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Un nuevo lienzo, el reflejo de un mundo Mágico

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Sinopsis

"Ciertamente, el mundo de un pintor era exactamente el verdadero proceso de un nuevo comienzo".

Genero:
Romance
Autor/a:
Auri.G.D
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Un nuevo lienzo, el reflejo de un mundo Mágico

Dos toques al frasco con agua, una que para cualquiera sería: “sucia”, pero no sabían que esa agua de un color oscuro había compartido muchos momentos con la persona que hundía el pincel en ella, para limpiar a este de la pintura, muchos más que la propia gente que estaba a su alrededor. Compartía tristezas, alegrías, enojos, logros... Pensamientos absortos hacia alguien... Escuchó sus reflexiones, sus gritos de desesperación cuando se sentía ahogada por los problemas que le agobiaban. Escuchó cada cosa, vio cada cosa y estuvo allí para limpiar los restos de manchas que no eran necesarias en su vida, estuvo siempre para ella... Como su lienzo, su pincel, su paleta de colores... Y sus obras de arte.

—Esto realmente está espectacular —dijo un poco asombrada, con una sonrisa dulce y muy emotiva.

Se dio un baño antes de seguir con su obra de arte, que no había podido terminar por sus deberes en la universidad, se colocó su pijama que era un mono y una camisa manga larga de gamuza, de color rosado bebé y de diseño tenía panditas, y luego su delantal.

Se sentó frente al lienzo nuevamente, parecía que la pintura había extrañado a su autora por esos minutos que estuvo en el baño, porque había comenzado a brillar más, pero ella quiso pensar que era por el sol que entraba por la ventana y pegaba directo al lienzo.

—¿Me extrañaron? Yo también —dijo. Tomó el pincel y comenzó a tallar su imaginación—. Hoy tuve un día súper ocupado, muchos deberes... Mucha presión, pero que lindo es llegar a casa y saber que puedo tener un momento de paz al lado de ustedes.

Ella siguió plasmando su creatividad en el lienzo. Se veía tan concentrada y sumida en su mundo mágico de colores y creaciones con significados profundos. Significados que la gente normalmente no puede entender, que la gente no puede ver ni saber, porque los seres humanos tenemos sentimientos impuros y los cuadros son totalmente transparentes, guardando los sentimientos y emociones de alguien, que tal vez no quiere o no sabe cómo expresarlos. Sin embargo, por más transparencia que tengan, nunca podremos saber lo que realmente ocultan en su profundidad.

La noche comenzó a caer, ella salió antes de que fuera más tarde, quiso cenar cereal y se dio cuenta de que no tenía, así que salió a comprarlo.

En el regreso parecía que venía distraída, pero solo estaba pensando en que la vida se había vuelto un poco más presionada, en algún momento pensó que no podría y que se rendiría, pero ahí seguía y estaba orgullosa de que había seguido, estaba feliz porque había evolucionado mucho en sus pinturas, estaba feliz porque a pesar de la presión... Ella seguía creciendo para bien, había encontrado su lugar seguro y su paz en cada obra que había hecho.

Se detuvo cuando vio a un par de personas reunidas en el medio de la plaza, no eran muchas; al menos había 9 personas. Ella sintió curiosidad, quiso ignorarlo, pero algo le llamaba y sentía que debía ver lo que sucedía, se acercó finalmente. Se quedó sorprendida al ver a un señor, su cabello ya tenía canas, pero estaba sonriendo mientras explicaba detalladamente sus técnicas para pintar.

