarse de él porque era muy alto y de gustos diferentes. Desde ese día que le extendió la mano para saludarlo con una amplia sonrisa el primer día de clases, se habían vuelto inseparables, y cuando entraron a la Universidad decidieron arrendar el departamento juntos, incluso eligieron el número a conveniencia (614. A Baekhyun le gustaba el número cuatro, y ChanYeol tenía una extraña fijación con el sesenta y uno). Era su persona favorita, y a pesar de todas sus diferencias, le parecía que era lo mejor que le había pasado en su corta vida.

Eran años conociéndose y descubriéndose. Y jamás, jamás, el moreno le había escondido algo. De hecho, nunca le mencionó si quiera que quisiera una pareja, casi había pasado por alto que tenía necesidades biológicas que atender, como tener sexo, por ejemplo. El alto era virgen. Un otaku, un poco torpe y un maldito virgen. Y le gustaba así, joder. No quería entregarlo a nadie más, porque estaba enamorado del idiota.

Mentiría si dijera que siempre fue así, de hecho, no sintió mariposas en el estómago ni nada parecido hasta hace poco más de un año. Nunca reparó en las buenas cualidades de novio de ChanYeol, ni en lo guapo que era, hasta ese día domingo que se había levantado de madrugada a buscar un vaso de agua porque tenía muchísimo calor. Recordaba perfectamente haber visto la luz de la pieza del chico encendida pese a las altas horas de la noche, y con curiosidad se asomó para ver que sucedía, quizás invitarle a hacer algo ya que estaban ambos despiertos. Y carajo, casi se le seca la boca cuando lo vio. Estaba cambiándose la sudadera que usaba como pijama por otra limpia y fresca. Su cabello rojo en ese momento estaba revuelto, su piel brillaba un poco pues estaba sudando, y ese abdomen. Mierda. Sabía que ejercitaba, sabía que tenía unos ojos preciosos y que el rojo le quedaba bien. Sabía todo eso desde que lo conoció y jamás lo había visto de la forma en la que miró esa noche, con el vaso de agua temblándole en la mano, mordiéndose el labio inferior y deseando entrar a la pieza y bañarlo en besos y mordiscos.

De primeras pensó que había sido sólo porque hacía calor ese bendito domingo y estaba cansado por el desvele. Pero estuvo dos semanas completas pendiente de cada movimiento que hacía el alto, cada broma o toque que le regalaba el chico lo hacían sentir una pequeña descarga eléctrica y cada suspiro cansado que soltaba su amigo le sonaba asquerosamente erótico. Entonces, decidió que era un calentón. Pues bueno, analizándolo objetivamente BaekHyun era un joven guapo, que vivía con otro chico guapo, y que jamás había tenido novio y desde los dieciocho no besaba a nadie sobrio. Obviamente el ver que su compañero estaba en forma bajo su aura friki lo había descolocado y se le había subido a la cabeza (y bajado a otros lugares de su cuerpo también). La voz grave que tenía lo derretía. Sentía un cosquilleo en su bajo vientre con cada abrazo y con cada susurro inocente en el oído y eso lo tenía jodido.

Porque tener un calentón por tu mejor amigo está jodidamente mal.

Trató de ignorarlo un tiempo, hasta que se descubrió a si mismo soñando que ChanYeol lo besaba apasionadamente en el sillón de su sala e ignoraba completamente la película de One Piece que le había obligado a ver.

Pensó en besarlo en una fiesta en casa de KyungSoo, quizás si lo hacía se le quitaban las ganas que le tenía, como cumplir el capricho o algo así. Esa noche estaban todos un poco pasados de copas, hacía un calor de los mil demonios y el tipo se había vuelto a teñir moreno, viéndose aún más guapo. Estaban hablando gilipolleces que ya ni recordaba en el baño, escapando un poco de los gritos descontrolados que JongDae hacía cada vez que ganaba una partida de póker (se estaba haciendo millonario a costa de los amigos del dueño de casa, el maldito zorro). En medio de su poco relevante conversación, el moreno le había dicho algo así como que sus labios estaban muy secos y no debía haber tomado ese shot de Tequila, porque se le estaban hinchando. Y el más bajito tuvo la osadía de acercarse muchísimo a su mejor amigo, pasando por su linda boca, casi rosándola con la suya propia, y hablarle sugerentemente al oído “Podrías mojármelos tú”. Obviamente al ver al otro abrir sus ojos como platos y entreabrir su boca soltando un suspiro de incredulidad decidió que era una pésima idea, se rio y fingió que era una broma y al día siguiente se negó a hablar del tema y procuró repetir como un maldito mantra “Qué borracho estaba ayer joder, que dolor de cabeza tengo” para poder fingir demencia antes que si quiera se atrevieran a preguntarle algo.