—Los seres humanos, en realidad somos ignorantes de cosas grandes e importantes. Es mentira si alguien viene a decirles que lo sabe todo, que nada en la vida puede sorprenderle... Porque siempre hay algo que los humanos no nos esperamos, ya que estamos acostumbrados a vivir en un mundo impredecible gracias a nosotros y nosotras mismas. No hay ninguna vida común, aburrida... Hay una vida única, y es la que tenemos cada uno de nosotros, haciendo lo que nos llena de luz y vida. Puede que sea... Tocar un instrumento musical y ustedes dirán: “eso lo hace un millón de personas” —negó sonriendo—, pero nadie lo hace como tú porque nadie es igual a ti, nadie tiene esa misma pasión y entrega, ¡y no es que sea menor la dedicación de los otros! Más bien, es que cada quien tiene sentimientos y emociones distintas, las transmite y las siente de manera diferente.

Por alguna razón, los ojos de ella estaban llenos de lágrimas y mantenía una sonrisa en sus labios. Se había sentido tan identificada con aquellas palabras y sentía que aquel señor rodeado de cuadros... Tenía tanta razón.

—Los pintores somos artistas de nuestra propia imaginación, así que si alguien les ha dicho que esto es algo aburrido, ridículo... ¡Siéntanse orgullosos y orgullosas de lo que hacen! Porque no cualquiera nace con el don del arte, y los que lo tienen deben aprovecharlo al máximo porque allí es donde está el mundo mágico que los hará feliz, el que compartirán con las personas que de verdad sepan apreciarlos y valorarlos.

Ella comenzó a aplaudir y los demás la siguieron, el señor agradeció haciendo unas cuantas reverencias. Ella había derramado unas cuantas lágrimas que secó rápidamente, se había sentido tan bien escuchar aquello, le había dado fuerzas para seguir dando pasos firmes y para levantarse de cada caída.

Las personas comenzaron a dispersarse, pero ella seguía allí de pie, mirando los lienzos con paisajes, con aves y a una persona: una mujer. El cuadro estaba pintado en blanco y negro, pero era muy buenamoza: su rostro era delicado, su cabello estaba atado atrás con un peinado elegante, unos mechones caían a cada lado de su cara y eran ondulados al final. Su mirada estaba perdida parecía ver...

—Algo que se alejaba, pero que realmente la había hecho feliz... No iba a sentir tristeza, sentiría añoranza —susurró mirando al cuadro.

—Papá, hiciste llorar a las personas —escuchó que dijo un chico, volteo al frente y un muchacho alto, de piel pálida estaba ayudando al señor a recoger los cuadros.

—¿De verdad? —Le preguntó algo sorprendido y el chico asintió—. Hablé de manera muy profunda, pero es bueno, las personas deben amar lo que hacen y despertar de sus pesadillas —dijo con una sonrisa.

—Eso es verdad. Fueron muy bellas sus palabras, señor —halagó ella, acercándose a ellos con las manos atrás.

—¿Lo ves? Fue bueno —le recalcó al muchacho y este sonrió negando.

—Estaba abogando por usted, estaba a su lado cuando la vi llorar y pensé que papá se estaba pasando —le dijo mirándola, todavía sonriendo.

—Oh —se sintió avergonzada y bajó la cabeza con sus mejillas rojas. Luego de unos segundos volvió a mirarlos— ... Es que... Son palabras que llegan al alma, es difícil contener las lágrimas, pero no fue por nada malo. Más bien, fue realmente lindo todo lo que dijo.

—Papá es bueno con las palabras —reconoció orgulloso.

—¿Y puedo tener el placer de saber su nombre? Usted tiene cara de que le gusta este mundo, ¿no es así? —El señor la miró sonriendo y achicando un poco los ojos. Ella rio y asintió.

—Soy Linda y sí, tiene razón; soy pintora —contestó.

—Oh, eso es verdad, es linda —dijo el chico sin pensar y su padre soltó una carcajada. Ella bajó la cabeza avergonzada, con sus mejillas sonrojadas. Su padre le dio un golpe en el hombro.

—Que se llama Linda, idiota —dijo entre risas.

—Ah —él se dio cuenta de lo que había hecho y rio nervioso—. Lo siento. Mucho gusto Linda. Este es mi padre —lo señaló—. Archie, y yo soy Art.