Luego de ese episodio estuvo un par de días pensando en la pésima idea que había sido tratar de besarlo. Eso era arriesgarse a romper la linda relación de amistad que tenían por un capricho de adolescente. ¿Qué pretendía? Besarlo, tener sexo tal vez. ¿Y luego? ¿Ser amigos? ¿Darse derechos? Y eso sólo si el otro lo aceptaba en vez de salir corriendo porque en ningún lugar del planeta los mejores amigos se besan o se desean o tienen calentones por el otro.

Y así fue como tuvo la peor idea de todas: Conseguir un novio. Oh SeHun era precioso y tenía un cuerpo de puta madre. Negarlo sería mentir a todos los dioses en la cara porque si, era caliente. Y jugaba fútbol. Y no era un mal novio. Lo llevó a casa un día como cualquiera y por unas semanas, se sintió normal, se sintió consentido y la verdad disfrutó de la vida en pareja. Hizo muchas cosas que siempre había querido, pero por algún extraño motivo se sentía incómodo y vacío cada vez que se despedía de su pareja en la puerta de su casa. ChanYeol no estaba siendo el de siempre. Pasaba mucho más tiempo encerrado en su cuarto jugado con los cascos puestos y a pesar de que probablemente estaba siendo cortés dándole espacio e intimidad, BaekHyun se sentía frustrado. Porque no dejaba de pensar que las cosas que hacía con su compañero de apartamento eran más interesantes que las que hacía con su jodido novio. Porque prefería ver películas con él, o cantar con él, o reírse de los tontos videos que buscaba en Internet, y de las rabietas que hacía cuando alguien la cagaba jugando en línea y su equipo perdía. Era una mierda estar con el chico perfecto a su lado y estar buscando al friki que vivía con él con la mirada.

Dos meses estuvo con el capitán del equipo de fútbol hasta que tuvo que terminar la relación para no seguir usando al pobre chico. Le gustaba, era bueno besando pero cuando había llegado el momento de llevar la relación más allá había salido todo mal. Sí, estaba en su cama, con el chico encaramado sobre él besándole exquisitamente el cuello, y casi se le escapa un “ChanYeol” de sus labios cuando sintió la mano de SeHun en su entrepierna. Lo más triste del asunto es que no lo extrañó mucho. De hecho, fingió estar dolido sólo para poder pasar más tiempo con su mejor amigo, que había prometido consolarlo y mimarlo hasta que “se le pasara la pena”. Juró que subió dos kilos de tanto helado y chocolate gratis, porque el alto sabía justamente que darle para sanar sus heridas y sus rabietas.

A la mala lo entendió. Le gustaba más de la cuenta la compañía del moreno. Le gustaba usar su ropa y sentir aroma. Le gustaba quedarse dormido en su hombro o en su regazo. Era feliz cuando el gigante pasaba su mano por su rostro o su cabello para despertarlo, o cuando le decía que cantaba lindo. Le gustaba que le dijera que se veía guapo, que cocinaba bien.

Le gustaba todo mierda, todo. Sus ojos, su boca, su cabello revuelto por la mañana, su voz grave, sus manías, su talento para la música, su faceta otaku, su amabilidad, su carpeta en el PC llena de fotos de perros. Estaba enamorado. Y quería llamar su atención pero no quería ser obvio. Pensó tontamente que lo mejor era hacerlo caer por el sutilmente, haciéndolo interesarse. Por eso comenzó a lanzarle comentarios con doble sentido, a pasearse con nada más una toalla por la casa, a vestirse con pantalones que sabía le resaltaban el trasero, a maquillarse los ojos oscuros o con sombras rojas y a traer chicos a casa de cuando en vez y meter un poco de bulla a ver si lograba calentarlo.

Si, así de infantil se había vuelto. Quería calentar a su mejor amigo. Un genio, realmente.

Pero obviamente todo se había ido un poco al carajo y le había salido el tiro por la culata, porque Park ChanYeol seguía siendo su mejor amigo y no sólo eso, lo acababa de insultar llamándolo básicamente una prostituta.

Lo único que había querido era la atención de ChanYeol, y sólo había conseguido quedar como animal en celo y que el otro se hiciera una maldita cuenta en Tinder.

Carajo.


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