—Un placer —los miró sonriendo—. Sus cuadros son muy bonitos, señor Archie. Además, dio muy buenas técnicas.

—Gracias, solo estaba transmitiendo a la generación la belleza del arte y el amor por todo lo que hacen.

Linda asintió sonriendo mientras seguía mirando los cuadros, le transmitían tanta paz, pero seguía algo impactada y curiosa por la pintura de aquella mujer.

—¿Ese cuadro te gusta? —Le preguntó Art.

—Sí, tiene atrapada mi atención... Creo que ella extraña algo que está lejos.

Al decir eso, Art y Archie se quedaron en shock, Archie la miró con el cuadro en sus manos y este bajó la cabeza con tristeza, Linda rápidamente se dio cuenta y los miró a ambos con preocupación y confusión.

—¿Dije algo mal?

—No, no pasa nada —dijo Archie, sonriéndole.

Linda notó que cuando Art subió la cabeza y miró hacia otro lado tenía los ojos llenos de lágrimas.

«¿Ella es alguien especial?». Pensó confundida.

—Bueno... Ya debo volver. Que tengan mucho éxito. Buena noche —se despidió sonriendo.

—Espera... —Ella se detuvo y volteo a verlo—. ¿No quieres que te acompañe? Ya es tarde... —Propuso Art. Su padre sonrió con picardía y lo miró.

—No hace falta, no quiero molestar, pero muchas gra...

—Papá, vendré en un momento, espérame aquí —le anunció a su padre y este asintió.

Art se puso al lado de ella y le sonrió.

—Vamos —comenzó a caminar.

—Espera —lo alcanzó y lo tomó del brazo, guiándolo hacia la derecha—. Es por aquí.

Art rio y asintió, dejándose guiar por ella.

Estaban caminando tranquilamente, sin decir nada y el silencio no era incomodo, cada uno estaba analizando algo en su mente. Linda aún tenía el cuadro y la reacción del señor Archie y de Art en sus pensamientos. Art estaba tratando de entender por qué había sentido aquellas ganas de estar un tiempo más con ella.

—Bueno, hemos llegado, es aquí —informó Linda, deteniéndose en la puerta de su casa.

—Bueno. Que tengas una buena noche —le dijo sonriendo.

Art se quedó sorprendido cuando sintió que los brazos de Linda lo rodearon, no supo qué hacer inmediatamente, pero poco a poco fue abrazándola.

—Muchas gracias Art, en verdad no te hubieras molestado —le dijo una vez se separó de él.

—No... No fue nada —le dijo nervioso, con las mejillas sonrojadas.

—¿Su casa queda muy lejos? —Preguntó algo preocupada.

—No te preocupes, es cerca. Cuídate, Linda... —La miró directo a los ojos y le sonrió nuevamente.

—Está bien, ustedes también cuídense.

Linda no entró a la casa hasta que no vio que Art desaparecía de su vista. No entendía que había sentido en aquel momento que conoció a Archie y a su hijo, pero le habían alegrado muchísimo la noche, le habían transmitido mucha tranquilidad.

|°°°|

No había dos toques al vaso con agua. De hecho, este ni siquiera estaba lleno.

Había pasado una semana. Linda estaba estresada en casa, no había podido pintar en los dos días anteriores por tantos deberes de la universidad, sentía que una parte de ella le faltaba. Aunque le gustaba su carrera algunos profesores hacían que se estresara, ya que por alguna razón le hacían la vida imposible y lo peor, no se preocupaban en disimularlo. Sin embargo, ella siempre se decía a sí misma que no les tenía miedo, que les callaría la boca cuando recibiera su título y ellos se darían cuenta de que deberían tener más ética y profesionalismo. Aunque hoy, la frase “tú puedes” no estaba funcionando.

Respiró con pesadez y se recostó del espaldar de la silla, un momento para respirar. Miró hacia sus cuadros y luego miró hacia la ventana, con desánimo y molestia en su rostro. Quería terminar pronto, pero cada vez todo se volvía más largo y aunque pudiera grabarse las cosas, en ese momento realmente no tenía ganas de estudiar... Por alguna razón, solo quería salir corriendo... Y eso hizo. Sin pensarlo dos veces, salió de su casa y comenzó a correr sin rumbo, y sin importarle que las miradas estaban puestas en ella.

Se detuvo después de correr alrededor de una hora, se sujetó de la baranda del puente y su otra mano la apoyó en su rodilla. Respiraba agitadamente, estaba sudando y se sentía cansada.

—Vaya... Corres... Corres muy rápido —dijo una voz entrecortada detrás de ella.

Linda se sorprendió, tal vez había sido el cansancio que no le ayudaba a reconocer esa voz, pero sí sentía que la había escuchado antes. Se dio la vuelta y se sorprendió mucho más al ver a Art frente a ella, igual de cansado y agitado.

—¿Art?... ¿Cómo...? ¿Por qué...? —No entendía que estaba sucediendo.

—Vi cuando pasaste por la plaza corriendo, así que me asusté y te seguí... Parecía que realmente estabas escapando de algo —explicó un poco más calmado.

Linda de pronto sintió como su pecho se oprimió, bajó la cabeza con los ojos llenos de lágrimas.

—No... No hubieras hecho eso, ahora estás cansado por mí culpa...

Art se extrañó por la actitud tan triste de Linda, recordaba haber visto a una chica alegre y cariñosa.

—Ni siquiera te diste cuenta que venía detrás de ti, ¿cómo podría ser tu culpa? —La contradijo.

—Lo sé, pero...

Art no aguantó más el escuchar cómo retenía sus lágrimas, así que la tomó por la mano y la jaló hacia él, envolviéndola en sus brazos.

Linda trató de contener sus lágrimas, pero fue inevitable, así que comenzó a sollozar abrazada a él. El correr le había hecho bien, pero no había liberado totalmente su carga porque tenía muchísimo tiempo que no dejaba que su llanto descendiera, siempre se decía que no había por qué llorar y que solo debía centrarse, que si había podido antes... Podría seguir hasta el final y más allá.

—Siempre es bueno tomarse una pausa en el camino, llora y sácalo todo —le susurró Art, mientras le acariciaba los cabellos.

Linda no podía decir nada, pero se sentía bien que alguien estuviera allí cuando tu mundo se venía abajo, se sentía bien que unos brazos estuvieran allí para cuando más necesitarás un abrazo, se sentía bien tener a alguien que te apoyara sinceramente. Linda fue calmándose poco a poco, entonces fue separándose lentamente de Art. Él la miró y secó el resto de lágrimas que quedaban en sus mejillas.

—¿Mejor? —Le preguntó con una sonrisa que le transmitió también a ella. Linda asintió.

—Gracias, en verdad muchas gracias —él negó sin dejar de sonreír. La tomó por las mejillas y depositó un cálido beso en su frente. Después, la miró directo a los ojos.

—Solo quiero verte con la sonrisa de cuando nos conocimos. La vida no siempre nos regala felicidad, pero quisiera cuidar esa sonrisa tan brillante para siempre.

Los ojos de Linda volvieron a llenarse de lágrimas y lo abrazó.

—¿Qué habré hecho para que te cruzarás en mi camino? Seguramente fue algo muy bueno —ambos rieron. Linda lo miró sonriendo—. Realmente eres muy lindo, ¿por qué lo eres conmigo?

—No lo sé... Solo sentí que quería serlo contigo desde que te vi mirando los cuadros de papá —contestó y ambos se sonrojaron levemente.

Pasaron un rato en el puente, mirando el mar y el atardecer en silencio. Estaban admirando cuando Dios también se convertía en pintor y les regalaba el placer a los humanos de admirar sus obras de arte, en el cielo.

—¿Recuerdas el cuadro de la mujer que tanto te llamó la atención? —Preguntó él de pronto, mirando al frente. Linda volteo a verlo atenta.

—Sí.

—Bueno —la miró y le sonrió—. Ella es mi madre —confesó y Linda se quedó sorprendida.

—¿De verdad?

—Sí —afirmó y volvió su vista al frente, sin dejar de sonreír—. Ella murió hace un año, pero consigo sentirla cerca de mí cuando miro el cuadro que hizo papá. Él siempre la halagaba diciéndole que era tan hermosa que quería pintarla algún día, pero mamá siempre se negaba porque no le creía. Hasta que le diagnosticaron cáncer en el estómago un año antes de su muerte, ya estaba muy avanzado y no tenía remedio. Entonces una mañana le dijo a papá: “píntame, cariño. Aunque siempre estaré con ustedes espiritualmente... Quiero que tus propias manos vuelvan a crear a una Abys; que podrán sentir cada vez que la miren en una de tus bellas obras” —narró Art.

Linda estaba sorprendida con todo aquello que había escuchado. Ahora entendía por qué Archie y Art habían mostrado esa tristeza aquel día. Aunque era doloroso, la decisión final de Abys de que su esposo la pintara... Había sido algo realmente hermoso y conmovedor.

—Entonces papá la pintó y yo le ayudé un poco, ella siempre insistió en que la pintamos ambos —la miró sonriendo.

—Art... Realmente eso es tan triste, pero a la vez tan lindo, la decisión de tu madre realmente fue algo muy bonito.

Los ojos de Linda estaban cristalizados. Ella lo abrazó y este correspondió, pasando su mano por la espalda de ella como una muestra de cariño y calma.

—Tranquila, sé que mamá está bien y ella me ayuda con esto, estoy bien por ella —le dijo tomando sus mejillas entre sus manos. Linda asintió sonriente y secó sus lágrimas.

—Gracias por abrirte conmigo —volvió a abrazarlo.

Pasaron unos segundos así. Cuando se separaron se dedicaron una nueva sonrisa llena de dulzura y sinceridad. Linda dirigió nuevamente su mirada al frente y apoyó sus brazos en la baranda, entrelazando sus dedos.

—Dios también es pintor, mira ese cielo tan hermoso —dijo ella sonriendo con satisfacción.

—Es verdad.

Linda tocó sus bolsillos y suspiró desanimada.

—No traje mi celular, quería tomarle una foto —dijo decepcionada.

Art sacó su celular y se lo estiró, ella miró esto, luego a él y le sonrió.

—Gracias —lo tomó y comenzó a sacar fotos—. Me las pasarás luego, por favor. Anotaré mi número, ¿está bien?

—Vale —Art estaba más que feliz, no solo de pasarle las fotos que se veía que ella tomaba con tanto esmero y cariño, sino también de tener su número telefónico.

|°°°|

Dos toques al frasco con agua. Ella estaba viendo una etapa distinta en la vida de Linda: llevo a uno de sus amigos a casa. Aunque, ciertamente, no la había visto tan alegre desde mucho tiempo, tampoco compartiendo tan amenamente con alguien. Linda era una persona un poco solitaria, aunque pudiera hablar con sus compañeros de la universidad ninguno realmente fue su amigo alguna vez, solo mantenían un lazo por la universidad, cuando tenían que hacer trabajos en equipo y ese tipo de cuestiones.

—¡Oye! ¡Me estás manchando, tonto! —Le reclamó Linda.

Linda se encontraba en su casa junto a Art, quien después de tres meses siempre pasaba por allí, aunque fuera solo a verla por unos segundos y después seguir a su casa. La amistad entre ellos había crecido enormemente y estaban más unidos que nunca. Aunque muchas veces dudaban si eso que sentían era solo amistad.

Art comenzó a reír cuando miró su carita enojada, con una mancha de pintura blanca en su mejilla.

—¡Pero si te ves bonita! —Le halagó entre risas.

—¿En serio? —Se levantó para mirarse en el espejo y después se dio la vuelta para mirarlo—. ¿Me veo bonita?

Linda comenzó a hacer poses tipo modelo y Art estalló nuevamente en risas, al igual que ella.

—¡No te rías! ¡Dijiste que me veo bonita! Admira a esta obra de arte —dijo con aires de superioridad, pero terminó riendo nuevamente.

—Linda, ya para que me duele el estómago —le pidió tratando de calmar su risa.

—Bueno, bueno...

Linda se sentó al lado de Art nuevamente para terminar con el pequeño lienzo que estaba pintando, estaban sentados en el suelo. Cuando estaba por volver a pintar achicó los ojos con una sonrisa malvada, algo que Art no notó porque estaba concentrado en ver su pintura. Entonces ella rápidamente le pasó el pincel lleno de pintura verde en la mejilla. Hizo que estaba impresionada y arrepentida.

—¡Ay por Dios, perdóname! Fue sin querer —dijo rápidamente, aguantando la risa. Art no dejaba de pestañear, volteo a verla y ella se tapó la boca para no reírse—. No me veas así. En verdad no quise hacerlo.

—Sí, estoy seguro... —Achicó los ojos y ella estalló en risas, nuevamente.

Art tomó el pincel y se lo paso en la frente hasta la mejilla, ella se quedó en shock y lo miró con la boca abierta.

—¡Art, ya deja de llenarme de pintura! —Exclamó entre risas.

Así fue como comenzaron una guerra, hasta que cada uno terminó con más pintura en la cara que un payaso, y ni hablar de sus brazos.

—Ya, hagamos una tregua —pidió Art, con las manos arriba.

—Está bien, tregua —aceptó Linda, sonriendo.

Ambos estaban agitados por todo lo que se habían reído, por todo lo que habían luchado tontamente, pero había sido un momento único donde se habían sentido felices, habían disfrutado de reírse libremente.

—Ay Dios —suspiró acostada en el suelo—, estoy cansada por culpa tuya, Art.

—Ay sí —dijo con sarcasmo, bromeando.

Desde que había comenzado a hablar con Art, algo nuevo se había instaurado en su corazón, no entendía qué era exactamente, pero de lo que sí estaba segura era de que se sentía bien estar con él, le daba tranquilidad, apoyo y cariño, ella sentía que realmente tenía a alguien con quien contar.

—Aunque... —Ella lo miró sin sentarse. Él la miró sonriendo con complicidad—. Aún falta algo...

—¿De qué? —Preguntó confundida.

—Falta... —Se acercó a ella—. La guerra de cosquillas.

—¡No! ¡Art no inventes...! —Exclamó, pero no pudo terminar de hablar porque Art comenzó con las cosquillas, Linda no paraba de reír.

Así duraron unos cuantos minutos, hasta que volvieron a cansarse. Aunque quedaron en una posición un poco... Comprometedora. Art estaba encima de ella, Linda estaba algo despeinada y algunos cabellos estaban por su rostro, ambos se miraban directo a los ojos, sin decir nada, sintiendo sus corazones latir aceleradamente, fue tanta la conexión que tuvieron en ese momento que Linda se olvidó por completo de que los cabellos estaban molestando en su cara. Art se dejó llevar por los cálidos deseos que le emanaba su corazón y comenzó a apartar los cabellos de la cara de Linda, peinándolos despacio, sin romper el contacto visual, pasó su dedo índice por el borde de su oreja y bajó hasta su mejilla; comenzó a acariciar esta.

Parecía algo realmente increíble, pero él no podía dejar de admirar la magia que transmitían los ojos de Linda, sentía que le transmitían paz y seguridad, aunque ella tuviera algunos problemas. Veía la pasión que sentía por el arte, el brillo tan hermoso que resaltaban en estos cuando estaban en su lugar seguro.

—Creo que... Realmente escondes cosas maravillosas detrás del reflejo de tus ojos —dijo despacio, un poco más cerca. Linda sonrió.

—¿De verdad? —El asintió sonriente y arrugando un poco la nariz. Un gesto que le dio mucha ternura a Linda y la hizo soltar una risita.

Entonces, finalmente Art unió sus labios con los de ella. Comenzó un movimiento lento y dulce, encantado de poder probar finalmente sus labios, de poderlos llenar de amor. Estaba sumido en ese momento donde solo estaba con ella, estaba sumido en seguir lo que su corazón le gritaba, pero se detuvo cuando sintió las manos de Linda tomarlo por las mejillas.

Se miraron a los ojos y él sintió que tal vez se había pasado de la raya, pero no se arrepentía de nada. Desvió la mirada y quiso tratar de levantarse, pero Linda simplemente no lo soltaba, y no lo haría.

Ella estaba en shock, pero solo quería confirmar que lo que estaba sucediendo sí era real; y no era su imaginación jugando nuevamente con sus sentimientos, que en verdad era él quien estaba besándola y haciéndola sentir corrientes eléctricas por todo su cuerpo, el que estaba haciendo que su corazón latiera a millón, por eso no dejaba de mirarlo.

—Es que... No puedo creer que esto en realidad esté sucediendo...

—Linda, yo... —La miró y trató de hablar, pero los nervios estaban ganándole—... En verdad...

Pero Linda no lo dejó terminar, ya que inclinó un poco su cabeza y unió sus labios una vez más, pero esta vez en un beso más apasionado y algo acelerado. Los movimientos que ambos hacían con sus lenguas los hacia jadear, sentirse ahogados en ese delicioso momento de amor y deseo, y por más que se sintieran ahogados no querían hacer un mínimo esfuerzo por salir a flote. Art se sorprendió al principio, cuando ella lo besó devuelta, pero no dudó en seguir los movimientos de Linda, entregándose totalmente a ese momento tan placentero y bello.

Entonces, con esas manchas de pintura que tenían por su rostro y parte del cuerpo, se convirtieron en una obra de arte, pintada por el sentimiento tan inefable que emanaban el uno por el otro, en el lienzo de una vida sempiterna. Una obra de arte que volvería a renacer en cada tiempo, en cada vida y en cada esencia.

|°°°|

Dos y más toques al frasco con agua, totalmente limpia. Linda acostumbraba a dar más de dos toques cuando estaba frente a un lienzo en blanco, tratando así de concentrarse para poder plasmar lo que quería, y que quedara tal cual ella lo quería.

El frasco con agua, el lienzo, el pincel, la paleta de colores y sus obras de arte seguían viviendo nuevos comienzos al lado de Linda, y ahora al lado de Art. Estaban felices de que la persona que los había recibido en su vida con amor por fin estuviera siendo feliz, al lado de una persona que realmente estaba valorándola y queriéndola tal y como es.

Ciertamente, el mundo de un pintor era exactamente el verdadero proceso de un nuevo comienzo: el agua limpia en el frasco reflejaba la pureza de un sentimiento que estaba comenzando a nacer, el pincel es un implemento necesario, entonces es como cada pequeño o gran detalle importante para que ese sentimiento siempre permanezca, el lienzo en blanco... Una vida, los degradados que pintaban a este era el comienzo y la continuidad de dos mundos uniéndose... Y finalmente la obra de arte era el reflejo del mundo de dos almas gemelas, destinadas a reencontrarse en un nuevo lienzo.

—Este cuadro será para Art, aunque él nunca lo va a saber —susurró con una sonrisa, sin despegar la vista del lienzo.

Y después de unos minutos comenzó con los colores, un degradado del azul... Un punto blanco a la mitad... Y el reflejo de un mundo mágico, escondido en el cristal de unas pupilas casi transparentes.


E.N.D

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